JULES VERNE

JULES VERNE

jueves, 28 de abril de 2016

HISTORIA DE LOS SUBMARINOS ESPAÑOLES


Por: Javier Coria
viernes, 28 de marzo de 2014

El más antiguo proyecto de inmersión submarina del que se tiene noticia en nuestro país nos lleva alreinado de Carlos V. Según Francis Bacon, el monarca presenció unas pruebas en las aguas del río Tajo en el Toledo de 1538, acontecimiento rodeado de una aureola mágica; pero no sólo el filósofo y estadistainglés nos dio noticia de ello, sino que el Opusculum Taisnieri publicado en Colonia en 1562, nos dice: “Dosgriegos entraron y salieron varias veces del fondo del Tajo, sin mojarse y sin extinguirse el fuego quellevaban en sus manos”. Parece ser que los primitivos buzos utilizaron un artilugio en forma de campana. Siglos más tarde, la llamada “Campana catalana” fue otro de los ingenios que se sumergieron con éxito en el Mediterráneo en 1678. La primera víctima española de la investigación submarina fue el catalán Cervó, que se sumergió en una esfera de madera con paredes acristaladas en el puerto de Barcelona y murió aplastado por la presión del agua. Corría el año de 1831. (1)




 Por su parte, el arma submarina española nació en 1915 con la llamada “Ley Miranda” refrendada por el rey Alfonso XIII. El ministro de Marina, el almirante Augusto Miranda y Godoy, fue el que propuso la construcción de 24 submarinos y lacompra de 4 más en el extranjero. La creación de esta nueva arma fue encargada al capitán de corbeta Mateo García de los Reyes. El primer submarino construido enteramente en España fue el “B-1”, que entró en servicio en 1922.

Los submarinos experimentales españoles no pasaron de la fase de pruebas por la falta de apoyos industriales, económicos y políticos. El histórico déficit español en el desarrollo científico-técnico y la convulsa realidad sociopolítica de las épocas en que vivieron nuestros pioneros, no posibilitaron la construcción industrial de los prototipos. Cuanta razón tenía nuestro premio Nobel Santiago Ramón y Cajal cuando dijo: “Al carro de la cultura española le falta la rueda de la ciencia”. Aún así, pese a lo dicho, podemos afirmar que el catalán Monturiol y el murciano Peral idearon los primeros submarinos de la historia dotados con los avances necesarios para hacer factible los submarinos modernos.

EL ICTINEO O BARCO PEZ

La polémica sobre la primacía del invento del submarino siempre acompañó a las figuras de Monturiol y Peral, pero, sin embargo, el siguiente dato muestra la grandeza de los dos pioneros españoles.  En una carta dirigida al presidente del Club de Regatas de Barcelona, fechada el 18 de febrero de 1889, Isaac Peral rinde homenaje a Monturiol de esta forma:“Ya que no le fue dado a aquel insigne patricio recoger en vida el fruto de sus afanes, a los que sacrificó salud y bienestar, justo es que la actual generación subsane aquel olvido; por mi parte, haré con este objeto cuanto humanamente pueda, empezando por rendir a su genio el tributo de admiración a que es tan acreedor”.

Narcís Monturiol Estarriol(Figueres 1819 – Barcelona 1885) estudió leyes, pero nunca se dedicó a ellas siendo sus principales actividades la política, el estudio de la física y los inventos, aunque también ejerció de periodista, impresor, escritor y pintor. Republicano y masón, Monturiol fue el introductor en España de las ideas icarianas del socialista utópico francés Étienne Cabet. Con el objeto de difundir esta ideología publicó, en 1847, el periódico La Fraternidad, que fue clausurado por el gobierno de Isabel II durante las revoluciones europeas de 1848. Las insurrecciones en España y la dura represión del general Ramón María Narváez hicieron que, un Monturiol, activista entusiasta y apasionado, tuviera que exiliarse en Perpiñán. Acogido a una amnistía volvió a Barcelona al año siguiente, fundando el periódico El padre de familia, que tuvo que cerrar ante las continuas multas y censuras. En 1850, es cuando comienza a trabajar en sus primeros inventos mecánicos, pero su actividad política le obliga a esconderse en Cadaqués (Girona), durante los años 1855-57.

Estando en la villa ampurdanesa, Monturiol se fijó en la dificultad que tenían los pescadores de coral para realizar su oficio y comenzó los trabajos para construir una nave submarina. En 1858, publicó sus estudios en el opúsculo El Ictíneo o barco pez. Al año siguiente, con el equivalente 100 mil pesetas que recaudó entre sus amigos (la peseta se aprobaría como moneda de curso legal en España 10 años después, en 1868), construyó el Ictíneo y lo probó en las aguas del puerto de Barcelona. Esta primera nave experimental tenía unas hélices accionadas a mano por 12 tripulantes, y realizó más de 50 inmersiones en aguas de Barcelona y Alicante.  El entusiasmo popular y el favor de la prensa obligaron al gobierno de la reina Isabel II a prometer ayudas oficiales para el invento, aunque estas ayudas no llegaron nunca a pesar de que el Ictíneo contaba con los parabienes de gentes tan influyentes como el catedrático de anatomía, filósofo y escritor José de Letamendi – que fue maestro de Pío Baroja - o el general y senador Domingo Dulce. En los años de 1860-61, se sucedieron pruebas con presencia de autoridades políticas y militares, precisamente Leopoldo O’Donnell, presidente del Consejo de Ministros, fue el que vio las posibilidades bélicas del invento.

