JULES VERNE

JULES VERNE

jueves, 29 de marzo de 2018

SER Historia- El genio de Julio Verne

Nacho Ares
Madrugada del sábado al domingo, de 1:30 a 3:30 h

El genio de Julio Verne

Julio Verne hizo una síntesis
de la ciencia
de su tiempo, y supo ver
las posibilidades
de la tecnología disponible en
su época. Hasta
intuyó que el hombre habitará
en las profundidades
del mar y que allí podría obtener
alimentos
y transformar a los delfines en perros ganaderos
para los rebaños subacuáticos.

Jules Verne en 1892
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Madrid

http://cadenaser.com/programa/2018/03/15/
ser_historia/1521108562_825963.html
¿Dónde reside el truco de sus futuribles?
Se ha especulado que tenía información
privilegiada por el hecho de pertenecer a
una sociedad secreta. Pero es sabido que
Verne disponía de una biblioteca y un
completo fichero y sus colaboradores le
preparaban notas muy documentadas de
todos los proyectos y adelantos técnicos
que se producían en el mundo. No olvidemos
que la sociedad que describió era la
de su tiempo y sus protagonistas son
señores con levita y señoras con
miriñaque, que son los que hacen
esos viajes extraordinarios.
Sus utopías estaban tan cerca de la
realidad, que un buen día de 1896
una le causó algún que otro disgusto:
en su novela Ante la bandera su héroe,
Thomas Roch, inventa un explosivo
extraordinariamente potente, un arma
de destrucción masiva, a la que denomina
"fulgurador Roch" e intenta venderlo a las
naciones del mundo. El químico Eugène
Turpin, al cual le debemos el invento
de la melinita, creyó reconocerse en
ese personaje, que ya son ganas, e
interpuso un proceso contra el novelista,
que fue defendido ante la justicia por
otro ferviente lector suyo que se hizo su
amigo, llamado Raymond Poincaré, el
célebre abogado que ganó el pleito tanto
en primera instancia como en el juicio de
apelación. No obstante, en una carta que
Verne escribe a su hermano Paul, le indica
que realmente había basado el personaje
de Roch en la figura de Turpin.
Los elogios que recibió Verne a lo largo de
su vida fueron muy abundantes. En febrero
de 1870, Ferdinand de Lesseps, en la cúspide
de la gloria por la reciente inauguración del
canal de Suez, entusiasmado por la obra de
Julio Verne, pidió para él la condecoración
de la «Legión de Honor». Debido a su
influencia ante las majestades, el ministro
se la concede, pero antes que el Emperador
firme el decreto, estalla la guerra Franco-Prusiana,
lo cual no permite que la condecoración
se haga efectiva. El autor es finalmente
condecorado muchos años más tarde en
1892 por su aporte a la educación y la
ciencia. Es el mismo Verne quien declara
a Robert Sherard en una entrevista de
1894: Yo fui el último hombre condecorado
por el imperio. Dos horas después de
firmado el decreto que me hizo miembro
de la Legión de Honor, el imperio había
dejado de existir. Mi promoción a funcionario
se firmó en julio del año pasado.
Fueron muchos los que se sintieron en
deuda con él. El explorador francés de
las regiones polares, Jean-Baptiste Charcot,
llevaba en su barco las obras completas de
Verne. El almirante estadounidense Richard
Byrd, antes de volar hacia el Polo Sur,
confesaba: “Es Julio Verne el que me ha
conducido a esta exploración”. Yuri Gagarin,
el primer cosmonauta, y Alexei Leonov,
el primer hombre en salir al espacio en
escafandra en 1965, coinciden al declarar:
“Julio Verne es el que despertó en nosotros
el deseo de los vuelos interplanetarios”.
Como ocurre con todo personaje famoso
es más lo que se quiere saber de él que
lo que él mismo cuenta y a veces hasta
se inventa. Verne no solía conceder
entrevistas y cuando accedía a ser
entrevistado, se mostraba casi siempre
reacio en divulgar sus métodos de trabajo
y, sobre todo, aspectos de su vida
personal. Esta es la respuesta a una
carta del corresponsal italiano Mario
Turiello: “La historia de mi vida no
tiene nada interesante, ni tampoco
el relato de mis viajes. Un escritor
interesa a su país y al mundo entero
sólo como escritor”.

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