JULES VERNE

JULES VERNE

martes, 15 de marzo de 2016

Pintor emblemático

IGNACIO MERINO

Pintor emblemático

Fue el primer pintor peruano que supo del halago de la crítica europea gracias a su maestría en el manejo del color y la luz, patentizada en pinturas que han devenido en clásicas y hoy, por suerte, pueden admirarse en la Pinacoteca de la Municipalidad de Lima, que lleva su nombre en reconocimiento a su resonante trayectoria artística.
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12/3/2016

Domingo Tamariz Lúcar Periodista


Por otro lado, sus biógrafos lo consideran fundador de la escuela peruana y el primero de los pintores sudamericanos de su tiempo. Esta semana, más propiamente el?jueves?17, se conmemoran 140 años de su partida. La oportunidad no puede ser más propicia para recordar la trayectoria y la obra de este pintor acérrimamente peruano no obstante haber residido en París más de la mitad de su vida.



Ignacio Merino nació en Piura?el?30 de enero de 1817. Fueron sus padres Clemente Merino de Arrieta, militar y alcalde de la ciudad, y Micaela Muñoz de Ostolaza, que provenía de familias aristocráticas oriundas de Trujillo. Y en esa suerte sus progenitores, tan pronto el niño cumplió los 10 años de edad, lo enviaron a Europa. En París estudió en el colegio que regentaba el liberal español Manuel Silvela, hasta que concluyó su bachillerato. Fue a esa altura del camino que dio rienda suelta a la vocación que lo acompañó desde niño: la pintura.



En la Ciudad Luz recibió sus primeras clases de este bello arte en el atelier de Ray-mond Monvoisin, retratista romántico. El chico ya andaba por los 20 años y, antes de retornar al país, consideró conveniente visitar Italia para enriquecer sus conocimientos.



En 1838, de vuelta al Perú, ancló en Lima, y al año siguiente fue nombrado subdirector de la Academia de Dibujo y Pintura fundada por el virrey Abascal y que entonces dirigía el quiteño Francisco Javier Cortés. A la muerte de este, acaecida en 1841, Merino asumió la dirección de la Academia durante nueve años, lapso en el que tuvo como alumnos a futuros dignos representantes de la pintura peruana, como Luis Montero, Francisco Masías, Francisco Arrese y el célebre tacneño Francisco Lasso.



En esa época llevó al lienzo temas costumbristas y retratos de santos peruanos: santa Rosa de Lima, el beato Martín de Porres, entre otros. Pintó también Tapadas en el portal, Lima por dentro y por fuera, La entrada del general Orbegoso a Lima. Y en esa coyuntura conoció al pintor viajero alemán Mauricio Rugendas, quien –se cuenta– retrató a Merino dibujando en las calles de Lima.



En 1850 volvió a Europa, tal vez un tanto decepcionado por el pobre movimiento artístico de la capital del Perú. Contaba solo 33 años de edad y tenía aún mucho por aprender. Esta vez tocó el portón del taller de Eugene Delaroche, celebrado pintor de sucesos históricos, quien lo impulsó a inclinarse por la temática histórica, cosa que Merino hizo de entonces en adelante.



Se cuenta que en esa coyuntura Julio Verne imaginó el Perú gracias a Merino. Corría 1851?cuando?nuestro pintor presentaba en París sus dibujos costumbristas y, al verlos, el celebrado escritor ideó su novela Martín Paz, publicada en 1852 por capítulos en la revista Musée des Famillies.



En París, Merino obtuvo en la exposición de Bellas Artes de 1863?su mayor logro académico al recibir la tercera medalla de oro por su Cristóbal Colón ante los doctores de Salamanca, sin duda su creación más trascendente en este género de pintura (el lienzo se conserva en Lima, pues lo adquirió el presidente Balta).



Los años siguientes expuso sus obras con cierta periodicidad en los salones de París. De ellas sobresalió Hamlet, elogiada por la crítica; Latour, por ejemplo, dijo: “Ante el Hamlet de Merino, delante de esta obra grande y bella, que impresiona hasta hacer olvidar que Delacroix ha tratado el mismo asunto, es preciso decir: es una obra maestra, el más bello cuadro que se ha hecho en este género después de muchísimos años”.



Pero a esta altura del camino el artista se encontraba ya muy abatido por un mal en esa época incurable: la tuberculosis. Su preocupación se concentraba en terminar la Resurrección de Lázaro. Un mes antes de morir, donó todos los bienes que poseía a su ciudad natal, Piura, y sus cuadros (que se encontraban en su taller), a la Municipalidad de Lima. Esta colección sirvió de base para formar la Pinacoteca Municipal Ignacio Merino, donde figura la mayor parte de su obra. 



Ignacio Merino dejó de existir el?17 de febrero de 1876. Contaba solo 59 años de edad. Su tumba está en el cementerio de Père Lachaise, donde también fue enterrado nuestro genial poeta César Vallejo.


Fue el primer pintor peruano que supo del halago de la crítica europea gracias a su maestría.
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