JULES VERNE

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lunes, 12 de diciembre de 2016

Tres predicciones de Julio Verne que se hicieron realidad

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Julio Verne nació en Francia en 1828. Era el mayor de cinco hermanos. Su padre, Pierre Verne siempre quiso que siguiera la tradición familiar, vinculada a la jurisprudencia y por eso en 1847 envió a Julio a París para que empezara sus estudios de Derecho. Pero el primogénito de la familia ya gustaba de escribir historias, interesado especialmente en la poesía y en la ciencia. Coleccionaba artículos científicos y demostraba una curiosidad casi enfermiza por el tema.
En París conoció a la familia Dumas y aunque en 1849 obtiene el título de abogado, comunica a su padre su intención de ser escritor. Pierre, enojado con él, deja de financiarle. Julio gastó todos sus ahorros en libros y pasaba horas y horas en las bibliotecas de París. Apenas comía y sufrió graves problemas estomacales y trastornos nerviosos que acabarían por desfigurarle la cara debido a varias parálisis faciales.
Desde entonces, su vida se vincula a los viajes y a la literatura. Aunque se casó y tuvo un hijo, que mandó encerrar en un manicomio, nunca tuvo vinculación alguna con la tierra o la familia. Algunas de sus novelas como “Viaje a la Luna” o “La vuelta al mundo en 80 días” escondían algunas premoniciones que hoy en día se han cumplido con creces. Genial escritor, enfermo por la ciencia y el saber, Julio Verne nos dejó algunas predicciones que el paso del tiempo ha convertido irremediablemente en realidad. Aquí algunas de ellas:

1.          Internet y el email

Sí, habéis leído bien. Y es que en su novela “París en el siglo XX” (1863), Verne hablaba de una red internacional de comunicaciones, algo así como un telégrafo mundial que conectaría a distintas regiones del mundo para compartir información. Es considerada como la “novela perdida” de Julio Verne, ya que aunque fue escrita en 1863, se mantuvo oculta durante más de ciento treinta años, ya que no fue publicada hasta 1994. Y decía: “La telegrafía eléctrica haría disminuir singularmente el número de cartas, ya que nuevos inventos permitían en aquel tiempo que el remitente tuviera correspondencia directamente con el destinatario; se mantenía así el secreto de la correspondencia [bien, eso más o menos] y todos los negocios más importantes se trataban, de este modo, a la distancia.

2.          El Nautilus



La pasión por el mar es sin duda uno de los temas recurrentes en el universo literario de Verne. Aunque varias novelas giran en torno a esta temática, como “Los hijos del capitán Grant”, es sin lugar a dudas “Veinte mil leguas de viaje submarino” la mejor creación de Verne. En esta obra idea una máquina capaz de fascinar a quien finalmente inventó el primer submarino eléctrico, el marino español Isaac Peral.
El Nautilus fue diseñado y comandado por el capitán Nemo, antiguo príncipe e ingeniero hindú. Fue encargado por piezas a diferentes fábricas y astilleros de todo el mundo para no levantar sospechas, y serían ensambladas todas ellas por los propios empleados de Nemo y por la futura tripulación en una isla del Pacífico.
Su motor era propulsado por electricidad producida por baterías de una amalgama de sodio-mercurio (el sodio era extraído del agua de mar). La sala de máquinas ocupaba la parte final del submarino, siendo aireada con frecuencia debido a las emanaciones de sodio.
Estaba constituido por dos cascos separados por compartimientos de lastre. La velocidad máxima era de 50 nudos (92,5 km/h). Su desplazamiento era de 1356,48 toneladas en superficie y 1507 sumergido. A diferencia de los submarinos normales (que solo pueden descender unos 100-600 metros bajo el mar), el Nautilus era como un sumergible, pues estaba capacitado para descender a profundidades superiores a los 11 km.

3.          Informativos y videoconferencias

En “La jornada de un periodista norteamericano en el 2889”, artículo publicado por Julio Verne en 1889, el escritor decía lo siguiente: “Todas las mañanas, en lugar de ser impreso, como en los tiempos antiguos, el Earth Herald es hablado: es en una rápida conversación con un reportero, un político o un científico, que los abonados se informan de lo que puede interesarles”. ¿Se refería Verne a los informativos con esta premonición?
Y más adelante añade: “La primera preocupación de Francis Bennett fue, pues, poner en funcionamiento su fono-telefoto, cuyos hilos iban a dar a la mansión que poseía en los Campos Elíseos. El teléfono complementado por el telefoto, una conquista más de nuestra época. Si desde hace tantos años se transmite la palabra mediante corrientes eléctricas, es de ayer solamente que se puede transmitir también la imagen. Valioso descubrimiento, a cuyo inventor Francis Bennett no fue el último en agradecer aquella mañana, cuando percibió a su mujer, reproducida en un espejo telefótico, a pesar de la enorme distancia que los separaba”. He aquí la primera videoconferencia (soñada) de la historia.
Sin duda, los artículos científicos que siempre gustaron al controvertido Julio Verne fueron primordiales para que el escritor francés pudiera predecir con tanta exactitud algunos inventos que tardarían décadas o incluso más de un siglo en aparecer. Verne fue capaz de soñar lo que años más tarde otras personas hicieron realidad. Viajó a la Luna, conquistó el Polo Norte y el Polo Sur, y tomó los cielos en globo.


Ilustración de la nave-proyectil empleada en el viaje a la Luna (edición de 1872)


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