JULES VERNE

JULES VERNE

jueves, 19 de abril de 2018

Julio Verne, realidad y ficción

Julio Verne, realidad y ficción
Portada y varios ejemplares del libro 'Viaje al centro
de la mente' sobre un mapa. :: sur
Un libro descubre la faceta más personal
del gran autor francés, que publicaba por
contrato tres novelas al año y
se compró tres yates
ÁLVARO SOTO Lunes, 9 Abril 2018, 00:41
La primera vez que Julio Verne subió a un
globo estuvo a punto de no contarlo. Aquellos
armatostes de mediados del siglo XIX
bastante hacían con ascender a los cielos,
pero a aquel joven aspirante a escritor poco
le importaba jugarse el pellejo, así que se
montó en la cesta, voló unos kilómetros y
el aterrizaje lo hicieron con la barquilla al
revés. No fue la mejor de las experiencias,
pero a Verne no le importó: de ahí sacó
el argumento para una de sus grandes
novelas y ya nunca perdió la curiosidad
por la ciencia y por la experimentación.
Los sueños de Julio Verne (Nantes, 1828-Amiens, 1905)
están contados en sus novelas,
que anticiparon, en algunos casos
con extrema precisión, los adelantos
científicos que llegaría después:
las naves espaciales, los helicópteros,
los submarinos y hasta internet.
Pero mucho menos conocida es su vida,
un vacío que pretende cubrir el libro 'Jules Verne.
Viaje al centro de la mente' (Páginas de Espuma),
que recoge los ensayos literarios y científicos
y las reflexiones políticas del legendario escritor francés.
«Desde niño, Julio Verne fue un apasionado
de la geografía y de los mapas, y de ahí pasó
a la arqueología y los viajes. Aunque
no tenía formación científica, leía todas
las publicaciones de este tipo que llegaban
a sus manos y, a partir de esos datos,
hacía proyecciones futuras. Y muchas veces,
acertaba de pleno», explica el escritor
y traductor Mauro Armiño, autor del prólogo
de la obra. Por ejemplo, en el tren monorraíl,
al que nadie le daba futuro salvo él,
y que ahora funciona en ciudades
de todo el mundo.
En Nantes, ciudad portuaria en la que
navegaban los buques que subían
el río Loira y en la que los marineros
traían las grandes ballenas que cazaban
en el Atlántico, la imaginación del joven
Verne se disparó. Desde su habitación,
con un telescopio, pasaba los días observando
los navíos. Pero, obligado por su padre,
se fue a París a estudiar derecho.
Allí se hizo amigo de Alejandro Dumas
hijo y publicó sus primeras obras de teatro.
Su suerte literaria estaba echada.
En 1965, Verne firmó con el editor
Pierre-Jules Hetzel uno de los contratos
literarios más importantes de la historia.
El autor escribirá tres novelas al año
a cambio de 750 francos mensuales.
Con los años, cambiaron las condiciones
y Verne escribía dos novelas a cambio
de algo más de dinero. Pero el acuerdo
se mantuvo en su esencia y proporcionó
a escritor y editor pingües beneficios,
además de enamorar a miles de lectores,
que leían las aventuras extraordinarias
en los periódicos de la época.
Pero más allá de los libros, Verne
fue un ciudadano de su tiempo. En Amiens,
la ciudad de su esposa, a la que se trasladó,
se integró como un burgués de pensamiento
reformista. Participa en la Sociedad Industrial,
en la Sociedad de Horticultura, presidirá
la Academia de las Ciencias, Literatura y
Artes de la ciudad... Y con el dinero acumulado
disfrutaría de una de sus grandes pasiones,
los yates. Tuvo tres, con los que navegó
por los mares de Francia y Reino Unido y
por el Mediterráneo. Murió de diabetes y
a su entierro, en Amiens, acudieron
5.000 personas.

Publicar un comentario