JULES VERNE

JULES VERNE

viernes, 4 de agosto de 2017

Siguiendo a Julio Verne

Siguiendo a Julio Verne


Acercamiento al « viejo mago » que decía Julien Gracq, y en especial a quizá su novela más lograda.
Por Iñaki Urdanibia
« Desplazamientos. Por los mares, los desiertos y por el mapamundi. Trazar el mapa y cerrar la red. Geodesia de niños y sabios…En la geometría, las ciencias aplicadas, la utopía política. Dibujar las vías de la enciclopedia, para la educación, para la recreación… »
                                     (Michel Serres)
« En el centro de la obra de Julio Verne, está el viaje. Se trata del descubrimiento del mundo, de su exploración, de la elaboración de sus mapas y de su estudio científico, un poco a la manera de las grandes expediciones del siglo XVIII, con Baudin, Dumont d´Urville. O del viaje del “Beagle” que permitió a Darwin su revolución. Pero sobre todo se trata, como lo dice el subtítulo de la primera colección de Hetzel, en donde Julio Verne publicará la mayor parte de sus novelas, de “Viajes en mundos conocidos y desconocidos” »
                                     (Le Clézio)
Hay escritores y gente dedicada a otras actividades (¡ ay Poulidor!) que las coincidencias de la vida, más bien de la época, les lleva a ser considerados como de segunda fila o a no ser tenidos en cuenta como en principio deberían; en sus últimos años de vida, Julio Verne, dejó ver su amargura por la falta de consideración con la que era tratado. Su caso es paradigmático, y es que este bulímico escritor ( más de ochenta novelas) coincidió en su tiempos con escritores de la talla de Dickens, Turguéniev, Tolstói, Flaubert, Dostoievski, etc., etc., etc., esta buena cosecha, de escritores, hizo que el nacido en Nantes fuese arrinconado y catalogado como escritor para jóvenes( junto a los Jack London, Rudyard Kipling o Robert Louis Stevenson) que es en las colecciones ad hoc en las que generalmente fue editado, del mismo modo que fue considerado como escritor perteneciente al subgénero de aventuras y viajes, añadiré que flaco favor le hicieron de cara a una lectura textual las versiones cinematográficas de sus principales novelas; salvando las distancias algo del mismo estilo sucedió con la llamada novela negra hasta que André Gide o Luis Cernuda, por poner dos destacados ejemplos, la sacaron del limbo; ( « enigmático e irritante para el espíritu, el caso de estos escritores que las librerías, a la larga, han impuesto a la literatura: Simenon o Julio Verne al igual que Dashiel Hammet o Tolkien» dice Julien Gracq) . A partir de la segunda mitad del pasado siglo, ciertas lecturas más sosegadas y de mirada más amplia lanzaron al escritor a extensiones lectoras más abiertas y de mayor complejidad cultural (estoy pensando en Jean Chesneaux, Roland Barthes Michel Foucault, Julien Gracq, Michel Serres o Le Clézio, como ejemplos destacados). En el caso del mercado editorial hispano, por lo general se cumplió lo afirmado con anterioridad, si bien con el paso del tiempo hubo algunas editoriales que se decidieron a publicar a nuestro hombre en el catálogo general de escritores – digamos que- de alto nivel literario.
