JULES VERNE

JULES VERNE

viernes, 25 de mayo de 2018

Verne, una isla


Verne, una isla
Sábado, Mayo 12, 2018 - 22:39
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Como -al igual que millones de mexicanos-
estoy ebrio de la costosa, pestífera y
lamentable publicidad electoral y como
no hay mejor remedio que el arte y el afán
de conocimiento contra esa basura
considerada por muchos en nuestro
país como “política”, me ocuparé de
una novela de Julio Verne: “La Isla Misteriosa”.
Pues, ¿tendrá sentido comentar la grotesca
mascarada que nuestra clase pseudo-política
escenifica en el tinglado de los medios
masivos de comunicación, sus hipócritas
slogans, sus mentiras, su insólito
cinismo, su insensibilidad ante un México
que se desangra por sus costados y sus fronteras?
Lo tiene, supongo, pero ni tengo el ánimo
de hacerlo, ni me considero un politólogo.
Hablemos, pues, de “La Isla Misteriosa”.
Después de todo, esta isla y lo que en ella
sucede a un pequeño grupo de náufragos
parece una alegoría: los mexicanos
podríamos representar a esos cinco
colonos cuyo líder sabe –en verdad sabe-
cómo sobrevivir y cómo distribuir el trabajo entre todos.
No me pondré a contar la historia.
Si a alguien le interesa lo que aquí escriba,
puede buscar la novela y leerla. En los ratos
que el hipotético lector pueda arrancar
al tiempo, sabrá encontrar no sólo un
sabroso entretenimiento sino también
una información sorprendente.
Cinco colonos y un personaje que
ya conocemos: el capitán Nemo, quien
sólo aparece hacia la tercera parte del libro
y que muere ante sus protegidos,
los náufragos. Nemo, el célebre trasunto
de Verne, el capitán del Nautilus,
la adelantada nave protagonista de las
Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino”,
del mismo autor francés.
La isla es, por sí misma, todo un símbolo;
la de Verne es el espacio en que el autor
reconstruye, en algún sentido, la historia
de la humanidad, ¿pero con Biblia
y ciencia?… Ya teníamos a Robinson Crusoe,
como personificación del hombre
que se abre paso entre la naturaleza
gracias a sus habilidades. El ingeniero
Cyrus Smith, en cambio, lleva consigo
el conocimiento científico y la destreza
pragmática: él será el líder de este grupo de náufragos.
Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca,
halla; y al que llama, se le abrirá"
EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO: VII, 8.
Es extraño que Verne sea considerado como
un escritor para adolescentes, pues su
enciclopédica cultura científica y
tecnológica, su conocimiento de las más
diversas disciplinas pasa a sus novelas
de manera impresionante. Como soy
un verdadero lego en tales ámbitos –mucho
más que en otros-, me he visto empujado
a consultar Google, diccionarios y
enciclopedias y atlas analógicos una y otra vez.
Me importa la gran metáfora, la inmensa
alegoría que constituye esta novela,
como otras del mismo autor, pero la
curiosidad y algo que podría llamar “la disciplina”
me obligan a saber muchos fenómenos y
objetos particulares ante las cuales
se enfrentan los personajes de esta historia.
¿Qué es, por ejemplo, un sextante y
qué utilidad tiene? ¿Qué es un cuadrante
y para qué se usa? ¿Cómo reconocer cierto
tipo de minerales o de ejemplares
de la flora y la fauna? ¿Cómo puede
medirse la altura de una montaña
sin necesidad de escalarla? Estos son sólo
algunos de los numerosos ejemplos que
como ignaro puedo ofrecer.
Pero hay más, muchos más. He aquí éste:
“El bosque se componía en aquellos
parajes […] de deodares, douglas, casuarinas,
árboles de goma, eucaliptos, dragos, hibiscos,
cedros y otras especies…” Todo un manjar para el curioso.
La química, la física, la astronomía,
la náutica, la geografía, la mineralogía,
la zoología, la botánica y una ingente cantidad
de disciplinas y conocimientos tecnológicos
nos salen al paso en cada página, sin entorpecer
la acción y la amenidad de la lectura.
Todo esto presenta a Verne como un adalid
de la ciencia y la tecnología. Su novela
“París en el Siglo 20”, escrita en 1863
pero no publicada sino hasta 1994, adelanta
ya la época de los rascacielos y de Internet…
En fin, todos saben algo acerca de estas
adelantadas imaginaciones, que tanto recuerdan las de Leonardo.
Sin embargo, parece que el propio Verne,
tan entusiasta del “progreso” y los avances
de la ciencia, en algún momento intuyó
que tal sueño dieciochesco no necesariamente
llevaría al hombre a la felicidad o al menos
a la equidad. Esa sombría intuición
fue el motivo por el cual Hetzel, su editor,
le sugiriese no publicar “París en el Siglo 20”
cuando se la presentó, aquel 1863…

