JULES VERNE

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jueves, 28 de septiembre de 2017

En clases con Cortazar

En clases con Cortazar
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·         RICARDO GIL OTAIZA
14 de septiembre de 2017 05:01 AM
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En clases con Cortazar
Poco tiempo antes del cierre de sus actividades en Venezuela, la editorial Alfaguara nos regaló una serie de obras de importancia capital para la comprensión del hecho literario en América Latina. En este sentido, se publicó aquí Clases de literatura. Berkeley, 1980 (2014), del autor argentino Julio Cortázar (1914-1984), con edición de Carlos Álvarez Garriga. Este libro es sobrevenido, y fue compuesto sobre la base de trece horas de grabación de un curso de dos meses que el escritor dictó en el otoño de 1980 en Berkeley, California. Si bien la obra nos muestra de manera organizada y sistemática ideas, temáticas y grandes áreas del conocimiento literario universal, uno de sus atractivos es su flexibilidad y la manera un tanto “desordenada” cómo el autor aborda el material de las clases, y las respuestas a las múltiples inquietudes de los participantes. Por otra parte, este libro es una oportunidad única para ver de cerca, y sin los artificios propios de la creación artística, al Cortázar “en vivo”, al hombre maduro y pleno, al autor convertido en su tiempo en un clásico vivo de la literatura universal.
Ante los ojos impávidos de los lectores, Cortázar se nos muestra en cada página en toda su dimensión humana y creadora: esbozando dudas frente a su propia obra y con una sabiduría amalgamada durante décadas de trashumancia; pero también de empeñoso esfuerzo por la trascendencia de unas páginas nacidas desde su inmenso talento y, no menos, al calor de ingentes horas dedicadas a la revisión y al trabajo intelectual. El autor de Clases de literatura no es el escritor consagrado por la academia y por los lectores, que podría ubicarse en una inalcanzable cima para desde allí pontificar sobre “la obra”. Nada de eso. El profesor de estas páginas es un hombre abierto a la crítica, a la incertidumbre, al cotejo de su pensamiento con el de sus interlocutores, para desde allí atisbar un puerto de llegada.
Quienes enseñamos algún oficio o un arte nos vemos retratados en estas páginas en nuestras propias debilidades, y en nuestros atávicos anhelos de comprensión frente a la complejidad de la existencia, que ante un salón de clases se hace día a día compromiso y entrega, responsabilidad y disfrute a la vez. No obstante, y de manera complementaria, hallamos en este libro la posibilidad cierta de acercarnos con otra mirada a la obra de Cortázar: como quien busca en ella nuevas lecturas y desafíos desde la perspectiva autoral (que no es necesariamente la nuestra). Por otra parte, conocemos de primera mano los autores afectos o mayormente trajinados por el gran escritor, cuyas obras se maceran en la suya en una amalgama “perfecta” de heterogeneidades. Franz Kafka, Macedonio Fernández, Oscar Wilde, John O’Hara, W. F. Harvey, Jorge Luis Borges, Leopoldo Lugones, Horacio Quiroga, Adolfo Bioy Casares, Julio Verne y Roberto Arlt, entre muchos otros, afloran de la nada para ilustrar una determinada corriente literaria, o para develar a los estudiantes una interesante arista que podría servirles en su acelerado y profuso aprendizaje.
Considero que uno de los grandes aciertos de la publicación de Clases de literatura es el permitirnos a los admiradores y lectores acercarnos al autor de Rayuela desde una perspectiva “real”: no solo literaria per se (mero disfrute estético), sino también cognitiva y estructuradora de evidencias desde lo meta-literario. Sin más, asistimos a sus sesiones y nos vemos impelidos a ser parte de ese todo orquestado para entrar en su mundo narrativo, y en el de otros autores, pero siempre con la certeza de estar haciéndolo con el mejor profesor posible: con uno de los más completos narradores del siglo XX latinoamericano.
@GilOtaiza

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