JULES VERNE

JULES VERNE

jueves, 12 de mayo de 2016

“Aquí es más bonito ser banquero, pero al final yo soy ranchero”


“Aquí es más bonito ser banquero,
pero al final yo soy ranchero” 


El director General de Banorte, Marcos Ramírez Miguel, ordeñaba vacas cuando era niño; a los 16 años entró a la universidad; la expresión “A vivir” es su sello personal
Marcos Ramírez Miguel es director de Banorte desde noviembre de 2014. Se formó en sus primeros 15 años en un rancho de Zinacantepec, en Toluca. Se levantaba a las cuatro de la mañana a ordeñar las vacas que tenía su padre, iba a la escuela y dedicaba su tiempo a lecturas de autores como Julio Verne. Así fue como aprendió el valor de la disciplina que más tarde lo llevaría a desempeñarse en el sector bursátil mexicano. En esta entrevista comparte cómo fue su vida en aquella exhacienda, su paso por la universidad, a la cual ingresó a los 16 años, y de sus pronósticos sobre la economía nacional: “al país le va a ir bien”.
Bibiana Belsasso: Marcos, platícame un poco tu historia, me encanta. Viviste toda tu infancia, hasta los 16 años, en un rancho en Zinacantepec.
Marcos Ramírez Miguel: Nací en Zinacantepec, vivía en un rancho, era una exhacienda. Mi papá era lechero, teníamos un rancho lechero. Estudiaba en Toluca y tuve la inquietud de venirme a estudiar a la Ciudad de México a los 16 años.
Belsasso: Pero, antes de eso, pasan muchas cosas. ¿Cómo es la vida en ese rancho?, porque por ahí me dicen que tenías un hermano mayor, a quien le decías desde los tres o cuatro años ‘quiero ir a la escuela’, y él te respondía, ‘no, todavía no puedes entrar a la escuela’; y ya te querías ir.
Ramírez Miguel: Sí pasó. La primera anécdota que mi mamá me cuenta —porque no me acuerdo— fue que empecé a caminar a los dos años y medio, creo que no es muy normal pero nadie me había dicho que eso no estaba bien, justo cuando empecé a caminar el director de la escuela pasaba por mi hermano, entonces me subí al coche y yo dije, me voy a la escuela. Empecé muy temprano a estudiar, siempre fui un poco más adelantado en términos de la edad en la escuela. Cuando hice el examen de admisión en la Ciudad de México tenía 15 años.
Belsasso: ¿Qué se hacía en el rancho?, me imagino que no era salir, ir al cine, estar con tus cuates.
Ramírez Miguel: No, es otro tipo de vida, otro tipo de tiempo. Ahí sí son los ciclos lunares, los anuales y las cosechas, es muy diferente al de acá, es mucho más tranquilo. En el seno de mi familia no había fiestas, no había nada. Vivía muy bien, pero mis días consistían en ir al colegio, regresar, comer, en la tarde tomaba clases de francés, de música, o lo que fuera; y de regreso otra vez al rancho y ahí estar. También una cosa que creo que es muy importante es que no existen sábados y domingos, las vacas siguen pariendo los sábados, hay que seguir ordeñándolas.
Belsasso: ¿Trabajabas tú en el rancho?
Ramírez Miguel: Sí, mi papá me hacía levantarme a las cuatro de la mañana a medir la leche.
Belsasso: Eran españoles, españoles muy conservadores también, ¿no?
Ramírez Miguel: No tan conservadores. Españoles sí, baturros sí. Mi papá de hecho leía mucho, era muy culto y era súper abierto. Siempre decía, no es malo ser conservador, lo que importa es qué hay que conservar.
Belsasso: Y le gustaban también mucho los idiomas y sí le daba un interés muy importante a la educación de sus hijos.
Ramírez Miguel: Sí, era lo único que le importaba, lo demás le daba igual. Si nos portábamos mal en el colegio, si en conducta me sacaba cero, le daba igual. Eran las calificaciones y, sobre todo, le importaban las matemáticas y esas cosas; la música, por ejemplo, no le importaba.
Belsasso: Por ahí me dicen que eras un niño un poco extraño, te voy a decir porqué, ¡no te asustes, Marcos Ramírez! Porque desde muy chiquito agarrabas todos los libros que te encontrabas, cinco, seis, siete, ocho años y te encerrabas en una carreta a leer estos libros.
