JULES VERNE

JULES VERNE

martes, 7 de febrero de 2017

Ciento ochenta y cuatro años después de Julio Verne

Ciento ochenta y cuatro años después de Julio Verne
El padre de la ciencia ficción salió muy poco de Francia; pero difícilmente los Indiana Jones de nuestra época hayan viajado más y mejor...
Justo Planas Cabreja
8/02/2012
EXCLUSIVO
2 comentarios
 76 votos
Ciento ochenta y cuatro años después de Julio VernePrototipo del Nautilus de su novela, "20 mil leguas de viaje submarino"
·         Julio Verne, escritor francés, considerado el fundador de la moderna literatura de ciencia ficción.
·         Se le clasifica entre los escritores del siglo XIX del mejor exponente del entusiasmo por la revolución tecnológica e industrial de ese siglo.
·         Documentaba sus fantásticas aventuras y predijo con asombrosa exactitud muchos de los logros científicos del siglo XX.
·         Algunas de sus obras:

o    Cinco semanas en globo
o    Viaje al centro de la Tierra
o    De la Tierra a la Luna
o    Las aventuras del capitán Hatteras
o    Los hijos del capitán Grant
o    Veinte mil leguas de viaje submarino

Ya Hong Kong o la Conchinchina no están en el fin del mundo como para nuestros abuelos. Basta con pocas horas en un avión para cruzar el Atlántico, toda la gran travesía de Cristóbal Colón hacia el Nuevo Mundo se repite en ese tiempo varias veces al día. Cada año sale una expedición fuera del planeta Tierra. Y ¿existe maravilla semejante a conversar casi instantáneamente por medio de Internet o por teléfono con alguien en Sudáfrica!
Muchas de estas facilidades del mundo actual las anunció Julio Verne. Anticipación lógica lo llaman. Sin embargo, sabemos que esos turistas que desembarcan, por ejemplo, en La Habana cámara en mano, y sacan foto a cuanto se encuentran, a un perro (¿no habrá perros en sus países?), esos turistas no llevan en ninguna parte de sus mochilas la anticipación lógica de Julio Verne.
Es más, el padre de la ciencia ficción salió muy poco de Francia; pero difícilmente los Indiana Jones de nuestra época, que han navegado por el Gran Canal en góndola, que se han encaramado en la Torre Eiffel y tienen un posuelo con arena de Giza tomada al pie de la Gran Pirámide; ninguno de ellos ha viajado más y mejor que Verne.
Yuri Gagarin, el primer ser humano que salió al espacio exterior, reconoció que “fue Julio Verne quien me decidió a la aeronáutica”. ¿Qué podría haberle enseñado un hombre del siglo XIX, un escritor, al futuro cosmonauta?
Pues la lección que todos deberíamos aprender desde muy jóvenes, que poco da caminar, por ejemplo, por Wall Street si no se la comprende, si no se sabe “ver”. Julio Verne, más que deseos de desplazarnos de un espacio a otro, nos contagia con la necesidad de conocer nuevos universos, más allá de una región, más allá de un tiempo.
Quizás por eso cuando pasó de grado, muy pequeño aún, obtuvo excelentes calificaciones (sobre todo en Geografía) y su padre le regaló un bote de vela para que descendiera por el río Loira; Julio Verne se dio por satisfecho con organizar la travesía. Su hermano, que se había sumado a la aventura, habrá estado muy molesto con él. Pero para este muchacho, comprender el arte de la navegación, era el mejor viaje.
Tanto fue así que se negó a ejercer la carrera de Derecho de la que se había graduado. Su padre, para obligarlo, dejó de enviarle dinero a París. Pero él se quedó allí. A veces, cuando la vida nos pone obstáculos, olvidamos que la verdadera grandeza de un hombre está en superarlos; a veces creemos que a los grandes hombres los éxitos se les ofrecen de manera sencilla, sin sacrificios.
Pero Verne, que quería saberlo todo y entenderlo todo, no invirtió energías en quejas ni autocompadecimientos. Pasaba el tiempo en las bibliotecas, sin comer muchas veces, por varios días. Gastó sus ahorros en libros, y pagó con su salud: sufrió trastornos digestivos (incontinencia fecal, entre ellos) y también nerviosos. Tenía parálisis faciales que terminaron con el tiempo por desfigurarle el rostro. Pero obtuvo a cambio lo que quiso.
Hoy, después de Agatha Christie, es el autor más traducido de todos los tiempos. Y es además uno de los hombres más influyentes sobre la ciencia y la tecnología de los dos últimos siglos. Los grandes inventores de nuestra época, en su mayoría, han recibido del gran viajero las primeras lecciones.
De hecho, Julio Verne nunca imaginó que sus historias, especialmente sus novelas, marcarían el nacimiento de la ciencia ficción. Su Veinte mil leguas de viaje submarino describe las profundidades con tal sobriedad (llena de peces nombrados en latín y fenómenos climáticos explicados minuciosamente) que entra con polémica dentro de lo que llamamos literatura.
