JULES VERNE

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jueves, 28 de febrero de 2013

FRASE

NEMO KAPITANY

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Portada de Matias Sandorf

Cinco semanas en globo de Julio Verne disponible en Clásicos Gratuitos de Literatúrame!

Cinco semanas en globo de Julio Verne disponible en Clásicos Gratuitos de Literatúrame!

Julio Verne en Literatúrame!
Julio Verne en Literatúrame!
Cinco semanas en globo es una novela del escritor francés Julio Verne, que se publicó el 31 de enero de 1863 con el título completo: Cinq semaines en ballon. Voyages de découvertes en Afrique par trois anglais. Rédigé sur les notes du docteur Fergusson, siendo una de las pocas novelas del escritor que no fueron serializadas.
Se trata de la primera novela de Julio Verne, y en ella aparecen ya los «ingredientes» de lo que será su futura obra, mezclando hábilmente una intriga plagada de aventuras y sobresaltos de todo tipo y descripciones técnicas, geográficas e históricas. El libro lleva a cabo un buen resumen de las exploraciones del continente africano, que en aquella época no era totalmente conocido por los europeos y al que acudían muchos exploradores en busca de sus secretos.
En poco tiempo es un éxito absoluto. El libro aporta a Julio Verne la tranquilidad económica y un contrato con la editorial de Pierre-Jules Hetzel, que publicará varias decenas de sus obras durante más de cuarenta años.
Descarga libre el eBook de Cinco semanas en globo de Julio Verne
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Viaje al Centro de la Tierra, Julio Verne

Viaje al Centro de la Tierra, Julio Verne

 
Julio Verne (1828-1905) es sinónimo de innovación, de profecía, de futuro, de imaginación arrolladora, y de aventuras maravillosas. Viaje al Centro de la Tierra es su novela más destacada. Si me preguntaran mil veces el por qué, las mil veces respondería lo mismo: por el mágico mundo en que Verne adentra al lector en este libro. Es cierto que hay otras novelas mucho más conocidas, tales como La Isla Misteriosa, 20.000 leguas de Viaje Submarino, Miguel Strogoff, o La Vuelta al Mundo en 80 días, dada la gran cantidad de adaptaciones cinematográficas.
Hoy en día la obra de Verne es tildada de literatura juvenil, porque ya no se ven con los mismos ojos esos arrebatos de originalidad del autor francés. Lo que en su momento era una puerta abierta a otros países, mundos, fenómenos de la naturaleza y viajes increíbles, cada vez resulta menos impredecible todo lo que Verne vaticinó.


Viaje al Centro de la Tierra no es más que el relato de una odisea por el mundo subterráneo, entrando desde Islandia. Los participantes activos de la excursión son Otto Lidenbrock, su sobrino Axel y el guía nativo Hans. A partir de un texto de Arne Saknussemm, el científico se plantea si no habrá una galería por la que se pueda acceder al Centro de la Tierra. Tras descifrarlo de una manera extraordinaria, se ponen en marcha con una increíble motivación, dando fe de las grandes inquietudes por el avance científico y por el enriquecimiento personal que puede aportarles este viaje.
Simplemente las primeras escenas, asombrosamente visuales, hacen que la lectura del libro merezca mucho la pena. Uno se plantea si Verne no ha vivido de verdad en Islandia unos cuantos años. Describe con tanta precisión los lugares, el clima, las costumbres, los detalles de los sitios donde ubica su obra que el lector avanza, página tras página, en una complicidad completa con lo que se le está narrando. No es menos el tortuoso trayecto por las cavernas subterráneas, en el que, con numerosas dificultades y obstáculos, lo que van contemplando y viviendo es cada vez más alucinante, si bien ponen en peligro en varias ocasiones su integridad.


Bien es sabido que el estilo de Julio Verne no es muy brillante. En ocasiones peca de ser demasiado científico y no demasiado cercano al lector medio. Aunque esto no la hace difícil de leer, sí pone en evidencia que algunos párrafos son meros ejercicios de autocomplaciencia del autor. Como las trabas no son de gran cantidad, hay que seguir hablando de las virtudes, y en este sentido, su mayor logro es su capacidad para engendrar escenas e imágenes de forma puramente visual, de forma que las maravillas que se encuentran inmersas en la obra son tan impactantes que el lector no tiene por qué fijarse mucho en la forma en que está narrada la obra.
Aunque la sorpresa final está un poco forzada, y con casi 150 años desde que se publicó, puede resultar hasta predecible, es un indiscutible clásico por su carácter épico, por el argumento, muy conseguido, y porque reafirma el talento imaginativo de Julio Verne, que con Viaje al Centro de la Tierra escribió su obra maestra y un importante folleto de divulgación científica. Al final de todo, cabe preguntarse ¿es posible lo que está narrado aquí?

miércoles, 27 de febrero de 2013

PORTADA DE LA TIERRA A LA LUNA Y ALREDEDOR DE LA LUNA

“Viaje al centro de la Tierra”, Julio Verne.

“Viaje al centro de la Tierra”, Julio Verne.

Ayer terminé de leer mi última novela: “Viaje al centro de la tierra” de Julio Verne. Es una de las novelas de Verne que más me han entretenido, junto con “Cinco semanas en globo” y “Los hijos del capitán Grant”. Esta, de hecho, se me ha hecho hasta corta, ya que además de entretenida es también menos extensa.

La novela narra la historia del profesor de mineralogía Otto Lidenbrock, su sobrino Axel (el narrador de la historia) y Hans, el eficiente guía islandés que les acompañará en su expedición bajo tierra. Verne dota a cada personaje de una personalidad muy definida. Podemos ver a un profesor Lidenbrock con un carácter muy fuerte y tenaz, junto a su sobrino Axel que refleja durante buena parte de la novela un gran excepticismo respecto a la loca idea de su tío de emprender -y lograr- con éxito ese viaje al centro de la tierra. Por último Hans, el guía islandés, reclutado durante su estancia en islandia, es un hombre de pocas palabras y de economía de gestos y movimientos, pero muy eficiente y sacará de verdaderos apuros a sus acompañantes en más de una ocasión.

Es esta una novela algo diferente de Verne, en el sentido de que a diferencia de la mayoría de sus novelas donde la trama se va desarrollando por diversas y lejanas tierras a menudo exóticas, aquí la trama principal (salvo la breve narración del viaje a Islandia y la breve estancia allí) se desarrolla bajo tierra, lo que representa todo un reto para el escritor que demostró especialmente en este novela, ser todo un prodigio de la imaginación.
“Viaje al centro de la Tierra” es una de las creaciones más notables de sus 60 “Viajes extraordinarios”, que es el título genérico que se le da a la colección de libros de viajes y aventuras escritos por el autor francés, que comenzó con la publicación de Cinco semanas en globo en 1863 y culminó con La impresionante aventura de la misión Barsac en 1918.
De las novelas de Julio Verne hay infinidad de ediciones diferentes, pero si tienes en las manos la edición especial de tapa dura, con portada preciosamente ilustrada del editor y escritor francés Pierre-Jules Hetzel, pues ya es todo un placer y es una de esas grandes diferencias entre leer de un buen libro a leer de un buen ebook.