Ramírez Miguel: Sí, mi casa era un casco de una hacienda vieja, cuando me hacían los exámenes de qué tan rico o pobre eres, lo que te preguntaban era si tu casa era de adobe y mi casa era así, pero era una hacienda, tenía 500 años de antigüedad; tenía la diligencia original abajo en el patio, donde mejor leía era ahí, me iba al patio a la diligencia y me escondía.
Belsasso: ¿La diligencia es una carreta?
Ramírez Miguel: Una carreta, me ponía a leer todo Salgari, todo Julio Verne, todo eso lo leí ahí, porque nadie me veía.
Belsasso: ¿De dónde sacabas los libros?
Ramírez Miguel: Mi papá me los compraba. Íbamos todos los domingos a la librería Porrúa de Toluca, mi papá siempre me compraba todos los libros.
Belsasso: ¿Me dicen que no eras de muchos amigos?
Ramírez Miguel: Era muy tranquilo. Me estás haciendo recordar muchas cosas; por ejemplo, yo no me imaginaba preguntarle a mi papá o a mi mamá si me podía ir a dormir a la casa de alguien o podía invitar a dormir a alguien, no existía en nuestro vocabulario. Yo estaba con mi hermano, vivíamos ahí, iba a la escuela, regresaba y a mis amigos los veía en el colegio, muy pocas veces en cosas sociales, muy pocas. No es queja, era una realidad, así era.
Belsasso: Y tus fiestas de cumpleaños eran con uno o con dos amigos y tu mamá te cocinaba tu panqué todos los años.
Ramírez Miguel: O ninguno.
Belsasso: Y, ¿qué panqué te hacía?
Ramírez Miguel: Un pastel de piña.
Belsasso: Me has contado que ése sigue siendo tu postre favorito.
Ramírez Miguel: Sí, el que hacía mi mamá, era especial.
Belsasso: A los 16 años sales del rancho, sí puede haber sido un rancho enorme y hermoso, pero al final un rancho, llegas a estudiar aquí a la Universidad Anáhuac, ¿cómo se da esa transición?
Ramírez Miguel: No sabía, quería salir de ahí, estudiar en la Ciudad de México, era la meta que me había puesto, yo dije: ‘quiero estudiar en la Ciudad de México, Ingeniería’. Me vine aquí, tenía unos primos que estaban estudiando en el Cumbres y que iban a estudiar en la Anáhuac. A los quince años fui e hice un examen, que en aquel tiempo se llamaba de Orientación Vocacional, una psicóloga me atendió. Al pasar los años me doy cuenta de que no era una psicóloga, era una pasante de psicología la que me atendió, me dijo que podía estudiar Actuaría y yo no tenía ni idea.
Belsasso: No sabías lo que era Actuaría.
Ramírez Miguel: No tenía la más remota idea.
Belsasso: Y esa pasante de psicología te cambió la vida.
Ramírez Miguel: Por supuesto y muchas veces en mi vida me ha pasado eso. Un evento fortuito te cambia, tú vas preparado y, más como actuario, haces tu matriz, tus fortalezas, debilidades, y luego algo pasa. Me recomendaron Actuaría, le pregunté a mis primos, ‘oye, ¿Actuaría, qué es? Una licenciatura muy difícil, me respondieron. ‘Pues de aquí soy”, me dije, y sí fue, tenía 15 años, entré a los 16 a la carrera.
Belsasso: Pero, además de todo entras a la carrera y no es lo mismo, siendo muy respetuosa, un niño de ciudad de 18 años, que un niño de rancho de 16 años, la diferencia es abismal.
Ramírez Miguel: Era un niño, mis compañeros eran muchachos de 18 años, ahí ya tenía una desventaja; y la otra era el nivel de donde yo y ellos veníamos, era mucho más dura la escalera.
Belsasso: ¿Te costó trabajo?
Ramírez Miguel: Sí, al principio sí. El primer día de clases me acuerdo que tenías que decir tres cosas: tu nombre, la escuela de dónde venías y tu edad. Y cuando dije la escuela de dónde venía y mi edad, todos mis compañeros —todavía me acuerdo— voltearon a verme. La palabra bullying todavía no existía, pero me hacían bullying.
Belsasso: Mira ahora, ya como director general de Banorte, puedes voltear y bullear a tus demás compañeros.
Ramírez Miguel: No, aprendí mucho.
Belsasso: ¿Te has topado a varios aquí?, me imagino.
Ramírez Miguel: Sí, a mis compañeros los sigo viendo, los sigo queriendo mucho, tengo muchas anécdotas; hay una diferencia muy fuerte de edades mentales, me vine aquí donde las casas están “unas encima de las otras”, era difícil. Tenía a mis primos que me llevaban de fiesta y no estudiaba tanto, me iba a un bar, fue un reto muy fuerte.