Julio Verne trabajaba acompañado de un mapamundi en la mesa y se inspiraba para sus viajes de ficción en él. Infatigable, podría decirse que acabó con todos los lugares de tal mapa y entonces los desplazamientos fueron para dentro de la propia tierra o los mares ( al centro de la tierra, o viajes submarinos; de revolucionario submarino hablaba Michel Foucault refiriéndose al escritor), o despegando hacia la bóveda celestial ( a la luna). Los viajes de Verne, no obstante, no se ceñían a la mera geografía, real o inventada, sino que « elabora dos cartografías, primero la del mundo y la del saber superponiéndola y una tercera…la cartografía del mundo…, el mapamundi de la enciclopedia… y un mapa imaginario del espacio imaginario…» (Michel Serres, Conversations avec jean-Paul Dekiss. Jules Verne, la sciencie et l´homme contemporain. Le Pommier, 2003. / el filósofo-marino ya había desmenuzado la obra del de Nantes, en su Jouvences sur Jules Verne. Les Éditions de Minuit, 1974), entregándonos una extensa y sugerente obra literaria y un retrato de los saberes científicos de su época, una obra que es una verdadera Odisea de su tiempo, que funcionaba del mismo modo que el texto homérico: servir de material para el aprendizaje de la juventud ( Le Clézio afirmaba que las novelas de Verne habían sido su Odisea y su Ilíada ). Así « si la Odisea nos hace viajar por los mares conocidos y desconocidos, explora también el conjunto del saber de la época de Homero. Doble viaje de exploración del espacio y de la enciclopedia; así la Odisea no cesa de pasar de la literatura de viaje a la pedagogía » ( Michel Serres ). Una obra situada en el corazón de su tiempo, en el que en el terreno de la ciencia era dominado por las leyes de la termodinámica, y Verne – como muchos de sus contemporáneos- centra su mirada en la segunda ley, en la de la entropía , y aplica analógicamente este principio de la ciencia dura a la visión sobre la sociedad…en aquellos momentos en los que la ideología de la decadencia avasallaba , más – en el caso del escritor- complementándola con la idea de progreso, cerrando de ese modo el boucle ( téngase en cuenta la etimología de la palabra enciclopedia : pedia = conocimiento / enseñanza // ciclo = en círculo)[ no resulta baladí señalar cómo algunas de sus obras fueron publicadas en el Magasin d’Éducation et de Récréation ] Decía Foucault en un artículo , L´arrière-fable , de la revista: L´Arcnº 29/ mai 1966, dedicada a Verne – texto recogido en Dits et écrits I, 1954-1975. Gallimard, 2001; pp. 534- 541) que su empeño parece responder a « evitar que el mundo se detenga bajo el efecto de un equilibrio que sería mortal…luchando contra la entropía» (esta y otras ideas sobre la obra del escritor de Nantes las expone igualmente Foucault en La Técnica narrativa de Julio Verne, prólogo a la edición Einaudi de La vuelta al mundo en ochenta días) . El escritor obtuvo, en especial en lo que hace a sus primeras obras, un gran éxito entre los lectores que veían saciada su curiosidad con las respuestas que Verne ofrecía con respecto a algunas preguntas que planeaba en el espíritu de la época.
No poco se ha hablado de otros aspectos del escritor francés: de su misoginia, de su excelencia literaria (que elogiase Raymond Roussel o Blaise Cendrars, o Paul Claudel o Jean Cocteau, o el nombrado Gracq que dijese en sus Lettrines: « [tras nombrar sus inicios lectores]… hubo Julio Verne. Lo venero, un poco filialmente. Soporto mal que se habla mal de él. Sus defectos, sus desfases, me enternecen. Lo veo siempre como un bloque que patina en el tiempo sin caer. Es mi primitivo personal » …sin olvidar al pintor Paul Delvaux – de quien por cierto es la ilustración de este artículo-), también se habló de sus anticipaciones proféticas , o de su visión política, aspectos en los que no me detendré, pero del que sí señalaré con respecto a la última de las cuestiones nombradas – la de la política- que Verne participó en política municipal al formar parte de una candidatura encabezada por un socialista radical en la ciudad de Amiens ( ciudad en la que vivió los últimos años de su vida) , quedando él, como concejal, encargado de los asuntos relacionados con el teatro y otros espectáculos, labores que desempeñó durante una quincena de años. Algunos se han empeñado en ver en el personaje ciertos dejes anarquistas, sacando a relucir para ello el carácter de algunos de los protagonistas de sus historias – muy en especial Nemo- y los contactos que mantuvo con el geógrafo anarquista Eliseo Reclus, si bien parece que el gran geógrafo anarquista le contagió más su afición, y su modo de dedicarse a la geografía más allá de lo meramente descriptivo que su anarquismo como señala y argumenta con tino Béatrice Giblin en la revista Herodote nº 10/ 2º trimestre de 1978; pp. 76-90. Su amor a tal disciplina nombrada queda expuesta en sus novelas e igualmente en sus recuerdos de infancia y de juventud: « mis jóvenes lectores conocen ahora a qué instintos, a qué circunstancias debo el haber escrito esta serie de novelas geográficas […] Esta tarea, es la de pintar toda la tierra, el mundo entero, bajo la forma de novela , imaginando aventuras especiales en cada país, creando personajes especiales en el mundo en el que actúan»
La isla misteriosa ( 1875)
« Hay una isla en el mar – no lejos de las islas bienaventuradas de Zaratrustra-en donde un volcán humea perpetuamente. El pueblo y sobre todo las mujeres ancianas del pueblo dicen de esta isla que está colocada como una roca ante la puerta del infierno: pero la vía estrecha que desciende a esta puerta atraviesa ella misma el volcán »
                                          (Nietzsche)
« Descubrid junto a Cyrus Smith la orilla gesticulante de “La isla misteriosa”, la entrada hacia una vida nueva. Soñad con una isla en la que todo sería ideal , reinventado, como en una “segunda patria”. Pues la grandeza de esta obra, su marca de genio, es haber construido un mundo imaginario en el que todos los elementos se corresponden y se encadenan según su propia lógica ».