martes, 26 de febrero de 2013

Orígenes de la ciencia ficción

Orígenes de la ciencia ficción
Posted: 27 Jan 2013 10:48 PM PST
La referencia más antigua que se conoce de la narración de un viaje a la Luna corresponde a Las maravillas más allá de Thule, escrita aproximadamente en el siglo II por Antonius Diógenes
Como astrónomo aficionado que soy, un día se me ocurrió presentar en la sociedad astronómica a la cual pertenezco una plática sobre ciencia-ficción, en donde presentaba temas que para mucha gente su primer contacto con ellos fue en una película o en una serie de televisión de ciencia-ficción. En mi caso personal puedo mencionar que la primera vez que escuché sobre la antimateria fue en un capítulo de aquella serie de televisión de los años 1960s y que en México la vimos en los 70s “Perdidos en el espacio”. ¡Qué tan lejos de la realidad estaba la definición que en esa serie se presentó!
Casos como el anterior ocurren muy frecuentemente, y por ello dediqué mi plática a comparar lo que podíamos haber “aprendido” recurriendo a las películas y series de TV del género con lo que en realidad son las cosas.
Cuando Fernando Galaviz amablemente me invitó a colaborar con Hypernebula, lo primero que pensé fue: “¿Qué tal si escribo un ensayo basado en mi presentación?”. La idea me pareció muy atractiva, pero me di cuenta que este ensayo podría convertirse en un largo artículo y no quería acaparar un número completo de su revista, así que decidí enfocarme en una de las partes de mi presentación, aquélla en donde defino al género y exploro sus orígenes.
Para quien no es aficionado al género, la ciencia-ficción no es más que un conjunto de historias donde vemos extraterrestres feos, babosos –en el sentido de que segregan mucha saliva- y malvados, luchas con pistolas de rayos, ya sea entre individuos o entre naves, científicos locos, insectos gigantes, mutantes, tecnología imposible y lenguaje rimbombante que lo único que hace es que no entiendas nada y estés de acuerdo con que la solución a un enorme problema galáctico está a sólo dos comandos que se le den a una computadora o a accionar algún dispositivo maravilloso en la nave.
Pues resulta que estos amigos que piensan esto no están del todo equivocados: hay obras que encajan perfectamente con la descripción anterior y que fueron hechas única y exclusivamente para entretener.
Conocemos como ciencia-ficción al género cuyas tramas giran alrededor de cuestiones científicas o tecnológicas. Podemos encontrar obras de ciencia-ficción que exploran la aventura, la exploración y la acción o aquéllas que se orientan más al drama, en particular al que resulta de la interacción entre la tecnología, una posibilidad científica (como un contacto con extraterrestres) con la humanidad.
Básicamente encontraremos dos tipos principales de obras de ciencia-ficción: aquéllas que se adhieren a un estricto rigor científico y tecnológico y aquéllas que sólo nos quieren entretener. Mientras que las primeras nos presentan, sino necesariamente cosas 100% ciertas, por lo menos posibilidades basadas en las teorías y el conocimiento con el que se cuenta al momento de su creación, las segundas no se preocupan por explicarnos por qué una nave espacial puede viajar más rápido que la luz o por qué hay marcianos verdes, sin importar si la ciencia acepta o no estas premisas. Comúnmente se les suele llamar a estos dos subgéneros ciencia-ficción dura y blanda, respectivamente.
Aquí es importante trazar una línea divisoria importante.Si vamos a rentar una película o a comprar un libro, con frecuencia encontraremos que el estante de ciencia-ficción lo comparten obras de tecnología y/o de fantasía. La fantasía, si bien muchas veces gustada por quienes aman la ciencia-ficción, es un género distinto, en donde la magia, y no la ciencia juega el papel principal en la trama. Las obras de suspenso-tecnológico o techno-thriller, como se les llama en los Estados Unidos, son obras en las que se presenta el impacto de alguna reciente o muy cercana tecnología en nuestra sociedad actual.
Una vez que he platicado un poco sobre lo que es la ciencia-ficción, me dispondré a zambullirme en la historia, buscando el o los orígenes de esta corriente.
[quote_left]Imagino que la mayoría considera que Jules Verne fue el padre de la ciencia-ficción.[/quote_left]
Sus relatos, esencialmente plagados de aventuras y misterios, con mucha frecuencia contaban con reveladores portentos tecnológicos que, si bien en muchas ocasiones eran extrapolaciones de la tecnología de la época, nos obsequiaban con maquinaria e ideas nuevas para la época en que este autor vivió.
Poco tiempo después, justo en la frontera entre los siglos XIX y XX apareció en la escena literaria Herbert George Wells, con obras como La Máquina del Tiempo y La Guerra de los Mundos. Para algunos es Wells y no Verne el padre de la ciencia-ficción, pero a mi parecer esto puede deberse más a un sentimiento nacionalista que a una justificación lógica. Sin embargo, para evitar herir sentimientos y para que los norteamericanos no se queden fuera de la jugada, se habla de tres padres de la ciencia-ficción, siendo el tercero el inventor y escritor belga Hugo Gernsbach, quien desde joven se fue a residir a los Estados Unidos, donde se convirtió en el primer creador de una revista de ciencia-ficción en los años 1920s: Amazing Stories, en donde publicarían autores de la talla de Asimov. Gernsbach, en comparación de Verne y Wells, publicó tardíamente, a principios del siglo XX.
No obstante, en mi opinión personal yo preferiría llamar a este grupo de personas: “los iniciadores de la ciencia-ficción” y no “los padres de la ciencia-ficción”, título que le concedería en exclusiva a Verne, no por demeritar la obra de los otros dos autores, sino por el hecho de que Verne comenzó a escribir unas dos o tres décadas atrás que los otros.
A esta lista de iniciadores es necesario agregar un cuarto miembro: el astrónomo francés Camille Flammarion. Podría decirse que él podría compararse con Carl Sagan: ambos fueron astrónomos y divulgadores científicos y su obra escrita fue, generalmente, exclusivamente de divulgación. Sagan sólo publicó un trabajo de ficción, Contacto, mientras que Flammarion tuvo uno y un trabajo que podría ser considerado una especie de cruza entre la ciencia-ficción y la divulgación científica. Urania, fue el título de este trabajo de divulgación, publicado en 1890; se trata de una obra en donde el autor narra un viaje a través del universo llevado de la mano de la diosa griega de los cielos, Urania.
En este viaje Flammarion nos presenta con las maravillas del universo y los fenómenos paranormales, en los cuales creía. Sin embargo, fue en 1892 cuando publicó El fin del mundo, novela de ciencia-ficción ambientada quinientos años en el futuro en vísperas del choque de un cometa con nuestro planeta. Cabe mencionar en este momento que la obra de Flammarion es anterior a La máquina del tiempo, la primer novela de Wells, escrita en 1895. Es por ello que considero que Flammarion debe considerar uno más de los iniciadores de la ciencia-ficción. ¿Por qué no está en la lista de muchos historiadores del género? Quizá por solamente haber producido una obra, o dos, si queremos considerar Urania.
[quote_left]Sin embargo, antes que Verne otros habían escrito relatos que hoy en día podríamos considerar como de ciencia-ficción (no necesariamente científicamente correctos para los conocimientos de la actualidad, pero sí adecuados a la ideología y al conocimiento científico con el que se contaba en la época en la que cada uno de estos autores escribió).[/quote_left]