Monturiol dedicó una memoria a los Ictíneos de guerra, aunque su motivación y esfuerzos iban dirigidos a conseguir una nave submarina civil que facilitara el trabajo y rescate de los marineros, así como la investigación y exploración submarina. No sólo la industria armamentista parecía tímidamente interesada en desarrollar un navío submarino, si no que hasta principios del siglo XX, fue considerado una forma indigna de combatir. Las ayudas oficiales no llegaron y los diputados catalanes se dirigieron al gobierno sin resultado, el propio inventor publicaría una súplica dramática y un tanto ingenua en la prensa de la época. Se formaron juntas técnicas en las cuatro provincias catalanas y se abrió una suscripción popular. En 1864 se fundó la empresa “La Navegación Submarina”, con los socios Monturiol, Font, Altadill y Compañía y comenzó la construcción del ictíneo II. Éste fue el primer submarino con motor de combustión propulsado por vapor y peróxido. En superficie navegaba a vapor y sumergido el motor utilizaba un preparado químico de clorato potásico, zinc y peróxido de manganeso. Lo novedoso del sistema era que el oxígeno liberado por la reacción de la hélice, convenientemente tratado, era utilizado para que pudiera respirar la tripulación y para alimentar, además, un motor auxiliar. Hasta 1867 se estuvieron realizando pruebas donde el Ictíneo II bajó a 50 metros de profundidad permaneciendo 5 horas sumergido, incluso se hicieron pruebas de tiro con un cañón giratorio inventado por el propio Monturiol.

OLVIDO Y POBREZA

Pese al éxito de las pruebas, ni la Armada Española ni el gobierno se interesaron por el invento. Las nulas dotes financieras del inventor y las presiones de algunas cancillerías extranjeras, que no veían con buenos ojos que España se adelantara en el desarrollo de un arma submarina, terminaron por arrinconar el invento. Monturiol escribiría: “Dejo por herencia en este mundo el Ictíneo, Ictíneo completo y exclusivamente mío, sobre todo en sus dos partes esenciales: la que se refiere a la producción indefinida de oxígeno y la de estar animado de un motor submarino; Ictíneo apto para las aplicaciones industriales. Mis fuerzas no llegaron a más, y a pesar de que he aspirado a trabajos de mayor transcendencia, el sentimiento de mis deberes quedaron satisfechos”.

Pese a los reveses y las penurias económicas, el carácter idealista y emprendedor de Monturiol no tenía límites y siguió escribiendo memorias –hasta nueve- sobre el submarino y trabajando en inventos como un tranvía funicular o un velógrafo. Proclamada la Primera República en 1873, fue elegido diputado a Cortes teniendo sus amigos que recabar fondos para costear su viaje y estancia en Madrid.  Ese año fue nombrado director de la Fábrica Nacional del Sello e inventó un sistema para mejorar la fabricación del papel engomado. Al caer la república en 1874 perdió el cargo y volvió a Barcelona. Siguió publicando periódicos progresistas y trabajando sobre un proyecto para traer a la ciudad las aguas del río Ter, y en un procedimiento para conservar la carne. (2)

El 6 de septiembre de 1885, murió rodeado de sus familiares, pobre e ignorado. Su último aliento lo pasó corrigiendo y buscando, infructuosamente, un editor para su última memoria: Ensayo sobre el arte de navegar por debajo del agua. Se publicó póstumamente en 1891. Los ictíneos fueron embargados y vendidos como chatarra. Fue enterrado en el cementerio de Poblenou de Barcelona en un humilde nicho al que, muchos años más tarde, se le añadiría una lápida con las proezas del inventor: “Aquí yace don Narciso Monturiol, inventor del Ictíneo, primer buque submarino, que navegó por el fondo del mar en aguas de Barcelona y Alicante en 1859, 1860, 1861 y 1862”. No fue hasta el año de 1972, que sus restos fueron trasladados a su ciudad natal y las estatuas y honores llegaron, como siempre, tarde.

EL SUBMARINO PERAL

“El invento de la navegación submarina está resuelto por Peral”.De esta forma tan tajante se expresaba el Capitán General del departamento de Cádiz, el vicealmirante Florencio Montojo y Trujillo, en un telegrama enviado al ministro de Marina, el también vicealmirante Rafael Rodríguez Arias, tras asistir a las pruebas del submarino Peral que se realizaron en la bahía de Cádiz en 1888, cosa curiosa porque Montojo fue uno de los que se opusieron al invento de Isaac Peral, pero antes de este hecho tenemos que remontarnos al incidente de las islas Carolinas (Micronesia).

