JULES VERNE

JULES VERNE

viernes, 16 de marzo de 2018

La Revolución de Octubre y la ciencia ficción soviética

La Revolución de Octubre y la ciencia ficción soviética
© Sputnik/
15:34 27.11.2017URL corto
Tema:
0 120
Era inevitable que un evento como la Revolución de Octubre —
que todos sabemos ocurrió en noviembre— dejara su huella en la
literatura realista rusa; era inevitable también que la utopía
social bolchevique estimulara la fabulación científica como
género literario, en el país de rostro nuevo nacido de aquella
convulsión social.
La ciencia ficción soviética fue, sin embargo, la hija díscola
del realismo socialista. No se le echó de la casa, pero muy poco
se hablaba de ella a pesar de su notable florecimiento, quizás
porque los retos del presente convertían en desvaríos
impertinentes la invención de universos paralelos
y mundos remotos. "El comunismo es el poder
más la electrificación de todo el país", dijo Lenin;
y si el realismo literario soviético fue espejo
de las disciplinas y rigores del poder, la ciencia ficción
fue espejo de las osadías que supusieron quimeras
como desplegar las bondades de la electricidad en
una geografía de 22.402.200 kilómetros cuadrados
de extensión, la sexta parte de la superficie terrestre
de esta esfera errante en que vivimos.
© SPUTNIK/
La cita es a la vez pertinente y curiosa: en 1920,
el escritor inglés H. G. Wells, uno de los más notables
autores de ciencia ficción de la época —'La máquina
del tiempo' (1895), 'El hombre invisible' (1897),
'La guerra de los mundos' (1898), entre otras
muchas novelas— visitó la Unión Soviética y
se reunió con Lenin, cuyo plan de electrificación
catalogó de "utópico" en un extenso artículo que
escribiría poco después, 'Rusia en las sombras'.
De ese texto, publicado por la editorial londinense
Hodder & Stoughton ese mismo año, nace el
calificativo de 'el soñador del Kremlin', que
acompañaría para siempre al líder bolchevique.
Tan soñador como Lenin resultó Iván Antónovich
Yefrémov (1908-1972), un paleontólogo de profesión
y escritor por vocación, quien en 1957 escribió
'La nebulosa de Andrómeda', novela de ciencia
ficción ambientada en un futuro distante y desarrollado
en el que sus habitantes han resuelto todas las paradojas
matemáticas, conocen al derecho y al revés los
enigmas biológicos de la vida, y les resultan
ajenas las preocupaciones mundanas que
desasosiegan al ser humano de hoy. Lo que no
le perdonaron los comisarios culturales de su
época a Yefrémov —trasliterado Efrémov
en las traducciones al español de sus libros—
fue que en ese mundo perfecto hayan caído
en el olvido los nombres de figuras notables
de la historia de la Humanidad, incluidos Marx y Lenin.
Hasta entonces sobre la ciencia ficción soviética se
cernía el espíritu del estalinismo y las utopías
futuristas apenas sí tenían lugar o, en cualquier
caso, sus tramas se desarrollaban en futuros muy cercanos.
© SPUTNIK/ JUAN IGNACIO MAZZONI
El más notable representante de esa época
contenida fue Aleksandr Románovich Beliáyev
(1884-1942, el llamado 'Julio Verne ruso' por la
calidad y el volumen de sus obras, la cuales, como
las del francés, se desarrollan básicamente en el
presente de su escritura. Como buen escritor de
ciencia ficción, a Beliáyev le gustaba imaginar
inventos, fabular con posibilidades como la
telepatía y la levitación, aderezado todo ello
con una extrema minuciosidad científica que
no pretería, sin embargo, la calidad de la trama.
Relatos como 'Mister Risus', una panfletaria y
simpática denuncia del poder de manipulación
del arte en la sociedad capitalista a través de
