JULES VERNE

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miércoles, 21 de septiembre de 2016

H.G. Wells, padre de la literatura de ciencia ficción, cumple 150 años

H.G. Wells, padre de la literatura de ciencia ficción, cumple 150 años
El padre de la literatura de ciencia ficción predijo muchos de los logros y acontecimientos del siglo XX, como el tanque, el avión, las guerras mundiales, la bomba atómica.
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·       DPA
19 de septiembre de 2016 10:49 AM
Actualizado el 19 de septiembre de 2016 10:58 AM
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H.G. Wells, padre de la literatura de ciencia ficción, cumple 150 años
Londres.- Sin él seguramente no habría películas como Star Wars o Regreso al futuro (Volver al futuro). Con sus más de cien de libros, H. G. Wells, que el 21 de septiembre habría cumplido 150 años, ayudó a imaginar el futuro a varias generaciones, reseña Dpa.
"Todos tenemos nuestras máquinas del tiempo. Las que nos llevan hacia atrás son los recuerdos... y las que nos llevan hacia delante son los sueños". Así describió el autor la relevancia de la ciencia ficción en una de sus novelas más conocida, La máquina del tiempo (1895).
En sólo seis años, de 1895 a 1901, escribió sus obras más importantes, entre ellas La isla del doctor Moreau, El hombre invisible, La guerra de los mundos y Los primeros hombres en la luna.
Muchos de sus libros inspiraron años después a otros clásicos. Un mundo feliz, de Aldous Huxley, comenzó como una parodia de las novelas de ciencia ficción de Wells. Y el cineasta Orson Wells adaptó La guerra de los mundos en una versión radiofónica tan realista que pasó a la historia por haber hecho creer a millones de oyentes que los alienígenas estaban invadiendo la Tierra.
La receta del éxito de Wells era escribir de la forma más creíble posible. Hasta entonces los escritores explicaban todos los acontecimientos fantásticos de sus libros de aventura recurriendo a la magia. Sin embargo, Wells se servía de teorías científicas y sólo se permitía una excepción extraordinaria por cada una de sus historias, por ejemplo la aparición de alienígenas o los viajes en el tiempo.
El padre de la literatura de ciencia ficción predijo muchos de los logros y acontecimientos del siglo XX, como el tanque, el avión, las guerras mundiales, la bomba atómica -un cuarto de siglo antes de la primera fisión nuclear-, una nueva Europa, las casas prefabricadas, la revolución sexual e incluso una forma primitiva de Wikipedia e Internet al que llamó "cerebro mundial".
Herbert George Wells vino al mundo el 21 de septiembre de 1866 en Bromley, un municipio más bien aburrido a las afueras de Londres. Su padre era jardinero pero se ganaba un dinero extra como jugador de cricket profesional y su madre era ama de casa.
"H. G. fue tan malcriado que se convirtió en una mimosa en un invernadero literario. La más leve sombra de desaprobación le provocaba ataques de ira de los que no se libraban ni sus amigos más cercanos". Así le describió uno de sus buenos amigos, el escritor irlandés George Bernard Shaw.
Wells aprovechaba cada oportunidad que se le presentaba para formarse y rápidamente hizo carrera como exitoso contador de historias, algo que le abrió puertas también en lo privado.
"La indignación moral es envidia rodeada de aureola", dijo en una ocasión Wells, que era un mujeriego, para defender su búsqueda del "amor libre". Era bajo y huesudo, con un aburrido bigote y una voz chillona, pero estaba tan lleno de ideas que a menudo las mujeres encontraban irresistible a este "Don Juan de los intelectuales", como le gustaba llamarse a sí mismo.
Así que H.G. Wells entretuvo a la mojigata sociedad británica también con sus aventuras privadas. Casado dos veces, en una ocasión intentó huir con la hija de uno de sus camaradas socialistas y otra vez el padre de una joven le acechó con una pistola cargada en un club privado.
Su relación con la escritora y música Elisabeth von Arnim era tan intensa que rompieron dos veces las camas de un hotel. El escritor nunca sintió vergüenza y siempre fue claro: "Soy una persona muy inmoral. He utilizado a personas que me han amado".
Wells soñaba con una sociedad liberal y se le llegó a considerar un feminista pionero, aunque básicamente le importaba más su propia libertad sexual que el derecho a voto de las mujeres.
Al igual que Bernard Shaw y Bertrand Russell formó parte de la Sociedad Fabiana, un movimiento socialista del que derivaron el Partido Laborista británico y la London School of Economics. Además fue uno de los miembros fundadores de la primera organización británica de derechos civiles, hoy conocida como Liberty. Visitó a Maxim Gorki, con cuya "querida" tuvo una relación, odiaba la barba de Marx, conoció a Lenin y entrevistó a Stalin.
Quería cambiar el mundo y lo intentaba mezclando en sus libros tendencias científicas con críticas socialistas. En la carta enviada a una amiga aseguró que enmascaró sus profecías como especulaciones sobre vehículos motorizados y calefacción eléctrica, pero que las pensó para socavar y destruir la monarquía, la monogamia y la fe en dios.
El precursor de nuestro presente murió el 13 de agosto de 1946. ¿Quizás fue en realidad un viajero del tiempo de un futuro liberal enviado al pasado para cambiar el curso de la historia?

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Wells, más allá de la ciencia ficción
Por Sergio Cáceres Mercado – caceres.sergio@gmail.com
Por Sergio Cáceres
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Este 21 de setiembre, mientras demos la bienvenida a la primavera y honremos a nuestra juventud, el mundo recordará a un hombre que hubiese cumplido 150 años ese día: Herbert George Wells. Este escritor británico quedó en la historia como uno de los pioneros de la ciencia ficción, género literario que –junto con Julio Verne– lo haría popular en el orbe.
Como socialista convencido, sus novelas reflejan su idea de superar las barreras que hacen a los seres humanos desiguales en cuanto a su condición social y sus posesiones materiales. En La máquina del tiempo (1895) imagina el futuro de la humanidad profundamente dividida en dos razas que son el resultado de la polarización creciente entre clases sociales.
La ciencia fue su principal preocupación y pasión. La había estudiado muy bien, y en la universidad tuvo como profesor al darwiniano Thomas Huxley. Por lo tanto, no le eran ajenos los debates en torno al poder de la ciencia y las implicancias éticas que la rodean. La isla del Dr. Moreau (1896) fue su primera incursión sobre la moralidad de la práctica científica, y El hombre invisible (1897) iba a una cuestión antropológica: lo que hacen los seres humanos cuando de repente tienen un poder que ninguno otro tiene; en este caso, la invisibilidad.
Wells siempre fue un crítico de la sociedad y del gobierno británico del momento. La ciencia ficción que escribió tenía este talante. La guerra de los mundos (1898), la más célebre de sus obras, debe ser leída como análisis de la política internacional de la época. Más allá del interesante fenómeno social que implicó aquella emisión radial de Orson Welles, basada en la novela, alegóricamente es una potente puesta en cuestión de las ideas políticas que imperaban en el victorianismo.
Con estas obras H.G. Wells alcanzaría una fama que le duraría toda la vida. Aprovechó esto para seguir pensando sobre el futuro y advirtiéndonos de lo que nos esperaba si seguíamos con la hipocresía y el materialismo exacerbado. Escribió ensayos y más novelas alejándose de la ciencia ficción y acercándose a la novela social y política. Incluso redactó una monumental historia de la humanidad, seguramente en el afán de que conozcamos la aventura humana y podamos aprender de nuestros errores.
Pero cuando apasionadamente escribía esto se sucedieron frente a sus ojos dos guerras mundiales. En su vejez cierto pesimismo se apoderó de él y la desazón invadió sus últimas obras. Había tenido tanta esperanza en el hombre y su racionalidad, pero algo que no comprendía nos llevaba a la autodestrucción. Vivió con pasión la literatura. Recordémoslo de este modo al menos.

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·         septiembre 22, 2016
·         by Alex Serna
·         in Columnas, Tinta Negra
·         0 Comments
En el centenario y medio del fantástico Sr. Wells

De la vasta y diversa bibliotec a que nos dejó, nada me gusta más que su narración de algunos milagros atroces. The Time Machine, The Island of Dr. Moreau, The Plattner Story, The First men in the Moon. Son los primeros libros que yo leí; tal vez serán los últimos…
-Jorge Luis Borges

Un día como ayer, hace 150 años, en el pequeño poblado de Bromley, en Kent, Inglaterra, nació Herbert George Wells. Cuando pienso en él, inevitablemente lo relaciono con sus contemporáneos Bram Stoker y Robert Louis Stevenson. No lo digo porque se hayan conocido físicamente, o porque exploraran temas similares, ni porque les deba algunas de las narraciones más entrañables de las que tengo memoria. Lo hago porque adquirieron su amor por la literatura en su tierna infancia, postrados en una cama, rodeados por cuatro paredes opresoras. Mientras otros padecimientos aquejaron a los pequeños Bram y Robert, a “Bertie” (como le decían en su casa) una fractura –mal atendida- en la pierna le ocasionó una larga y dolorosa convalecencia que lo arrojó a los brazos de los libros. Y creo que todos podemos sentirnos agradecidos por ello.

En 1899, Oscar Wilde calificó a Wells como “un Julio Verne científico”. Ambos autores, Wells y Verne, siempre competirán por el título de ser fundadores de un género artístico –la ciencia-ficción, naturalmente-. Pero esa es otra larguísima historia. Lo cierto es que ambos escribieron narraciones extraordinarias, completamente vigentes en nuestro tiempo, con lecturas inagotables. Aunque el británico nos legó una infinidad de novelas, estudios históricos (Breve Historia del Mundo, 1919-1920), brillantes textos científicos (Anticipaciones de la reacción del progreso Mecánico y Científico sobre la marcha de la vida y el pensamiento humanos, 1901) y eruditos ensayos sobre política y religión, tres de sus obras me son especialmente significativas por su relación con nuestros intereses Mórbidos: La isla del doctor Moreau (1896), El hombre invisible (1897) y La guerra de los mundos (1898).

De ellas –y en los dos primeros casos, de sus enloquecidos protagonistas- he hablado ampliamente en este espacio. Mientras esas dos historias son dignísimas sucesoras del Frankenstein de Mary Shelley y nos invitan a la reflexión sobre los límites y las implicaciones éticas y morales de los avances científicos, la última es el reflejo perfecto del miedo del hombre al cambio, lo nuevo e incierto, la amenaza que llega más allá de nuestro universo doméstico. Si alguien duda sobre su poder, basta con recordar el pánico que un joven actor llamado Orson Welles propagó gracias a las ondas radiales la noche del 30 de octubre de 1938, y del que también escribí en el pasado.
Creo que no necesitamos viajar en el tiempo para anticipar la perdurabilidad de lo imaginado por Wells. Cuanto salió de su mente nos sucederá a todos. Maravillará a generaciones posteriores a la nuestra. Siempre representará el triunfo de la razón y la imaginación, territorios que pueden coexistir si se visitan con inteligencia y sensibilidad.
Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Escribió la puesta en escena “El hombre que fue Drácula”. Es asesor literario de Mórbido. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.



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