20.000 leguas de viaje submarino (José Antonio Vidal Sales, Vicente Torregrosa Manrique, Antonio Bernal Romero, 1970)

























http://mobilismobile.free.fr/oeuvres/fiche.php?id=243

http://mobilismobile.free.fr/nautilus/index.php

jueves, 24 de mayo de 2018

Julio Verne, un viajero en Vigo

Julio Verne, un viajero en Vigo


El 1878 el padre de la ciencia ficción 

recaló en la misma ría en la que había

hecho navegar a Nemo y su Nautilus.

Una exposición en el MARCO recorre

su universo literario y sus dos visitas gallegas

ROCÍO LIZCANO
@ABC en Galicia Santiago Actualizado: 06/05/2018 09:18h

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Tendrían que pasar diez años para que
Julio Verne contemplase con sus propios
ojos la ensenada de San Simón y el estrecho
de Rande, el mismo escenario en el que
su pluma situó, el 18 de febrero de
1868, al Nautilus del capitán Nemo
y sus «Veinte mil leguas de viaje submarino».
En el octavo capítulo de la segunda parte de
la novela, el propio Nemo relata a su prisionero,
el profesor Pierre Aronnax, la batalla
de Rande de 1702 y el asalto de ingleses
y holandeses a los galeones españoles
que la leyenda imagina todavía cargados
con infinidad de riquezas llegadas desde
América. Los supuestos tesoros hundidos
en la ensenada —una ambición popularizada
en la Europa del siglo XIX— sirvieron al escritor
francés como acaída fuente de financiación
para la ambiciosa expedición de Nemo y
situaron en la literatura universal la ría que
él mismo visitaría andados los años.
El padre de la literatura de ciencia ficción,
exponen los comisarios de la exposición
«Julio Verne: Los límites de la imaginación»,
visitó Vigo en dos ocasiones y en ambas
«llegó por casualidad». En la primera, para
refugiarse del mal tiempo; en la segunda,
en 1884, por una avería mecánica
en el barco que lo transportaba, el Saint Michel III.
En ambas, «gozó enormemente de la ciudad,
demoró en su estancias varios días y se integró
en la vida social».
Verne participó en bailes organizados por la sociedad
local La Tertulia, asistió a la procesión
del Cristo de la Victoria desde los balcones
del Casino, acudió con asiduidad al Hotel
Continental para enviar y recoger su correo,
frecuentó el Café Suizo para leer la prensa
internacional o subió a O Castro para
contemplar desde allí la ría de Vigo,
una vista que el narrador calificó de
«magnifica». Este especial nexo del
escritor francés con la ciudad olívica
enriquece con un capítulo ad hoc la
exposición de la Fundación Telefónica
que desde el 19 de abril, y tras recorrer
los espacios de la entidad en Madrid y
Argentina y el Centro Niemeyer de Avilés,
se puede visitar en el Museo de Arte
Contemporánea (MARCO) de Vigo.

