JULES VERNE

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viernes, 31 de marzo de 2017

Merecía una película / El peruano que se adelantó a Von Braun en la conquista de la Luna


Merecía una película / El peruano que se adelantó a Von Braun en la conquista de la Luna
El ingeniero peruano Pedro Paulet (1874-1945) es uno de esos genios olvidados cuya vida da para un “biopic”. De niño le fascinó “De la Tierra a la Luna”, de Julio Verne, y de mayor patentó el auto-bólido, un avión cohete del que tomó nota Von Braun.
23/03/2017
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Pedro Paulet se enamoró de los viajes espaciales con Julio Verne y fue el precursor de los cohetes que conquistaron la Luna.
Nadie es profeta en su tierra, reza el adagio. Por eso, los primeros en reconocer el talento del ingeniero peruano Pedro Paulet fueron los nazis.
Con malas artes puesto que Paulet, que creía en la educación universal como base del progreso de los pueblos, se negó a colaborar con ellos.

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Pero lo cierto es que quienes pusieron en marcha ese III Reich que iba a durar mil años, fueron los primeros en utilizar los inventos del científico latinoamericano para las V-2, las bombas volantes con las que bombardearon Inglaterra y Bélgica durante la Segunda Guerra Mundial.
La noticia ha llegado hasta nuestros días por un antiguo miembro de la SS, el ingeniero mecánico Wernher von Braun que concibió aquellas armas, consideradas los primeros misiles balísticos de la Historia.
Ya convertido en diseñador del Saturno V y de los distintos programas (como el Apolo) que llevaría al hombre a La Luna, así como en director del Centro de Vuelo Espacial Marshall de la NASA, en su Historia mundial de la astronáutica (1966), von Braun reconoce debidamente los méritos del peruano: “Pedro Paulet, en los primeros años del siglo XX, estando en París, experimentó con su pequeño motor de dos y medio kilos de peso logrando un centenar de kilogramos de fuerza. Por este hecho, Paulet debe ser considerado como el pionero del motor a propulsión de combustible líquido. Con su esfuerzo, ayudó a que el hombre llegara a La Luna”.


El ingeniero de la NASA de origen alemán Wherner von Braun reconoció el trabajo precursor de Paulet

Unos años antes, en su libro El cohete para transporte y vuelo (1958), el científico ruso Boris Scherschevsky ya se había referido a su colega de Arequipa en términos igualmente elogiosos: “El advenimiento de la era espacial se hizo realidad con el desarrollo del motor a propulsión y de la nave espacial diseñada y construida por el peruano Pedro Paulet entre 1899 y 1903”.
Puede que fuera ese el momento en que tan ilustre científico comenzó a ser reivindicado después del ostracismo en el que cayó tras su muerte en Argentina en 1945.
Un compatriota, Álvaro Mejía, está ultimando una película sobre su vida titulada ‘El niño que soñaba La Luna’
Y también puede que fuera con la evocación de esas páginas de tan ilustres ingenieros como debiese empezar la película que Pedro Paulet, sin duda, merece.
Su experiencia demanda un biopic muy al gusto de esa reivindicación de los grandes desconocidos para el gran público, tan frecuente de un tempo a esta parte en el género. Al parecer, su compatriota, el cineasta Álvaro Mejía, está ultimando dicha cinta con el título de El niño que soñaba La Luna.
Durante la Segunda Guerra Mundial los planos de sus prototipos se perdieron cuando su hijo, casado con una japonesa y depositario de los papeles de su padre, se vio obligado a abandonar precipitadamente Japón luego de la ruptura de las relaciones diplomáticas con Perú.
El motor de combustible líquido de Paulet
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Pero los expertos nunca olvidaron que, en 1895, Paulet ideó el motor de combustible líquido y cinco años después el sistema que acabaría propulsando los cohetes espaciales.
Así, desde finales de los años 50, cuando la conquista de espacio conoció su máximo apogeo, despertando un interés entre la población inusitado hasta entonces, el ilustre ingeniero peruano pasó a ocupar el lugar que le corresponde en el panteón de hombres ilustres que la pusieron en marcha.
A decir verdad, aunque Pedro Paulet no encontró en su país lo que precisaba para llevar a cabo sus grandes invenciones, habida cuenta de las limitaciones para la investigación científica de Perú, tampoco puede decirse que su tierra lo ninguneara.
Nacido en Tiabaya, un distrito del departamento de Arequipa, en 1874, su familia, además de numerosa -como casi todas entonces- era mestiza. Y esto era un estigma en una sociedad en la que primaba lo de origen europeo, con lo que Paulet también se convierte en un paradigma de la multiculturalidad del genio.
Huérfano de padre con tan sólo tres años, el gran afán de su madre fue dar al pequeño Pedro una esmerada educación. Él, sin duda consciente de que en ella estaba la redención a la pobreza para la que había nacido, se aplicó en los estudios desde que cursaba los primarios en el colegio de San Vicente de Paul de Arequipa, a la sazón dirigido por Padre Duhamel, un misionero francés que habría de ser el primer mentor del joven.
Se dice que fue tanta su excelencia académica que los profesores que le examinaban le aplaudían tras escucharle.
Sin embargo, fueron lecturas tan poco académicas como las de Julio Verne -auspiciadas por Duhamel-, así como las sugerencias que le inspiraba el cielo de Arequipa, las que le hicieron pensar por primera vez en cohetes basados en los fuegos artificiales que animaban los festejos populares.
En lo de Verne coincidió con von Braun. Son tantos los grandes nombres de la conquista del espacio, que se interesaron por ella a raíz de las novelas de ciencia ficción, que el mundo académico debería dejar de desdeñar este género.