El 25 de agosto de 1885, el cañonero alemán “Iltis” llegó a las islas Carolinas, de soberanía española, estableciendo un puesto en la isla Yak donde izaron el pabellón alemán reclamando la plaza para el káiser Guillermo I. La mediación del Papa León XIII terminó con la disputa a favor de España, curiosamente en 1899 venderíamos esas islas a los propios alemanes por 25 millones de pesetas. El conflicto internacional levantó una oleada de patriotismo y masas de manifestantes pidieron declarar la guerra a Alemania, pero la realidad es que ni el ejército ni la marina española estaban en situación, ni moral ni material, de acometer conflictos bélicos. Consciente de esta debilidad, el teniente de navío Isaac Peral y Caballero (Cartagena 1852-Berlín 1895) vio la oportunidad de enviar su propuesta de submarino en la que, siguiendo las investigaciones de Monturiol, llevaba trabajando unos años. El entonces ministro de Marina, el vicealmirante Manuel de la Pezuela y Lobo, mandó llamar a Peral para que fuera a Madrid a presentar el proyecto, cosa que hizo en septiembre de 1885. La salida del gobierno ese mismo año de Pezuela dio carpetazo al proyecto y Peral volvió a dar clases en la escuela naval. El inventor tuvo que financiar sus investigaciones con el sueldo de 2.000 pesetas que percibía y que, a duras penas, le alcanzaba para alimentar a su esposa y sus cinco hijos.

No será hasta 1886, cuando volvió a ser llamado a Madrid, que sus investigaciones recibirían el apoyo oficial. Los cambios propuestos por una junta técnica desagradaban a Peral, pero no tuvo más remedio que aceptarlos para poder recibir los fondos públicos que le ayudaron a seguir con su invento. En abril de 1887, la reina María Cristina firmó el decreto de construcción del submarino. La dotación económica fue de 600.000 pesetas. La propia reina se entrevistó en dos ocasiones con Peral y le demostró un gran entusiasmo para con su invento, cosa que no sirvió de mucho, como veremos más adelante. En octubre de 1887, se comenzó la construcción del submarino en el Arsenal de la Carraca (Cádiz). El 8 de septiembre de 1888 tuvo lugar la botadura de la nave realizándose diversas pruebas durante un año. Los ensayos de navegación y misiones de ataque simulado fueron un éxito, aunque se detectaron algunos fallos en la propulsión eléctrica. El proyecto inicial sufrió numerosas variaciones y las pruebas fueron seguidas con mucha expectación pública. En la prensa se enfrentaron dialécticamente defensores y detractores del invento, incluso se realizaron sabotajes que fueron descubiertos por los ayudantes de Peral. En 1890, casi estaban cumplidos los objetivos previstos en los experimentos, pero en la cúpula dirigente de la Armada ya se maniobraba para abandonar el proyecto. El 7 de junio de ese año de 1890 se disparó desde el submarino Peral el primer torpedo, en inmersión, de la historia.

El Peral funcionaba con propulsión eléctrica que le proporcionaban dos motores de 30 CV cada uno y que movían dos hélices gemelas. La refrigeración de los motores se hacía con aire comprimido, y alcanzaba los 8 nudos en superficie bajando a una cota máxima de 30 metros de profundidad. La autonomía era de 200 millas a 3 nudos con un solo motor, y 132 millas a 6 nudos con los dos motores. Estaba artillado con un torpedo en proa y tres torpedos Schawarzkopk en popa. La dotación era de 12 tripulantes. El periscopio, el giroscopio eléctrico y otros avances técnicos, hacían del submarino Peral un compendio de inventos.

FAMOSO COMO UN TORERO

La popularidad de Isaac Peral fue tan grande que era esperado a las entradas de los hoteles para vitorearlo como se hacía con las figuras del toreo de la época, pero a la par que crecía su popularidad, la visceralidad de sus enemigos se hacía patente entre sus propios compañeros de la Armada y la prensa conservadora. Las críticas públicas se sustentaban en las supuestas carencias técnicas del militar al no ser un ingeniero naval, pero en las salas de Banderas y algunos despachos se acusaba a Peral de ser republicano y masón. Para tener una idea de las intrigas políticas a las que se tuvo que enfrentar el inventor, valga el ejemplo siguiente y que fue determinante en los acontecimientos posteriores: Los amigos de Peral, en vista de su popularidad, lo convencieron para que se presentara como candidato a Cortes por el distrito del Puerto de Santa María. Claro que su competidor directo era el hijo del ministro de Marina. El citado ministro, del gobierno conservador de Cánovas, era José María Beránger. Éste convocó en Madrid a Peral y, en un claro acto de nepotismo, le conminó a que desistiera de presentarse a las elecciones. Curiosamente, la nueva junta técnica que se convocó para valorar el proyecto declaró que el submarino experimental no servía para nada y, de acometer una nueva construcción del mismo, esto se haría sin el concurso del sabio cartagenero. La junta, cómo no, estaba presidida por el ministro Beránger.