El primer autor a hacer es notar es el célebre escritor de relatos de terror Edgar Allan Poe, quien en los años 1840s escribió algunos cuentos futurísticos en donde se describían utopías. y sociedades no tan utópicas. Incluso, aunque no me consta, leí en alguna ocasión que tiene un relato en donde describe un proceso de creación del universo que podría equipararse con el Big Bang o Gran Explosión. Sus relatos de ciencia-ficción no son muy publicados, misma razón por la que en mi experiencia personal no he tenido acceso a ellos, pero sé que en ocasiones algunas editoriales de España han publicado compilaciones de ellos. Todos estos relatos fueron escritos antes de que Verne comenzara a escribir.
Si nos vamos más atrás en el tiempo, llegaremos a los inicios del siglo XVII, en donde encontraremos dos relatos que describen viajes a la Luna –y no por medio de cohetes, cabe aclarar, pero ambos con un afán de estar apegados a las creencias científicas de la época. El más conocido de estos dos relatos es El sueño, del astrónomo Johannes Kepler –sí el de las Leyes de Kepler que describen el movimiento planetario-, en el cual describe como un hombre, con ayuda de uno de los hechizos de una bruja –hay que hacer notar que la madre de Kepler practicaba la hechicería y que el autor hizo lo posible porque en su obra no se hiciera alguna referencia a su madre- llega hasta la Luna, a la cual sus habitantes llamaban Levania.
En 1638, varios años después de la publicación de El Sueño, se publicó póstumamente el relato El hombre en la luna de Francis Godwin, en donde el protagonista es un español, Domingo Gonsáles, quien viaja a la Luna gracias a un aparato que construyó, en donde la fuerza motriz es proporcionada por palomas. Si bien el relato de Godwin se publicó después del de Kepler, el de este último fue escrito después que el de Godwin, razón por la cual se considera al relato de Godwin el primero en donde se menciona la ingravidez. Por otra parte, como comentario personal, me llama la atención que el protagonista fuese un español. La Armada Invencible había sido derrotada por la flota inglesa en 1588, sin embargo el espíritu explorador de España no decayó y, a pesar de la derrota, el imperio inglés requirió de muchos años para sobrepasar al imperio de España. No hay que olvidar que las primeras expediciones al Nuevo Mundo fueron realizadas, o por lo menos patrocinadas, por españoles, por lo que la inclusión de un personaje español en la obra de Godwin puede representar el reconocimiento de esa avidez por la aventura que tenía España.
Si las antiguas historias que narran viajes a la Luna se pueden considerar como de ciencia-ficción, no hay que olvidar al barón Friedrich Hyeronimus Munchausen, alemán que combatió contra los turcos, impidiendo que penetraran en el territorio de Austria en los años 1750s. En estos años, además de luchar contra los turcos escribió sus aventuras, las cuales son realmente fantasías de lo que él hubiera querido que fuesen sus aventuras. Así es como el barón nos narra de cómo venció a los turcos gracias a la ayuda de sus peculiares amigos: un gigante, un hombre que corría a gran velocidad y un hombre de grandes orejas que podía escuchar sonidos muy finos. En estas mismas aventuras narra su viaje a la Luna, el cual lo hizo en un globo.
Podemos irnos hacia atrás en el tiempo y buscar relatos más antiguos. Encontraremos el poema Shama, escrito por el poeta persa Firdausi entre los años 1010 y 1012, en donde narra la vida y las aventuras del rey Kai Ka’us, siendo la última aventura del rey un viaje a la Luna, el cual lo intenta realizar amarrando los extremos de unas sogas a su trono y a las patas de varias águilas. El poema concluye con el vuelo del rey, sentado en su trono, perdiéndose entre las nubes, sin decirnos si el rey consiguió o no su objetivo.
La referencia más antigua que se conoce de la narración de un viaje a la Luna corresponde a Las maravillas más allá de Thule, escrita aproximadamente en el siglo II por Antonius Diógenes, en donde una de las tantas aventuras que se viven en esa historia es la del viaje a la Luna. Desgraciadamente no se cuenta hoy en día con el texto completo de la obra.
Ya que me han acompañado en este viaje a través de los orígenes de la ciencia-ficción, me gustaría cerrar este escrito con una reflexión personal, más referente a la evolución que al origen de la ciencia-ficción. Quienes hayan tenido la fortuna de leer ciencia-ficción de distintas épocas quizá hayan notado que los temas y la forma de escribir han variado a través del tiempo. Para mí, el verdadero viaje a la Luna, la misión Apolo XI, fue un parte aguas en la forma de escribir y de pensar de los autores de la ciencia-ficción. Básicamente veo dos corrientes: una corriente previa a la llegada del hombre a la Luna y una corriente posterior.
La corriente previa a la llegada a la Luna es una de exploración, primeros contactos e invasiones a la Tierra. Antes de que el hombre llegara a la Luna el espacio era una verdadera última frontera, y todo lo que ocurría en él era especulativo.
Posteriormente, cuando el hombre hubo llegado a la Luna, ese espíritu de exploración o de búsqueda de misterios en el espacio fue remplazado por la interrogante de la trascendencia del hombre: ¿quiénes somos y cuál es nuestro lugar en las estrellas? ¿Cómo influirá la vida en el espacio en nuestra sociedad, nuestra cultura, nuestra filosofía, nuestra política y nuestra religión? Si antes de que el hombre llegara a la Luna pululaban las historias de invasiones a la Tierra, como La última ciudadela de la Tierra de C. L. Moore y Henry Kuttner, historias de primeros contactos, como El fin de la infancia, de Arthur C. Clarke o simplemente de exploración en el espacio y/o en el tiempo, como Los mercaderes del tiempo de Andre Norton, después de que pisamos la Luna llegaron las grandes épicas de sociedades humanas que dominan centenares de mundos, como Hyperion de Dan Simons o las óperas espaciales de Alastair Reynolds.
Si bien no podemos ser estrictos y negar que antes de la llegada a nuestro satélite ya existían trabajos como Dune de Frank Herbert y que en las obras de Clarke siempre se ve un sentido de una búsqueda trascendental para el ser humano, así como en nuestros días aún vemos historias con el antiguo espíritu de la aventura, como son las historias de la piloto espacial Priscilla Hutchins de Jack McDevitt o las aventuras de John Bandicut en Las Crónicas del Caos de Jeffrey Carver, no deja de ser evidente que la balanza, antes y después de la llegada a la Luna mantiene sus platillos inclinados en distintas direcciones.
¿Y quién puede decir cómo cambiará la ciencia-ficción en el futuro? Especular acerca de esto no sería más que ciencia-ñcción. La Luna ejerció una gran atracción en el pasado, por ello los varios relatos en donde hombres valientes viajaban hasta ella. El siglo XIX aún veía a la humanidad explorando y tratando de conquistar los rincones más lejanos del planeta, algo que debe de haber marcado a Verne profundamente. La llegada a la Luna también ha marcado a los escritores modernos. ¿Qué más los marcará? Podemos ver huellas de la influencia de la cultura cibernética en los relatos de ciencia-ficción de los 1980s en delante.
Podemos estar seguros que la ciencia-ficción seguirá evolucionando y, mi consejo para todos aquellos lectores que, al igual que yo, gustan de este género, es que lo disfruten y que les sirva como un vehículo para despertar su curiosidad por grandes temas científicos.
¡Echemos a volar nuestra imaginación!

