JULES VERNE

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viernes, 3 de marzo de 2017

El Nautilus real que inspiró a Julio Verne

El Nautilus real que inspiró a Julio Verne

Escrito por Pablo G. Bejerano, 22 de Septiembre de 2016 a las 08:30

Se construyó 70 años antes de que el Nautilus apareciera por primera vez en la obra de Julio Verne.

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Si hay un personaje de Julio Verne que se ha quedado en el imaginario colectivo ese es el capitán Nemo. Una figura envuelto en una bruma de misterio literario, a camino entre el científico y el filósofo, entre el idealista y el vengador. Y no resulta menos enigmático su prodigio acuático de la ingeniería, ese monstruo submarino adelantado a su tiempo, el Nautilus. Ambos aparecieron por primera vez en la novela ‘Veinte mil leguas de viaje submarino’, publicada en 1871. Pero no fue la primera vez que se le puso de nombre Nautilus a un submarino.
El submarino de donde Verne sacó inspiración para bautizar a su ingenio literario se diseñó a finales del siglo XVIII y se probó en 1800, 70 años antes de que se publicara la novela de Verne. Por cierto, que el nombre tampoco salió de la nada. Unas décadas antes el naturalista Carlos Lineo había catalogado a un tipo de molusco cefalópodo con este nombre.
La densidad narrativa de ‘Veinte mil leguas de viaje submarino’ y las interminables enumeraciones de especies marinas, tanto vegetales como animales, guardaban los mitos de Nemo y el Nautilus. Ya en el libro aparecen como figuras de leyenda y Verne supo grabar ese aura tan bien en el lector que se acabó trasladando  a la cultura popular. La contribución de ‘La isla misteriosa’, donde también aparecen Nemo y el Nautilus, también ayudó a que esto ocurriera.
El Nautilus real es mucho menos conocido, en cambio. Pero una persona con los enormes conocimientos que demostró tener Julio Verne seguramente supo de este submarino, uno de los pioneros de su clase. Se diseñó en los últimos años del siglo XVIII en una época en la que ya habían empezado a aparecer proyectos de vehículos que navegaran bajo las aguas.
Su inventor fue el estadounidense Robert Fulton, que por aquel entonces vivía en Francia. Eran los tiempos del ascenso de Napoleón y el país galo se enredaba en guerras en media Europa. Por eso el proyecto tuvo un objetivo militar desde el principio.
Fulton diseñó una especie de cilindro dotado de cierta aerodinámica que medía algo menos de siete metros de largo por dos de ancho. Tenía una estructura de arandelas de hierro, como si fueran las costillas de un lomo, cubiertas por planchas de cobre. La inmersión la realizaba gracias a un depósito de lastre, que se llenaba y se vaciaba de agua, situado a lo largo de la quilla, hueca y de hierro.


Contaba con una hélice para impulsarse –que funcionaba a mano– y para reciclar el aire del interior se servía de un tubo que ascendía a la superficie. El arma del Nautilus eran una especie de minas marinas que el vehículo soltaba a través de un cable, previamente adosado al casco de un barco por un extremo acabado en forma de gancho.
El Nautilus se probó por primera vez en el 1800 y Fulton llegó a tener una entrevista con Napoleón, pero finalmente el proyecto no fue a más. Eso sí, en las pruebas, el submarino se mantuvo una hora sumergido, llegó a una profundidad de más de siete metros y a recorrer una distancia de 400 metros en siete minutos.
Imágenes: Tom Simpson y Wikipedia

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