FINAL DEL INVENTO Y DEL INVENTOR

El 11 de noviembre de 1890, se promulgó un decreto que dio fin a los proyectos de navegación submarina. Enfermo y cansado de intrigas y envidias, Peral destruyó sus planos solicitando posteriormente la baja en la Armada, que se hizo efectiva el 5 de enero de 1891. A pesar de todo fundó una empresa llegando a patentar varios inventos como un acumulador eléctrico y una ametralladora también eléctrica. En 1895, viajó a Berlín para ser operado de un tumor cerebral muriendo en el posoperatorio el 22 o el 24 de mayo. Trasladados los restos, con gran solemnidad a España, fueron depositados en el panteón familiar del cementerio de la Almudena (Madrid). Posteriormente fueron exhumados los restos y enterrados en su ciudad natal, en el cementerio de los Remedios de Cartagena (Murcia), donde descansan hoy. Incomprensiblemente, Isaac Peral no fue enterrado ni en el Panteón Nacional de Hombres Ilustres de Atocha (Madrid), ni en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando (Cádiz). Una vez más, la injusticia y el olvido son el colofón a una vida dedicada al progreso técnico y científico de este país.

Al final de la Primera Guerra Mundial, el comandante del crucero corsario alemán “Emden”, Karl von Müller, leyó un texto ante la tumba de Peral en Cartagena: “Llegado ayer a este hermoso puerto, quiero que mi primer salto a tierra sea para visitar la tumba de mi gran maestro y admirado inventor de la navegación submarina, don Isaac Peral que dotó a su país de arma tan poderosa”.

OTRO SUMERGIBLES ESPAÑOLES

Cosme García Sáenz (1818-1874). Ingeniero e inventor nacido en Logroño (La Rioja). García se encontraba en Barcelona donde se había trasladado para comercializar una máquina matasellos de su invención, cuando tuvo noticia por la prensa de los experimentos con campanas de buceo y las pruebas del sumergible “Diablo Marino”, que Bauer realizaba en Rusia. Todo esto, como verán por las fechas, era contemporáneo a los experimentos de Monturiol, claro que el Ictíneo fue algo más que una campana de buceo. El riojano decidió emplear los 45.000 duros que le dieron por su máquina matasellos en la construcción de un bote submarino llamado “Garcibuzo”. En 1858 y reinado Isabel II, el artilugio, propulsado por un motor de resorte y un peso sumergido, se probó en el puerto de Barcelona con éxito. Luego realizó otro prototipo más grande construido en la Compañía Terrestre y Marítima pero cuya patente se hizo en París, en el año 1859. Probado en aguas de Barcelona, el prototipo se embarcó en un buque y llevado a aguas del puerto de Alicante, donde se presentó ante las autoridades civiles y militares en 1860. Después de varias gestiones ante el gobierno, que incluyó una visita a la reina Isabel II, le dijeron que no podían financiar el invento. Los gastos producidos durante la guerra de África habían dejado las arcas públicas bajo mínimos. Años más tarde y arruinado, el inventor y su hijo quemaron los planos y hundieron el prototipo en las aguas de Alicante. Las autoridades portuarias les habían comunicado que su “cachivache”, atracado en el puerto, entorpecía el tráfico marítimo.

Antonio Sanjurjo Badía (1837-1922). Éste coruñés, fundador de los talleres “La Industriosa” de Vigo y amigo personal de Julio Verne -según fuentes familiares, pero no confirmado documentalmente- durante años estuvo trabajando en el proyecto de una especie de campana sumergible que fue llamada la “Boya lanzatorpedos Sanjurjo-Badía”. El artilugio submarino, que aún se conserva en la empresa familiar, fue probado con éxito en la Ría de Vigo el verano de 1898, con la presencia de las autoridades civiles y militares, como recogió el Faro de Vigo en una crónica periodística. Esta especie de batiscafo se sumergió durante una hora y media y navegó a 2 nudos. El temor de que la flota yanqui hiciese alguna incursión de castigo en las costas españolas durante la Guerra Hispano-Estadounidense motivada por el conflicto de la independencia de Cuba (1895-1898), aceleró las pruebas que estuvieron rodeadas por un gran ambiente de exaltación patriótica. Gracias a que en diciembre de ese mismo año se firmó la paz en el Tratado de París, y la flota de Estados Unidos no apareció por la Ría de Vigo se evitó una desgracia porque, según los expertos, la propagación de la onda expansiva de la mina en el agua hubiera destruido el artefacto con la tripulación dentro.

Adrián Álvarez Ruíz (1884-1950). Éste obrero de Palencia emigró a Madrid allá por el año 1932, donde fue capataz de la empresa ferroviaria “MZA”, antecedente de la actual RENFE. Gran lector de Julio Verne dedicaba su tiempo libre a sus inventos, tales como un dispositivo para la regeneración del aire de las naves siniestradas, lo que alargaba la vida de los submarinistas accidentados mientras esperaban el rescate. Varias potencias extranjeras pujaron por la patente, entre ellas la Alemania nazi, pero el inventor rechazó estas propuestas porque quería que su invento se quedara en España. Álvarez dotó del dispositivo a su “Tanque submarino”, que se probó ante 15.000 personas en el lago de la Casa de Campo de Madrid, en 1932. A primeros del año siguiente hizo lo propio en un estanque artificial construido en la plaza de toros de Las Arenas de Barcelona. Como ocurrió con muchos de estos pioneros a la hora de vender sus patentes, las instituciones españolas se pasaron la pelota de una a otra y Álvarez, finalmente, patentó su invento en Inglaterra en 1947. Claro que su dispositivo ya había sido superado por los desarrollados durante la contienda europea, como elschnorkel de los alemanes.

