JULES VERNE

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martes, 26 de febrero de 2013

Orígenes de la ciencia ficción

Orígenes de la ciencia ficción
Posted: 27 Jan 2013 10:48 PM PST
La referencia más antigua que se conoce de la narración de un viaje a la Luna corresponde a Las maravillas más allá de Thule, escrita aproximadamente en el siglo II por Antonius Diógenes
Como astrónomo aficionado que soy, un día se me ocurrió presentar en la sociedad astronómica a la cual pertenezco una plática sobre ciencia-ficción, en donde presentaba temas que para mucha gente su primer contacto con ellos fue en una película o en una serie de televisión de ciencia-ficción. En mi caso personal puedo mencionar que la primera vez que escuché sobre la antimateria fue en un capítulo de aquella serie de televisión de los años 1960s y que en México la vimos en los 70s “Perdidos en el espacio”. ¡Qué tan lejos de la realidad estaba la definición que en esa serie se presentó!
Casos como el anterior ocurren muy frecuentemente, y por ello dediqué mi plática a comparar lo que podíamos haber “aprendido” recurriendo a las películas y series de TV del género con lo que en realidad son las cosas.
Cuando Fernando Galaviz amablemente me invitó a colaborar con Hypernebula, lo primero que pensé fue: “¿Qué tal si escribo un ensayo basado en mi presentación?”. La idea me pareció muy atractiva, pero me di cuenta que este ensayo podría convertirse en un largo artículo y no quería acaparar un número completo de su revista, así que decidí enfocarme en una de las partes de mi presentación, aquélla en donde defino al género y exploro sus orígenes.
Para quien no es aficionado al género, la ciencia-ficción no es más que un conjunto de historias donde vemos extraterrestres feos, babosos –en el sentido de que segregan mucha saliva- y malvados, luchas con pistolas de rayos, ya sea entre individuos o entre naves, científicos locos, insectos gigantes, mutantes, tecnología imposible y lenguaje rimbombante que lo único que hace es que no entiendas nada y estés de acuerdo con que la solución a un enorme problema galáctico está a sólo dos comandos que se le den a una computadora o a accionar algún dispositivo maravilloso en la nave.
Pues resulta que estos amigos que piensan esto no están del todo equivocados: hay obras que encajan perfectamente con la descripción anterior y que fueron hechas única y exclusivamente para entretener.
Conocemos como ciencia-ficción al género cuyas tramas giran alrededor de cuestiones científicas o tecnológicas. Podemos encontrar obras de ciencia-ficción que exploran la aventura, la exploración y la acción o aquéllas que se orientan más al drama, en particular al que resulta de la interacción entre la tecnología, una posibilidad científica (como un contacto con extraterrestres) con la humanidad.
Básicamente encontraremos dos tipos principales de obras de ciencia-ficción: aquéllas que se adhieren a un estricto rigor científico y tecnológico y aquéllas que sólo nos quieren entretener. Mientras que las primeras nos presentan, sino necesariamente cosas 100% ciertas, por lo menos posibilidades basadas en las teorías y el conocimiento con el que se cuenta al momento de su creación, las segundas no se preocupan por explicarnos por qué una nave espacial puede viajar más rápido que la luz o por qué hay marcianos verdes, sin importar si la ciencia acepta o no estas premisas. Comúnmente se les suele llamar a estos dos subgéneros ciencia-ficción dura y blanda, respectivamente.
Aquí es importante trazar una línea divisoria importante.Si vamos a rentar una película o a comprar un libro, con frecuencia encontraremos que el estante de ciencia-ficción lo comparten obras de tecnología y/o de fantasía. La fantasía, si bien muchas veces gustada por quienes aman la ciencia-ficción, es un género distinto, en donde la magia, y no la ciencia juega el papel principal en la trama. Las obras de suspenso-tecnológico o techno-thriller, como se les llama en los Estados Unidos, son obras en las que se presenta el impacto de alguna reciente o muy cercana tecnología en nuestra sociedad actual.
Una vez que he platicado un poco sobre lo que es la ciencia-ficción, me dispondré a zambullirme en la historia, buscando el o los orígenes de esta corriente.
[quote_left]Imagino que la mayoría considera que Jules Verne fue el padre de la ciencia-ficción.[/quote_left]
Sus relatos, esencialmente plagados de aventuras y misterios, con mucha frecuencia contaban con reveladores portentos tecnológicos que, si bien en muchas ocasiones eran extrapolaciones de la tecnología de la época, nos obsequiaban con maquinaria e ideas nuevas para la época en que este autor vivió.
Poco tiempo después, justo en la frontera entre los siglos XIX y XX apareció en la escena literaria Herbert George Wells, con obras como La Máquina del Tiempo y La Guerra de los Mundos. Para algunos es Wells y no Verne el padre de la ciencia-ficción, pero a mi parecer esto puede deberse más a un sentimiento nacionalista que a una justificación lógica. Sin embargo, para evitar herir sentimientos y para que los norteamericanos no se queden fuera de la jugada, se habla de tres padres de la ciencia-ficción, siendo el tercero el inventor y escritor belga Hugo Gernsbach, quien desde joven se fue a residir a los Estados Unidos, donde se convirtió en el primer creador de una revista de ciencia-ficción en los años 1920s: Amazing Stories, en donde publicarían autores de la talla de Asimov. Gernsbach, en comparación de Verne y Wells, publicó tardíamente, a principios del siglo XX.
No obstante, en mi opinión personal yo preferiría llamar a este grupo de personas: “los iniciadores de la ciencia-ficción” y no “los padres de la ciencia-ficción”, título que le concedería en exclusiva a Verne, no por demeritar la obra de los otros dos autores, sino por el hecho de que Verne comenzó a escribir unas dos o tres décadas atrás que los otros.
A esta lista de iniciadores es necesario agregar un cuarto miembro: el astrónomo francés Camille Flammarion. Podría decirse que él podría compararse con Carl Sagan: ambos fueron astrónomos y divulgadores científicos y su obra escrita fue, generalmente, exclusivamente de divulgación. Sagan sólo publicó un trabajo de ficción, Contacto, mientras que Flammarion tuvo uno y un trabajo que podría ser considerado una especie de cruza entre la ciencia-ficción y la divulgación científica. Urania, fue el título de este trabajo de divulgación, publicado en 1890; se trata de una obra en donde el autor narra un viaje a través del universo llevado de la mano de la diosa griega de los cielos, Urania.
En este viaje Flammarion nos presenta con las maravillas del universo y los fenómenos paranormales, en los cuales creía. Sin embargo, fue en 1892 cuando publicó El fin del mundo, novela de ciencia-ficción ambientada quinientos años en el futuro en vísperas del choque de un cometa con nuestro planeta. Cabe mencionar en este momento que la obra de Flammarion es anterior a La máquina del tiempo, la primer novela de Wells, escrita en 1895. Es por ello que considero que Flammarion debe considerar uno más de los iniciadores de la ciencia-ficción. ¿Por qué no está en la lista de muchos historiadores del género? Quizá por solamente haber producido una obra, o dos, si queremos considerar Urania.
[quote_left]Sin embargo, antes que Verne otros habían escrito relatos que hoy en día podríamos considerar como de ciencia-ficción (no necesariamente científicamente correctos para los conocimientos de la actualidad, pero sí adecuados a la ideología y al conocimiento científico con el que se contaba en la época en la que cada uno de estos autores escribió).[/quote_left]
El primer autor a hacer es notar es el célebre escritor de relatos de terror Edgar Allan Poe, quien en los años 1840s escribió algunos cuentos futurísticos en donde se describían utopías. y sociedades no tan utópicas. Incluso, aunque no me consta, leí en alguna ocasión que tiene un relato en donde describe un proceso de creación del universo que podría equipararse con el Big Bang o Gran Explosión. Sus relatos de ciencia-ficción no son muy publicados, misma razón por la que en mi experiencia personal no he tenido acceso a ellos, pero sé que en ocasiones algunas editoriales de España han publicado compilaciones de ellos. Todos estos relatos fueron escritos antes de que Verne comenzara a escribir.
Si nos vamos más atrás en el tiempo, llegaremos a los inicios del siglo XVII, en donde encontraremos dos relatos que describen viajes a la Luna –y no por medio de cohetes, cabe aclarar, pero ambos con un afán de estar apegados a las creencias científicas de la época. El más conocido de estos dos relatos es El sueño, del astrónomo Johannes Kepler –sí el de las Leyes de Kepler que describen el movimiento planetario-, en el cual describe como un hombre, con ayuda de uno de los hechizos de una bruja –hay que hacer notar que la madre de Kepler practicaba la hechicería y que el autor hizo lo posible porque en su obra no se hiciera alguna referencia a su madre- llega hasta la Luna, a la cual sus habitantes llamaban Levania.
En 1638, varios años después de la publicación de El Sueño, se publicó póstumamente el relato El hombre en la luna de Francis Godwin, en donde el protagonista es un español, Domingo Gonsáles, quien viaja a la Luna gracias a un aparato que construyó, en donde la fuerza motriz es proporcionada por palomas. Si bien el relato de Godwin se publicó después del de Kepler, el de este último fue escrito después que el de Godwin, razón por la cual se considera al relato de Godwin el primero en donde se menciona la ingravidez. Por otra parte, como comentario personal, me llama la atención que el protagonista fuese un español. La Armada Invencible había sido derrotada por la flota inglesa en 1588, sin embargo el espíritu explorador de España no decayó y, a pesar de la derrota, el imperio inglés requirió de muchos años para sobrepasar al imperio de España. No hay que olvidar que las primeras expediciones al Nuevo Mundo fueron realizadas, o por lo menos patrocinadas, por españoles, por lo que la inclusión de un personaje español en la obra de Godwin puede representar el reconocimiento de esa avidez por la aventura que tenía España.
Si las antiguas historias que narran viajes a la Luna se pueden considerar como de ciencia-ficción, no hay que olvidar al barón Friedrich Hyeronimus Munchausen, alemán que combatió contra los turcos, impidiendo que penetraran en el territorio de Austria en los años 1750s. En estos años, además de luchar contra los turcos escribió sus aventuras, las cuales son realmente fantasías de lo que él hubiera querido que fuesen sus aventuras. Así es como el barón nos narra de cómo venció a los turcos gracias a la ayuda de sus peculiares amigos: un gigante, un hombre que corría a gran velocidad y un hombre de grandes orejas que podía escuchar sonidos muy finos. En estas mismas aventuras narra su viaje a la Luna, el cual lo hizo en un globo.
Podemos irnos hacia atrás en el tiempo y buscar relatos más antiguos. Encontraremos el poema Shama, escrito por el poeta persa Firdausi entre los años 1010 y 1012, en donde narra la vida y las aventuras del rey Kai Ka’us, siendo la última aventura del rey un viaje a la Luna, el cual lo intenta realizar amarrando los extremos de unas sogas a su trono y a las patas de varias águilas. El poema concluye con el vuelo del rey, sentado en su trono, perdiéndose entre las nubes, sin decirnos si el rey consiguió o no su objetivo.
La referencia más antigua que se conoce de la narración de un viaje a la Luna corresponde a Las maravillas más allá de Thule, escrita aproximadamente en el siglo II por Antonius Diógenes, en donde una de las tantas aventuras que se viven en esa historia es la del viaje a la Luna. Desgraciadamente no se cuenta hoy en día con el texto completo de la obra.
Ya que me han acompañado en este viaje a través de los orígenes de la ciencia-ficción, me gustaría cerrar este escrito con una reflexión personal, más referente a la evolución que al origen de la ciencia-ficción. Quienes hayan tenido la fortuna de leer ciencia-ficción de distintas épocas quizá hayan notado que los temas y la forma de escribir han variado a través del tiempo. Para mí, el verdadero viaje a la Luna, la misión Apolo XI, fue un parte aguas en la forma de escribir y de pensar de los autores de la ciencia-ficción. Básicamente veo dos corrientes: una corriente previa a la llegada del hombre a la Luna y una corriente posterior.
La corriente previa a la llegada a la Luna es una de exploración, primeros contactos e invasiones a la Tierra. Antes de que el hombre llegara a la Luna el espacio era una verdadera última frontera, y todo lo que ocurría en él era especulativo.
Posteriormente, cuando el hombre hubo llegado a la Luna, ese espíritu de exploración o de búsqueda de misterios en el espacio fue remplazado por la interrogante de la trascendencia del hombre: ¿quiénes somos y cuál es nuestro lugar en las estrellas? ¿Cómo influirá la vida en el espacio en nuestra sociedad, nuestra cultura, nuestra filosofía, nuestra política y nuestra religión? Si antes de que el hombre llegara a la Luna pululaban las historias de invasiones a la Tierra, como La última ciudadela de la Tierra de C. L. Moore y Henry Kuttner, historias de primeros contactos, como El fin de la infancia, de Arthur C. Clarke o simplemente de exploración en el espacio y/o en el tiempo, como Los mercaderes del tiempo de Andre Norton, después de que pisamos la Luna llegaron las grandes épicas de sociedades humanas que dominan centenares de mundos, como Hyperion de Dan Simons o las óperas espaciales de Alastair Reynolds.
Si bien no podemos ser estrictos y negar que antes de la llegada a nuestro satélite ya existían trabajos como Dune de Frank Herbert y que en las obras de Clarke siempre se ve un sentido de una búsqueda trascendental para el ser humano, así como en nuestros días aún vemos historias con el antiguo espíritu de la aventura, como son las historias de la piloto espacial Priscilla Hutchins de Jack McDevitt o las aventuras de John Bandicut en Las Crónicas del Caos de Jeffrey Carver, no deja de ser evidente que la balanza, antes y después de la llegada a la Luna mantiene sus platillos inclinados en distintas direcciones.
¿Y quién puede decir cómo cambiará la ciencia-ficción en el futuro? Especular acerca de esto no sería más que ciencia-ñcción. La Luna ejerció una gran atracción en el pasado, por ello los varios relatos en donde hombres valientes viajaban hasta ella. El siglo XIX aún veía a la humanidad explorando y tratando de conquistar los rincones más lejanos del planeta, algo que debe de haber marcado a Verne profundamente. La llegada a la Luna también ha marcado a los escritores modernos. ¿Qué más los marcará? Podemos ver huellas de la influencia de la cultura cibernética en los relatos de ciencia-ficción de los 1980s en delante.
Podemos estar seguros que la ciencia-ficción seguirá evolucionando y, mi consejo para todos aquellos lectores que, al igual que yo, gustan de este género, es que lo disfruten y que les sirva como un vehículo para despertar su curiosidad por grandes temas científicos.
¡Echemos a volar nuestra imaginación!
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