Belsasso: Y, ¿con quién vivías?, porque tus papás seguían en Toluca.
Ramírez Miguel: Sí, mi papá tenía una frase —bueno, tenía muchas— me decía que ‘el arrimado y el muerto a los tres días apestan’, entonces, no me dejó irme con ningún familiar, ni con nadie. Vivía en un seminario con curas que me rentaban un cuarto, era una vida padre porque vivía con ellos, tenía que ir a misa, estar con ellos, y luego mi vida de estudiante. Cinco años viví en el seminario.
Belsasso: Y de ahí, ¿a dónde te vas?
Ramírez Miguel: Me fui a hacer la maestría. Terminando la carrera, por anécdotas de la vida, tenía una novia hija de españoles que se fue a vivir a España, entonces me fui a hacer la maestría a España, fui el que hizo la tesis más rápido de mi generación, porque me urgía irme. A los 20 años hice la tesis y a los 21 estaba en la maestría. Cuando me fui ella ya no era mi novia, pero la anécdota fue esa. En aquel tiempo no había Internet, no había nada y tenías que ir a una biblioteca que se llama Benjamín Franklin, ahí veías las universidades, todos mis compañeros son brillantes, todos se fueron a Harvard, a Stanford, a la University of California, Los Angeles. Yo estaba aplicando a ésas cuando se me atravesó la idea de ir a España, terminé en una muy buena escuela, pero en Barcelona.
Belsasso: Pero tú crees muchísimo en el destino, porque, finalmente, sí eres actuario con esta mente muy estructurada, pero tienes estas partes duales en tu vida; siendo actuario financiero manejas un esquema muy cuadrado, pero también uno muy profundo, de mucha espiritualidad y te gustan mucho estas frases, estoy segura que crees que por algo pasa algún suceso que te cambia la vida.
Ramírez Miguel: Es algo en el medio, sí me he vuelto muy espiritual, el tiempo me ha hecho así y cada vez quiero serlo más.
Belsasso: ¿Esto es difícil, no?, porque finalmente en el medio financiero la Bolsa es un mundo muy complicado.
Ramírez Miguel: El mundo financiero y sobre todo el bursátil, que es mi origen dentro del mundo financiero —antes era más bursátil que financiero, ahora ya es todo lo contrario— sí es un mundo de mucho dinero y de mucha pose, pero al final, si ya escarbas y vuelves a la realidad, la función de un banco social es bien importante y eso es lo que más me gusta. Nosotros lo que hacemos es multiplicar las cosas, si alguien quiere hacer algo, le adelantamos los ciclos y el dinero para que lo vaya haciendo más rápido. La labor social de un banco es ser un multiplicador muy importante de la economía, entonces, al final, pese a que el medio sí es un poco elegante, porque es más bonito ser banquero que ser ranchero, yo soy ranchero.
Belsasso: Has estado en los dos.
Ramírez Miguel: He estado en los dos, si ya rastreas el origen, también es una cosa muy bonita, después de meditar mucho, regresas a lo más básico, eso es lo que me ha venido pasando y cada vez más.
Belsasso: ¿Te imaginaste alguna vez estar donde estás ahora?
Ramírez Miguel: No.
Belsasso: ¿Hasta cuándo?, a mí me consta que, hace un año, no tenías todavía ni idea.
Ramírez Miguel: No. Creo que si me caracteriza algo y es la verdad, soy muy “luchón”; sí, me gusta trabajar. Hablando de mi papá, fue lo que siempre nos inculcó: ‘Trabajen, trabajen, trabajen’, decía. En esa parte, sí es el modelo españolito, por así decirlo, y me ha ido bien en los trabajos que he tenido. No he tenido aspiraciones de que tengo que ser algo, no, creo que cada vez es más dónde me gusta más estar, dónde quiero estar, y dónde, tanto a la sociedad como a mí, les doy más. Ahorita que ya tengo 52 años, voy a cumplir 53, sí me hago la pregunta. Yo que estudié Actuaría, que es la probabilidad de que las cosas pasen, de que ocurra un evento, cada vez me acerco más, por mi edad, a la muerte y mis mejores años son los que siguen, tener 54, 55, 56, 57, no cuando tenga 80, 81, 82. Entonces, me pregunto, ¿quiero estar en donde estoy?
Belsasso: Por eso tu frase favorita es, ‘¡A vivir!’
Ramírez Miguel: ¡A vivir!, la conoces, sí.