NOTAS:

1) La primera víctima internacional fue el carpintero John Day, que murió aplastado por la presión en el sumergible “María” que construyó en Plymouth (Inglaterra), el 20 de junio de 1774.

2) La fórmula, que funcionaba, fue robada por un colaborador y patentada en Londres cuando Monturiol ya había fallecido. El ladrón y sus descendientes se hicieron multimillonarios.



http://www.revistarambla.com/v1/sociedad/articulos/2246-historia-de-los-submarinos-espanoles

¿Qué es eso de la literatura?

¿Qué es eso de la literatura?
El autor -docente y escritor- reflexiona sobre qué es literatura y lo que se pone en juego, al escribir o leer literatura.
14 de Marzo de 2016 | 08:171 opinión
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Máquina de escribir
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¿Qué es eso de la literatura?
Dionisio Salas Astorga
A fines de febrero una curiosa hojita sobrevoló las cálidas salas de profesores de Mendoza. Se trataba de una lista nada inocente de obras literarias obligatorias. Con escaso pudor y menos conocimiento, la lista dice qué deben leer los alumnos este 2016, y lo que es peor, que serían evaluados directamente por la Dirección General de Escuelas (DGE).
Todo poeta que se precie imagina que un día le preguntarán qué es para usted la poesía y se prepara secretamente -durante su poética existencia- para responder esta famosa y prestigiosa pregunta. Asiste al concierto repetido de los días con el corazón en una mano y la birome cliqueando la otra, va a todas partes con un fajo de citas y palabras ajenas, lecturas memorizadas en el micro o el trabajo, esperando que le suban la pregunta. Que se la suban, porque recuerden que el poeta vive en las alturas.
Como gato con siete vidas por vivir, el poeta en proceso se queda en los techos o el jardín de las cosas esperando salte eso que profesores y hasta malos alumnos estudian y sin embargo, nadie, casi nadie, sabe decir ¿qué es la poesía? o por lo menos ¿qué es la literatura? de última ¿qué es escribir?
Tarde o temprano el poeta escéptico baja la guardia. Se duerme a la sombra de los laureles en el patio. Deja caer las citas de su mano, pierde libretas, lo mismo que los amores, la fe o los libros que prestó.
Así pasan los años. Y aunque el tiempo es relativo para Einstein, para nosotros no tiene nada de relativo, cual yuyo de verano se cocinan nuestras dudas y lo que no se responde, lo que no sabemos, es fruto de discrepancias y hasta futuras guerras mundiales, o al menos, guerras bibliográficas, pasto de congreso con total seguridad.
Así pasan los años. Y aunque el tiempo es relativo para Einstein, para nosotros no tiene nada de relativo, cual yuyo de verano se cocinan nuestras dudas y lo que no se responde, lo que no sabemos, es fruto de discrepancias y hasta futuras guerras mundiales, o al menos, guerras bibliográficas, pasto de congreso con total seguridad.
Puesto a buscar ayuda, y siguiendo su propio consejo de no quedarse únicamente con lo que dice Wikipedia, el poeta didáctico googlea qué es la poesía. Se arrima hasta el Rincón del Vago, entra a Yahoo! Respuestas. Si algo no está ahí dirían sus 200 alumnos, no existe. Y no está. Es decir está, pero las respuestas son tan amplias cual lista de candidatos a la república y tan ambiguas y falsas como las propuestas de esos candidatos.
No le queda otra entonces al poeta sin auxilio que resoplar los ácaros de su devaluada biblioteca, planchar los apuntes de Teoría literaria que se insistía leyéramos despiertos allá en Filosofía y Letras; salir a buscar hasta en las fuentes de la plaza, confiarse a entrevistas o ediciones malogradas de Confesiones de Escritores, entre otras páginas que el tsunami de Internet acerca a las contaminadas playas de nuestro escritorio.
Pero ¿qué es la poesía? ¿qué es la literatura? ¿qué es escribir?
Eco Umberto, que siempre ayudaba a levantar la autoestima a intelectuales con poca resiliencia, dijo: no tengo idea; Vargas Llosa, Mario, narrador prematuro de novelas profundas como La guerra del fin del mundo y La casa verde -que ahora ocupa un destacado lugar en revistas españolas del corazón, dice: escribir es el centro de lo que hago. No concibo mi vida sin la escritura. W.H. Auden, viejo candidato anglo al Nobel: escribo por lo mismo que la gente se desnuda por ahí, porque no tiene otra cosa que hacer. Por honor y la honra de las musas, declamaba Shakespeare, al que le gustaba mucho la honra de las musas. Porque uno no se encuentra bien, repite seguido Juan José Millás, premio Príncipe de Asturias y futuro Nobel de España.
Estas respuestas hidalgas más o menos ingeniosas, a veces serias y a veces ñoñas, forman una extensa cadena de oraciones sin verbo. Es decir no nos dicen qué hacer, menos que menos al poeta o escritor que se sabe vive de una considerable porción del plagio de ideas ajenas.
Don Pedro Barcia repite que en todo trabajo que quiera parecer serio hay que citar algo en latín o invocar a los griegos, así que empecemos por una estatua conocida: Aristóteles. Aristóteles en su Poética alza la antorcha de que la poesía -el arte en general- es imitación. Solo cambian los medios y los objetos a imitar. Así aprende el hombre y así disfruta, imitando. Esta idea corría bien por los helénicos caminos del s.V a.C, cuando el hombre y la naturaleza tenían una cara sin maquillar y lo más trágico que habían visto en su cine de piedras era a un tipo que se casaba con la madre después de matar al padre.
La literatura no puede ser imitar
Para muchos apasionados al modelaje clásico, la idea los conformó hasta la misma época en que descubrieron que la tierra no era el centro del universo, ni el planeta terminaba en el alambre oxidado del horizonte. Obvio que si uno se anima, concluye rápidamente que la literatura no puede ser imitar, imitar es una parte de la cosa, vade retro dirían los surrealistas, por ejemplo, y todo el sindicato de autores antes y después, que sostienen a muerte que el arte, la literatura, es ficción, crea mundos, los multiplica.