La ciencia ficción es la tecnología del futuro, por Luis Carlos Díaz

La ciencia ficción es la tecnología del futuro, por Luis Carlos Díaz

Por Luis Carlos Díaz | 22 de Mayo, 2012
A Gonzalo Jiménez
Nada nuevo. Eso ya fue visto o dicho. En la tierra de la fascinación por la tecnología ya se sabe que los poetas y artistas llegan primero. Proyectan. Se atreven. Convierten la exploración teórica en factibilidad por efecto de la pluma y la visualización. El tiempo les da la razón o devela el juego detrás del sistema. El sueño se convierte en ingeniería.
Todavía no se sabe si es la ciencia incipiente la que puede inspirar adelantos en la imaginación de los literatos o si la pauta queda invertida y es la ciencia la que da respuesta a las inquietudes de la humanidad a partir de un guión de dudas.
Por ejemplo el genial Julio Verne, con toda su galería de adelantos, no concibió nada que no fuese una posibilidad coherente a partir de los adelantos e insumos que la sociedad científica de su época había creado. Verne supo llevar la inventiva de su tiempo, con una maestría preclara, a esos niveles de ensoñación que hicieron de su obra algo más que un divertimento para casi rozar la profecía.
Hay un texto realizado por Julio Verne y su hijo en 1889 que por puro capricho situaron mil años después. En él decidieron enfocar al reportero para narrar el sistema que imaginaron para un milenio más tarde del que vivían. El cuento En el siglo XXIX: la jornada de un periodista americano en el 2889”, inicia con una frase hermosa: “Los hombres de este siglo XXIX viven en medio de un espectáculo de magia continua, sin que parezcan darse cuenta de ello”.
La frase de Verne toca lo que a partir de 1962 el escritor Arthur C. Clarke definió como sus tres leyes sobre los avances científicos:
1.Cuando un anciano y distinguido científico afirma que algo es posible, es casi seguro que está en lo correcto. Cuando afirma que algo es imposible, muy probablemente está equivocado.
2.La única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá, hacia lo imposible.
3.Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.
Julio Verne se sacó mil conejos del sombrero, desde el submarino hasta el cohete a la luna. En su cuento sobre el periodista del futuro narra otras cosas fascinantes. El periodismo telefónico, por ejemplo: “Todas las mañanas, en lugar de ser impreso como en los tiempos antiguos, el diario Earth Herald es ‘hablado’: es en una rápida conversación con un reportero, un político o un científico, que los abonados se informan de lo que puede interesarles”.
La idea nació 32 años después de que Antonio Meucci creara el primer teléfono conocido, y 13 años después de que Alexander Graham Bell se hiciera con la primera patente conocida. De ahí a convertir el teléfono en una herramienta más poderosa, sólo hizo falta imaginación, como el extracto siguiente: “Además de su teléfono, cada reportero tiene ante sí una serie de conmutadores que permiten establecer la comunicación con tal o cual línea telefótica. Así los abonados no sólo reciben la narración, sino también las imágenes de los acontecimientos, obtenidas mediante la fotografía intensiva”. ¿En 1889? A lo sumo el telefoto se inventaría en 1921, y el telediágrafo en 1895 cuando conectaba al New York Herald con 4 diarios más de Estados Unidos para enviar imágenes a través de hilos eléctricos.
Quien haya visto la película “Hugo”, de Martin Scorsese o haya podido ver una cinta de Georges Méliès, entenderá que los méritos a quienes sueñan y crean ficción no alcanzan.
Una pantalla táctil
En 2011, la compañía Apple demandó a Samsung con el argumento de que el desarrollo de su tableta Samsung Galaxy Tab había copiado el diseño del iPad. La idea era bloquear la entrada del aparato a mercados importantes del mundo mientras se desarrollaba la querella en los tribunales.
La respuesta de Samsung apostó al recurso del arte. En su comunicado adjuntó unas imágenes de la película de Stanley Kubrick “2001: Odisea en el espacio” porque en ellas se veía a dos astronautas que comían mientras interactuaban con unas tabletas que reposaban en la mesa. Samsung argumentó que el diseño era similar al de los productos en disputa, y que la obra de 1968 había sido obviamente grabada antes de que ambas empresas crearan nada. Vale acotar que esta odisea espacial fue escrita también por Clarke, el señor de las leyes de los avances científicos. Por eso es que en cultura “todo es un remix”, como dice la serie de documentales de Kirby Fergunson.
No hace falta el ingenio de McGyver, sino la sagacidad del que proyecta posibilidades en la relación tecnología-humanidad para fecundar obras literarias y científicas. Varias generaciones han alabado a Verne tanto como a Isaac Asimov, autor de obras imprescindibles en la ciencia ficción. Sus especulaciones con robots y maquinarias han resultado ser un banco inagotable de argumentos para películas y también para la gobernanza tecnológica. Asimov también sumó conocimientos a otras áreas de divulgación científica. De hecho se puede ver una grandiosa entrevista de 1988, en la que se adelanta a los efectos de Internet en la educación, aunque la WWW haya sido inventada pocos años después.
Ficción de anteojos
De corte más reciente, en el mundo de los superhéroes se pueden ver a Batman e Ironman, un par de héroes sin superpoderes más allá del conocimiento y el dinero, con el que desarrollan tecnología que les permite luchar contra el mal. Tanto el caballero oscuro como el hombre-arma desarrollado por Tony Stark resultan un divertimento de posibilidades técnicas que son fascinantes para el espectador actual.
Ironman, por ejemplo, muestra a Tony Stark interactuando con su computadora a través de comandos de voz, interfaces holográficas y una “imprenta” de objetos que le permite crear el arma-armadura que conforma al héroe del universo Marvel. El control a través de voz con inteligencia artificial lo estamos empezando a ver apenas con Siri, el asistente robótico incorporado en el teléfono iPhone 4S.
Ironman además es una colección de travesuras tecnológicas: desde el generador de energía por fusión termonuclear en un dispositivo del tamaño de un corazón, que sostiene todo el sistema de la armadura de Stark, hasta el uso de realidad aumentada en el visor del robot. La realidad aumentada permite añadir información del contexto a los objetos que están a simple vista. Algo similar a lo que en su momento mostró Terminator cuando buscaba a los Connor para acabar con ellos o protegerlos.
Sin embargo no es sólo ficción: la realidad aumentada ya se encuentra en interfaces desarrolladas para teléfonos y también Google anunció que para finales de año podría incorporarlo a lentes. Estos anteojos tendrían una cámara para captar el entorno, y través del GPS, un acelerómetro y su conexión a Internet podría cotejar con los datos que tiene almacenados en la red, de esa forma descarga contenidos e información que ayuden a reconocer lo que hay alrededor. Pareciera una broma de día de los inocentes, pero técnicamente es posible y empujaría aún más a desarrollar contenidos geolocalizados y móviles.
Así sea un capítulo de Phineas y Ferb en el canal Disney, acercarse a la ciencia ficción es un ejercicio de inspiración, entusiasmo por las capacidades humanas y un reto a las posibilidades de movernos en los escenarios complejos. Esos que siempre parecen estar por venir, en gestación, pero que la ficción acerca a nuestro asombro.
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PORTADA DE ROBUR EL CONQUISTADOR

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Veinte mil leguas de viaje submarino - Julio Verne

Veinte mil leguas de viaje submarino - Julio Verne
Veinte mil leguas de viaje submarino (en el original: Vingt mille lieues sous les mers) es una de las obras literarias más conocidas del escritor francés Julio Verne, publicada en Magasin d’Education et de Récréation del 20 de marzo de 1869 al 20 de junio de 1870, y en un volumen doble el 16 de noviembre de 1871.

Hetzel, editor de la Magasin d’Education et de Récréation, no quería aceptar la obra, ya que creía que el mundo cambiaría mediante el progreso, mediante una nueva ética que sustituyera la metafísica y la moral cristiana sin necesidad de violencia. Es por esto que Veinte mil Leguas de viaje submarino le ofendía, por la violencia de Nemo, por su odio contra la humanidad.