Su primer invento fue la girándula, motor para cohetes alimentado por combustible líquido
Becado en 1893 por el gobierno peruano, viajó hasta París para estudiar ingeniería y arquitectura en La Sorbona. Cinco años después, también se matriculó en el Instituto de Química Aplicada.
Fue en la capital francesa donde el joven Paulet pudo desarrollar su genio. Su primer invento fue la “girándula”, un dispositivo semejante a una rueda de bicicleta que, en realidad, era un motor para cohetes alimentado por combustible líquido.
Ya de antiguo, el inventor venía dándole vueltas al movimiento de los calamares, impulsados por el agua en una sencilla propulsión a chorro.
Pero fue uno de sus mentores en La Soborna, Marcelin Berthelot -uno de los grandes expertos en explosivos de su tiempo- quien le aconsejó utilizar panclastitas, un explosivo que acaba de ser inventado. Paulet concluyó que el peróxido de nitrógeno y la gasolina que integraban la panclastita era el mejor propelente para la girándula.
Aquello acabó cuando una explosión en el laboratorio del Instituto hizo que el peruano fuera detenido. Berthelot tuvo que asegurar que su pupilo no era anarquista para que lo dejaran en libertad. Pero de la girándula no se volvió a hablar. Ahora bien, el joven inventor había podido probar la eficacia de su máquina.
El 'Autobólido' o avión cohete de Paulet
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Ya brillante ingeniero, fue comisionado como cónsul peruano en Bélgica y se afincó en Amberes. Allí, en 1902, patentó su gran invento: el avión cohete que él, en sus primeros apuntes, llamó el “auto-bólido”.
“La primera ventaja de la aplicación de cohetes motor consiste en que forman una fuerza exterior al aparato, pero manejable desde su interior, lo que permite dar a dicho aparato la forma que se quiere, es decir, la más apropiada”, escribió el propio Paulet en un artículo publicado en El Comercio de Lima el siete de octubre de 1927, cuando su “auto-bólido” ya había caído en el olvido.
Y añadía: “Y esta resulta ser, a mi juicio, para deslizarse en un fluido sin variable, agitado y fecundo en tensiones como la atmósfera, la forma lenticular, con convexidad tal, que casi es igual a la de un ovoide, como nuestro planeta”.
Como es sabido, en los albores de la aviación, acabaron imponiéndose los aviones de hélice. Paulet, en aquellos días ya entregado a su carrera diplomática, no pudo dedicar a la astronáutica el tiempo que hubiera querido. Las responsabilidades académicas sucedieron a las consulares.
En 1904 el gobierno peruano le encargó la fundación y dirección de la Escuela de Artes y Oficios de Lima. Dado su interés en el impulso de la enseñanza técnica, el proyecto supuso un nuevo entusiasmo para él. Aunque también una distracción para ese niño que soñó La Luna. Siempre comisionado por el gobierno de su país, evaluó la implantación en la costa de la telegrafía sin hilos.
Pero la inquietud de los viajes espaciales seguía latente. Tanto era así que tradujo su carta publicada en El Comercio al alemán. En aquellos días, la Verein für Raumschiffahrt (Sociedad para los Vuelos Espaciales), lideraba el debate previo a la conquista del espacio. Werner von Braun era uno de sus miembros más jóvenes y hay constancia de que el futuro diseñador de los Saturno para la NASA intentó desarrollar el avión cohete del peruano. Pero Paulet se negó al saber que sus diseños servirían para la fabricación de misiles.