No enumeremos la historia de las definiciones de la literatura en el tiempo, eso está en Wikipedia y es harina de la Teoría literaria. Saltemos sin inmutarnos 3000 años. Como los alumnos, pasemos de la antigüedad al presente sin fechas incómodas.
De las pocas certezas que se pueden tener en esto de qué es la poesía o qué es escribir o qué es la literatura, algunos respetados señores -Pozuelo Ivanco, Scarpit, Guillén, Mignolo, Eagleton- escriben que literatura es aquello que una comunidad de lectores decide. Y cambia de acuerdo a las épocas. O sea, hay tantas definiciones de literatura como comunidades de lectores, niveles, lugares.
Otros, apuntando más al instrumento del asunto, defienden que por sobre todo la poesía es una circunstancia especial de lenguaje; que la literatura tiene algo de puro fingimiento; que otorga identidad y cosas tan importantes como conocimiento y conciencia, agrega Graciela Reyes. Aunque también se puede compartir con Beatriz Sarlo que la literatura padece el relativismo pos moderno y todo vale, todo puede ser literatura porque estamos en democracia. El mercado hace al lector y el lector al mercado, por lo tanto el autor y el crítico están subordinados a ellos.
Ojo, no confundir a Coca Sarli con Betriz Sarlo. No tienen nada que ver.
¿Entonces?
Algunos se jubilan repitiendo que sin ficción no hay literatura, pero las tres cuartas partes del canon literario vigente se meten al lote del vecino, o sea son historia, filosofía, sicología, política hecha y deshecha, estertores periodísticos, más que juego ficcional o fingido, mera construcción lingüística o búsqueda estética.
¿La literatura no es eso que hace uso anormal del lenguaje?
Sin embargo el escritor es el maestro de la lengua, saltan las maestras, manos en jarra. ¿La literatura no debía entretener? ¿Hay alguien que se pueda entretener con Rulfo -por extensión toda la literatura mexicana-, con los rusos, con Raymond Carver? Alguien que se haya reído con Residencia en la tierra o Canto General de Neruda, con Sábato o Walsh?
¿Y si fuera cierto que la definición de literatura siempre ha correspondido al lector, no al autor ni mucho menos al crítico o profesor?
En ese caso, literatura es la de los despreciados best seller. Esas serían las obras realmente literarias. Los más vendidos, los mejores. Coelho mejor escritor que García Márquez. Lejos. Chequeemos.
Los mejores libros deberían ser por consiguiente ¿los más traducidos en la historia? A ver:
Y estas obras, deberían corresponderse entonces con las más leídas, que según cifras publicadas por el portal AllTop.com, en los últimos 50 años, son estas:
1.- La Biblia: 3.900 millones de libros.
2.- Libro rojo de Mao- Tse Tung: 820 millones.
3.-La saga de Harry Potter: 400 millones.
4.- El señor de los anillos: 103 millones.
5.-El alquimista de Paulo Coelho. 60 millones
6.-El código Da Vinci: 57 millones.
7.-Crepúsculo: 43 millones.
8.-Lo que el viento se llevó: 33 millones.
9.-Piense y hágase rico, de Napoleón Hill: 30 millones de lectores.
10.-El diario de Ana Frank: 27 millones.
Estos libros que figuran en el ranking de los más leídos puestos a la mesa son una ensalada sin condimento; bibliografía de reiki, reflexiones de paredón, chismes políticos a la parrilla, crónicas policiales, denuncias matrimoniales que no prosperaron, arengas de pastores, esqueletos de futuras telenovelas adolescentes.
Estos libros que figuran en el ranking de los más leídos puestos a la mesa son una ensalada sin condimento; bibliografía de reiki, reflexiones de paredón, chismes políticos a la parrilla, crónicas policiales, denuncias matrimoniales que no prosperaron, arengas de pastores, esqueletos de futuras telenovelas adolescentes.
Sencillamente muestran lo que empresas editoriales, líderes políticos, religiones, comisiones autoconvocadas, lectores de pileta, críticos on line- dicen qué es la literatura y lo que se debe usar.
Qué comparten, para figurar en el mismo estante de la fama: El Principito, Ana Frank, Harry Potter, Los trabajos del reino, del mexicano Yuri Herrera (historia de un músico encargado de componer corridos para narcotraficantes), La virgen de los sicarios
del colombiano Fernando Vallejo (que dio lugar con su libro a un movimiento literario conocido como la sicaresca), con la saga de vampiros vegetarianos de Crepúsculo?
Volvamos a las preguntas originales de este ensayo
¿Qué es la poesía? ¿Qué es la literatura? ¿Qué es escribir?
En una entrevista publicada en El País, el periodista Jesús Ruíz Mantilla, enero de 2011, preguntó a 50 escritores por qué escribían. Las respuestas fueron en general tristes. Predecibles. Resumo para no aburrir: Para entender. Para amar y que te amen.Para saber, para conocer. Por miedo, por necesidad, por dinero. Para sobrevivir, porque no todo el mundo sabe bailar el tango, ni jugar bien al fútbol. Por costumbre, para matar la costumbre, por vivir otras vidas y revivir las propias. Por dar testimonio, porque no se sabe bien escribir. Porque el verbo provoca desasosiego (Nélida Piñón).Porque no se elige, como un amor (Amélie Nothomb). Por ser el masoquista que uno lleva dentro (Wole Soyinka).Por los arroyos y los torrentes de los libros leídos, cuenta Fernando Iwasaki, como forma de existencia, según Elvira Lindo. Para sentirse vivo y muerto, proclama Fernando Royuela.Se escribe porque algo impide que no se haga. Se escribe poesía porque hay alguien que tiene algo que decir. Porque solo así puedo pensar, dijo el argentino Andrés Neuman.
Suerte con la conclusión
Entonces ir tachando: no es algo que quepa en una definición de aula, a menos que saquemos algunos alumnos para afuera.
Poco que ver con la belleza. Eso que llaman canon (cuestión con la que mejor no nos metamos). Ni ahí con los sentimientos. Ni las ideas.
Nada que ver con los asuntos sublimes, como defendía a muerte el equivocado y anglófilo Harold Bloom. Entonces ¿qué es la poesía? Algunos/algunas llegan a pensar firmemente que la poesía es como las letras de Arjona y tiene que hablar de amor o ser un columpio personal. Una suerte de confesionario para los que no han pecado casi nada, un álbum de selfies de su maltratado, sensible corazón de mariposa condenada a las piedras pinchudas de un mundo volcánico con el que no tienen nada, pero nada que ver.
