JULES VERNE

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martes, 13 de septiembre de 2016

Phileas Fogg y Philip Marlowe

"El Orinoco es uno de los ríos más importantes del mundo, no tanto por su longitud y caudal (2.140 km y algo más de 30.000 m³/s), ni por la extensión de su cuenca (un millón de km²); ni siquiera por las peculiaridades que encierra..." Wikipedia.
viernes, 4 de mayo de 2012


Phileas Fogg y Philip Marlowe


Phileas Fogg. Londres, París, Brindisi, Suez, Bombay, Calcuta, Singapur, Hong-Kong, Yokohama, San Francisco, Nueva York, Liverpool y de nuevo a Londres. Todo este periplo, entre un 2 de octubre y un 21 de noviembre. Phileas Fogg es el hombre rico con que sueña Julio Verne. Un conejo blanco ha dicho corriendo que el tiempo es oro, y la riqueza de Phileas Fogg, caballero de la alta sociedad inglesa, es la mismísima puntualidad. Queriendo dar la vuelta al mundo en ochenta días, la dará en setenta y nueve. Phileas Fogg es el hombre que considera que el oro del tiempo vale más que el oro de cualquier reloj. Sabemos que vive el señor Fogg en la casa que lleva el número 7 de Savile Row, en los jardines de Burlington; la misma casa, apunta Verne, donde murió el dramaturgo Sheridan en 1814. Pero aquí Verne se equivoca dos veces, pues el literato irlandés vivió en el 14 de esa calle y murió en 1816. Le ahorra tiempo Julio Verne a la biografía de Sheridan, acaso imbuido de la urgencia con que siente su personaje. También sabemos de Phileas Fogg que es uno de los más destacados miembros del Reform Club de Londres, la sede cívica del Partido Liberal, como lo serían más tarde Arthur Conan Doyle, Henry James y H.G. Wells. Verne no siente simpatía por los creadores de mundos, prefiere reformar lo viejo a crear lo nuevo. Cuando Julio Verne pinta a alguien capaz de crear un mundo distinto, le sale un príncipe solitario y vengativo que vive sumergido en el océano, y le niega hasta el nombre, porque le va a llamar Nadie, que es Nemo en latín. Describe el novelista a Phileas Fogg comparándolo al poeta Byron, pero un Byron impasible, que habría vivido mil años sin envejecer. No es todo el tiempo del mundo lo que en el fondo Verne desea para su personaje sino la eterna juventud, la abolición misma del tiempo. En eso Verne comete un atentado anarquista. La Vuelta al mundo en ochenta días se publica en 1872, tres años después de ser inaugurado el canal de Suez, y de estos rudimentarios agujeros del tiempo ideados por ingenieros es de los que quiere hablarnos el escritor. En realidad Verne está haciendo todo el rato agujeros en el mundo, para descender al centro de la Tierra, para bajar al fondo del mar, o para subir a lo alto del aire en un globo. En su perforar la realidad, Julio Verne actúa como Freud cuando se hunde con los sueños en lo más hondo de nuestro inconsciente, o como Marx cuando perfora mediante la economía la dialéctica de la historia. En realidad Verne esta siempre hablando de gente que no existe, como el capitán Nemo, o como nuestro Phileas Fogg, cuyo nombre puede traducirse como el Amigo de la Niebla. Porque resulta que a Phileas Fogg nadie le había visto nunca en Londres. Jamás se le había encontrado en la Bolsa, ni en el banco, ni en ninguno de los despachos mercantiles de la City. Su nombre no figuraba en ningún comité de administración ni nunca se había oído en un colegio de abogados. No era ni industrial, ni negociante, ni mercader, ni agricultor. Verne dice que era miembro del Reform Club, y nada más. Por eso, porque Phileas Fogg no pertenece al mundo, viaja sin que le importe lo que ocurre a su alrededor.

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