JULES VERNE

JULES VERNE

jueves, 14 de abril de 2016

Navegar en la pintura de Prior

Navegar en la pintura de Prior

Como paisajes abiertos en las paredes de la galería, los cuadros invitan a una deriva llena de sorpresas.

POR JULIA VILLARO


Pinturas habitadas. Atmósferas sutiles, oníricas, con pliegues sigilosos, peligrosos. Las pinturas de Alfredo Prior que conforman Lluvia de arroz sobre el gran río amarillo participan de un mismo ambiente; una impresión, la misma geografía incalculable pero certera que el artista viene construyendo desde hace años en base a tonos, trazos, marcas, muecas. Mitos, relatos y leyendas. Y el despliegue cromático acompañado de una gama de humores con sus diversos gradientes, oscilando entre la serenidad, el sarcasmo y el extrañamiento.
En la sala de Galería Vasari las pinturas de formato mediano se vuelven inmensas porque abren un paisaje. En todas, la presencia del agua, como una evocación. En todas también el fuego, o en todo caso alguna suerte de combustión, una cavilación, una presencia de entidad propia, un espíritu sigiloso entrando en contradicción con la propia materia que lo ha generado. Sus criaturas no se manifiestan en el espacio, sino en el tiempo. Cobran forma a medida que el ojo reposa en las telas, se abandona, se deja arrullar por la irrupción de los tonos y sus oscilaciones: el violeta llevando al azul hasta sus últimas consecuencias. El verde germinando dentro: un tornasol tranquilo. Y entre tantos colores, las figuras, los perfiles, pequeños grafismos: ¿están ahí? ¿Estamos nosotros también, espectadores, ensoñando estas telas? Las siluetas aparecen, pero también pueden desaparecer, dejarse fagocitar por su contexto.
Como en un río donde el agua arrastra y suspende sedimentos, también las pinturas cargan más o menos materia, se espesan por sectores y por sectores se vuelven livianas. En ellas las entidades abstractas proliferan. No se parecen a nada que hayamos visto antes y sin embargo las reconocemos, abrevan en la materia y también se distinguen del resto del ambiente; como inmanencias del medio están ahí, a medio nacer.
Pero tal vez lo más acuático que tengan estas obras, más allá de sus colores azul-violáceos o verdosos y sus presencias iridiscentes, sea la forma en que todas encuentran su cauce, un fluir parsimonioso que por momentos puede permanecer sereno como un lago, y por momentos, desatarse, volverse abismo, a medida que sus referencias se abren paso. La presencia de una China milenaria y poética es evocada desde el nombre mismo de la muestra (el río amarillo, también llamado “La tristeza de China”, debido a sus constantes desbordes); pero además en “El regreso Li Po”, que vuelve pura explosión diáfana la presencia del poeta, cuya leyenda cuenta que sucumbió ahogado, al intentar abrazar su propio reflejo en un lago.
Las peripecias de un pirata dedicado al tráfico de esclavos, (relatadas por Julio Verne en “El archipiélago en llamas”) son ahora llama roja incandescente, en medio del agua. El castigo divino de “El holandés errante”, condenado a navegar eternamente, sombra azul, espectro sobre la tela. Destilaciones trágicas, tenues gotas oscuras van tiñendo el mar con la tiniebla.
Por encima de todo, esa doble dimensión constante en las pinturas de Prior: las múltiples referencias a la mitología, las leyendas, la literatura. También, a la historia del arte: las muecas vacías que lo emparentan al expresionista James Ensor, cierto estado de tempestad incipiente de William Turner, los nenúfares de Eduoard Monet; la cita directa a las Stanzas Varticanas del “divino Rafael” en la instalación sobre vinilos “13 estudios para la Liberación de San Pedro” que completa la muestra en Vasari. Un “bonsai genealógico”, en palabras del mismo Prior, que de ninguna manera inhibe la capacidad de este artista para desarrollar una épica propia, un universo que se expresa por sí mismo, con autonomía de las referencias evocadas. “Prior –dice Raúl Escari– pinta a partir de Goya, de Ensor, del último Turner. Las citas pictóricas, a veces sólo a través de un ritmo o de la fuga de una línea, o de un color, son evidentes, pero su pintura, como la escritura borgeana, no se parece a ninguna otra”.
Dragones y guerreros abstractos; “monstruos –describe Renato Rita– detenidos en la idea”; deformes, inconscientes. Cada cuadro una hoja de ruta, una jornada en la bitácora de un viaje. Sumergirse en el agua, adentrarse en lo desconocido. Dice Celine –siguiendo con la evocación de referencias y espíritus– que “todos los viajes son hacia adentro”. Entonces el ir a lo profundo traerá siempre implicada la posibilidad de (al menos) un naufragio.

FICHA
Alfredo Prior
Lluvia de arroz sobre el gran río amarillo
Lugar: Galería Vasari, Esmeralda 1357
Fecha: hasta el 6 de mayo
Horario: lunes a viernes, 11 a 20
Entrada: gratis 
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