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·         Reseña

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Ciudad Bolívar: Misterio en el Orinoco


Ciudad Bolívar: Misterio en el Orinoco
Los Viajes de Montenegro
http://www.eluniversal.com/noticias/guia-turistica/ciudad-bolivar-misterio-orinoco_642257
Hacer click para ver las otras fotos ÁLVARO MONTENEGRO FORTIQUE
05 de marzo de 2017 05:00 AM
Actualizado el 05 de marzo de 2017 13:20 PM
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Tuve la grata oportunidad de visitar Ciudad Bolívar hace poco, y debo confesarles que quedé fascinado de nuevo con el casco histórico
Fuimos hacia la Plaza Bolívar y entramos en la Casa del Congreso de Angostura
Ciudad Bolívar es una ciudad misteriosa y fascinante, porque vigila de una manera tranquila y conmovedora al soberbio Orinoco en su parte más angosta, y porque además recoge en sus viejas paredes muchos sueños perdidos de luchadores y aventureros, que poblaron en tiempos remotos sus riberas.
Tuve la grata oportunidad de visitar Ciudad Bolívar hace poco, y debo confesarles que quedé fascinado de nuevo con el casco histórico y con la arquitectura colonial de sus casonas. Yo no sé porqué la UNESCO  no lo ha declarado todavía patrimonio de la humanidad, como ya hizo con Coro y La Vela.
Además de nostálgica y sublime, Ciudad Bolívar me parece deliciosamente romántica. Nos alojamos en la posada Casa Grande, que es realmente espectacular. Esta es una vieja y hermosa casona colonial de dos pisos decorada con un gusto exquisito, que fue sede de la Cruz Roja en tiempos remotos.
Como está ubicada en pleno casco histórico, no logramos reprimir el invencible deseo de caminar por los alrededores antes de desempacar. Fuimos hacia la Plaza Bolívar y entramos en la Casa del Congreso de Angostura, donde el 15 de Febrero de 1819 se reunió el primer congreso de Colombia, y Bolívar decretó en su famoso discurso la creación de la Gran Colombia. La casa está muy bien mantenida y merece dedicarle un tiempo para recorrer sus ignorados salones.
Luego cruzamos la plaza y fuimos a la Catedral, que está ubicada en un sitio imponente. El muro donde fusilaron a Piar a un costado me conmovió, el puente de la calle Igualdad me trasladó a mundos y tiempos lejanos. Nos tomó por sorpresa uno de los atardeceres con el río Orinoco como telón de fondo, de esos que son inolvidable. Bajamos hacia el Paseo del Orinoco y apreciamos sus casonas balconadas y celosías de madera, que recordaban  historias de fantasmas amables, esperando las tinieblas de la noche para contar sus interesantes episodios acontecidos en el río.
Al día siguiente recorrimos la bella Casa Prisión de Piar a un lado de la Plaza Bolívar, la Casa de Antonio Lauro, no muy lejos, y el Centro de las Artes, que originalmente fue concebido como un cuartel y luego fue una prefectura, para llegar a un mucho mejor destino en la actualidad.
Me sorprendió observar a incontables jóvenes llevando instrumentos musicales en sus hombros, mientras caminaban despreocupados por el casco histórico; iban o venían de recibir clases en alguna de las aulas cercanas y exaltado por esa ilusión, me convencí de que Ciudad Bolívar es una gran ciudad musical sin el menor alarde.
Luego de una inevitable siesta y de hojear pocas páginas de “Bonjour Tristesse” de Francoise Sagan, nos dispusimos a bajar un par de cuadras hacia el río Orinoco otra vez. Es que el Paseo Orinoco tiene un carácter firme y delicioso. Parece el altar de un culto misterioso al soberbio río que lo ha mojado con sus leyendas, a través de los siglos. Aquí ya no se ve la arquitectura colonial española del casco histórico, más bien una mezcla divina de construcciones franco-caribeñas con edificios de dos pisos cuyo balcón superior, escondido tras celosías de madera, se convierte en un corredor sombreado para los caminantes de las aceras del paseo.
La arena del río y las escalinatas de Puerto Blohm, donde se toman los bongos para cruzar a Soledad, lo alejarán de la vida real para llevarlo a un inverosímil torbellino de sensaciones y pensamientos desconocidos. Vimos allí a un hombre bajando apurado para tomar un bongo con su herramienta de arreglar zapatos, y una serpiente enrollada en su brazo.
También había un montón de niños vestidos de domingo, como preparados a visitar a quien sabe cuál pariente. Más allá una algarabía de gente comprando pescado y tomando bongos para cruzar el río, con el invencible fastidio que la cotidianidad otorga a las cosas más interesantes después de un tiempo. En Semana Santa hacen allí una representación de la pasión de Cristo, con sus personajes disfrazados y tres grandes cruces encajadas en la arena.
En fin, agotados por la dicha nos fuimos a cenar al restaurante Tony, que nos devolvió a la vida real para degustar un churrasco de Lau-Lau sensacional. De allí salimos indefensos por los deliciosos caminos del romanticismo, hasta las más intrincadas telarañas de la ternura; fue una noche espléndida bajo una luna, que no podremos olvidar jamás.
Véngase a Ciudad Bolívar con su pareja y disfrute usted también de los misterios del río Orinoco como si estuviera en otro mundo o retrocediendo en el tiempo, estoy seguro que le encantará y recordará este viaje siempre.     
CÓMO LLEGAR
Ciudad Bolívar queda a  600 kilómetros de Caracas, así que le recomiendo salir bien temprano de casa y tomar la carretera de oriente hacia Barcelona, para desviarse en el distribuidor vía Anaco, Cantaura y El Tigre.
El cruce por el puente sobre el Orinoco es espectacular, no se lo pierda.
DÓNDE ALOJARSE
La posada Casa Grande es súper-romántica, y está muy bien ubicada en el casco histórico de la ciudad, por lo que podrá visitarlo caminando. Se la recomiendo ampliamente.
Posada Casa Grande
Calle Boyacá #08, Casco Histórico, Ciudad Bolívar, estado Bolívar.
Teléfono para reservas: (0212) 977.12.34, www.hotel-casagrande-ciudadbolivar.com.ve.  
Otra opción es el hotel La Cumbre, que posee un bar con vista a los mejores atardeceres de la ciudad. Piscina, restaurantes  y cómodas habitaciones harán de su estadía una delicia.