Hetzel quería que Verne corrigiera la historia, pero no había posibilidad de la mínima corrección porque para el autor no había nada que corregir. Verne se ve a sí mismo en el personaje de Nemo y lo que quiere transmitir es lo que él es, no lo que no es.

Esta obra forma parte de la serie Viajes Extraordinarios y constituye además una trilogía con las novelas Los hijos del capitán Grant y La isla misteriosa, esta última en donde el propio autor revela los secretos y la verdadera historia del Capitán Nemo. La obra fue publicada en Francia en dos partes (1869 la primera y 1870 la segunda). Por razones desconocidas, ambas partes, traducidas por Vicente Guimerá, aparecieron publicadas conjuntamente en el año 1869 en España (establecimiento tipográfico de Tomás Bey y Cia), debido posiblemente a algún tipo de amistad personal entre Hetzel y Guimerá. Este dato parece desconocido por los biógrafos de Verne que citan la edición francesa como la primera edición mundial, siendo en realidad la española la primera edición.

Título: Veinte mil leguas de viaje submarino
Autor: Julio Verne
Lectura de obra en: Wikisource

Sinopsis:
Un monstruo marino está amenazando el comercio por mar, y finalmente se organiza una expedición para capturarlo. En ella figuran el célebre profesor de Historia Natural Pierre Aronnax, su ayudante Conseil y el experto arponero canadiense Ned Land, a bordo de la fragata estadounidense Abraham Lincoln. Pero tal monstruo resulta ser en realidad un sorprendente submarino a las órdenes del capitán Nemo, y el hecho de que deba mantener el secreto plantea un grave problema al capitán en cuanto a la liberación de los tres personajes principales. El capitán Nemo, el sabio atormentado y desengañado de la raza humana, en el que confluyen el individualismo libertario y un exacerbado sentido de la justicia, se ha convertido sin duda en uno de los paradigmas de la novela de aventuras y su presencia ya bastaría para justificar el lugar de honor que ocupa Veinte mil leguas de viaje submarino en el género. Y sin embargo contiene muchos otros alicientes: emoción, conocimiento, suspense, personajes inolvidables, lances inesperados... Uno de los hitos de la novela de aventuras y fuente inagotable para la posterior narrativa de anticipación.

IMÁGENES DE JULES VERNE

Jules Verne, más que un anticipador


Jules Verne, más que un anticipador

René Avilés Fabila
24/02/2013 00:51
Jules Verne, más que un anticipador
Alguna vez di una conferencia sobre Jules Verne. Atrajo público juvenil. Poco después un amigo agudo y culto me dijo que el autor francés era aburrido y malo. Él, desde luego, prefería un tipo de literatura más sofisticada, autores ampulosos, diría yo. En estos días alguien subió a internet un trozo de entrevista donde Rubén Bonifaz Nuño declara como sus favoritos a Dumas y a Salgari, entre otros que llamaríamos escritores de aventuras, para público menor. El inmenso poeta lo dijo muchas veces y justificó ante el estupor de periodistas acostumbrados a los nombres más sofisticados: Sabían narrar, contar historias. Eso mismo le escuché a Rulfo citando novelistas del mismo tenor. Por ello, sin temor ratifico mi admiración por Verne.
Verne es famoso en todo el mundo. Su obra, conocida bajo el título global de Viajes extraordinarios, ha sido traducida a unas noventa lenguas y, desde luego, está considerado no como el primer autor de ciencia-ficción, pero sí como el escritor que le da forma al género y lo prepara para que haya numerosos descendientes. Pese a la complejidad de sus ramas y a las implicaciones que uno puede encontrarle, Verne parece ser, como Swift, Lewis Carroll y Wilde, un narrador para el público infantil. De este modo lo ha visto Hollywood al hacer torpes e ingenuas interpretaciones fílmicas de sus novelas. En consecuencia, es difícil, al menos en México, que un adulto lo lea. Si lo hojeó durante su juventud, ya no entrará en sus preferencias de hombre maduro que desechó la fantasía por considerarla inútil y algo de niños. Absurdo, pues Jules Verne, igual que los ingleses mencionados, siempre será mejor comprendido por personas de alto nivel cultural y sensibilidad. Pensemos, a modo de ejemplo, en Los quinientos millones de la Begun, donde es anticipado el fascismo hitleriano.
El autor de Veinte mil leguas de viaje submarino, aunque de apariencia sencilla, tiene un complejo mundo detrás que es difícil apreciar a los 12 o 15 años de edad. Bastaría leer el libro de Jean Chesneaux, Una lectura política de Julio Verne, en el que muestra a un escritor preocupado por los grandes problemas sociales de su tiempo, a un humanista, a alguien con “ecos del socialismo utópico” y no a un simple anticipador de sucesos, que, por otro lado, nada tiene de simple  vislumbrar el futuro. En lo político lo hicieron Marx y Malthus; Wells en lo científico. Hazañas no fáciles de duplicar.
Es cierto, Verne predijo los viajes a la luna con más precisión que otros autores, por ejemplo que Cyrano de Bergerac con su Viaje a la Luna, publicado por vez primera en 1675, un fantástico utopista que incluso se atrevió a viajar a Los estados e imperios del Sol. Verne también, como Leonardo, pensó en el submarino. Ahora bien, no se trata únicamente de maravillarse ante sus milagrosas anticipaciones. Hay que sorprenderse con las excelencias del Verne narrador, con su prosa de cuidadosa manufactura, su habilidad para los diálogos y estructuras literarias. Por último, con el profundo conocimiento de su época e historia.
Verne nació el 28 de febrero de 1828 en Nantes. A lo largo de su vida escribió más de cien libros que no han perdido ni su valor ni su frescura. Recientemente fue recuperada su novela inicial, París en el siglo XX, que se creía desaparecida y que fuera rechazada por su editor y amigo Pierre-Jules Hetzel. Si Edgar Allan Poe fue capaz de jugar con el horror, Verne lo hizo con la emoción al recrear aventuras soberbias. Tendré que añadir que fue un temible crítico, capaz de satirizar a más de una venerable institución europea. Sus libros, afortunadamente, siguen vigentes por más que sus vaticinios hayan sido superados por el tiempo. Lo recomendable es rendirle a Verne el homenaje de la lectura inteligente y analítica, sin suponer equivocadamente que sólo los niños y los jóvenes pueden gozar con las novelas de los Viajes extraordinarios.
                *Escritor y periodista
                www.reneavilesfabila.com.mx

¿VERNE? ¿CUAL DE ELLOS?






¿VERNE? ¿CUAL DE ELLOS?
Algunos libros muy conocidos de Julio Verne, como El faro del fin del mundo, no fueron escritos realmente por él o lo fueron sólo parcialmente. Aquí un inventario de títulos y sus auténticos autores publicado por la revista especializada Cuasar. También puede leer una de estas obras: El Eterno Adán.

Jules Gabriel Verne (1828-1905) habitualmente es considerado, junto a H. G. Wells y Mary Shelley, como uno de los padres de la ciencia-ficción. La inmensa popularidad de Verne (comparable a las de Dumas padre y de Victor Hugo) condujo a numerosas maquinaciones comerciales, en gran parte producidas por su editor, J. Hetzel, y su hijo Michel, que llevaron a la publicación bajo su nombre de obras que no le pertenecían o con las que estaba livianamente relacionado. Algunos casos de autoría confusa fueron aclarados por investigadores literarios en fecha muy reciente. A continuación ofrecemos una lista, probablemente incompleta, de los apócrifos de Julio Verne.