Proezas que fueron reales

La muestra, disponible hasta el 16 de septiembre,
plasma el profundo interés de Julio Verne
por la ciencia —es precisamente esa inquietud
del autor la que llena de verosimilitud sus
relatos— y repara en las fronteras entre la
ficción y la realidad, diseccionando
el universo verniano a través de 27 personajes
históricos que entre mediados del siglo
XIX y principios del XX materializaron muchas
de las proezas avistadas por la pluma
del escritor francés. En la sección específica
preparada con el asesoramiento
de Eduardo Rolland para el paso de la
exposición por Vigo, el visitante
podrá aproximarse a una maqueta
del Saint Michel III —el navío cuya avería
propició la segunda estancia del autor
de «Viaje al centro de la Tierra» en Vigo—,
admirar un traje de buceador original
del siglo XIX, grabados holandeses
de la batalla de Rande o una moneda
inglesa acuñada con metales preciosos
obtenidos por los británicos en el asalto
a los galeones españoles. La sección
incluye un repaso a los transportes marinos
de la época, con imágenes del Great Eastern,
el mayor trasatlántico del momento,
en el que Verne viajó en 1867; maquetas
de los primeros paquebotes comerciales
del XIX, o las primeras fotografías submarinas
realizadas a más de 50 metros de profundidad
por el biólogo Louis Marie Auguste Boutan,
todo ello, gracias a la colaboración
de colecciones particulares e instituciones
museísticas dispares, como el Museo do
Mar de Galicia, el Museo d Pontevedra,
el Museo Massó o el Museo Municipal
Quiñones de León, así como la Autoridad
Portuaria de Vigo.

Sus personajes y bestias

La exposición arranca con una recreación
del gabinete de Verne, un espacio
de trabajo que sirve de marco para la
exhibición de piezas destacadas como
la primera edición de «Veinte mil leguas
de viaje submarino», que por circunstancias
históricas se publicó antes en España
que en Francia; una serie de ilustraciones
sobre personajes de sus novelas,
desde Phileas Fogg al capitán Hatteras;
una proyección audiovisual dedicada
a las bestias y monstruos imaginados
por el escritor, o una selección de inventos
e ingenios de la época incorporados
con celeridad en sus libros, como el
telégrafo o la bobina de Ruhmkorff.
La fuerte relación entre la literatura
de Verne y el avance real del conocimiento
y la técnica es una constante en la exposición.
Casi siempre en paralelo, y en ocasiones incluso
por delante de los hechos, sus obras son testigo
del progreso que caracterizó la segunda mitad del siglo XIX.
En «La vuelta al mundo en 80 días», por ejemplo,
Verne retrata, a través del desafío
propuesto por Phileas Fogg, el desarrollo
vertiginoso de los medios de transporte.
En torno a la aventura descrita en esta
obra, la exposición de la Fundación Telefónica
reúne más de treinta fotografías de
época pertenecientes a la colección
Clark & Joan Worswick, muchas de ellas
tomadas en países exóticos de Oriente
Medio o testigos de civilizaciones
hoy perdidas, como la China imperial.
También presente, la figura de
Nellie Bly, la periodista norteamericana
que en su particular vuelta al mundo
—invirtió 72 días en la empresa rompiendo
la marca de la aventura del caballero
Fogg— incluyó una parada en Amiens
para visitar a Verne. En la muestra tienen
hueco también otras odiseas propias
de la carrera por ensanchar los límites
del mundo conocido en un combate
desigual contra la naturaleza helada
de los polos. Así, en el MARCO se hacen
hueco diez imágenes rescatadas en 2013
en los hielos de la Antártida (exhibidas
por primera vez en España) de la fatídica
expedición con la que sir Ernest Shackleton
—como el capitán Hatteras de las aventuras
imaginadas por Verne— intentó atravesar
el polo sur en 1914-1917.