JULES VERNE

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miércoles, 30 de abril de 2014

PORTADAS DE LIBROS


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´O explorador´ revela datos inéditos sobre Julio Verne y su estancia en Vigo

´O explorador´ revela datos inéditos sobre Julio Verne y su estancia en Vigo

La TVG estrena esta medianoche una serie documental de ocho capítulos

24.04.2014 | 01:31
Turistas, fotografiándose en la estatua de Julio Verne en Vigo. // FdV
Turistas, fotografiándose en la estatua de Julio Verne en Vigo. // FdV
La Televisión de Galicia estrena esta noche, a las 00.15 horas, la serie documental "O explorador", en la que el actor Sergio Zearreta se convertirá en un divertido e intrépido "historiador de a pie" para indagar sobre diferentes hechos históricos relacionados con la comunidad gallega. El objetivo, según fuentes del nuevo programa de la TVG, es analizar hechos históricos de los que todo el mundo tiene un conocimiento genérico, pero sobre los que quedan "zonas de sombra, espacios oscuros o curiosidades" que nadie analizó por el momento.
La serie documental, de la productora Vudú Films, constará de ocho capítulos de 50 minutos de duración. En la primera entrega, el equipo del programa indagará y mostrará datos inéditos sobre la relación entre el escritor francés Julio Verne y la ciudad de Vigo. El escritor francés visitó en dos ocasiones Vigo y fue en su ría en donde situó una de las aventuras del capitan Nemo, quien se surte de los pecios del tesoro de Rande para financiar sus viajes a bordo del "Nautilus", el submarino de "20.000 leguas de viaje submarino". El programa intentará responder a preguntas como: ¿por qué Verne hablaba de un submarino veinte años antes de su invención?, ¿por qué eligió Vigo?, ¿qué conocía de la ciudad?
En próximas ediciones, "O explorador" analizará que hay de cierto sobre la teoría de que Cristobal Colón era gallego, narrará la historia de un joven gallego que se convirtió en el último pirata del Atlántico, indagará sobre el origen de Miguel de Cervantes y resolverá las dudas sobre Breogán y su papel en la fundación de A Coruña.

Entrevista a Julio Verne

lunes, 6 de agosto de 2012

Entrevista a Julio Verne


Julio Verne,  autor de tantos clásicos de la literatura de aventuras, repasa su historia y ofrece algunos conceptos sobre sus trabajos y sus autores predilectos.


¿Siempre quiso ser escritor?

Yo no puedo recordar la época en la cual yo no escribía, o al menos intentaba ser un escritor. Conoce que soy bretón de nacimiento. Mi padre estaba consagrado a la literatura y aún cuando era demasiado modesto para hacer algún esfuerzo por popularizar su trabajo, era un poeta. Quizás fue por esto que comencé mi carrera literaria escribiendo poesías -siguiendo, tal vez, el ejemplo de los literatos franceses en ciernes de la época-, las cuales tomaban la forma de tragedias en cinco actos. No obstante, aunque disfrutaba mucho el trabajo dramático, percibí desde el primer momento que no me traería nada en materia de fortuna. Y nunca he perdido mi amor por la escena y todo lo que esté conectado en alguna forma a la vida teatral. Una de las alegrías más reconfortantes que me ha traído mi historia como escritor ha sido, precisamente, la puesta en escena exitosa de muchas de mis novelas, en especial "Michel Strogoff" (Miguel Strogoff). Me han preguntado a menudo que fue lo que me dio la idea de escribir lo que, a la búsqueda de un nombre mejor, serían las novelas de género científico. Yo siempre me he consagrado al estudio de la Geografía, tanto como la mayoría de las personas se deleitan al estudiar la Historia o tomar partes en investigaciones históricas. Pienso que mi amor por los mapas y por los grandes exploradores me llevaron a componer la primera de la larga serie de novelas geográficas: "Cinco semanas en globo". Disfruté mucho al escribir la historia y debo agregar que tanto en aquella como en todas mis novelas, las cuales están basadas en una previa investigación, he tratado que los hechos narrados en ellas estén lo más cercano posible a la vida real. Una vez que la historia fue terminada le envié el manuscrito al conocido editor francés Jules Hetzel, quien leyó el cuento, se interesó en él y me hizo una oferta que yo acepté. Puedo decirle que este excelente hombre y su hijo se convirtieron y han continuado siendo mis grandes amigos y la casa editorial está por publicar mi septuagésima novela.

Creo que usted ha agregado sus laureles como dramaturgo a sus otros triunfos.

Sí, usted sabe que nosotros tenemos en Francia un proverbio que dice que un hombre siempre termina regresando a su viejo amor. Como le dije anteriormente, siempre siento un deleite especial con todo lo que tiene que ver con el mundo dramático; mi debut literario fue como dramaturgo y de las tantas satisfacciones que he recibido por mi labor, ninguna me dio más satisfacción que mi retorno a la escena.

¿Cuál de sus historias ha sido la más exitosa en el teatro?

