JULES VERNE

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jueves, 23 de marzo de 2017

Una inquietud que viajó en el globo de Julio Verne y en las cartas de Francisco

Los refugiados ambientales.
Una inquietud que viajó en el globo de Julio Verne y en las cartas de Francisco

El genio de la ciencia ficción y el "Papa ecológico", en una coincidencia más allá del tiempo.
Las emisiones contaminantes, graficadas por la NASA. AFP
Hace 154 años, Julio Verne invitaba a volar con la imaginación en un globo que se disponía a cruzar el África durante cinco semanas, en busca del origen del Nilo.
Al mando del intrépido Samuel Fergusson, el aerostato logró partir frente a las costas de la isla Zanzíbar e inició un viaje acechado por tormentas, huracanes, bestias feroces y tribus encendidas.
Fergusson tenía en mente completar las nociones dispersas de la cartografía africana, disfrutar de la naturaleza y observar las tempestades. Sumó a su tripulación a su amigo Dick Kennedy y a su criado Joe. En una de las elevaciones, Fergusson describió la hermosura que veía a sus pies: “Es verdaderamente una comarca magnífica y difícilmente se encontraría en el mundo una vegetación más bella”. Fue el comienzo de un debate entre las nubes que se adelantó un siglo y medio a la aparición masiva de refugiados ambientales: -¿Quién sabe si no será algún día esta comarca el centro de la civilización? Aquí se establecerán tal vez los pueblos venideros, cuando, extenuadas, las regiones de Europa no puedan ya nutrir a sus habitantes-, arriesgó Fergusson.
-¿Lo creéis así?- preguntó Dick.
-Sin duda. Mira la marcha de los acontecimientos; considera las emigraciones sucesivas de los pueblos. ¿No es verdad que el Asia es la primera nodriza del mundo? Por espacio de cuatro mil años trabaja, es fecunda, produce, y después, cuando no se ven más que piedras y áridos arenales donde antes brotaban las adoradas mieses de Homero, sus hijos abandonan aquel seno agotado y marchito.
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El compañero del explorador quedó en estado reflexivo y al rato soltó una definición del cambio climático que anticipó a cualquier ONG actual: -Será una época bien desdichada aquella en que la industria lo absorba todo en su provecho. A fuerza de inventar máquinas, los hombres se harán devorar por ellas. Yo me he figurado siempre que el último día del mundo será aquel en que alguna inmensa caldera, calentada a miles de millones de atmósferas, haga saltar nuestro planeta.
-Y añado -dijo Joe- que no serán los americanos los que menos contribuyan a la construcción de la caldera.
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La premonición de Verne en la ficción tiene hoy correlato en pronunciamientos del papa Francisco, quien a poco de asumir, en 2013, reveló a su amigo argentino Carlos Luna que preparaba la encíclica Laudato Sí.

La encíclica del Papa Francisco sobre el medio ambiente. REUTER
Allí, el Papa llama a “cuidar de modo urgente la casa común” y subraya el tema de los desterrados: “Es trágico el aumento de los migrantes huyendo de la miseria empeorada por la degradación ambiental, que no son reconocidos como refugiados en las convenciones internacionales y llevan el peso de sus vidas abandonadas sin protección normativa alguna. Lamentablemente, hay una general indiferencia ante estas tragedias”.
En una carta reciente al dirigente social Gustavo Vera, Francisco vuelve a preocuparse por el tema. “Estuve conversando largamente con dos misioneros del Amazonia y están alarmados por proyectos hídricos que provocarían un gran desequilibrio ecológico. La Academia de Ciencias hace un encuentro sobre el problema del agua; veremos cómo sale”.
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La nave de Cinco semanas en globo hoy navegaría por un cielo rancio. Quizás el viento la llevaría de regreso a Zanzíbar, ahí donde en 1946 nació Freddy Mercury, la voz majestuosa que canta Save me (Sálvame).
pcalvo@clarin.com

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