                                                 (Le Clézio)
Una isla es como un microcosmos que refleja la sociedad del mismo modo que un barco – ciudad flotante-, como mundos cerrados en sí mismos. Si esta es la analogía que puede emplearse sin forzar las cosas, se ha de completar esta afirmación con el importante papel, hasta asumir la centralidad, que tales masas de tierra rodeadas por el agua ocupan en el terreno de la literatura. Liliput, Utopía, la Ciudad del Sol, la isla del tesoro…si estas islas – a las que podrían añadirse no pocas más- fueron el escenario de los relatos de Swift, Moro, Campanella o Stevenson, la célebre de Daniel Defoe, en donde acabó Robinson Crusoe, dio mucha marcha e inspiración a otros escritores que versionaron la famosa historia: Michel Tournier, Julio Cortázar, Coetzee, entre otros, y…por supuesto, Julio Verne.
En los viajes de Verne no es la única isla más sí me atrevo a decir que la más significativa desde el punto de vista que en ella se compendian casi todas las características de la escritura del autor, además de aparecer en ella los temas esenciales que preocupaban y ocupaban la narrativa verniana. La inspiración le vino desde joven ya que la lectura del clásico de Defoe le encantó, y tras algunos intentos fallidos de abordar explícitamente el tema del robinsoniano, rechazados por su editor, al final, anunció al editor que estaba escribiendo una “novela química” , que se plasmó en su Isla misteriosa – publicada inicialmente por entregas para posteriormente hacerlo en un solo volumen y que fue la última entrega de la primera oleada de sus Viajes extraordinarios. Si su antecesor Defoe retrataba en la figura de Robinsón, el origen individual de la sociedad burguesa y sus valores, Verne – los tiempos han cambiado- recoge la colectividad como constructora de la sociedad; son los tiempos de la colonización, del progreso que se supone que conlleva la civilización, aunque en este caso los náufragos que arriban a la isla no encuentran indígenas a los que civilizar.
Cinco sujetos ( Cyrus Smith con su perro Tob, Pencroff, Gédéon Spillet, Habert y Nab) que pertenecían al ejército unionista, prisioneros de los confederados del sur, consiguen un globo aerostático para escapar, más el vuelo fracasa haciendo que sus pasajeros naufraguen, yendo a parar a una pequeña isla ( lo sabrán más tarde tras disipar las dudas iniciales que señalo en las líneas que vienen), a la que bautizaron como la isla Lincoln., isla volcánica del océano Pacífico [ en el Atlas de Islas remotas de Judith Schalansky ( Capitán Swing y Nórdica Libros, 2013) en la página 58 se presenta una isla situada en el Océano Índico, Posesión / Islas Crozet, que pertenece a Francia; en donde la cordillera de montes más altos ha sido bautizada con el nombre del escritor…la presentación de tal isla concluye con las siguientes palabras: « La isla misteriosa de Verne se encuentra muy lejos de aquí, ilocalizable en medio del Océano Pacífico, y Posesión no es lugar para robinsonadas»]. En el momento del desastre desaparece uno de ellos, el ingeniero Cyrus Smith, al que el resto se dedica a buscarle; la pregunta que les ronda es: si se hallan en una isla o en tierras de un continente, a lo que el hallado acaba por decir: « Amigos míos, nuestra situación quizá es muy deplorable, pero en todo caso también es muy sencilla. O estamos en un continente, y entonces, a costa de fatigas más o menos grandes, llegaremos a algún punto habitado, o bien estamos en una isla, y en este último caso, de dos cosas una: si la isla está habitada, tendremos que relacionarlos con sus habitantes; si está desierta, tendremos que vivir por nosotros mismos» (cap. IX). El lugar tenía la compañía de otra isla cercana con forma de cetáceo; en sus orillas convivían focas con crustáceos y moluscos. La isla ascendía desde sus extremos formando dos picos icónicos perfectos de un volcán cubierto de nieve permanentemente; en sus faldas de frondosos bosques habitaba numerosos animales hasta entonces desconocidos por los recién llegados.