"Miguel Strogoff" fue quizás la más popular. Se escenificó en varios lugares del mundo. Luego, "La vuelta al mundo en ochenta días" tuvo mucho éxito y más recientemente "Matías Sandorf" fue representada en París. Mi historia "Le Docteur Ox" (El Doctor Ox) fue tomada como base de una opereta hace unos diecisiete años. En una época yo mismo me encargaba de montar mis piezas teatrales, pero ahora mi contacto con el mundo teatral sólo se limita a visitar el teatro de nuestra ciudad. Debo admitir que en varias ocasiones buenas compañías de teatro nos han honrado en el pueblo con su presencia.

¿Su amor por la Geografía no lo previno que poseía una gran inclinación por las ciencias?

No me considero un científico, pero me siento afortunado de haber nacido en una época de descubrimientos notables y quizás de algunas maravillosas invenciones. Muchos fenómenos científicos aparentemente imposibles descritos en mis novelas se han convertido en realidad. Todo es una mera coincidencia, y sin dudas se debe al hecho de que incluso al inventar fenómenos científicos siempre he tratado de que todo parezca tan verdadero y simple como sea posible. En cuanto a la exactitud de mis descripciones debo eso en gran medida al hecho que, incluso antes de que yo comience a escribir una novela, siempre hago numerosos apuntes de cada libro, periódico, revista o reporte científico a los que tengo acceso. Estas notas eran y son clasificadas según el tema al que pertenecen. No tengo ni que decirle cuan valiosas han sido para mí muchas de ellas. Estoy subscrito a más de veinte periódicos y soy un asiduo lector de cada publicación científica. Incluso, además de mi trabajo, una de las cosas que más disfruto es leer u oír cualquier reseña sobre un nuevo descubrimiento o experimento en los mundos de la Ciencia, la Astronomía, la Meteorología o la Fisiología.

¿Cree que estas lecturas misceláneas le sugieren cualquier nueva idea para sus historias o depende usted totalmente de su propia imaginación?

Es imposible decir lo que lo hace pensar a uno en el esqueleto de una historia, a veces una cosa, a veces otra. Frecuentemente me ha ocurrido que he tenido una idea en mi cerebro durante años y han sido muchos años después cuando he tenido la oportunidad de desarrollarla en el papel, pero siempre que esto me pasa dejo plasmado una nota sobre la idea en cuestión. Por supuesto, yo sí he podido definir el principio de algunos de mis libros. Por ejemplo, "La vuelta al mundo en ochenta días" fue el resultado de la lectura de una propaganda turística que fue publicada en un periódico. El párrafo que llamó mi atención mencionó el hecho de que, actualmente, sería bastante posible que un hombre viajara alrededor del mundo en solo ochenta días. Inmediatamente se me ocurrió la idea de que el viajero, beneficiado por la diferencia horaria, podría adelantar o retrasar un día en el viaje. Fue esta idea inicial la que realmente dirigió toda la acción de la novela. Quizás recordará que mi héroe, el señor Phileas Fogg, debido a esta circunstancia llegó a casa en tiempo para ganar su apuesta, cuando él había imaginado que había arribado a Londres un día después.

Hablando de Phileas Fogg, al contrario de la mayoría de los escritores franceses, usted parece disfrutar dándole a sus héroes nacionalidad inglesa o extranjera.

Sí, yo considero que los miembros de la raza angloparlante siempre fabrican excelentes héroes, sobre todo cuando se trata de una historia de aventuras o de descubrimientos científicos. Admiro el aplomo y las cualidades de esa nación que siempre intenta ir hacía adelante, y que ha plantado el pabellón británico en una gran porción de la superficie del planeta.

Sus historias también difieren de las de sus coterráneos, considerando que en ellas el sexo femenino juega un pequeño papel.

Niego esa afirmación por completo. Tome por ejemplo a Mistress Branican y a las encantadoras jóvenes que aparecen en muchas de mis novelas. Siempre que haya alguna necesidad de introducir el elemento femenino, allí lo encontrará. El amor es una pasión absorbente y deja poco espacio para algo más en el corazón humano; mis héroes necesitan de mucho ingenio para llegar a sus propósitos finales y la presencia de una encantadora joven puede interferir en sus objetivos. Siempre he deseado al escribir mis novelas que ellas luego se pongan, sin la menor vacilación, en las manos de todas las personas jóvenes, y por esta razón he evitado escrupulosamente cualquier escena que provoque que un chico piense que a su hermana no le gustaría leerla.

En su biblioteca hay ejemplares muy usados de Homero, Virgilio, Montaigne y Shakespeare. También hay ediciones de libros de Fenimore Cooper, Dickens y Scott que denotan un uso constante. Además hay muchas de las más famosas novelas inglesas.

Estos libros le mostrarán cuan sincero es mi afecto por la Gran Bretaña. Toda mi vida me he deleitado con los trabajos del señor Walter Scott y le puedo asegurar que, durante una inolvidable gira a las islas británicas, pasé mis días más felices en Escocia. Aún veo, como en una visión, la hermosa y pintoresca Edimburgo, con el corazón de la ciudad y sus muchos recuerdos memorables; la región montañosa Highlands y las salvajes Hébridas. Por supuesto, para alguien que está familiarizado con los trabajos de Scott existen muy pocos distritos de su tierra nativa que no tenga alguna asociación con el escritor y su trabajo inmortal.

Me gustaría que me diera usted su opinión acerca de los libros de aventuras que leen en nuestro tiempo los jóvenes. Por supuesto, usted sabe que Inglaterra lleva la delantera con respecto a este tipo de literatura.

