JULES VERNE

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martes, 15 de marzo de 2016

Breve guía para comenzar a leer y no volverse hipster

Breve guía para comenzar a leer y no volverse hipster

@Teotihuachangomar 26 ene 2016 15:09
  
 
Foto propiedad de: Internet

Mi ingreso al mundo de la lectura fue una conspiración entre biología y crianza. Mi padre, un aficionado a la lectura, dispuso (quizá sin intención) que los libros juveniles estuvieran situados en la parte más baja del enorme librero que cubría una pared de nuestra casa. Ahí estaba una selección de textos de fácil lectura: Julio Verne, R.L. Stevenson, Conan Doyle, etc. Para la altura de un niño era perfecto, sin problemas podía sustraer uno de estos libros y jugar con sus páginas. Eran historias adecuadas para un infante inquieto.
En el anaquel superior se encontraban autores de mayor compromiso: Cervantes, Fuentes, Paz, Balzac, Dumas, Víctor Hugo, etc. Era una biblioteca limitada, clásica y sin mucha poesía ni filosofía. Cuando alcancé cierta estatura aquellos autores fueron mis cómplices de adolescencia, pude leerlos y progresivamente apreciarlos.
En la última sección del librero estaban las compilaciones de los diarios, un libro enorme de entrevistas, la colección completa de Alfonso Reyes y gruesos tomos de contenido visual: arquitectura, fotografía, escultura, etc. La veta periodística fue la más tardía en surgirme, supongo se debió también a la ubicación de dichos documentos dentro del librero familiar.
Del otro lado, ocupando casi la mitad del librero, el conocimiento científico: Enciclopedias inagotables. A veces las revisaba, cuando todavía no era tan popular usar Encarta u otro tipo de programas computacionales.

Esta inútil revisión autobiográfica es referenciada para explicitar mi gusto por la lectura. Del gusto pasé a la voracidad y de la voracidad a la costumbre. No por la cantidad, sino por el sabor, puedo hablar del acto de leer.

He escuchado que leer te hace mejor persona, que mejora tu ortografía y que te ayuda a viajar. No creo que te haga mejor persona, puedes leer “Bola de sebo” (Boule de souif) de Maupassant y seguir siendo un absoluto misógino imbécil; es posible leer “El hombre que fue jueves: una pesadilla” (The Man who was Thursday: A Nightmare) de Chesterton y seguir siendo un delincuente. No veo con esperanza socrática que la lectura te haga mejor persona. Te hace diferente, en todo caso, dada la soledad que requiere leer. Otorga nuevas perspectivas pero insisto, no mejores o peores que la de cualquier otro ser humano que no lee.

Es absurdo pensar también que somos mejores porque leemos. Hay un aire de superioridad en quienes han leído algunos libros porque creen que el que no lee es ignorante. Algunas veces hubiese preferido no haber leído “La Ciudad y los Perros” de Vargas Llosa a los 14…no volví a pensar en las armas o en las mascotas de la misma forma. Incluso puedo aseverar que leer muchas veces conduce a la infelicidad. Leer en serio te puede hacer sentir miserable si no tienes control para separar tu vida de la ficción de las letras. “El Aleph” de Borges me provocó hondas reflexiones que me llevaron a temporadas enteras de silencio y hermetismo.

En fin, los ávidos lectores deberían respetar la libertad de quienes simplemente no quieren leer. La poesía, por ejemplo, no me llegó por letras sino por la memoria prodigiosa de mi madre que me recitaba poemas enteros. A tardía edad comencé a consumir poesía en forma de libros, mi romance con los versos surgió de manera oral.
Aquí mi breve guía para comenzar a leer:

-No presumas que lees. En todo caso presume lo que sabes. Cargar un libro no te hace superior como cargar un rifle no te hace más fuerte.
-Leer libros no es la única vía de sabiduría. Mira a los campesinos que leen la tierra y las nubes y saben más que tú.
-No obligues a nadie a leer. Jamás. Sobre todo a los infantes. No los obligues porque quizá quieran aprender otras cosas.
-Si alguien te pide una recomendación literaria, no pienses en sugerir a tu autor favorito, piensa en un texto fácil que aunque no sea de tu agrado, sea atractivo para otros.
-El libro no es mejor que la película. Son dos cosas diferentes con la misma inspiración. Un libro es, por principio de identidad, un libro y una película…una película. Juzga cada arte en su arte.
-Está bien defender a tus escritores preferidos pero recuerda que a ellos no les importas, estén vivos o muertos.
-No critiques libros ajenos. Es de mal gusto.
-No todas las editoriales famosas son buenas ni todas las editoriales buenas son famosas.
-No cuentes el final.
-No discutas sobre los libros electrónicos. Es un debate inútil.
-Compra libros usados, es un acto de resurrección fraterna y de protección ambiental.
-Regresa los libros que te presten. En serio, regrésalos.
-Nunca te burles de un adulto que no sabe leer. Si puedes, enséñale.
-Si puedes, lee un poco de poesía cada día.
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