Hotel La Cumbre
Av. 5 de Julio, Ciudad Bolívar, estado Bolívar
Teléfono: (0285) 632.77.09.
DÓNDE COMER
El restaurante Tony nos encantó, por el ambiente alegre, el servicio rápido y la calidad de la comida. Las mejores pizzas al horno de leña de la ciudad y el Lau-Lau, que es el pescado típico de la zona, mejor preparado que me he comido, lo conseguí aquí.
Restaurante Tony
Avenida Táchira, edificio Emilio, Ciudad Bolívar, estado Bolívar
Teléfono: (0285) 632.26.76.
DÓNDE COMPRAR
En el Paseo Orinoco se encuentran cantidad de tiendas y cuchitriles. Al final hay un mercado de buhoneros “La Carioca”que no es impresionante, pese a lo limpio y ordenado del lugar. Enfrente se encuentra el interesante y bien logrado mercado “La Sapoara”, bañado por el Orinoco y en donde encontrará comida típica, pescado de río artesanía y otros enseres que los lugareños compran con ahínco.
NO OLVIDE
Visitar el Museo de Arte Moderno Jesús Soto que es realmente extraordinario. Esta obra cuyo proyecto fue donado por Carlos Raúl Villanueva recoge en siete espectaculares salas, obras del maestro en una perfecta comunión con piezas de Fernand Léger, Sonia Delanuay, Cruz Diez, Man Ray, Vasarely y otros genios de las artes contemporáneas. Vale la pena mil veces venir a este sensacional museo.
Museo de Arte Moderno Jesús Soto
Avenida Germania, Ciudad Bolívar, estado Bolívar
Teléfono: (0285) 632.05.1.
Caminar por los jardines de la Casa San Isidro, hacienda donde el Libertador redactó su discurso ante el Congreso de Angostura. Recorrer el Fortín del Zamuro, con historias increíbles y vista privilegiada sobre el casco histórico.
Llevarse el conmovedor libro “Bonjour Tristesse” de Francoise Sagan, para despertar todo los bellos sentimientos que guarda su alma.
Los Viajes de Montenegro se transmiten de lunes a viernes a las 7:00am, 3:00pm y 6:40 pm, y los sábados a las 9:00am por la nueva Mágica 99.1fm.

Álvaro Montenegro Fortique
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