Sí. De hecho, muy notable con ese clásico, admirado por igual tanto por jóvenes como por adultos, llamado "Robinson Crusoe". Desde mi punto de vista, el gran mérito del libro es que fue al parecer la primera historia escrita sobre el tema. Todos nosotros hemos escritos sobre robinsones; es una pregunta discutible si cualquiera de ellos hubieran visto la luz de no haber tenido un prototipo tan famoso.

¿Y en qué lugar ubica al resto de los escritores ingleses de novelas de aventuras?

Infelizmente, solo he podido leer aquellos trabajos que han sido traducidos al francés. Nunca me canso de leer las obras de Fenimore Cooper; algunas de sus novelas merecen la verdadera inmortalidad y estoy seguro que serán aún recordadas mucho después de cuando los llamados gigantes literarios de estos tiempos sean olvidados. Disfruto mucho las animadas historias del capitán Marryat. Debido a mi desafortunada incapacidad de leer en inglés no estoy tan familiarizado, tanto como debo estarlo, con autores como Mayne Read y Robert Louis Stevenson. No obstante, de este último me gusta mucho "Treasure island" (La isla del tesoro), de la cual poseo una traducción. Cuando la leo me parece que la obra tiene una frescura extraordinaria en el estilo y un poder enorme. No he mencionado al escritor inglés que considero como el maestro de todos. El es Charles Dickens. Considero que el autor de "Nicholas Nickleby" y "David Copperfield" posee sentimiento, humor, argumentos y poder descriptivo. Cualquiera de estas características le hubiera elaborado una buena reputación a cualquier mortal menos dotado; pero insisto nuevamente, él es uno de aquellos cuya fama pudiera irse desvaneciendo pero nunca desaparecerá.

¿Ha seguido usted alguna vez el ejemplo de tantos de sus propios personajes, viajando, como fácilmente podría haber hecho, por varios lugares del mundo?

Sí, de hecho soy un aficionado apasionado a los viajes. En algunas ocasiones pasaba una gran parte de cada año navegando en mi yate, el St. Michel. Puedo decirle que soy devoto del mar y no puedo imaginar nada más ideal que la vida de un marinero. Pero junto a la edad me llegó un amor fuerte por la paz y la quietud y... ahora sólo viajo con la imaginación.

http://diegosandro.blogspot.com/2012/08/ya-como-escritor-consagrado-julio-verne.html  Hacer click para ver el video

Diego Sandro
DIEGO HERNAN SANDRO Periodista, participó en las revistas literarias Brotes, Mandeb, Letralia, la española Quimera; ganador del primer Premio Cabral de literatura y de la Olimpíada Nacional de lectura del año 2000 organizada por la Biblioteca Nacional (Argentina). En radio participó en las audiciones ¿Quién le responde al pueblo?, Resumen Deportivo, Una tarde mas, A primera hora y Ascensores y realizó locución de informativos y coberturas de partidos de fútbol. Estudió en la Universidad Nacional de La Matanza.


De la Tierra a la Luna

De la Tierra a la Luna

De la Tierra a la Luna es una novela «científica» y «satírica» del escritor Julio Verne, publicada en el “Journal des débats politiques et littéraires” desde el 14 de septiembre hasta el 14 de octubre de 1865, y como un solo volumen el 25 de octubre de ese mismo año. El 16 de septiembre de 1872 se presentaría una edición doble con “Alrededor de la Luna” (“Autour de la Lune”), su continuación, que habría aparecido en 1870 de manera seriada.La obra, que comienza como una sátira del estereotipo estadounidense de la época, es un intento de describir por primera vez con minuciosidad científica los problemas que hay que resolver para lograr enviar un objeto a la Luna. Un intrépido proyecto aviva los corazones de los miembros del Gun-Club. Se trata de enviar a la Luna un proyectil que, auxiliado por el monstruoso cañón Columbiad, hará la función de una auténtica nave espacial para hacer realidad en el siglo XIX un viejo sueño: atravesar el espacio y descubrir un mundo lunar hasta entonces en penumbras…