la historia de un hombre —Mr. Spalding— que
descubre los secretos mecanismos del humor,
o 'La guerra en el éter', en el que la Unión Soviética
ataca y vence a Estados Unidos con el poder de sus
cohetes y de la aviación… en el sueño del
protagonista, explican el éxito de Beliáyev
en la inflexible época de Iósif Stalin. Una leyenda
refiere que la preocupación de los militares
estadounidenses por el eventual carácter profético
del libro los llevó a buscar un ejemplar del mismo
sin importar el precio que tuvieran que pagar, lo
que hizo cobrar celebridad a esta obra menor de
Beliáyev, autor también de 'La cabeza del profesor
Dowell' (1925), 'Ictiandro' (1928) y 'Ariel' (1941),
obras en las que alientan temas todavía contemporáneos
como los desatinos de las pseudociencias, la manipulación
biológica del ser humano y el compromiso social del
investigador científico, por lo que aún hoy, más allá
de la seducción narrativa, se leen con el deleite que
procura reconocerse en el espejo.
Si el futuro vaticinado por Yefrémov en los albores
de la conquista humana del espacio parece todavía
una utopía distante, una conjetura de Beliáyev está
a punto de demostrar su viabilidad. El trasplante de
cabeza, que —hasta donde se sabe— el doctor italiano
Sergio Canavero planea llevar a cabo a finales de
este año con ayuda del Gobierno chino, parece una
validación de lo descrito por Beliáyev en 'La cabeza
del profesor Dowell', donde la testa sin cuerpo de un
científico asesinado supervisa por obligación los
desvaríos experimentales del avaricioso discípulo
que lo asesinó. Las connotaciones bioéticas de la
operación, los límites religiosos que rebasa, los
entretelones suprahumanos de la misma remiten
por derivación a 'Qué difícil es ser Dios' (1964),
la famosa novela de los hermanos Arkadi y Borís
Strugatski, cuya trama nada tiene que ver con la
historia de Beliáyev, pero sí con la esencia humanista
y la descripción de los sinsentidos del poder.
El protagonista de 'Qué difícil es ser Dios', un historiador
ruso que no puede alterar la realidad medieval del planeta
al que viajó, es un alegato en clave figurada contra la bota
totalitarista que aplasta a la creación; como 'Picnic
extraterrestre' (1972) —llevada al cine por Andréi
Tarkovski bajo el título 'Stalker'—, revela los más
recónditos suburbios del alma humana —de la sensibilidad
a la sordidez, de la pureza a la indignidad— en clave de
ficción científica.
Beliáyev, que no eludió su actualidad; Yefrémov, que se
proyectó al futuro; y los hermanos Strugatski, que cuestionaron
transversalmente su momento desde otras realidades
temporales, evidencian tres instantes modélicos de la
ciencia ficción del país parido por la Revolución de Octubre:
la que recreó la realidad tal como es, la que propuso cómo
debiera ser, y la que cuestionó desde la alteridad —
no la oposición— las inconsistencias de su presente,
ese que terminó por derrumbarse por el peso de sus
propias contradicciones ante los ojos atónitos de medio
mundo, un desenlace que ni el más imaginativo autor
de ciencia ficción del planeta hubiese vaticinado jamás.
Aleksandr Beliáyev
Escritor
Aleksandr Beliáyev
Aleksandr Románovich Beliáyev fue un escritor ruso de ciencia ficción.
Su trabajo durante los años 1920 y 1930 le valió muchos premios y la
crítica lo llama aún hoy, el Julio Verne ruso.Wikipedia
Fecha de nacimiento: 16 de marzo de 1884, Smolensk, Rusia
Fallecimiento: 6 de enero de 1942, Pushkin, Rusia
Cónyuge: Margarita Magnushevskaya (m. ?–1942)
Películas: Amphibian Man, Professor Dowell's Testament
Hijos: Ludmila Belyаeva, Svetlana Belyaeva





Publicar un comentario