JULES VERNE

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jueves, 2 de marzo de 2017

Jules Florencio, enormísimo cronopio

Jules Florencio, enormísimo cronopio
10 Feb 2017 - 9:00 PM
Por: Esteban Carlos Mejía

Le tengo pavor a una pregunta irresoluble que a veces me hacen: “Tebitan, ¿tú por qué escribes?”. Nunca sé qué decir. Casi siempre me antojo de plagiar a Javier Marías y contestar como él: “escribo para no tener jefe ni tener que madrugar”, pero sé que esa respuesta afligiría a más de uno, sobre todo en mi casa, en donde se hace lo que yo obedezco… Entonces callo, luego otorgo: prefiero pasar por indolente antes que meter la pata.
Siento no menos angustia cuando me preguntan “¿cuál es tu libro favorito?”. O, peor, “¿cuál es tu autor preferido?”. ¡Ay, hijuepucha! En la vida ordinaria trato de ser ateo feliz. En literatura, soy politeísta. Creo en muchísimos dioses y profetas y médiums. No los clasifico por idiomas, lo cual sería meritorio si acaso fuera políglota. “Mi autor en francés es Monsieur o Mademoiselle o Madame… Mi escritor en alemán es… En japonés…”. A lo mejor eso le funciona a ciertos grafómanos de mundo, autores de Poder, de esos que viajan mientras escriben. O al vesre.
A mí, en cambio, me gusta hablar por edades. O sea, recordar aquellos escritores que me deslumbraron en determinada época de mi vida. Así no me enemisto con ninguna deidad ni deshonro a mis chamanes. ¿Cuál fue mi escritor preferido a los 20 años? No dudo y acá lo proclamo a voz en cuello: ¡Cortázar! Julio Florencio Cortázar Descotte, enormísimo cronopio, según él llamó a Louis Armstrong. En verdad os digo, yo amaba todo lo de Cortázar. Tuve una novia igual de loca, bonita y sexy que La Maga, la de Horacio Oliveira: juntos leíamos y practicábamos el capítulo siete: “Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano”. Después me conseguí una como Talita de Traveler. Soñaba despierto con las cuatro, las dos enamoradas de carne y hueso y las dos amantes de papel y lápiz. Siguiendo al pie de la letra sus instrucciones para subir una escalera, le di la vuelta al día en 80 mundos, y de ñapa conocí los saberes ocultos de Arne Saknussemm en Viaje al centro de la tierra, del desquiciado Jules Verne.
No fui fama, no fui esperanza, no fui cronopio, pero aprendí a reconocerlos con exactitud y presteza. El sueldo de profesor de Sociales en un instituto de validación de bachillerato a duras penas me alcanzaba para comprar sus libros en la Cosmos, la Continental o la Aguirre, venerables y ya desaparecidas librerías de Medallo. Y lo más grave aún: no solo lo leía con fervor, sino que trataba de escribir como él, descaro de descaros. Mi primer personaje literario, por ejemplo, se llamaba Fiallo, apellido cortazariano, digo yo, todavía de rodillas ante Rayuela o El perseguidor o Las babas del diablo. ¿20 años que no volverán? No. ¡Veinte años que no se irán!
Rabito: “Las relaciones entre Colombia y Estados Unidos son las mejores que han existido. Son un hecho perfecto, sin grieta alguna. Y la razón es fácil de encontrar: la razón es Roosevelt, Franklin Delano Roosevelt”. Eduardo Santos, abril de 1939
Rabillo: “No está lejano el día en que la bandera de barras y estrellas señale en tres sitios equidistantes la extensión de nuestro territorio: una en el Polo Norte, otra en el Canal de Panamá y la tercera en el Polo Sur. Todo el hemisferio será nuestro de hecho, como en virtud de nuestra superioridad racial ya es nuestro moralmente”. William H. Taft, presidente de Estados Unidos de América, 1909 - 1913.

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