NOVELAS:

* Prodigieuse découverte et ses incalculables conséquences sur les destinées du monde [Un descubrimiento prodigioso]. Publicado por J. Hetzel bajo el nombre de X. Nagrien en 1867. Hasta 1966 fue considerada como obra de Verne, pero la investigadora Simone Vierne determinó que X. Nagrien en realidad era el seudónimo de Francois-Armand Audoin.

* L’Épave du Cynthia. Publicada bajo los nombres de Verne y André Laurie (seudónimo de Paschal Grousset, 1844-1909), fue escrita en 1884. Verne sólo hizo una validación del texto de Grousset, pero el editor Hetzel agregó el nombre de Verne como coautor.

* Le phare du bout du monde [El faro del fin del mundo]. Basada en una novela de Verne, fue ampliamente modificada por su hijo Michel y el editor Jules Hetzel. Fue publicada por primera vez en forma seriada en 1905, año de la muerte de Verne padre.

* Le volcan d’or. Una obra en dos volúmenes, publicada en 1906, basada en una obra de Julio Verne pero extensamente reescrita por su hijo Michel.

* L’Agence Thompson and Co.: un voyage économique [La agencia de viajes Thompson y cia]. Dos volúmenes, escritos completamente por Michel, publicados por primera vez en 1907.

* La chasse au météore [La caza del meteoro]. Basado en una novela de Verne padre, fue ampliamente modificada por su hijo Michel. Publicada en 1908.

* Le pilote du Danube. Basada en una novela del padre (Le beau Danube jaune), modificada por su hijo Michel. Publicada en 1908.

* Les naufragés du ‘Jonathan’. Dos volúmenes basados en una novela de Julio Verne (En Magellanie), modificada por su hijo Michel. Publicada en 1909.

* Le secret de Wilhelm Storitz [El hombre invisible o el secreto de Wilhelm Storitz]. Basada en una novela de Julio Verne, modificada por Michel. Fue publicada por primera vez en 1910.

* L’étonnante aventure de la mission Barsac [La misión Barsac]. Originalmente en dos volúmenes, está basada en dos novelas planeadas por Verne padre pero escritas por su hijo Michel. Publicada en forma seriada en 1914, y en libro por primera vez en 1919.

CUENTOS

* “Un cauchemar”. “Manoeuvres”. “Intelligences”. “Délits fantastiques”. Firmados por X. Nagrien (ver Prodigieuse découverte et ses incalculables conséquences sur les destinées du monde), fueron inicialmente atribuidos a Verne. Publicados en 1869.

* “Quarantième ascension francaise au Mont-Blanc”, escrito por Paul Verne, hermano de Michel, en 1871.

* “La traversée de la Manche en 1895”, por Michel Verne. La primera edición, en 1888, aparece firmada por Michel, pero meses después en la revista La confiance (Paris) la firma M. Jules Verne (el nombre del hijo era Michel Jules Verne, un uso intencionalmente confuso).

* “Zizgats à travers la science”, por Michel Verne. Publicado en 1888, es una serie de artículos.

* “Un express de l’avenir” (“Un expreso del futuro”), por Michel Verne. Publicado en 1888. (“Un expreso del futuro”.

* “L’éternel Adam” [“El eterno Adán”], por Michel Verne. Está basada en Edom, de Julio Verne, y fue publicado en 1910.

* “La destinée de Jean Morénas”, por Michel Verne. Publicado en 1910, está basado en Pierre-Jean.

* “De Rotterdam à Copenhague à bord du yacht à vapeur Saint-Michel”, por Paul Verne, publicado por primera vez en 1881.

Las biografías de Julio Verne (conclusión: las otras biografías)

Las biografías de Julio Verne (conclusión: las otras biografías)


Javier Sierra, periodista español, publicó una investigación titulada El más desconocido de los hombres.
El escrito comienza con el hallazgo de la misteriosa obra París en el siglo XX. Dicen los hechos que este fue el segundo manuscrito que Verne tuvo intenciones de publicar y Hetzel, desde su posición de editor, lo rechazó. El libro presenta una visión sombría pero a la postre exacta, de la capital francesa en el futuro.
Cuando en 1979 el tataranieto de don Julio, Jean Verne, decide forzar un cofre que había permanecido cerrado por más de un ciento de años, no pudo prever que su contenido se convertiría en el centro del interés mundial.
Al principio se especuló sobre la autoría de la obra – es del conocimiento público que Michel, hijo de Verne, terminó o rescribió muchos de los borradores. Pero los registros históricos, llevados a cabo por recomendación del mismo Hetzel, demostraron que era una novela auténtica.
Cito las palabras de Jean Verne según entrevista realizada por Javier Sierra:
«Apenas un mes después de morir Julio Verne, mi abuelo Michel publicó una lista con las obras de su padre que aún permanecían inéditas. Entre ellas figuraba claramente la obra París en el Siglo XX, y pronto, en los archivos de la familia Hetzel, se descubrió también una carta en la que éste rechazaba la referida novela por considerarla demasiado pueril».
¿Por qué despertó tan inocultable atención el texto? Esta obra, que provocó tan decidida censura por parte de Hetzel, al ser leída a finales del siglo pasado tomó tintes de profecía realizada. Se retrata una estructura extremadamente similar a la torre Eiffel. Se habla de un vehículo comparable al tren subterráneo que comunica París. Echa en falta el matiz artístico del siglo XIX.
Pero antes de presentar los hallazgos de Sierra, repasemos algunos fragmentos del enérgico rechazo, para que entendamos de qué trata París en el siglo XX:

La carta de Hetzel a Verne luego de revisar los manuscritos de París en el siglo XX.
Escrita a fines de 1863 o inicios de 1864
Editado por Cristian Tello

