JULES VERNE

JULES VERNE

martes, 12 de abril de 2016

Julio Verne y sus novelas científicas

Julio Verne y sus novelas científicas

by Iván Rodrigo Mendizábal
Por Leonardo Wild
(Artículo originalmente publicado el 4 de junio de 1994, en Revista CULTURAL #242, Quito, pp. 13; aportado por su autor a Ciencia ficción en Ecuador)
Leonardo Wild. Escritor ecuatoriano-norteamericano. Estudió en Lord Fairfax y Nova College, Virginia. Escribe ciencia ficción desde 1996. La primera fue escrita en alemán, Unemotion (1996) la cual fue recientemente publicada en español bajo el título de Yo artificial (2014). Entre sus obras se tiene: Oro en la selva (1996); el ensayo: Ecología al rojo vivo (1997); Orquídea negra o el factor vida (1999) y Cotopaxi, alerta roja (2006), entre otras.
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¿Por qué conjeturó Julio Verne que el viaje a la Luna despegaría de la Florida, Estados Unidos?  ¿Por qué tanto de lo que él escribió se ha cumplido?  Viajes bajo los hielos del Polo Norte, objetos voladores, telescopios en las Montañas Rocosas, ¡tantos aspectos de la ciencia y la tecnología vaticinados por este escritor nacido en 1828 son hoy una realidad!
¿Todo un mero acto de su brillante imaginación?
¡Definitivamente no!  El primer autor "profesional" de ciencia ficción —como lo describió Isaac Asimov— fue ni más ni menos que un producto de su época.  Su sueño fue el de escribir "la novela de la ciencia".  Y lo logró, ¡pero no sin una lucha cruenta!
Su padre, Pierre Verne, quería que fuese abogado; no comprendía su deseo irreprimible de seguir el camino de la literatura.  Esto puso al joven Verne en una situación económicamente difícil.  Para salir de su crisis, trabajó en la Bolsa de París y se casó con una viuda acomodada: Honorine de Viane.  Pero, ¡oh mala suerte!, su mujer nunca comprendió sus aspiraciones literarias.  Su deseo de escribir sobre los cambios en el mundo tuvo que aplazarse.

La novela de la ciencia

Julio Verne publicó varias obras de teatro, libretos y artículos periodísticos, además de recolectar una gran cantidad de información sobre los adelantos de la ciencia.  Recién a los treinta y cuatro años de edad logra llevar a cabo su idea de presentar los avances técnico-científicos en forma de novelas.
Para 1859-60 se discutía si era posible o no que una máquina más pesada que el aire lograse desprenderse del suelo.  Además de eso, los periódicos y revistas estaban llenos de los últimos inventos: cocinas de gas, máquinas de coser, el primer cable submarino entre Europa y América.  Los ferrocarriles y las compañías de navegación abrían nuevas rutas a países lejanos, a junglas remotas.
Mientras tanto algunos médicos clamaban que cualquier ser humano que osase viajar en "esos engendros del diablo" y sobrepasar los 20-30 kilómetros por hora quedaría ciego.  Y volar... ¿para qué discutir siquiera semejante "empresa de locos"?
Era por esa época que Julio Verne conoció a "Nadar".  Félix Tournachon——alias "Nadar"——era fotógrafo, dibujante y, como Verne, periodista además de un apasionado por la ciencia, la aerostática y la aventura.  Influyó inmensamente en la creación de la primera novela científica de Verne.
Cinco semanas en globo, por lo tanto, no fue una coincidencia.  La idea tampoco fue invento de Verne.  Era la época en la que la revolución industrial había encendido la imaginación de los europeos y americanos, y Verne tan solo recopiló la información, agregando detalles que el mismo "Nadar" le proporcionaba mientras construía su famoso globo, el Géant.
Cinco semanas en globo se publicó el 31 de enero de 1863 y, cinco meses después el Géant surcó los cielos con trece pasajeros por cinco horas.  ¡La publicidad gratuita de este evento fue crucial para Verne!
Julio Hetzel, editor de Verne, le propuso firmar un contrato en el cual Verne debía comprometerse a escribir tres novelas por año por veinte años.  Surgieron, como resultado: Viaje al Centro de la Tierra (1864), De la Tierra a la Luna (1865), y otras obras como Veinte mil leguas de viaje submarino (1870), La vuelta al mundo en ochenta días (1873) y La casa de vapor (1880), Dueño del mundo (1904). Estas son tal vez las más conocidas de las sesenta y cuatro grandes obras que forman los <<Viajes extraordinarios>> de Verne.
El nombre del afamado escritor fue más allá de las fronteras de Francia; invadió Europa y el mundo.  El mismo Verne efectuó por lo menos diez cruceros grandes en sus yates privados, además de numerosos viajes cortos.

Más que simples coincidencias

Mirando hacia atrás, uno se pregunta cómo fue posible que lograse predecir tantos avances de la ciencia.  Lo que hizo Verne, en realidad, fue recopilar datos que estaban a la mano y atar cabos con lógica impecable.
Frank Borman, astronauta americano, despegó en su nave espacial de Tampa, Florida——del mismo lugar donde Julio Verne hizo disparar su cañón en De la Tierra a la Luna.  ¡Y cayó a tan solo cuatro kilómetros del punto marcado por Verne en el océano Pacífico!
Dibujos y cálculos matemáticos ocuparon la mitad derecha de algunas páginas del manuscrito original De la Tierra a la Luna.  Estados Unidos era, en esa época, un país de mente abierta y de rápida evolución tecnológica, y la Florida el lugar propicio para dirigir un objeto a la Luna por razones de balística.
Y así, con fundamentos científicamente lógicos, en una época en la que aún se batallaba con los indios, Verne colocó en las Montañas Rocosas un <<supertelescopio>> de 4,8768 metros de diámetro.  Hoy tenemos allí el observatorio astronómico de Monte Palomar, ¡con un telescopio de 5 metros!
Es cierto, algunos aspectos técnicos de sus historias no concuerdan con la realidad de hoy.  ¡Pero esto no le resta a lo extraordinario de su obra y al sinnúmero de aciertos!  Muchos de sus <<Viajes extraordinarios>> son un ejemplo perfecto de la ciencia ficción "dura" —por más errores científicos que tengan.
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