No significa que Verne menospreciara las artes. Todo lo contrario, fue un gran amante del teatro y escribió para la escena (a decir verdad) sin acaparar mucho éxito, con excepción (claro está) de su propia adaptación de La vuelta al mundo en ochenta días.
Pero el editor de sus libros, Pierre-Jules Hetzel, estimuló siempre su vocación científica y (en cierto sentido) limitó sus habilidades literarias de encaminar juventudes hacia el conocimiento del mundo y la imaginación tecnológica.
Sin embargo, Hetzel fue para él como ese complemento necesario que construye una gran carrera. Fue, por otra parte, el principal editor de Víctor Hugo y publicó también a Balzac y a Émile Zola. Se cree que la primera, y sobre todo la segunda etapas en que se divide la obra de Verne, le deben mucho a este hombre. En los dos primeros momentos, el escritor se muestra entusiasta con el progreso, crea sus mejores historias de travesías (De la Tierra a la Luna y Viaje al centro de la Tierra).
Después de la muerte de Pierre-Jules Hetzel, su hijo se quedó a cargo de la publicación, y comenzó en la obra de Verne una etapa nueva. Quizás porque el nuevo editor fue más permisivo que el padre, o porque para el escritor la muerte de su amigo y la de su madre cambiaron sus sentimientos hacia el mundo. Las causas han sido y serán pasto de polémica, pero lo cierto es que se percibe un notable pesimismo hacia el progreso.
En estos libros (dueños, ahora que se comparan con el presente, de una escalofriante lucidez), los científicos son a la vez negociantes y se utiliza la tecnología para hacer guerra. Para algunos este “socialismo romántico” del autor insiste en la necesidad de equiparar el entusiasmo de erudición con la responsabilidad social de preocuparse en qué desemboca aquello que se inventa.
Quizás el mejor testamento de Julio Verne fue su primera novela. En 1989, cuando ya el escritor había adquirido la categoría de clásico (una manera muy educada de decir antiguo) y para colmo con la acotación de “clásico de la literatura para jóvenes y niños” (otra forma muy injusta de reducir el valor de una obra), 84 años después de muerto, su bisnieto descubrió una novela inédita, la primera de todas: París en el siglo XX.
Bastó con una carta de Hetzel para que Verne decidiera no publicarla. El editor fue duro con él, pero franco. Y algo de esa carta donde llama a su novela “periodismo barato y sobre un tema nada afortunado”, lejos de ofender parece evidencia de que el padre de la ciencia ficción tenía en aquel hombre un buen amigo. “Si la vuelve a leer, estará de acuerdo conmigo”, le decía. Y terminaba aconsejándole: “No está usted maduro para un libro así, vuelva a intentarlo dentro de 20 años”. Pero (hasta cierto punto) se equivocó.
París en el siglo XX, publicada más de 150 años después de hecha, en 1994, hablaba de una Francia con automóviles, calculadoras, silla eléctrica y hasta Internet... salvando distancias (“una red telegráfica mundial”, por ejemplo). Pero más allá de estas curiosidades un tanto banales, el retrato de la sociedad occidental de los años 60, donde se ubica la historia, no es tan distante del que vivimos desde aquellos tiempos. Baste decir que Michel, el protagonista del libro, es un joven humanista que sufre las incomprensiones y el rechazo de un mundo dominado por tecnólogos y economistas, que creen que la máquina y el dinero los llevará a la felicidad.
Diga usted, ¿no fue profeta Verne de nuestro presente?
Sobre el autor
JUSTO PLANAS CABREJA
Periodista que aborda temas culturales, especificamente cine y literatura. Recibió el II Premio de Ensayo “José Juan Arrom” por el trabajo “El reverso mítico de Elpidio Valdés”.

2 comentarios en "Ciento ochenta y cuatro años después de Julio Verne"
Ariel 10:00 am | 16/04/2012  47 votos
Para profundizar más en la obra de Jules Verne les recomiendo a todos la lectura del libro "Viaje al centro del Verne desconocido" (http://www.ecured.cu/index.php/Viaje_al_centro_del_Verne_desconocido) publicado en Cuba en 2010 que toca varios aspectos de la vida y obra del escritor francés desde nuevas y novedosas ópticas.
Laura 1:05 pm | 8/02/2012  35 votos

Excelente. Hace tiempo no leía algo tan refrescante e instructivo. Me recuerda mi niñez cuando pasabas por cualquier librería y podías comprar un libro de Julio Verne? Un capitán de 15 años, viaje al centro de la tierra.... Por cierto, ahora que empieza la Feria...dónde se ve eso?
Publicar un comentario