La división de trabajo se organiza: unos se dedican a la caza ( Pencroff -antiguo capitán de la marina- y Harbert -adolescente a su cargo-), mientras que Nab se convierte en el cocinero. Cyrus Smith, ingeniero de profesión, es un cúmulo de conocimientos prácticos (físicos, químicos y agrícolas), con los que va a hacer que los problemas que surgen por todos lados de cara a la supervivencia vayan siendo solucionados con ocurrentes salidas. La curiosidad del grupo hace que se empeñen en explorar la isla para lo que ascienden al punto más alto desde el que se hacen completa idea de la forma y la extensión de la isla, a la que bautizan – como queda dicho- con el nombre presidencial de Lincoln; la labor de bautizar los lugares se extiende a todos los rincones del lugar. El fuego que ocupa un papel esencial clave en la existencia de los humanos (Prometeo mediando), también lo va a ocupar en la novela en la que juega un papel doble, como el pharmakon griego, soluciona los problemas al tiempo que los crea. Dicho elemento les sirve para subsistir, más el fuego interno de la tierra, contenido de manera amenazante en el volcán, no anuncia nada bueno. A esta inquietud han de sumarse ciertos signos que el grupo va detectando que les origina honda extrañeza y les hace suponer que en el lugar hay algún poder sobrenatural que actúa y bajo cuyo poder viven. Los signos de la presencia humana les mosquea…y las exploraciones hacen que descubran nuevos y misteriosos lugares. En medio de todo esto, el tiempo mítico de los orígenes va a ocupar una preocupación mayor, tema al que se dedican los capítulos X y XI, en los que se trata el asunto de la fundación del mundo. En el desconocido lugar, se van a mover por los pagos de la incertidumbre, de lo secreto, de lo misterioso. Situación que les empujará a hallar nuevos modos de organización social, y a preocuparse por el eje del mundo y de sus propios yoes., en busca de cierto criterio de ordenación.
El hallazgo de una bala incrustada en un cerdo, hace que se sospeche – como digo- de la presencia humana, lo que lleva al tenaz Cyrus Smith a marcarse como tarea la búsqueda de tal ser. La sorprendente aparición de una piragua cuando tenían necesidad, en una de sus expediciones, para cruzar un infranqueable brazo de agua hace que aumente su mosqueo. A la vuelta de su periplo, la cueva en la que habían instalado su cuartel general, ha sido invadida por los monos; los expulsan , más se quedan con un orangután al que bautizan como Júpiter, al que llaman Joop, y al que domestican.
Pencroff construye un barco, Buenaventura, y en su primer viaje halla una botella con un mensaje de un náufrago, que vive en una isla cercana. Va en su busca y halla a Ayrton, un prisionero que ha huido y se ha refugiado en la pequeña isla; allá aislado de la sociedad y de sus semejantes, ha devenido salvaje, habiendo perdido el habla y otras habilidades humanas. Cyrus Smith y sus compañeros deciden hacerle volver a la humanidad, cosa que logran; más tarde les aclarará su identidad y su sanguinario pasado de pirata.