 De la Tierra a la Luna

Esta novela se publicó en el “Journal des Débats Politiques et Littérairs”, y no en la “Magasin d’Éducation et de Récréation” (“Magazín de ilustración y recreo“) como las demás novelas de los “Viajes extraordinarios“, debido a que, en el tiempo en que se publicó, seguía publicándose en esta revista “Las aventuras del capitán Hatteras“. La novela trata como varios miembros del Gun-Club (dedicado a la confección de armas de guerra) se encuentran sin trabajo y se ponen manos a la obra con la construcción del mayor cañón del mundo jamás creado. Junto con el secretario, J. T. Maston, y tras ser informados de los detalles astronómicos por el observatorio de Cambridge, deben resolver una serie de cuestiones: características del cañón, forma y tamaño del proyectil, clase y cantidad de pólvora, ubicación del sitio de lanzamiento o financiación de la empresa.
File:Jules Verne in 1892.jpg
Verne en 1892
La factibilidad del proyecto es cuestionado por el capitán Nicholl, enemigo acérrimo de Barbicane (si el segundo es constructor de proyectiles, el primero lo es de corazas y escudos) el cual hace una serie de apuestas a Barbicane acerca del éxito del proyectil. Tras conseguir el dinero necesario en una suscripción internacional, el gigantesco cañón es forjado en el suelo de la Florida. De pronto, aparece un francés, Miguel Ardan, con el deseo de viajar en el proyectil. Tras un dramático duelo entre Barbicane y Nicholl, Ardan los convence de que olviden sus rencillas y viajen con él a la Luna. El proyectil es modificado para permitir que los pasajeros puedan soportar el viaje. Antes de ser lanzado el proyectil, J.T. Maston se queda en él unos días. Cuando termina su misión, ha engordado. Finalmente, el proyectil es lanzado. J. T. Maston, en el observatorio construido en las Montañas Rocosas para la ocasión, intenta ubicarlo con el telescopio y, cuando lo logra, sufre una desilusión: el proyectil no ha llegado a su destino, sino que se ha convertido en satélite de la Luna.En los temas vernianos tratados tanto esta novela comoAlrededor de la Luna sorprenden por el número de anticipaciones que presenta Julio Verne como el lugar del lanzamiento del proyectil, muy cercano al Cabo Cañaveral, lugar de lanzamiento de la NASA hoy en día. Otra novela espacial es Héctor Servadac.
File:From the Earth to the Moon Jules Verne.jpg
Portada del libro
Destaca la fe que en esos días mantenía en torno a la armonía entre países, ya que la suscripción internacional para patrocinar el lanzamiento, se muestra una lista enorme de todos los países sin importar su rivalidad con la ya entonces potencia de los Estados Unidos, o si eran países en vías de desarrollo como los latinoamericanos. A partir de esta novela empieza a ser evidente el interés de Verne por colocar un francés en todas sus obras. En las anteriores no había sido así, pero a partir de ésta aparece un francés en la mayoría de ellas: La vuelta al mundo en 80 díasHéctor ServadacLa invasión del marClaudio BombarnacCesar CascabelMiguel StrogoffEl pueblo aéreo, Esta novela inaugura la primera trilogía de Verne: la historia continúa en “Alrededor de la Luna” y, posteriormente, retoma Verne a sus personajes para otra aventura muy distinta, como es cultivar el Polo Norte tras cambiar la inclinación el eje de la Tierra con un cañonazo en la novela “El secreto de Maston“…[1]
La Factoria Historica

[1] El observatorio más antiguo de que tenemos noticia es el de la torre o zigurat de Belo, en Babilonia, en el cual los astrónomos caldeos hicieron sus principales observaciones. Es dudoso que los griegos tuviesen un observatorio en Alejandría, pero es cierto que los construyeron los árabes, los chinos y los mongoles. Fue célebre el de Bagdad, emplazado en los mismos jardines del Califa. En cuanto a los observatorios de Europa, tal vez sea el más antiguo la famosa Torre de Sevilla construida por el astrónomo Mohamed Geber, que sirvió por espacio de muchos siglos para las observaciones astronómicas de los árabes y los españoles. Más modernamente construyó uno en 1561 el landgrave de Hesse-Cassel Guillermo IV, y en 1576 levantó Tycho Brahe el famoso que llamó Uranienburgo en la isla de Hiren, entre Copenague y Malmoe, en el Sund, a la entrada del Báltico. Históricamente los observatorios han contenido sextantes como herramientas o piedras alineadas con ciertos fenómenos astronómicos, como es el caso de Stonehenge. Los modernos observatorios astronómicos contienen enormes telescopios (con espejos de varios metros de diámetro) y ordenadores para el procesamiento de los datos obtenidos. Ejemplos de observatorios de este tipo son el Mauna Kea en Hawái, Observatorio del Roque de los Muchachos y Observatorio del Teide en las Islas Canarias, Cerro Tololo y Cerro Pachón en Chile. En España el Observatorio Astronómico Nacional y el Observatorio Astronómico de San Fernando (Cádiz) cuentan entre los más conocidos y activos, algunos de ellos dedicados también a la divulgación y enseñanza de la Astronomía. A comienzos de la década de los años 1940, se empezaron a construir radiotelescopios para detectar y estudiar radiofuentes en el Universo. El mayor radiotelescopio del mundo se encuentra en Puerto Rico; se trata del Radiotelescopio de Arecibo. El mayor centro de Radiotelescopios está en Chajnantor, Chile. Con los últimos adelantos científicos ha sido posible enviar telescopios e instrumentos de observación celeste fuera del planeta Tierra, como el Telescopio Espacial Hubble

CUANDO MONTURIOL Y PERAL INVENTARON EL SUBMARINO

viernes, 18 de abril de 2014

CUANDO MONTURIOL Y PERAL INVENTARON EL SUBMARINO




HISTORIA DE LOS SUBMARINOS ESPAÑOLES

Por: Javier Coria

El más antiguo proyecto de inmersión submarina del que se tiene noticia en nuestro país nos lleva al reinado de Carlos V. Según Francis Bacon, el monarca presenció unas pruebas en las aguas del río Tajo en el Toledo de 1538, acontecimiento rodeado de una aureola mágica; pero no sólo el filósofo y estadista inglés nos dio noticia de ello, sino que el Opusculum Taisnieri publicado en Colonia en 1562, nos dice: “Dos griegos entraron y salieron varias veces del fondo del Tajo, sin mojarse y sin extinguirse el fuego que llevaban en sus manos”. Parece ser que los primitivos buzos utilizaron un artilugio en forma de campana. Siglos más tarde, la llamada “Campana catalana” fue otro de los ingenios que se sumergieron con éxito en el Mediterráneo en 1678. La primera víctima española de la investigación submarina fue el catalán Cervó, que se sumergió en una esfera de madera con paredes acristaladas en el puerto de Barcelona y murió aplastado por la presión del agua. Corría el año de 1831. (1)

Por su parte, el arma submarina española nació en 1915 con la llamada “Ley Miranda” refrendada por el rey Alfonso XIII. El ministro de Marina, el almirante Augusto Miranda y Godoy, fue el que propuso la construcción de 24 submarinos y la compra de 4 más en el extranjero. La creación de esta nueva arma fue encargada al capitán de corbeta Mateo García de los Reyes. El primer submarino construido enteramente en España fue el “B-1”, que entró en servicio en 1922.

Augusto Miranda 

Los submarinos experimentales españoles no pasaron de la fase de pruebas por la falta de apoyos industriales, económicos y políticos. El histórico déficit español en el desarrollo científico-técnico y la convulsa realidad sociopolítica de las épocas en que vivieron nuestros pioneros, no posibilitaron la construcción industrial de los prototipos. Cuanta razón tenía nuestro premio Nobel Santiago Ramón y Cajal cuando dijo: “Al carro de la cultura española le falta la rueda de la ciencia”. Aún así, pese a lo dicho, podemos afirmar que el catalán Monturiol y el murciano Peral idearon los primeros submarinos de la historia dotados con los avances necesarios para hacer factible los submarinos modernos.

Narcís Monturiol

EL ICTINEO O BARCO PEZ

La polémica sobre la primacía del invento del submarino siempre acompañó a las figuras de Monturiol y Peral, pero, sin embargo, el siguiente dato muestra la grandeza de los dos pioneros españoles.  En una carta dirigida al presidente del Club de Regatas de Barcelona, fechada el 18 de febrero de 1889, Isaac Peral rinde homenaje a Monturiol de esta forma: “Ya que no le fue dado a aquel insigne patricio recoger en vida el fruto de sus afanes, a los que sacrificó salud y bienestar, justo es que la actual generación subsane aquel olvido; por mi parte, haré con este objeto cuanto humanamente pueda, empezando por rendir a su genio el tributo de admiración a que es tan acreedor”.

Narcís Monturiol Estarriol (Figueres 1819 – Barcelona 1885) estudió leyes, pero nunca se dedicó a ellas siendo sus principales actividades la política, el estudio de la física y los inventos, aunque también ejerció de periodista, impresor, escritor y pintor. Republicano y masón, Monturiol fue el introductor en España de las ideas icarianas del socialista utópico francés Étienne Cabet. Con el objeto de difundir esta ideología publicó, en 1847, el periódico La Fraternidad, que fue clausurado por el gobierno de Isabel II durante las revoluciones europeas de 1848. Las insurrecciones en España y la dura represión del general Ramón María Narváez hicieron que, un Monturiol, activista entusiasta y apasionado, tuviera que exiliarse en Perpiñán. Acogido a una amnistía volvió a Barcelona al año siguiente, fundando el periódico El padre de familia, que tuvo que cerrar ante las continuas multas y censuras. En 1850, es cuando comienza a trabajar en sus primeros inventos mecánicos, pero su actividad política le obliga a esconderse en Cadaqués (Girona), durante los años 1855-57.

Ictíneo 1

Ictíneo 2

Ictíneo 3

Estando en la villa ampurdanesa, Monturiol se fijó en la dificultad que tenían los pescadores de coral para realizar su oficio y comenzó los trabajos para construir una nave submarina. En 1858, publicó sus estudios en el opúsculo El Ictíneo o barco pez. Al año siguiente, con el equivalente 100 mil pesetas que recaudó entre sus amigos (la peseta se aprobaría como moneda de curso legal en España 10 años después, en 1868), construyó el Ictíneo y lo probó en las aguas del puerto de Barcelona. Esta primera nave experimental tenía unas hélices accionadas a mano por 12 tripulantes, y realizó más de 50 inmersiones en aguas de Barcelona y Alicante.  El entusiasmo popular y el favor de la prensa obligaron al gobierno de la reina Isabel II a prometer ayudas oficiales para el invento, aunque estas ayudas no llegaron nunca a pesar de que el Ictíneo contaba con los parabienes de gentes tan influyentes como el catedrático de anatomía, filósofo y escritor José de Letamendi – que fue maestro de Pío Baroja - o el general y senador Domingo Dulce. En los años de 1860-61, se sucedieron pruebas con presencia de autoridades políticas y militares, precisamente Leopoldo O’Donnell, presidente del Consejo de Ministros, fue el que vio las posibilidades bélicas del invento.



Monturiol dedicó una memoria a los Ictíneos de guerra, aunque su motivación y esfuerzos iban dirigidos a conseguir una nave submarina civil que facilitara el trabajo y rescate de los marineros, así como la investigación y exploración submarina. No sólo la industria armamentista parecía tímidamente interesada en desarrollar un navío submarino, si no que hasta principios del siglo XX, fue considerado una forma indigna de combatir. Las ayudas oficiales no llegaron y los diputados catalanes se dirigieron al gobierno sin resultado, el propio inventor publicaría una súplica dramática y un tanto ingenua en la prensa de la época. Se formaron juntas técnicas en las cuatro provincias catalanas y se abrió una suscripción popular. En 1864 se fundó la empresa “La Navegación Submarina”, con los socios Monturiol, Font, Altadill y Compañía y comenzó la construcción del ictíneo II. Éste fue el primer submarino con motor de combustión propulsado por vapor y peróxido. En superficie navegaba a vapor y sumergido el motor utilizaba un preparado químico de clorato potásico, zinc y peróxido de manganeso. Lo novedoso del sistema era que el oxígeno liberado por la reacción de la hélice, convenientemente tratado, era utilizado para que pudiera respirar la tripulación y para alimentar, además, un motor auxiliar. Hasta 1867 se estuvieron realizando pruebas donde el Ictíneo II bajó a 50 metros de profundidad permaneciendo 5 horas sumergido, incluso se hicieron pruebas de tiro con un cañón giratorio inventado por el propio Monturiol.


OLVIDO Y POBREZA

Pese al éxito de las pruebas, ni la Armada Española ni el gobierno se interesaron por el invento. Las nulas dotes financieras del inventor y las presiones de algunas cancillerías extranjeras, que no veían con buenos ojos que España se adelantara en el desarrollo de un arma submarina, terminaron por arrinconar el invento. Monturiol escribiría: “Dejo por herencia en este mundo el Ictíneo, Ictíneo completo y exclusivamente mío, sobre todo en sus dos partes esenciales: la que se refiere a la producción indefinida de oxígeno y la de estar animado de un motor submarino; Ictíneo apto para las aplicaciones industriales. Mis fuerzas no llegaron a más, y a pesar de que he aspirado a trabajos de mayor transcendencia, el sentimiento de mis deberes quedaron satisfechos”.

Pese a los reveses y las penurias económicas, el carácter idealista y emprendedor de Monturiol no tenía límites y siguió escribiendo memorias –hasta nueve- sobre el submarino y trabajando en inventos como un tranvía funicular o un velógrafo. Proclamada la Primera República en 1873, fue elegido diputado a Cortes teniendo sus amigos que recabar fondos para costear su viaje y estancia en Madrid.  Ese año fue nombrado director de la Fábrica Nacional del Sello e inventó un sistema para mejorar la fabricación del papel engomado. Al caer la república en 1874 perdió el cargo y volvió a Barcelona. Siguió publicando periódicos progresistas y trabajando sobre un proyecto para traer a la ciudad las aguas del río Ter, y en un procedimiento para conservar la carne. (2)


El 6 de septiembre de 1885, murió rodeado de sus familiares, pobre e ignorado. Su último aliento lo pasó corrigiendo y buscando, infructuosamente, un editor para su última memoria: Ensayo sobre el arte de navegar por debajo del agua. Se publicó póstumamente en 1891. Los ictíneos fueron embargados y vendidos como chatarra. Fue enterrado en el cementerio de Poblenou de Barcelona en un humilde nicho al que, muchos años más tarde, se le añadiría una lápida con las proezas del inventor: “Aquí yace don Narciso Monturiol, inventor del Ictíneo, primer buque submarino, que navegó por el fondo del mar en aguas de Barcelona y Alicante en 1859, 1860, 1861 y 1862”. No fue hasta el año de 1972, que sus restos fueron trasladados a su ciudad natal y las estatuas y honores llegaron, como siempre, tarde.



EL SUBMARINO PERAL

“El invento de la navegación submarina está resuelto por Peral”. De esta forma tan tajante se expresaba el Capitán General del departamento de Cádiz, el vicealmirante Florencio Montojo y Trujillo, en un telegrama enviado al ministro de Marina, el también vicealmirante Rafael Rodríguez Arias, tras asistir a las pruebas del submarino Peral que se realizaron en la bahía de Cádiz en 1888, cosa curiosa porque Montojo fue uno de los que se opusieron al invento de Isaac Peral, pero antes de este hecho tenemos que remontarnos al incidente de las islas Carolinas (Micronesia).

El 25 de agosto de 1885, el cañonero alemán “Iltis” llegó a las islas Carolinas, de soberanía española, estableciendo un puesto en la isla Yak donde izaron el pabellón alemán reclamando la plaza para el káiser Guillermo I. La mediación del Papa León XIII terminó con la disputa a favor de España, curiosamente en 1899 venderíamos esas islas a los propios alemanes por 25 millones de pesetas. El conflicto internacional levantó una oleada de patriotismo y masas de manifestantes pidieron declarar la guerra a Alemania, pero la realidad es que ni el ejército ni la marina española estaban en situación, ni moral ni material, de acometer conflictos bélicos. Consciente de esta debilidad, el teniente de navío Isaac Peral y Caballero (Cartagena 1852-Berlín 1895) vio la oportunidad de enviar su propuesta de submarino en la que, siguiendo las investigaciones de Monturiol, llevaba trabajando unos años. El entonces ministro de Marina, el vicealmirante Manuel de la Pezuela y Lobo, mandó llamar a Peral para que fuera a Madrid a presentar el proyecto, cosa que hizo en septiembre de 1885. La salida del gobierno ese mismo año de Pezuela dio carpetazo al proyecto y Peral volvió a dar clases en la escuela naval. El inventor tuvo que financiar sus investigaciones con el sueldo de 2.000 pesetas que percibía y que, a duras penas, le alcanzaba para alimentar a su esposa y sus cinco hijos.

Submarino Peral

No será hasta 1886, cuando volvió a ser llamado a Madrid, que sus investigaciones recibirían el apoyo oficial. Los cambios propuestos por una junta técnica desagradaban a Peral, pero no tuvo más remedio que aceptarlos para poder recibir los fondos públicos que le ayudaron a seguir con su invento. En abril de 1887, la reina María Cristina firmó el decreto de construcción del submarino. La dotación económica fue de 600.000 pesetas. La propia reina se entrevistó en dos ocasiones con Peral y le demostró un gran entusiasmo para con su invento, cosa que no sirvió de mucho, como veremos más adelante. En octubre de 1887, se comenzó la construcción del submarino en el Arsenal de la Carraca (Cádiz). El 8 de septiembre de 1888 tuvo lugar la botadura de la nave realizándose diversas pruebas durante un año. Los ensayos de navegación y misiones de ataque simulado fueron un éxito, aunque se detectaron algunos fallos en la propulsión eléctrica. El proyecto inicial sufrió numerosas variaciones y las pruebas fueron seguidas con mucha expectación pública. En la prensa se enfrentaron dialécticamente defensores y detractores del invento, incluso se realizaron sabotajes que fueron descubiertos por los ayudantes de Peral. En 1890, casi estaban cumplidos los objetivos previstos en los experimentos, pero en la cúpula dirigente de la Armada ya se maniobraba para abandonar el proyecto. El 7 de junio de ese año de 1890 se disparó desde el submarino Peral el primer torpedo, en inmersión, de la historia.

El Peral funcionaba con propulsión eléctrica que le proporcionaban dos motores de 30 CV cada uno y que movían dos hélices gemelas. La refrigeración de los motores se hacía con aire comprimido, y alcanzaba los 8 nudos en superficie bajando a una cota máxima de 30 metros de profundidad. La autonomía era de 200 millas a 3 nudos con un solo motor, y 132 millas a 6 nudos con los dos motores. Estaba artillado con un torpedo en proa y tres torpedos Schawarzkopk en popa. La dotación era de 12 tripulantes. El periscopio, el giroscopio eléctrico y otros avances técnicos, hacían del submarino Peral un compendio de inventos.


FAMOSO COMO UN TORERO

La popularidad de Isaac Peral fue tan grande que era esperado a las entradas de los hoteles para vitorearlo como se hacía con las figuras del toreo de la época, pero a la par que crecía su popularidad, la visceralidad de sus enemigos se hacía patente entre sus propios compañeros de la Armada y la prensa conservadora. Las críticas públicas se sustentaban en las supuestas carencias técnicas del militar al no ser un ingeniero naval, pero en las salas de Banderas y algunos despachos se acusaba a Peral de ser republicano y masón. Para tener una idea de las intrigas políticas a las que se tuvo que enfrentar el inventor, valga el ejemplo siguiente y que fue determinante en los acontecimientos posteriores: Los amigos de Peral, en vista de su popularidad, lo convencieron para que se presentara como candidato a Cortes por el distrito del Puerto de Santa María. Claro que su competidor directo era el hijo del ministro de Marina. El citado ministro, del gobierno conservador de Cánovas, era José María Beránger. Éste convocó en Madrid a Peral y, en un claro acto de nepotismo, le conminó a que desistiera de presentarse a las elecciones. Curiosamente, la nueva junta técnica que se convocó para valorar el proyecto declaró que el submarino experimental no servía para nada y, de acometer una nueva construcción del mismo, esto se haría sin el concurso del sabio cartagenero. La junta, cómo no, estaba presidida por el ministro Beránger.

FINAL DEL INVENTO Y DEL INVENTOR

El 11 de noviembre de 1890, se promulgó un decreto que dio fin a los proyectos de navegación submarina. Enfermo y cansado de intrigas y envidias, Peral destruyó sus planos solicitando posteriormente la baja en la Armada, que se hizo efectiva el 5 de enero de 1891. A pesar de todo fundó una empresa llegando a patentar varios inventos como un acumulador eléctrico y una ametralladora también eléctrica. En 1895, viajó a Berlín para ser operado de un tumor cerebral muriendo en el posoperatorio el 22 o el 24 de mayo. Trasladados los restos, con gran solemnidad a España, fueron depositados en el panteón familiar del cementerio de la Almudena (Madrid). Posteriormente fueron exhumados los restos y enterrados en su ciudad natal, en el cementerio de los Remedios de Cartagena (Murcia), donde descansan hoy. Incomprensiblemente, Isaac Peral no fue enterrado ni en el Panteón Nacional de Hombres Ilustres de Atocha (Madrid), ni en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando (Cádiz). Una vez más, la injusticia y el olvido son el colofón a una vida dedicada al progreso técnico y científico de este país.

Submarino Peral

Al final de la Primera Guerra Mundial, el comandante del crucero corsario alemán “Emden”, Karl von Müller, leyó un texto ante la tumba de Peral en Cartagena: “Llegado ayer a este hermoso puerto, quiero que mi primer salto a tierra sea para visitar la tumba de mi gran maestro y admirado inventor de la navegación submarina, don Isaac Peral que dotó a su país de arma tan poderosa”.

OTRO SUMERGIBLES ESPAÑOLES


Cosme García Sáenz (1818-1874). Ingeniero e inventor nacido en Logroño (La Rioja). García se encontraba en Barcelona donde se había trasladado para comercializar una máquina matasellos de su invención, cuando tuvo noticia por la prensa de los experimentos con campanas de buceo y las pruebas del sumergible “Diablo Marino”, que Bauer realizaba en Rusia. Todo esto, como verán por las fechas, era contemporáneo a los experimentos de Monturiol, claro que el Ictíneo fue algo más que una campana de buceo. El riojano decidió emplear los 45.000 duros que le dieron por su máquina matasellos en la construcción de un bote submarino llamado “Garcibuzo”. En 1858 y reinado Isabel II, el artilugio, propulsado por un motor de resorte y un peso sumergido, se probó en el puerto de Barcelona con éxito. Luego realizó otro prototipo más grande construido en la Compañía Terrestre y Marítima pero cuya patente se hizo en París, en el año 1859. 

Planos del "Garcibuzo"

Probado en aguas de Barcelona, el prototipo se embarcó en un buque y llevado a aguas del puerto de Alicante, donde se presentó ante las autoridades civiles y militares en 1860. Después de varias gestiones ante el gobierno, que incluyó una visita a la reina Isabel II, le dijeron que no podían financiar el invento. Los gastos producidos durante la guerra de África habían dejado las arcas públicas bajo mínimos. Años más tarde y arruinado, el inventor y su hijo quemaron los planos y hundieron el prototipo en las aguas de Alicante. Las autoridades portuarias les habían comunicado que su “cachivache”, atracado en el puerto, entorpecía el tráfico marítimo.

Antonio Sanjurjo Badía

Antonio Sanjurjo Badía (1837-1922). Éste coruñés, fundador de los talleres “La Industriosa” de Vigo y amigo personal de Julio Verne -según fuentes familiares, pero no confirmado documentalmente- durante años estuvo trabajando en el proyecto de una especie de campana sumergible que fue llamada la “Boya lanzatorpedos Sanjurjo-Badía”. El artilugio submarino, que aún se conserva en la empresa familiar, fue probado con éxito en la Ría de Vigo el verano de 1898, con la presencia de las autoridades civiles y militares, como recogió el Faro de Vigo en una crónica periodística. Esta especie de batiscafo se sumergió durante una hora y media y navegó a 2 nudos. 

Sanjurjo en la ría de Vigo

La "Boya" de Sanjurjo

La "Boya" de Sanjurjo en la actualidad

El temor de que la flota yanqui hiciese alguna incursión de castigo en las costas españolas durante la Guerra Hispano-Estadounidense motivada por el conflicto de la independencia de Cuba (1895-1898), aceleró las pruebas que estuvieron rodeadas por un gran ambiente de exaltación patriótica. Gracias a que en diciembre de ese mismo año se firmó la paz en el Tratado de París, y la flota de Estados Unidos no apareció por la Ría de Vigo se evitó una desgracia porque, según los expertos, la propagación de la onda expansiva de la mina en el agua hubiera destruido el artefacto con la tripulación dentro.

Álvarez Ruíz

Adrián Álvarez Ruíz (1884-1950). Éste obrero de Palencia emigró a Madrid allá por el año 1932, donde fue capataz de la empresa ferroviaria “MZA”, antecedente de la actual RENFE. Gran lector de Julio Verne dedicaba su tiempo libre a sus inventos, tales como un dispositivo para la regeneración del aire de las naves siniestradas, lo que alargaba la vida de los submarinistas accidentados mientras esperaban el rescate. Varias potencias extranjeras pujaron por la patente, entre ellas la Alemania nazi, pero el inventor rechazó estas propuestas porque quería que su invento se quedara en España. 


Álvarez Ruíz en "El tanque submarino"

Álvarez dotó del dispositivo a su “Tanque submarino”, que se probó ante 15.000 personas en el lago de la Casa de Campo de Madrid, en 1932. A primeros del año siguiente hizo lo propio en un estanque artificial construido en la plaza de toros de Las Arenas de Barcelona. Como ocurrió con muchos de estos pioneros a la hora de vender sus patentes, las instituciones españolas se pasaron la pelota de una a otra y Álvarez, finalmente, patentó su invento en Inglaterra en 1947. Claro que su dispositivo ya había sido superado por los desarrollados durante la contienda europea, como elschnorkel de los alemanes.

NOTAS:

1) La primera víctima internacional fue el carpintero John Day, que murió aplastado por la presión en el sumergible “María” que construyó en Plymouth (Inglaterra), el 20 de junio de 1774.

2) La fórmula, que funcionaba, fue robada por un colaborador y patentada en Londres cuando Monturiol ya había fallecido. El ladrón y sus descendientes se hicieron multimillonarios.


Publicado originalmente en la Revista Rambla