JULES VERNE

JULES VERNE

viernes, 7 de octubre de 2016

Pioneras de la aventura



Pioneras de la aventura
  
Disfrutar del placer de viajar o conocer nuevos lugares del mapa es una actividad que hoy está a nuestro alcance. Lo que no recordamos a menudo es que, para abrir la puerta a esa posibilidad, alguien tuvo que dar el primer paso. La sed de exploración de estas mujeres lo hizo posible.




 Por: Jazmín Gómez Fleitas l Ilustración: Selene Torres

Viajaban lejos, viajaban mucho, no tenían miedo de adentrarse en lo completamente desconocido o tomar riesgos en el proceso. Dejaron tras ellas la comodidad para cruzar océanos, continentes y espacios aéreos. Escribieron libros y pasaron a la historia; aunque la historia no siempre les dio el mérito que les correspondía. Ellas son las heroínas de cualquier mujer con ansias de aventura ¿Por qué no recordarlas? Aquí, una dosis de inspiración.
Por agua

La primera mujer que dio la vuelta al mundo fue la francesa Jeanne Barret (1740-1807) y no fue sino hasta el 2012 que su legado obtuvo el reconocimiento debido. Jeanne siguió a su amor y a la ciencia, cometiendo una ofensa a la Marina Real: se disfrazó de marinero para unirse a la primera expedición de Francia en circunnavegar el planeta en 1766. En aquella época, estaba prohibida la presencia femenina en los navíos de guerra y las mujeres no participaban en la investigación científica, así que ella se hizo pasar por “el asistente” de su pareja, el botánico Philibert Commerson.
La expedición duró tres años e incluyó regiones de Brasil, Uruguay, Argentina, Madagascar, Tahití y otras localidades de los océanos Pacífico e Índico. Juntos recolectaron casi 6.000 especímenes; pero como Philibert estuvo enfermo la mayor parte del viaje, fue Jeanne quien realizó gran parte del trabajo de campo. De hecho, biólogos actuales creen que fue ella quien recolectó la planta más espectacular del viaje, nombrada “bungavilia” (en honor al comandante de la expedición Louis Antoine de Bougainville). Esa planta es la que nosotros conocemos en este rincón de América del Sur como “Santa Rita”.

¿Descubrieron a Jeanne? Sí, cuando llegaron a Tahití ella le admitió al capitán que la sospecha de los tripulantes tenía fundamento: era mujer. Commerson murió en la Isla Mauricio y Jeanne se casó años después con un soldado francés y regresó a Francia. Y no fue sino hasta 200 años después que el biólogo Eric Tepe de la Universidad de Utah, Estados Unidos, escucha a la escritora del libro El descubrimiento de Jeanne Baret, Glynis Ridley en la radio, que comprueba que Jeanne había pasado desapercibida. No la habían honrado pasando al latín su nombre y bautizando una planta como se acostumbra en la comunidad científica; así que cuando descubrió una nueva especie que existe sólo en la zona de Amotape Huancabamba en Perú, la llamó solanum baretiae.
Acercándonos más a nuestros días, Krystyna Chojnowska-Liskiewicz (1936) fue la primera en recorrer el mundo navegando sola. La “primera dama del oceáno” es una capitana polaca e ingeniera en construcción naval que el 28 de febrero de 1976 salió de las Islas Canarias para regresar el 21 de abril de 1978, completando 31 mil millas náuticas en 401 días. Sin nadie más a su lado, ya que su esposo se quedó en Polonia, enfrentó el reto de preparar todas sus comidas, encarar tormentas y piratas. Sobre su experiencia señaló: “Las personas mayores deben ser conscientes de que a veces la vida es solitaria. Pero durante el viaje yo no estuve plagada de soledad. Yo estaba sola, no en soledad. Esa es la diferencia”.

Por tierra

Nellie Bly (1864-1922) fue una aventurera, periodista encubierta y precursora del periodismo investigativo. Su nombre verdadero era Elizabeth Jane Cochran, a los 18 leyó un artículo que se titulaba “¿Para qué sirven las mujeres?” y se enfureció tanto que escribió una incendiaria carta al editor del Pittsburg Dispatch, quien se impresionó tanto que acabó por ofrecerle trabajo.
Se hizo pasar por una empleada en una fábrica de cajas y por una criada en familia de millonarios, hasta arriesgó su vida internándose durante diez días en un manicomio, el Blackwell en Nueva York, para luego escribir cómo trataban a los enfermos mentales en Estados Unidos. Este reportaje publicado en el New York World de Joseph Pulitzer, la catapultó a la fama en una época en donde ni la televisión ni la radio aparecieron aún.