Las exploraciones continúan, las labores de transformación y construcción a la par, y los misteriosos descubrimientos también: así, un día un barco se aproxima y el temor cunde hasta los límites del pánico al comprobar que el barco es de piratas que quintuplican en número a los seis habitantes de la isla Lincoln. La pelea, tras algunos cambios de tácticas y estrategias, se entabla entre las desiguales fuerzas…pero la casualidad, una vez más, juega a favor de los afortunados habitantes de aquella reducida sociedad, que ha debido reiniciarse desde cero (partiendo del hecho de que los humanos nunca parten de tal, ya que los saberes y técnicas acumulados en su vida en sociedad constituyen un bagaje fundamental para desenvolverse). Algunos de los “invasores” sobreviven y vagan por la isla originando algunos problemas…otra vez, no obstante, el azar o las extrañas fuerzas actúan a favor de los habitantes del lugar. No sucede lo mismo con las fuerzas de la naturaleza que hacen que el volcán muestre con toda su potencia su carácter destructor. La isla desaparece y las fuerzas sobrenaturales que parecían actuar puntualmente en los momentos en que más lo necesitaban el ingeniero y sus amigos, dejan ver su verdadero rostro natural: se trata de Nemo ( en latín , persona) quien anda por allá refugiado con su Nautilus; el bien hallado personaje les facilita la huida del lugar, en los momentos en que ven el derrumbe del lugar , originado por la erupción en cadena del volcán…las última palabras de Nemo serán: « mañana habré muerto, y deseo no tener otro sepulcro que el Nautilus. Es mi ataúd. Todos mis amigos reposan en el fondo de los mares y yo quiero reposar con ellos»…y los que quedan abandonan la isla logrando en el futuro una vida plena de felicidad.
La visión de Verne -heredero en esto de Eliseo Reclus- es un verdadero canto a la tierra, a su plenitud, que puede ser completada con los conocimientos científicos, lo que no quita para que considerase a la naturaleza como dotada de poder autónomo; naturaleza compaginable con los humanos en la medida en que estos no provocasen su hostilidad. En la novela en la que me detenido – considerada por muchos, entre los que me cuento, como su más lograda novela- no hay desplazamientos , ni viajes, más que las exploraciones que se dan en el interior de la isla, con el fin de buscar modos para subsistir y ordenar el territorio; ordenación que viene a ser el modelo de la colonización, teniendo en cuenta, no obstante, que el escritor diferenciaba entre un colonialismo (colonismo se decía por entonces) de las potencias como EEUU, Francia o Inglaterra, y otra manera de colonizar que era la propia del saint-simonismo que trataba de organizar comunidades en tierras no habitadas…erigiéndose así el caso de la Isla misteriosa en una forma de utopía, que refleja la historia de la humanidad que desde sus primeros pinitos fue avanzando – como estos colonos/ náufragos – por las distintas fases de desarrollo…« mirad lo que nos entrega la naturaleza, dice Cyrus Smith mientras saca de sus bolsillos trozos de mineral de tierra, de pirita, de arcilla, de carbón…»; la tierra ofrece sus dones, materias, cobijo, y los humanos se organizan para organizar aquel reducido territorio y vivir en una comunidad armoniosa que siempre quedará en su imaginación, en el recuerdo y en su deseo.
Una exploración por las palabras, las imágenes, por la tierra, los aires, conviviendo con los cuatro elementos
Me permito concluir esta lectura del imaginativo cartógrafo del mundo y del saber, con unas lúcidas palabras de J.M.G.Le Clézio y otras de Roland Barthes : el primero dice « Verne se sitúa en la bisagra de dos mundos, el mundo antiguo, romántico, heroico, a veces místico, a menudo bárbaro, y nuestro mundo contemporáneo, en el que triunfan la ciencia y los valores individuales, así como la hipocresía y la avaricia de los hombres de negocios»; el segundo en Nautilus y el barco ebrio in Mitologías ( Siglo XXI editores, 2006; p. 87 ) afirma que « Verne es el creador de una cosmogonía cerrada sobre sí misma, con sus categorías propias, su tiempo, su espacio, su plenitud, incluso su principio existencial. La consolidación verneana está ligada a las tareas técnicas del siglo industrial: efracción de la tierra, explotación de las minas, apertura de rutas, de las vías férreas […] Toda la simbología que recorre sus novelas está unida al industrialismo, a la idea de progreso, a la idea de que la técnica, dominando la Naturaleza, hará de la tierra un edén y al hombre más libre. Pero debajo de esta armadura lógica, de esta apología de la herramienta y de la ciencia, laten significaciones más profundas».

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