Mi querido Verne, daría cualquier cosa por no tener que escribirle hoy. Ha emprendido una tarea imposible y no ha logrado llevarla a mejor término de quienes lo han precedido en asuntos análogos. Está a gran distancia, por debajo de Cinco semanas en globo. Si la lee dentro de un año va a estar de acuerdo conmigo. Es periodismo menor acerca de un asunto nada feliz.
No me esperaba una obra perfecta; ya le dije que sabía que estaba intentando lo imposible, pero esperaba algo mejor. No hay allí un solo asunto sobre el futuro que se resuelva ni una sola crítica que no se parezca a otra mil veces hecha. Me asombra que haya hecho usted con tanta urgencia y como empujado por un dios algo tan penoso, con tan poca vida.
Es mejor serle franco. Si usted hubiese fracasado en la puesta de una obra teatral, lo comprendería, y bien se fracasa en un libro como en una obra, y cuando el punto de partida llega a lo imposible, no hay nada que pueda conducir al objetivo, ni talento, ni descripción de detalles, nada salva lo que no puede salvarse.
No veo nada que alabar en este caso, nada que aplaudir francamente. Siento tanto, tener que escribirle, pero sería todo un desastre para su reputación el que se publicara este trabajo. Daría la impresión de que el globo fue una feliz casualidad. Yo, que tengo el capitán Hatteras, sé que la casualidad por el contrario es esta cosa frustrada, pero el público no lo entenderá así.
¿Hace falta decírselo?, este libro es casi el de un niño, el de un principiante, el de un hombre que va como un abejorro contra una ventana.
Y sobre las cosas en que me considero competente – las de literatura, por cierto -, usted habla como un hombre de mundo que en algo las conoce, que ha asistido a estrenos, que advierte, satisfecho, los lugares comunes. Esto no es ni elogio ni crítica. Es lo que se debe decir.
Usted no está maduro para este libro, lo va a rehacer dentro de veinte años. Esta es la pena por envejecer el mundo en cien años para no estar por encima de aquello que corre hoy por las calles. En fin esto es un fracaso, un fracaso y cien mil hombres me podrían decir lo contrario y los enviaría a todos a paseo.
Desafortunadamente cien mil hombres hablarían como yo lo estoy haciendo.
Nada hay en él que hiera mis sentimientos ni mis ideas. Sólo me hiere la literatura, y ésta es inferior a usted mismo en casi en todas sus líneas.
Su Michel es un pájaro vulgar, los otros no son divertidos y a menudo resultan desagradables.
Usted es mediocre allí, hasta los cabellos. No hay una verdadera originalidad, no hay simplicidad, no hay espíritu, no hay, en una palabra, lo que pueda hacer una carrera de seis meses a un libro. Sólo hay cosas que pueden hacerle un daño irreparable.
¿Acaso no puedo, querido niño, tratarle como un hijo, con alguna crueldad, porque sólo le deseo lo mejor?
¿Su corazón se volverá contra quien se atreve a amonestarlo con tanta dureza?
Espero que no, y no obstante ya sé que me he equivocado más de una vez acerca de la fuerza de las gentes que reciben un consejo verdadero. Si no tuviese delante mío al autor del globo, no dudaría que, convencido o no, sería usted partícipe de mi buena intención. Ahora bien, uno de los efectos de su libro nuevo, es que me hace temer que no está usted lo suficientemente maduro, lo suficientemente fuerte para comprender este desgarre quirúrgico. Dios sabe por tanto que si su libro hubiese tenido solamente un cuarto de éxito estaría decidido a considerarlo de buen grado.
Suyo, J. Hetzel

El hallazgo de París en el siglo XX renueva la curiosidad en torno, no tanto a la obra, sino a la persona de Julio Verne. Y Sierra se aboca a investigar. Constata, entre otros sorprendentes descubrimientos, que hay supuestas claves en la obra de don Julio. Pero antes de señalarlas, asomémonos a los pasajes menos conocidos de su vida.
Todo parece indicar que Julio Verne pertenecía a una sociedad secreta, una de las muchas que proliferaban en aquellos tiempos. Michel Lamy, en un poderoso ensayo publicado en 1984[i], sostiene que la discreción del escritor se debía a votos empeñados en el seno de una sociedad llamada Angélica o de la Niebla, a la cual fue introducido por Alejandro Dumas. Dicha sospecha se sostiene en las inclinaciones esotéricas muy conocidas de Dumas. Este escritor contó con amistades estrechas de ocultistas tan respetados como Papus o Eliphas Lévi o el famoso quiromante D´Arpentigny. Este último se dice que presentó al joven Dumas con Verne.
Michel Lamy, en entrevista concedida a Sierra, explica sobre la sociedad de la niebla lo siguiente:
«…Era una especie de Golden Dawn a la francesa. Mientras esta influyó en las ideas de muchos autores ingleses, la Niebla convocó a literatos y pintores como Gaston Leroux, George Sand, Maurice Le blanc o Dumas, bajo una ideología muy próxima a otras sociedades como los rosacruces».
Y según el mismo Lamy, hay claves ocultas en la obra de Verne que delatan la influencia de esta ideología. En Robur el conquistador, por ejemplo, pueden encontrarse las iniciales R y C, que son las siglas de Rosa-Cruz. Y el protagonista de La vuelta al mundo en ochenta días se llama Phileas Fogg, nombre que arroja dos coincidencias: el título del texto básico de la Sociedad de la Niebla, El sueño de Polifilo, cuyo equivalente etimológico es Phileas, y el apellido de este personaje, Fogg, que en inglés significa niebla. En este mismo libro, La vuelta al mundo…, aparece el Reform Club, el cual vuelve a sugerir las iniciales de Rosa Cruz.
Podría llenar muchas más páginas con los ejemplos que brinda Lamy, pero prefiero pasar a otra fuente citada por Sierra: el autor Franck Marie[ii].
Marie compara señales insertas en publicaciones de Verne, Leroux y Leblanc, todos escritores relacionados con sociedades iniciáticas, y nota que reproducen una y otra vez las iniciales R y C, Rosa Cruz.
Pero este tipo de concomitancias no se circunscriben a las fronteras francesas. Bram Stoker, miembro activo de la Golden Dawn inglesa, da a conocer su Drácula y Verne pone punto final a El castillo de los Cárpatos, locación ambientada muy cerca de la mansión del chupasangre de Stoker. Con esto, ambos profundizan en un tema que no es extraño a las sociedades secretas: la inmortalidad.
En fin, no significa que estas coincidencias, por mucho que reincidan, sean pruebas irrefutables, no. Pero la escalada toma altos niveles cuando llegamos a la tesis final de Sierra, quien, no lo olvidemos, persigue la respuesta para una interrogante muy precisa: ¿Cómo pudo Verne ver el futuro?
Y la conclusión se presenta finalmente: Julio Verne podía haber contactado a entidades espirituales y poderosas que le permitieron ver los destinos de la humanidad. Esa es a la conclusión que llega Sierra, y otros muchos intelectuales que estudió: Marie, Lamy. Pero por desgracia, esto nunca podrá probarse por completo: su respuesta se perdió en las nieblas del tiempo y de nuestras insondables capacidades humanas.
Buenas tardes.


[i] Lamy, Michel. Jules Verne, Initié et Initiateur. Payot, Paris. 1984
[ii] Marie, Franck. Le surprenant message de Jules Verne. Verité Anciennes. París, 1981
Imágen extraida de kaosenlared.net

Las biografías de Julio Verne(2)

ImageEsta segunda parte es un apartado que se tituló La biografía oficial. Retrata al Julio Verne conocido y prepara el camino para las conclusiones.
La editorial Brugera retrataba a Julio Verne, allá por 1981, de la siguiente forma:
«Nació en Nantes, Francia, en 1828, y ejerció diversos oficios antes de dedicarse a la literatura, pero lo que más marcó su futura vocación de escritor fue el oficio de libretista de un teatro y la colaboración con Alejandro Dumas hijo. En 1863 se publicó Cinco semanas en globo, la primera de una larga serie de novelas de viajes y aventuras que le convertirían en un escritor de gran fama. La fantasía, el exotismo, la utopía, relatos de viajes y supuestos hallazgos científicos son algunos de los ingredientes de sus obras, en las que los personajes, dibujados con cierto esquematismo, ceden en importancia ante la acción, el reto y el combate, ya sea entre seres humanos, con la naturaleza o contra la injusticia. Debido a la influencia de algunos de sus relatos en la literatura posterior, se le considera, junto a H.G. Wells, como uno de los precursores del género de ciencia ficción. Entre sus títulos más célebres destacan Viaje al centro de la tierra (1864), De la tierra a la luna (1865), Los hijos del capitán Grant (1867), Veinte mil leguas de viaje submarino (1869) y La vuelta al mundo en ochenta días (1873)».
Una biografía más completa, divulgada por Cristian Tello de la Cruz, divide la vida del autor en cuatro etapas significativas: infancia y juventud, etapa parisina, la estancia en Le Crotoy y retiro en Amiens. Estas reseñas nos dan información complementaria:
La infancia y juventud de don Julio transcurren en su ciudad natal, Nantes, desde su nacimiento en 1828 hasta su viaje a París. Se desplaza a esta gran ciudad para complacer a su padre, quien deseaba heredarle su bufete de abogado, y estudiar leyes. Pero en la capital es atraído por el ambiente bohemio y decide convertirse en escritor.
La etapa parisina entraña la lucha de Verne por sobrevivir. Su padre, molesto por la negativa de su hijo a ser abogado, le retirará la ayuda económica. Es una época en la que se gana la vida creando pequeñas obras de teatro. También es la época en la que se casa con Honorine Anne Hébe Fraysse de Viane. Y en la que conoce a Pierre Jules Hetzel, su editor, quien publicará Cinco semanas en globo, novela que será el inicio de una fecunda y exitosa producción literaria.
Verne se establece con su familia en Le Crotoy, un pequeño pueblo de pescadores en la bahía del Somme. Se traslada ahí para escribir con tranquilidad. Fue por esos años que se vio obligado a tomar parte de la guerra franco-prusiana sirviendo como un guardia nacional a bordo del primero de sus tres barcos personales, el Saint-Michel I.
Su retiro definitivo se concreta en Amiens, cuando ya era un escritor consagrado. Es en este período que se da su mayor producción literaria, ya que en Amiens vive alejado de París y puede trabajar a gusto. Ocupó el cargo de Concejal municipal durante varios años en esta ciudad que lo vio morir en 1905 a causa de la diabetes.