Más adelante, inspirada en el libro de Julio Verne La vuelta al mundo en 80 días, se lanzó a comprobar si podría hacerlo en menos tiempo en 1889. Nadie creería que lo lograría porque tenía 31 años y necesitaba “un protector” que vaya con ella; pero además, porque no se imaginaban que pudiera viajar sin tanto equipaje. Llevo sólo un bolso de mano, viajó sola y lo consiguió en 72 días. Es más, durante su viaje paró en París para entrevistar al mismísimo ¡Julio Verne!, quien le dijo que no creía que lo lograra en 79 días. Ella rompió el récord de su momento con su hazaña. Años después se casó con un millonario; cuando él falleció ella se hizo cargo de la empresa con mucho ímpetu, pero de igual manera fue a la bancarrota y regresó al periodismo. En 1913 cubrió la convención a favor del sufragio femenino y fue la primera corresponsal en la Primera Guerra Mundial. Murió a los 57 años de neumonía y es todo un mito en Estados Unidos. El año pasado, Google le dedicó undoodle con una canción compuesta por Karen O., la vocalista y líder de la banda Yeah Yeah Yeahs. Sus reportajes “Diez días en el manicomio” y “La vuelta al mundo en 72 días” pueden encontrarse en libros en español.

Annie Londonberry fue el nombre que eligió Annie Cohen Kopchovsky (1870-1947) al aceptar la apuesta de que ella no podría ser capaz de dar la vuelta al mundo en bicicleta en 15 meses. Aunque lo de la apuesta entre dos caballeros de un club de Boston, se cree que fue un invento suyo para justificar su sed de aventura, dejó a su esposo y dos hijos en casa, y se lanzó a cumplir su objetivo. Entre 1894 y 1895 viajó por Chicago, Nueva York, París, Marsella, Alejandría, Singapur, Hong Kong, Shanghái y San Francisco, pedaleando primeramente una bicicleta de ¡19 kilos! Que luego cambió a una para hombres que sólo pesaba 9. Ah, y un revólver perlado, además de vestir bombachones y trajes para hacerlo más cómoda que con la vestimenta de la época victoriana. Es más, consiguió el auspicio de una empresa de agua mineral para su travesía, se valió de distintos medios de transporte y llegó a trabajar para el periódico New York World a su vuelta. Falleció en 1947 y en 2007, su sobrino nieto Peter Zheutlin, publicó el libro Around the World on two wheels: Annie Londonberry’s extraordinary ride.




Por aire

Grace Marguerite (1895-1946), mejor conocida por su nombre de casada Lady Hay Drummond-Hay, debido a su esposo el cónsul británico Sir Robert (50 años mayor que ella y quien falleció seis años después de la boda), fue la primera mujer en dar la vuelta al mundo, cruzando entre las nubes. La periodista que trabajaba para diversos periódicos, entre ellos el del magnate de las comunicaciones William Randolph Hearst, fue la única mujer entre 60 hombres en el vuelo del Graf Zeppelin LZ 127 que recorrió el mundo en 21 días.
A partir de allí, se consolidó en la profesión y fue corresponsal de guerra en Etiopía y China, y durante la Segunda Guerra Mundial fue prisionera en un campo de concentración japonés en Filipinas. Al ser liberada en 1945, regresó a Nueva York, en donde falleció un año después de una trombosis coronaria.
Amelia Earhart (1897-1937) es reconocida como la primera piloto en cruzar el Océano Atlántico. Si bien su amor por la aviación empezó al ver una exhibición, de niña demostraba estar interesada en mujeres que realizaban actividades que para la época eran reconocidas sólo para hombres, al guardar recortes de diarios con esas noticias. Se convirtió en piloto en 1921, en 1928 saltó a la fama cuando se convirtió en la primera pasajera de un avión a través del Atlántico y cuatro años más tarde repitió la hazaña como piloto en solitario, una hazaña que sólo había realizado Charles Lindenberg.
Es toda una referencia para el empoderamiento femenino, no sólo por romper estereotipos de su época como haberse casado y mantenido su apellido de soltera, sino también por sus intrépidos viajes transoceánicos. Fue la primera persona en recorrer el trayecto Honolulu-California a través del Océano Pacífico. En 1925, ingresó a la Asociación Aeronáutica Nacional de los Estados Unidos y desde ahí promovió la participación de la mujer en la aviación. Además, fue la primera mujer galardonada por el Congreso de su país con la Cruz Distinguida de Vuelo.
En 1937 partió en su Lockheed Electra 10E con su navegante Fred Noonan rumbo a cumplir su sueño: dar la vuelta al mundo, patrocinada por la aviadora Amy Guest. Sin embargo, falleció mientras intentaba alcanzarlo, su avión desapareció el 2 de julio y nunca se pudo descubrir con exactitud el motivo. Son numerosas las teorías que tratan de resolverlo hasta hoy día; pero la conclusión final en ese entonces fue que por falta de combustible el avión cayó al Pacífico sin poder alcanzar la isla Howland. Su filosofía de vida era la siguiente: “Las mujeres deben intentar hacer las cosas al igual que los hombres las intentan. Cuando fallan, su fracaso no debe ser otra cosa que un reto para todas las demás”.


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