Hay poetas para todos los gustos y disgustos. Escritores que todavía no aprenden a leer y otros que no saben escribir, escritores con vista de rayos equis y escritores ciegos, escritores que duran menos en la vidriera que una oferta en cuotas fijas y escritores que llevan 30 siglos alimentando a la familia editorial.
Se escribe o hace literatura hoy con una pizca de ideas y demasiado papel, estamos librados a la suerte de la olla. Hay géneros como el teatro o la poesía que hay que buscarlos debajo de las mesas o cerca de los baños de las librerías, o bien wasapear a sus autores con el riesgo de encontrarse con un romántico canalla que todavía cree en la rima o peor, en el amor. Porque nosotros no sabemos qué es la poesía ni a dónde va, pero tampoco lo sabe bien el poeta malabarista de semáforo, el poeta visionario, el sensible poeta, ese ser especial que busca las estrellas en el pelo de una muchacha con casco.
Lectores que usan la literatura para dormir o despertar
Ni hablar de los lectores, esa fauna necesita un ecosistema especial. Hay lectores que leen para dormir y otros para despertar, o sea, usan a la literatura de clonazepam o despertador. Para espantar moscas o atraer a otra variedad de insectos. Lectores de un solo libro que lo buscan toda la vida en otros, lectores infieles que se entusiasman con cualquiera que se abra de páginas, lectores que quieren que los hagan reír, relajarse (el lector spa); lectores que están hartos de leer porque la literatura les salpicó la cabeza de pájaros, sus cabezas son un nido de hornero pero con libros.
Ni hablar de los lectores, esa fauna necesita varios artículos. Hay lectores que leen para dormir y otros para despertar, o sea, usan a la literatura de clonazepam o despertador. Para espantar moscas o atraer a otra variedad de insectos. Lectores de un solo libro que lo buscan toda la vida en otros, lectores infieles que se entusiasman con cualquiera que se abra de páginas, lectores que quieren que los hagan reír, relajarse (el lector spa); lectores que están hartos de leer ()
Lectores sodomitas, masoquistas (el lector de diarios, básicamente); lectores que leen y leen pero nunca entienden nada; lectores incapaces de madurar (con síndrome de Peter Pan), se pasan la vida tratando de permanecer inocentes a pesar de la pornografía literaria que les muestra cómo es la cosa en la cruda, televisada realidad. Lectores Caperucita o bella durmiente, el/la Dorian Grey; lector virgen o de resumen (o sea, el lector de la escuela secundaria). Lectores borgeanos (de política ni hablar, mejor nos extraviamos en un laberinto literario); lectores cortazareanos (del soneto a la revolución de Nicaragua traducida desde París); lectores nerudianos (optimismo, amor y paz), lectores ratoneros (de Bocaccio a Henry Miller y hasta las Cincuenta sombras de Grey, sin empacho). En fin, en fin, lectores que cuando leen escriben su vida, se tatúan las manos, se las lavan en el río anónimo, depurador de las palabras, o sea el lector Pilato.
¿Qué es la poesía?
Nadie puede saberlo. El poeta no es un pequeño Dios (Huidobro) sino apenas quien lo niega. Ni es la voz o el amigo de los pobres (Neruda). No es un salvador. El poeta, el escritor no es moral solo porque es escritor, más de una vez entrega su pluma para que hagan un plumero los del gobierno, le enciende un libro a cada santo para ser subsidiado con un milagro, es decir, un cargo en cultura u otra beca por el estilo. La mitad más uno podría estar preso por violencia de género y pueden vender a la madre por una nota en el diario o incluso convertirse en funcionarios de gobierno y citar a Saramago sin pestañar.
Es verdad que cuando se es joven juventud divino tesoro-/ya te vas para no volver/cuando llorar no lloro y a veces lloro sin querer-; verdad decíamos que en al alba de la vida casi todo poeta define el amor en la boca de una mujer (o varias, para no arriesgar).
Y jura que la poesía la esconde otra y hay que encontrársela.
Verdad que a los 30 y pico se cambia de musa y de panteón. Se prueba en el casino de los concursos, se apuestan los restos de la inocencia. Se llega a ser -como autor, como generación- transición.
Parodiando al chileno Jorge Teillier, se asume que se puede vivir poéticamente sin escribir poesía. O se puede escribir poesía sin vivir poéticamente.
Aunque no seamos Teillier ni Roque Dalton. Ni Cardenal. Ni menos Parra.
Ni siquiera llegamos a asomarnos a la ventana polarizada de los post boom.
Verdad que todo poeta -aunque de algo de escozor decir que se es poeta- se globaliza, se digitaliza, tarde o temprano empieza a desaparecer del espejo de sí mismo. Siguiendo la definición de Grinor Rojo, hacia los 90-2000 se hace contradictorio, resiste la caída del pelo, las ideologías, el fin de la historia (propia y ajena), la muerte del sujeto romántico.
Porque el poeta, el escritor, a fin de cuentas no es más que -según los críticos/ académicos/editores/otros autores- un protagonista neutro y contemplativo que acepta el desorden natural de las cosas, consecuencia de la uniformidad mundial lograda por el mercado y la cultura digital visual que ordena todo el planeta. La literatura en suma -lo mismo que su autor- es materia oscura en expansión.
Hasta es posible que la mentada literatura ni siquiera sea un género literario o una rama del árbol caído de las artes. Dudas, muchas dudas, pero entre las pocas certezas esta: el que quema libros, el que elabora listas de libros, el que dice esto se lee o no, solo puede ser alguien que por lo menos ya descubrió una verdad indiscutible: la literatura hace pensar. La literatura desobedece las reglas y está contra el orden y la disciplina social.
*Parte de este ensayo se presentó en el V Congreso realizado el día 9 de octubre de 2015, en las instalaciones del Centro de Educación e Investigación Lavalle, organizado por el Instituto de Educación Superior 9-024 en el Departamento de General Lavalle, Provincia de Mendoza.

¿por qué se escribe?
para defenderse de los fantasmas propios
de los ajenos
de los que trae el televisor
se escribe para salvar al mundo del mundo
al lector del escritor - al escritor del lector
se escribe porque se es un instrumento de los dioses
o de los hombres
para traer un mensaje de paz de esperanza (Amado)
para superar los complejos personales
para la foto
por el premio
por la inmortalidad
se escribe para ser libre en un país de tiranía (Arenas)
para no desintegrarnos en la nada (Sartre)
para poder llegar a saber este y otros porqués
porque es una escoba contra la muerte (Ba Jin)
para exorcizar sus/ tus/ mis demonios (Ray Bachchan)
para acortar el tiempo
para extenderlo
para no estar solo
para poder estarlo
por sacudirse el miedo
porque no estamos bien (Millás)
porque nos es revelado (Borges)
porque hay que salir a buscar las respuestas
o las preguntas
porque no se puede evitar
la vida

Dionisio Salas Astorga. Poemas sin clasificar, 2015 

ILUSTRACIONES DE PARÍS EN EL SIGLO XX

F. Schuiten Série d'illustrations pour la version luxe du livre de Jules Verne: Paris au XXe siècle: F. Schuiten Série d'illustrations pour la version luxe du livre de Jules Verne: Paris au XXe siècle:


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Radboud Reijseger

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