Los testimonios de Walter James Miller (escritor), Gavin Scott (guionista), el Conde Piero Gondolo della Riva (coleccionista y miembro de la Sociedad Julio Verne), Ron Miller (escritor), Hellen Morris (editora de Random Haouse) y el mismo Jean Verne, su bisnieto, todos incluidos en el vídeo de la serie Biografías producido por National Geographic, muestran una relación estrecha entre Pierre-Jules Hetzel, el editor que lo llevaría a la fama mundial, y don Julio. Este maridaje editor-escritor no debe subestimarse. Pierre-Jules Hetzel identificó el perfil de los lectores de Verne. Tenía una idea muy clara de qué podía resultar interesante de su literatura, como sugiere una carta que hoy es un monumento a su amistad. Incluso fue quien determinó ilustrar sus libros.
Verne, desde cierto punto de vista, tenía mejor relación con Pierre Jules que con su esposa e hijo. Con la primera llevaba una relación cordial pero fría, y el segundo le pareció desde su nacimiento un estorbo para su trabajo. En este sentido, su etapa parisina representa la raíz de su fama posterior. Fue en París donde conoció a Alejandro Dumas hijo y padre, quienes le presentaron a Pierre Jules Hetzel, editor ya reconocidísimo, además de otros personajes de los espacios artísticos. Con estos cimientos, solo le quedó seguir irguiéndose.
Pero esto no explica las sorprendentes coincidencias entre lo que escribió y el futuro. ¿Cómo una persona puede proyectar con tanta exactitud lo que aún no ha ocurrido? En el siguiente apartado pasaremos revista a otras biografías, unas que tal vez expliquen esta rareza.
La imagen fue extraida de Imaginar la ciencia

JULES VERNE

viernes, 12 de octubre de 2012

SI NO LO VEO NO LO CREO: Pierre-Jules-Hetzel, editor, a JULIO VERNE mientras redactaba la carta con la que le rechazaba la publicación de su novela "París en el SIglo XX". Diciembre de 1.863.




Julio Verne rechazó, en la entrevista que le hizo Robert H. Sherad en 1.903, ser un escritor de ciencia ficción argumentando que:
  • "Yo hago uso de la Física, pero él (en referencia a su coetáneo el inglés H.G.Wells) inventa. Yo voy a la Luna en una bala, disparada por un cañón. No hay invención alguna. Él viaja a Marte en una aeronave de metal que anula la ley de gravitación. Eso está muy bien, pero, muéstreme ese metal.".
De hecho, unos años antes, por 1.863 y para dejar constancia de su habilidad en el terreno de crear historias en otros estilos, se le ocurrió escribir una novela absurda en los más puros términos de fantasía aplicables a la ciencia ficción en la que narrar cosas absolutamente increíbles y de un interés nulo para el ser humano y le remitió a su editor la novela llamada "París en el Siglo XX" en la que narraba toda una serie de barbaridades científicas, incapaces de ser llevadas a cabo por los humanos por su inutilidad, pero que dejaba constancia de su habilidad para redactar una historia increíble, en la más pura ciencia ficción y en la que escribía cosas tan absurdas como:

  • Si bien ya casi nadie leía, por lo menos ya todo el mundo sabía leer e incluso escribir
  • No había hijo de artesano ambicioso, de campesino desplazado, que no pretendiera un puesto en la Administración.
  • La mayor parte de los innumerables coches que surcaban la calzada de los bulevares lo hacían sin caballos; se movían por una fuerza invisible, mediante un motor de aire dilatado por la combustión del gas.
  • Serás mayor de edad a los dieciocho.
  • Se comprende que en esa época de negocios el consumo de papel aumentase en proporciones inesperadas (...); los bosques ya no servían para calefacción, sino para la impresión.
  • Ya no hay mujeres (...) se han pasado al género masculino y ya no merecen la mirada de un artista ni la atención de un amante.
  • ¡Concierto eléctrico! ¡Y qué instrumentos! (...) doscientos pianos comunicados entre sí a través de una corriente eléctrica tocaban juntos de la mano de un solo artista.
  • Ya no cortaban la cabeza a nadie. Le fulminaban con una descarga.
  • En efecto, el primer vagón llevaba entre las ruedas unos imanes situados a la derecha y a la izquierda del tubo, muy cerca pero sin tocarlo. Estos imanes actuaban a través de las paredes del tubo de disco de hierro. Éste se deslizaba y lo arrastraba al tren; el aire comprimido no podía escapar…
  • El envío de facsímiles a 10.000 km de distancia mediante señales eléctrica o una “red telegráfica mundial” capaz de comunicar a las personas desde cualquier parte del mundo ya que cubría la superficie completa de los continentes y el fondo de los mares…
  • Esos coches de gas consumían grandes cantidades de hidrógeno…
Y así con una innumerable cantidad de ideas absurdas, incapaces de convencer a nadie de su posible realidad futura.

Cuando el editor terminó de leer la novela, pensó "si no lo veo no lo creo" y entonces le escribió a Julio Verne mostrándole su total desacuerdo respecto a la edición de dicho manuscrito indicándole textualmente:

  • "¿Hace falta decírselo?, este libro es casi el de un niño, el de un principiante, el de un hombre que va como un abejorro contra una ventana."


Por tanto, y ante los consejos desalentadores de su sabio editor, comprendió que todas aquellas "ocurrencias" no tenían ningún sentido por lo que abandonó el manuscrito en el rincón más oscuro de su caja fuerte esperando que allí se pudriera por sí solo sin tener que "echarlo" él mismo al fuego, antes de que su conocimiento por el público le llegara a desprestigiar como escritor.

Años más tarde, en 1.989, su descendiente Jean Verne localizó la novela en el interior de una caja fuerte y en 1994 fue publicada en varios idiomas.

He aquí algunos enlaces de interés:


Para quién tenga interés, he aquí la descarga de la novela:
17 capítulos. Escrita en 1863.
Paris au XXe siècle, editada por Piero Gondolo della Riva, Paris, Hachette / le cherche midi éditeur, 1994, 217 páginas, 2 ilustraciones y una cubierta de François Schuiten.

Y finalmente algo de música de Muyayos de Raiz, con un fondo visual fantasioso: