JULES VERNE

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miércoles, 3 de mayo de 2017

"Si hoy leo a Stendhal o a Balzac es porque un día leí a Julio Verne"

FRANCISCO DÍAZ VALLADARES. ESCRITOR
"Si hoy leo a Stendhal o a Balzac es porque un día leí a Julio Verne"
·         El sevillano publica 'Tras la sombra del brujo', una novela de aventuras ambientada en el Congo con la que ha conseguido el último Premio Edebé
Francisco Díaz Valladares, especialista en narraciones que trasladan al lector a parajes exóticos. / JOSÉ ÁNGEL GARCÍA
BRAULIO ORTIZ25 Abril, 2017 - 09:44h
Julen había nacido en África y era "un blanco entre negros que nunca se había sentido extraño". Tras tener que trasladarse a Estados Unidos debido al trabajo de sus padres, el muchacho regresa a sus raíces, a la República Democrática del Congo, para visitar a su abuelo, director del Parque Nacional de Virunga. Su retorno coincide con una serie de sacudidas emocionales: un viejo león solitario ha empezado a atacar los poblados, y Buku, un conocido hechicero, ha empezado a señalar al familiar del protagonista. Además, Élodie, compañera de juegos en la infancia del muchacho, se ha convertido en una mujer de una belleza abrumadora. Con Tras la sombra del brujo, una historia que contiene "mucha acción y mucho misterio, pero también mucho amor, entre los personajes y al medio ambiente"el sevillano residente en La Línea de la Concepción Francisco Díaz Valladares ha ganado el Premio Edebé de Literatura Juvenil. El autor presentó ayer su libro en la Diputación de Sevilla, una institución con la que colabora en el ciclo El placer de leer.
-Nunca ha estado en África, y sin embargo ubica allí la acción del libro. ¿El retrato que hace del continente surge de sus lecturas sobre esta tierra?
-No he estado en África, pero he estado en Oriente Medio cinco años, he estado en Estados Unidos, en México, en Turquía... Para componer un relato así, lo que tiene que hacer uno es llenarse de sensaciones. Antes de empezar una novela, normalmente te vas documentando para una historia que ni siquiera sabes cómo va a empezar, y llega un momento en el que tienes lleno ese depósito en tu cerebro, estás informado, y los personajes te reclaman, empiezan a moverse por la narración sin que tú tengas que buscar datos.
-Empieza cada capítulo con una cita de referentes tan dispares como Flaubert, Gandhi, Einstein o Chaplin. ¿Quería aportarles modelos a los jóvenes?
-El abuelo del protagonista ya es un modelo: fue el que le inculcó al nieto la sensibilidad por los demás, el que no te importe el color de la piel del otro, porque su mejor amigo es un masái. ¿Sabe lo que ocurre? Que han conseguido que los jóvenes vayan con la cabeza agachada, que no miren ni siquiera alrededor, han logrado su sumisión, que no mediten. Los estamos anulando. Poniéndoles al principio de cada capítulo un pensamiento y diciéndoles de quién es, los lectores que sean curiosos buscarán a esos autores, ya se sabe que un libro lleva a otro.
-Cuando presentó el libro en Barcelona se declaró un enamorado de Julio Verne, una huella que se aprecia en su obra.
-Algo que me interesa de la literatura juvenil, por lo que ahora escribo los libros que hago, es que si yo leo hoy a Balzac y a Stendhal es porque en su momento me topé con Roberto Alcázar y Pedrín, El Guerrero del antifaz o a Julio Verne. No podemos plantearles a los chavales los libros como un muro que se tienen que saltar, sino como un camino que recorres para pasártelo bien. Y en realidad esa idea la tengo también para los adultos: si llevas 30 páginas con una novela que te aburre, lo más lógico es que la abandones.
-Y por eso usted plantea un relato con mucha acción.
-Yo lo que intento es que el joven llegue a su habitación, y en vez de ponerse con el ordenador o con el móvil vuelva al libro, porque recuerde que de la última vez que lo leyó le queda un interrogante. ¿Qué pasó con Julen, qué pasó con el abuelo? Que esa intriga haga que siga con la novela. Busco que las aventuras se sucedan, que sea divertida, que no dé tregua. Yo mismo sentí miedo en algún momento de la narración cuando leía las galeradas.
-Entre otras cuestiones, la obra denuncia la explotación que un capitalismo salvaje lleva a cabo en el continente africano.
-El tema del capitalismo es tremendo. ¿Quién consume más, una persona angustiada o una feliz? Una angustiada. Y, claro, a la gente que nos controla no le interesan los pobres, porque no consumen. No existe una verdadera preocupación por acabar con el hambre en el mundo, porque eso les desmontaría el sistema, evitaría que se siguieran lucrando.
-Con esta novela se ha hecho con el Premio Edebé, una meta que había "perseguido" desde hace tiempo.
-Yo pienso que si uno siembra un sueño y lo riega de una manera inteligente conseguirá una realidad. Lo único que hay que hacer es no desanimarse. Yo insistí varias veces en el premio, pero parece que han esperado a una ocasión especial para concedérmelo, el 25 aniversario del galardón.


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