Belsasso: Platícanos un poco de la historia de esta frase, porque si alguien conoce a Marcos sabe que siempre dice, ‘¡A vivir!’ Y hay que aprovechar y disfrutar el momento.
Ramírez Miguel: Sí, cuanto más he leído, cuanto más me he metido en ese tema, me he dado cuenta de que la espiritualidad es vivir el ahora, no estar pensando tanto en lo demás, disfrutarlo. Tampoco y, hay que ser honestos, tampoco hipoteco mi futuro, ni hago burradas que me lleven a un mal futuro, pero, lo que cada vez más hago, es vivir el presente, creo que la frase que engloba eso es ¡A vivir!
Belsasso: Que es lo que tú dices, sin vivir irresponsablemente, hay que disfrutar el momento.
Ramírez Miguel: Sí, es lo bonito de la vida porque si no sería aburrida; es hacer las cosas a la vez, no tienes que hipotecar tu futuro, pero tampoco nada más estar preocupado, sino estar balanceado, trabajando, estar muy a gusto; pero, cuando termina el trabajo, estar disfrutándolo, tener una vida y vivirla, porque la palabra jubilación, siempre lo digo, lleva dos mentiras involucradas: el júbilo y la acción. Cuando estás viejito ¿me muevo para acá?, no. Creo que es ir viendo tu futuro, irlo planeando y, a la vez, irlo disfrutando, y eso yo creo que es el truco, no es que yo ya sea un maestro en eso, pero es lo que aprendo todos los días.
Belsasso: ¿Cómo platicas de estas cosas con tus hijos? Debe ser difícil para tus chavos que sí quieren salir y vivieron en otro contexto que no fue el rancho, tener un papá que desde los 16 años estaba ya en la universidad.
Ramírez Miguel: Mira, te soy honesto, adoro a mis hijos, pero las conversaciones con los niños siempre no son tan bonitas, yo todo les digo, pero ellos tienen que vivir su vida y vivir su experiencia. Las conversaciones siempre empiezan, ‘¡sí, papá, ya sé que tú estabas en la universidad a los 16!’ No puedo, son diferentes, lo que trato es que sean felices en el plano donde quiera que estén. Gracias a Dios son muy despiertos, pero lo que voy a tratar es de que cada quien escoja el camino que quiera y nada más involucrarles que sean felices y que son dueños de su destino, que si quieren aspirar a cierta cosa tienen que trabajar por eso, porque lo que no se vale es aspirar a una cosa y trabajar para otra.
Belsasso: A ver, Marcos, tienes un puesto de muchísima presión. Se toman en este lugar decisiones que afectan a muchísimas personas en el país, la economía del país, todo se puede modificar y ver desde acá, pero también los fines de semana te tienes que relajar. Agarras la moto, te pones tus botas, y te vas, también la adrenalina te gusta.
Ramírez Miguel: Sí me gusta y esto lo he hablado mucho con mi jefe, Carlos Hank, el presidente del Consejo de Administración de Grupo Financiero Banorte, él tiene una manera de vivir muy bonita y he aprendido de él; pero yo también ya lo tengo, que es lo que él llama el triángulo: el trabajo, la vida personal y la vida familiar.
Belsasso: Es el equilibrio.
Ramírez Miguel: Es el equilibrio y lo he aprendido, y lo comparto, cada vez más. A mí, lo que me gusta si me preguntaras, es que me pegue el aire en la cara. Todos los deportes en los que te pega el aire en la cara, cuando vas en la moto, cuando abro la ventana y voy en un coche, o cuando voy al mar o lo que sea, me encanta, me gusta vivir, me encanta disfrutar lo sencillo que es eso.
Belsasso: Tienes una pareja actualmente.
Ramírez Miguel: Sí, la conoces muy bien.
Belsasso: Platícanos de ella.
Ramírez Miguel: Llevo casi cuatro años con ella, de conocerla, somos muy felices, ella vive en su casa y yo en la mía. Me da toda la estabilidad que necesito cuando necesito ser estable, me da toda la locura cuando necesito, salir del papel de “señor director”, como ella le llama, y estar afuera y disfrutar la vida. Nos complementamos muy bien, estoy muy contento y creo que es el amor de mi vida.
Belsasso: Y al “señor director” le encanta sacarle fotos.
Ramírez Miguel: Sí, tengo complejo de fotógrafo y ella de modelo. Es uno de mis hobbies, me encanta tomar fotos con el teléfono. También me gusta mucho disfrutar el momento y no echarlo a perder por andar tomando fotos, pero fotografiar también es balancear.
Belsasso: ¿Qué te gusta leer?
Ramírez Miguel: Buena pregunta. Un poco de todo, por trabajo, a veces, leo un poco de las cosas relacionadas con éste, pero, cuando me preguntan si quiero leer algo de trabajo que tiene que ver con saber más del mundo de los negocios o prefiero una novela, a veces prefiero las novelas, así también me escapo un poco de estar pensando todo el día en cuestiones de trabajo. Me gusta mucho leer novelas.
Belsasso: ¿El día más feliz de tu vida?
Ramírez Miguel: ¡Ay!, ¿el día más feliz de mi vida? Me voy a tardar tantito, porque es un poco complejo, no tengo el día que te pueda decir que fue tal fecha; creo que fue el irme dando cada vez más cuenta de lo feliz que soy y que soy el dueño de mi destino, eso me hace muy feliz y, cada día, ése es el día más feliz de mi vida.
Belsasso: ¿El más triste?
Ramírez Miguel: Cuando se han muerto mis seres queridos.
Belsasso: Tu mamá, tu papá. Se murió muy joven tu mamá, ¿no?
Ramírez Miguel: En términos de ahora, sí, y ya hace bastantes años. Mi papá murió exactamente hace un año, de 92 años, él estaba un poco mayor, pero sí son cosas que te marcan y te hacen pensar sobre la vida, sobre la muerte, sobre qué quieres, sobre que todo es. ¡A vivir!
Belsasso: Marcos, si bien ésta es una entrevista personal, no puedo dejar de preguntarte, ¿cómo ves el tema económico tanto en México, como a nivel mundial?
Ramírez Miguel: Están amarrados. El de México y a nivel mundial, si fuera tan sólo México —soy optimista por naturaleza, pero también realista—, el país está mejor de lo que creemos. Las 11 reformas que fueron aprobadas yo las comparo con 1994, cuando se firmó el Tratado de Libre Comercio, que fue justo cuando se hablaba de los Zapatistas y no se vio el calado tan grande que tuvo ese solo evento, ahorita tuvimos 11 reformas juntas que van a hacer un México mejor, que está geográficamente parado al lado del país que mejor le va a ir en los próximos años. Creo que el país está viviendo un buen momento, pero una vez dicho esto, el mundo sí se está, un poco, desacelerando, el petróleo está bajando y vamos a tener que sortear esas variables.
Belsasso: Pero la gente común, que siente que no le alcanza, que no tiene dinero, está enojada.
Ramírez Miguel: No puedes separar lo micro de lo macro, si al país le va mal, no hay manera que a la gente común le vaya bien, es la verdad. Si al país le va bien, hay mucha más probabilidad de que le vaya bien. La primera cosa que te diría es que, al país, en general, le va a ir bien, y luego ya si te bajas a todos los sectores, va a haber unos un poco mejores y otros un poco peores. Los que tiene que ver con la industria petrolera se van a quejar y no les va a ir tan bien; pero los que tienen que ver con la exportación, los que tienen que ver con todo, les va a ir muy bien; si sumas eso, al país le va a ir bien, pero si ya te vas, a lo que llamo yo, por barrios, pues no a todos parejo y ésa es una realidad, pero yo creo que, en general, nos va a ir bien.
Belsasso: Porque lo hemos platicado, está la percepción, la gente dice que la economía está pésima en el país y tú me dices ‘no, no estamos tan mal’.
Ramírez Miguel: Yo creo que —lo he oído mil veces y luego me pongo a pensarlo— sales a la calle y ves lo que vale un televisor ahora y lo que valía en el rancho Zinacantepec, cuando veíamos todos en una tele así, la calidad de vida de los mexicanos ha cambiado, nos quejamos y nos quejamos, pero no tiene nada que ver con la vida de hace 20 y 30 años. Sí, hay cosas malas, pero, en general, y es que es la única manera en la que puedo hablar, porque en particular cada quien tiene su historia, pero si agarras las historias de todos juntos nos está yendo mejor que como nos estaba yendo antes.
Belsasso: Tus pronósticos para el 2016, en este sector financiero.
Ramírez Miguel: Este 2016, bueno, nosotros tenemos un 2.7 de crecimiento de la economía que, comparada con la del mundo es muy buena y, otra vez, va por barrios, a algunos sectores les va a ir mejor que a otros, pero yo lo veo bien y, sobre todo, cimentando las 11 reformas que pasaron para prepararnos, para que el México de nuestros hijos que sea mucho mejor.
Belsasso: Complétame esta frase, Marcos Ramírez es…
Ramírez Miguel: Un guerrero.
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