JULES VERNE

JULES VERNE

martes, 31 de diciembre de 2013

EDITORIAL HETZEL

http://www.aux2elephants.fr/

2014

FELIZ AÑO NUEVO

UN HOMENAJE A VERNE, UN HOMENAJE A LAIKA

Foto: Un homenaje a Verne, un homenaje a Laika.Un homenaje a Verne, un homenaje a Laika.

Ilústrame con tu cultura: Julio Verne

Ilústrame con tu cultura: Julio Verne
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Ilústrame con tu cultura: Julio Verne

Escrito e Ilustrado por Franco Mattiello
Si hablamos de escritores que han podido anticipar eventos, descubrimientos y máquinas, 
entonces Julio Verne 
es el indicado.
Este escritor francés nacido en 1828 no consideraba que sus textos pertenecieran al 
género de ficción, 
él se veía mas bien como un hombre de ciencia que pretendía hacer el conocimiento 
disponible para
 sus lectores.
Anticipó la creación de numerosas invenciones y eventos.

Aquí está una lista de los libros en los que se encuentran sus predicciones y cuales fueron.

  • Ante la bandera, Los quinientos millones de la Begún: armas de destrucción masiva.
  • Robur el Conquistador: helicóptero.
  • De la Tierra a la Luna, Alrededor de la Luna: naves espaciales.
  • Una ciudad flotante: grandes transatlánticos, muñecas parlantes.
  • París en el siglo XX: internet, motores de explosión.
  • 20.000 leguas de viaje submarino, La isla misteriosa: submarino, motores eléctricos.
  • La isla misteriosa: ascensor.

Algo sorprendente es que hay cosas acerca de las que escribió que nosotros aún no 
conocemos y quien 
sabe quizás no falte mucho para poder seguir sumando coincidencias a esta lista, como 
por ejemplo 
medios para transportarse a 1,500 km. por hora.
Un dato curioso es que su obra “París en el siglo XX” fue escrita en 1863 es acerca de 
un joven que 
vive en un mundo de rascacielos de cristal, trenes de alta velocidad, automóviles de gas, 
calculadores
 y una red mundial de comunicaciones, pero que no puede alcanzar la felicidad y se 
dirige a un trágico fin.
 Hetzel creyó que la tendencia pesimista de este texto podría dañar la prometedora 
carrera de Verne y le 
recomendó que esperara 20 años en publicarla, así que decidió guardar el escrito en 
una caja fuerte, 
el cual fue encontrado por su bisnieto en 1989 y no fue sino hasta 1994 que se publicó.

Julio Verne, el misterioso profeta de la ciencia ficción

LITERATURA

Julio Verne, el misterioso profeta de la ciencia ficción

Se cumplen 145 años de la publicación de “Alrededor de la Luna”, la novela que subyugó al cosmonauta ruso Yuri Gagarin
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AVENTURAS. Jackie Chan en “La vuelta al mundo en 80 días” (2004).
El cosmonauta ruso Yuri Gagarín fue el primer ser humano en viajar al espacio. Lo hizo a bordo de la nave Vostok 1 y despegó el 12 de abril de 1961. Su periplo alrededor del planeta, a una velocidad de 27.400 kilómetros por hora, duró 108 minutos. “¡La Tierra es azul...!”, describió con asombro cuando pudo ver nuestro mundo desde el abismo insondable del cosmos. Lo curioso es que esa misma visión había sido descrita anteriormente por otro ser humano. Y no era precisamente un astronauta, sino un escritor: Julio Verne. De hecho, el mismo Gagarin confesó años después, que la lectura de las novelas de Verne lo llevaron a convertirse en astronauta.

Hoy se cumplen 145 años de la publicación de “Alrededor de la Luna”, la segunda parte de aquella novela que deslumbró a Gagarin y que marcó un hito en la historia de la ciencia ficción: “De la Tierra a la Luna”. Claro que Verne no fue un escritor común y corriente. Su vida -tal vez más que sus obras- encierra un misterio que aún hoy subyuga a los fanáticos del género. Una vida repleta de secretos, actividades extrañas y profecías cumplidas.

El inicio

Las vidas parecen existir para contarlas, o así al menos lo afirma Gabriel García Márquez. La vida de Verne comenzó el 8 de febrero de 1828, en Nantes, Bretaña, a orillas del Loire. Hijo de un abogado (Pierre) y de Sophie Allote de la Füye, Verne pasó la infancia convencional de un vástago de la burguesía. El joven Julio no conocería el mar hasta los doce años y es por esa época que surgió una pertinaz leyenda: el futuro escritor se habría alistado como marino. Pero, al ser atrapado por su padre en la primera escala, razonó: “De aquí en adelante sólo voy a viajar en mi imaginación”. ¡Y vaya si lo hizo!

Obligado por su padre, Julio siguió el mandato paterno y se mudó a París para convertirse en abogado. Aunque corría el año 1848 y se preparaba una nueva revolución, el escritor no se mostró interesado en los virulentos vaivenes políticos. Su mayor preocupación eran los problemas de salud que lo aquejaban (descompostura crónica, parálisis faciales) y su mayor interés, frecuentar los cenáculos literarios. Mientras tanto, muy lejos del prototipo de escritor bohemio, fue construyendo una vida que no colisionara con lo que esperaba de él su familia. Para casarse encontró a la candidata ideal en Honorine Deviane, una joven viuda de 26 años, madre de dos hijas.

El giro radical en la vida de Verne tuvo lugar en 1962, cuando conoció al editor Pierre-Jules Hetzel. Fue él quien descubrió el tremendo potencial novelístico de Verne, lo orientó sobre cómo debería redactar sus primeros textos y le ofreció un contrato que lo obligaba a escribir dos libros al año. Fue en esta época que nacieron las novelas más deslumbrantes de Verne y, al mismo tiempo, comenzó a gestarse su fama de profeta y visionario.

Siempre se ha considerado al autor como un escritor de relatos de aventuras para chicos. Sus obras las leían preferentemente los jóvenes. Pero más de un siglo después de que esas novelas fueran escritas y con los conocimientos actuales las obras de Verne ofrecen sorprendentes revelaciones.

Por ejemplo: Verne predijo algo parecido a internet en una obra inédita hasta finales del siglo XX (“París en el siglo XX”). Y no fue publicada en su época a causa de su concepción catastrófica de la vida y la sociedad, curiosamente, muy similar a la actual. Verne también imaginó la televisión y el helicóptero, así como la subida al poder del Nacional socialismo en la figura de Hitler. El primer submarino fue otra de sus fantasías hechas realidad. El maravilloso Nautilus de “20.000 leguas de viaje submarino” no sólo deslumbró a los lectores por su originalidad, sino también por la autosuficiencia del aparato que permitía vivir en el mar sin tocar tierra firme.

Sin embargo, son sus obras “De la Tierra a la Luna” y “Alrededor de la Luna”, las que han cimentado la fama profética de Verne. En ellas el escritor brinda detalles precisos que, posteriormente, dejaron pasmados a los expertos cuando el hombre puso por primera vez el pie en la Luna. En esas novelas Verne eligió a Estados Unidos como país financiador del proyecto y al estado de Florida para el lanzamiento; un lugar muy próximo a Cabo Cañaveral. Y aún más: en la novela, el aterrizaje también se produce en el mar, a escasas cuatro millas del lugar en el que amarizó el Apolo 11. Tanto la velocidad de la cápsula como sus dimensiones se aproximan mucho a las reales de aquel Apolo 11 tripulado, también por tres astronautas...

Todo esto demuestra que Verne fue un pozo de ciencia. Aunque también existe la creencia de que formó parte de una milenaria sociedad secreta (la masonería) y tuvo acceso a datos que muy pocos hombres conocían. Su atracción hacia la criptografía quedó plasmada en muchas de sus obras y hay quien encuentra un mundo oculto y esotérico incluso en los nombres de sus personajes.

Finalmente, un incidente con su sobrino (que intentó matarlo en un ataque de psicosis) lo sumó en una depresión y lo llevó a quemar gran parte de su biblioteca criptográfica. Hasta hoy, nadie ha podido descubrir por qué razón su sobrino le disparó dejándolo rengo hasta el final de sus días. Muchos especulan que esta tentativa se debía a los lazos que unían al escritor con la masonería.

Antes de morir, el 24 de marzo de 1905 (a causa de la diabetes), Verne estaba preparando una obra con un marcado sentido apocalíptico. El libro en cuestión, titulado “La invasión del mar” (1905) cuenta cómo Europa es cubierta por las aguas que llegan desde los polos, a causa de un deshielo provocado por el cambio climático. Semejante situación provoca que el hombre vuelva a su forma primitiva. Cualquier parecido con lo que está sucediendo en la actualidad ¿es pura coincidencia?

Leyenda: Verne ¿fue masón?

En la vida de Verne hay muchos enigmas. Cuenta la leyenda que poco antes de morir Verne quemó miles de cartas y de documentos, deseoso de seguir siendo un enigma. Y que, aficionado a la criptografía, dejó cientos de mensajes cifrados en sus obras, en su vida e, incluso, en el monumento funerario que encargó para su sepultura. Muchos dicen que fue masón y que perteneció a una prestigiosa orden iniciática.

Lecturas: Dickens y Wells

Entre los escritores que le precedieron, Julio Verne admiraba especialmente a Charles Dickens, de quien decía que eclipsaba a todos los demás “por su increíble fuerza y justeza de expresión”, además de por su pulcro y trabajado humor. De sus contemporáneos, en una entrevista hecha en 1904 declaró su fascinación por la obra de George Wells, autor de “La guerra de los mundos”.

En el cine: todo un récord

Nada menos que 33 novelas de Julio Verne han sido llevadas al cine. Con ellas se han hecho 95 películas en varios idiomas, además de numerosas series para TV. La primera fue Los hijos del capitán Grant (1901) y las que han inspirado más versiones son “Miguel Strogoff” (16), “20.000 leguas de viaje submarino” (9), “Viaje al centro de la Tierra” (5) y “La vuelta al mundo en 80 días” (4). 

Reseña: "Claudius Bombarnac, corresponsal de El Siglo XX", de Julio Verne Destacado

Reseña: "Claudius Bombarnac, corresponsal de El Siglo XX", de Julio Verne Destacado

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Reseña: "Claudius Bombarnac, corresponsal de El Siglo XX", de Julio Verne
Eso del transporte ferroviario, que al principio parecía un simple recurso de la ingeniería civil y del turismo burgués, acabó por ser un asunto legendario gracias a la literatura. ¿Cuántos kilómetros de vía hay en la novela de aventuras? Tan primordiales son las letras en esa travesía que uno, en su afán por confundir la realidad y la ficción, ya es incapaz de subirse a un vagón sin recordar a las locomotoras de más abolengo libresco.
Lo mismo que en la historia de los trenes cuentan los hechos históricos y los avances tecnológicos, deberían pesar en la del viajero los recuerdos de quienes mitificaron el mundo ferroviario. Jules Verne, por ejemplo. Tanta fue la pasión del novelista por las vaporosas que incluso llegó a bautizarse una máquina con su nombre: el tren expreso Jules Verne, que hizo la ruta entre Nantes y París hasta 1988, fecha en que lo jubilaron, sustituyéndolo por un tren de alta velocidad.
Gracias a la editorial Fórcola, en una magnífica traducción de Mauro Armiño, recuperamos una novela verniana que transcurre, precisamente, en un vigoroso ferrocarril de larga distancia.
Claudius Bombarnac llega a las librerías en una preciosa edición, embellecida con las ilustraciones originales deLéon Benett y precedida por un prólogo que vale por todo un ensayo: El planeta Verne, de Eduardo Martínez de Pisón.
En esta invitación al viaje, nuestro anfitrión es el reportero Bombarnac, quien no tiene tiempo de deshacer su maleta antes de emprender el trayecto que conduce desde Tiflis hasta Pekín.
Como es habitual en Verne, esta peripecia dramática –que comienza en el Mar Negro, a bordo del paqueboteAstara– está abrumadora documentada con toda suerte de referencias y digresiones culturales que el propio personaje protagonista anuncia con orgullo: "Hay que satisfacer las exigencias del reportaje –nos dice– y las necesidades tan modernas de la interview. Estaba cuidadosamente preparado, sin embargo, y ampliamente provisto de documentos geográficos y etnológicos relativos a la región transcaucásica".
Desde el desierto de Karakum al gran bazar de Samarcanda, desde la meseta de Pamir hasta la Gran Muralla, el recorrido es todo lo exuberante y folletinesco que uno espera en una novela con estas premisas. Y acaso un poco más.
Los reflejos inesperados en las ventanas del vagón, los paisajes pintorescos, la desmesura de una geografía queVerne hace verosímil... No hay duda de que nos hallamos ante una lectura feliz, en la que el viaje rima con todo el colorido, el riesgo y la novedad que se ponen al alcance de Bombarnac.
Lo mismo cabe decir del irrepetible catálogo de personajes que puebla estas páginas, tan variado y entrañable que uno –ay– acaba identificándose con el protagonista, o al menos, envidia esa oportunidad de acceder a los vaivenes formidables de una humanidad que se resume en el pasaje del tren Transasiático.
Como es habitual en nuestro escritor, no faltan los estereotipos –en especial, los nacionales–, pero el lector le perdona ese empeño, lo mismo que perdona los ripios en el poeta o la repetición de una nota en el pianista.Verne es así, y no vale la pena darle más vueltas.
Publicada por entregas en Le Soleil desde el 10 de octubre al 7 de diciembre de 1892, Claudius Bombarnacmuestra las virtudes del novelista francés en su plenitud, y aunque no se trate de su obra más conocida, lo cierto es que no debería faltar en la estantería de ningún viajero literario. El placer y la sugestión vienen en el mismo envoltorio.
Sinopsis
Claudius Bombarnac es un reportero francés que recibe el encargo de cubrir en tren la distancia entre Tiflis y Pekín y escribir sus impresiones de viaje a bordo del gran Transasiático para los lectores de «El Siglo xx». A lo largo del sinuoso trayecto conocerá a diversos personajes, que se convertirán en los protagonistas de sus notas de viaje, desde el jefe del tren, de origen ruso, hasta los distintos pasajeros, de varias nacionalidades, que viajan con él con destino a Pekín: un comerciante norteamericano; una comercial inglesa; un matrimonio de actores de origen francés; un noble barón alemán; un médico del ejército ruso; un caballero inglés; un joven chino y su anciano maestro, y un enigmático personaje de origen mongol y su ayudante; sin olvidar la extraña caja que viaja en el furgón de equipajes, y los restos mortales del gran mandarín Yen-Lu.
Pero el verdadero protagonista de esta historia es el gran Transasiático, el tren que desde Bakú hasta Pekín habrá de franquear puertos de montaña respetables, evitar mares de dunas, sortear ríos, atravesar desiertos y cordilleras, en un larguísimo trayecto a través de Asia Central, en una historia que pertenece aún al tiempo del ingenio, al de la obra en el terreno.
Como explica en su introducción el geógrafo Eduardo Martínez de Pisón, más que una novela de viajes, es un viaje novelado, con todos sus ingredientes: larga distancia entre origen y meta, continente exótico, paisajes encadenados, descripciones geográficas, personajes variopintos, finalmente intrigas, una propuesta ferroviaria futurista y amores complicados por esa misma geografía y resueltos por el tren que vence las distancias. EnClaudius Bombarnac el viaje ordena la acción y convierte la novela en una trepidante aventura ferroviaria, con la indudable marca de Jules Verne.
Ficha editorial
Claudius Bombarnac, corresponsal de «El Siglo XX» Viaje en tren por Asia Central, de Tiflis a Pekín
Julio Verne
Traducción de Mauro Armiño
Precedido de «El planeta Verne», por Eduardo Martínez de Pisón
23,50 €
Páginas: 384
ISBN 978-84-15174-80-6
Formato 13 x 21 cm
Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.
Copyright de imágenes y sinopsis © Fórcola. Reservados todos los derechos.

JULES GABRIEL VERNE

“Le sorprenderá quizás saber que no me enorgullece particularmente haber escrito sobre el automóvil, el submarino, el dirigible, antes de que entraran en el dominio de las realidades científicas. Cuando he hablado de ellos en mis libros como de cosas reales, ya estaban inventados a medias. Yo me limité simplemente a realizar una ficción de lo que debía convertirse después en un hecho (…) Cada hecho geográfico y científico contenido en cualquiera de mis libros ha sido examinado con mucho cuidado y es escrupulosamente exacto”.
-Jules Gabriel Verne-



Foto: “Le sorprenderá quizás saber que no me enorgullece particularmente haber escrito sobre el automóvil, el submarino, el dirigible, antes de que entraran en el dominio de las realidades científicas. Cuando he hablado de ellos en mis libros como de cosas reales, ya estaban inventados a medias. Yo me limité simplemente a realizar una ficción de lo que debía convertirse después en un hecho (…) Cada hecho geográfico y científico contenido en cualquiera de mis libros ha sido examinado con mucho cuidado y es escrupulosamente exacto”.
-Jules Gabriel Verne-


lunes, 30 de diciembre de 2013

"Escuela de robinsones", de Julio Verne

"Escuela de robinsones", de Julio Verne

Escuela de robinsonesEn Escuela de robinsones Julio Verne recrea con humor y cierto aire quijotesco, sin renunciar por ello a la peripecia aventurera que caracteriza su obra, el mito literario de Robinson Crusoe.
Con este propósito, Verne se sirve de dos personajes antitéticos –y como sucede a menudo complementarios–: el joven Godfrey Morgan, deseoso de conocer nuevos mundos, y el profesor Tartelett, experto en danza y compostura, y los hace naufragar en una isla donde han de hacer frente a sus necesidades con la única ayuda de sus manos y la de un indígena, Carefinotú, que cumple con fidelidad su papel de nuevo Viernes.
Una vez allí, se ven asaltados por toda suerte de peligros y amenazas, como inclemencias atmosféricas, tribus de caníbales e incluso animales salvajes.
"Así surge –escribe Luis Reyes–una nueva novela de la ciencia, en la que Veme desarrolla extraordinariamente un tema muy apropiado para ello, el del robinsonismo. El robinsonismo es un mito burgués, iniciado en el siglo anterior por Daniel Defoe, cuyo Robinson Crusoe es todo un canto al individualismo burgués, a la capacidad de la nueva clase dominante que emerge para imponerse sobre la naturaleza y el mundo. De la obra de Defoe ha habido muchas imitaciones, pero la de Verne está a la altura del Robinson Crusoe original, porque no es una historia de náufragos más, sino una especie de resumen de toda la filosofía del novelista. Esa épica de la conquista de la Tierra y de la Naturaleza por el hombre, que Verne ha desarrollado en sus Viajes Extraordinarios, culmina aquí [enLa isla misteriosa], cuando unos hombres arrojados por el infortunio a una isla desierta, sin prácticamente nada más que sus saberes y habilidades de hijos del siglo XIX, son capaces de organizarse socialmente y desarrollar una civilización técnica" (Caminos abiertos por Julio Verne, Editorial Hernando, 1978).
"Podría parecer –escribe Herbert Lottman– que aflojó algo el ritmo de trabajo durante ese año tan provechoso [1881]. «Tengo mucha curiosidad por saber cómo anda usted con la nueva obra que está preparando», le dice Hetzel a finales de abril, insinuando así que, en los últimos tiempos, no ha visto síntomas de actividad. Pero sabemos que Verne estaba escribiendo afanosamente, aunque se trataba de una obra menor, Escuela de Robinsones, que se publicó en la revista de Hetzel a principios de 1882. Él mismo dijo de ella que se trataba de una humorada del estilo del Doctor Ox. El Robinsón que da nombre al libro es el joven Godofredo Morgan que, a los veintidós años, se siente irresistiblemente atraído por el mito de Crusoe y desea visitar los lugares más remotos de la tierra antes de casarse con la pupila de su tío. Ese tío, el acaudalado William W. Kolderup de San Francisco, organiza entonces un falso naufragio en una isla del Pacífico que acaba de comprar en una reñida subasta" (Julio Verne, Anagrama, 1998).
Ficha editorial
Escuela de robinsones
Julio Verne
Traducción de Mauro Armiño
Colección: El Club Diógenes / CD–114
Año: 1999
ISBN: 84–7702–262–3
Nº de páginas: 272
Precio: 5,71 €
Copyright de texto e imágenes © Valdemar. Reservados todos los derechos.

Julio Verne: "La vuelta al mundo en ochenta días"

Julio Verne: "La vuelta al mundo en ochenta días"

La vuelta al mundo en 80 díasLa vuelta al mundo en ochenta días (Le tour du monde en quatre-vingts jours) es una de las novelas de aventuras que inmortalizó a su autor, Julio Verne.
El protagonista del relato, el caballero Phileas Fogg, realiza ese prodigioso viaje que da título al libro en compañía de su sirviente, el fiel Passepartout.
En realidad, el origen de esa peripecia es una apuesta.
Si consigue ganarla, sus amigos del Reform Club tendrán que pagarle veinte mil libras.
La novela de Verne se publicó por entregas en las páginas de Le Temps entre el 6 de noviembre de 1872 y el 22 de diciembre de 1872.
El editor Hetzel publicó el texto en forma de libro ilustrado el 30 de enero de 1873.
La vuelta al mundo en ochenta días fue la obra que más se vendió en vida del autor.
No es algo sorprendente, pues en su trama se alternan las ambientaciones más atractivas y pintorescas con una acción constante, llena de situaciones imprevistas.
Desde el primer momento, el público lector se sintió fascinado por las peripecias de Phileas Fogg y de criado Juan Passpartout (Picaporte).
La documentación procedente del archivo de Hetzel acredita que el libro tuvo una difusión mucho mayor que otros clásicos de Verne, como Veinte mil leguas de viaje submarino o Viaje al centro de la Tierra.
El propio escritor era consciente de que, con este título, había logrado una hazaña literaria.
“Tan bueno le parecía a Verne el nuevo libro –escribe Herbert Lottman– que no pudo por menos de leerlo en público antes de que se pusiera a la venta. Le proporcionó ocasión para ello su nombramiento como miembro de la Academia de Ciencias, Letras y Artes de Amiens”.
La vuelta al mundo en ochenta días es la novela que mejor expresa el entusiasmo de fines del XIX.
Con un lenguaje claro, muy preciso, Verne divulga las maravillas que Fogg y Passpartout encuentran en su camino.
La suya es una ruta llena de peligros, cuyo encanto tiene mucho que ver con el afán viajero y con esa variada realidad que el escritor documentaba pacientemente.
“Quizá sea ya hora de reconocer –escribe Fernando Savater– que Verne dedicó sus libros no a cantar el progreso ni a ensalzar los logros de la ciencia aplicada, sino a devolver su brillo a un tipo de hombre. Este tipo no se presentó vestido con sonora armadura, sino con chaqueta de tweed y polainas, no blandía espada y escudo, sino un paraguas y un cronómetro”.
Temas y valores
Desde su infancia, Verne había disfrutado con la literatura viajera de los románticos.
En una época en que empezaba a imponerse el realismo científico, supo plasmar en esta novela todo el atractivo de un viaje hacia lo desconocido.
Sea cual sea su edad, los lectores acompañan a los personajes en una hazaña en la que se resaltan la valentía, la inteligencia, el sentido de la justicia y la lealtad.
No podrás olvidar...
La furia viajera de Phileas Fogg, un héroe irónico y cordial, que luce en esta apresurada aventura todas las cualidades del genuino caballero inglés.
Edad recomendada
Se trata de una novela indicada para lectores de más de doce años.
No obstante, es injusto clasificarla como un libro juvenil.
En realidad, es una obra clásica, de la que cualquier amante de la buena literatura puede disfrutar.
(© Guzmán Urrero Peña)
La vuelta al mundo en ochenta días (Edición de Anaya Infantil y Juvenil)
Hay momentos en que la proverbial flema inglesa, cuyo ejemplar más depurado es Phileas Fogg, no podrá resistir la tentación de dar al tozudo policía Fix un puñetazo tan efigaz como flemático.
Fogg, que ha apostado su fortuna a que dará la vuelta al mundo en 80 días, empleará todos los medios de locomoción a su alcance —y todos los obstáculos imaginables—: trenes, barcos, coches, y hasta un elefante y un trineo.
Pero estra vuelta al mundo, en la que se combinan el humor, la aventura, el heroísmo y la típica abnegación de los personajes vernianos, reserva al lector otra sorpresa: la apuesta que a Fogg le hace perder un policía se la hará ganar impensadamente el sol.
Julio Verne
Hijo de una familia burguesa, tuvo una voluntad literaria inquebrantable.
Pese a la obligación paterna de cursar leyes y a la presión familiar para que abandonase su vocación, el escritor pudo superar las coacciones y obstáculos combinando su afición con los negocios y el amor, hasta que en 1862 obtiene su primer contrato con el editor Hetzel.
Comienza entonces a publicar la serie Viajes extraordinarios, con títulos como Cinco semanas en globoViaje al centro de la TierraDe la Tierra a la LunaLa vuelta al mundo en ochenta días, etc., obras con las que dio forma al nuevo género novelístico de la ciencia-ficción y que la crítica acogió con gran entusiasmo.
Copyright del comentario © Guzmán Urrero Peña. Reservados todos los derechos.
Copyright de la cita de Fernando Savater (Misterio, emoción y riesgo) © Fernando Savater, Editorial Ariel. Reservados todos los derechos.
Copyright de la cita de Herbert Lottman (Jules Verne) © Anagrama. Reservados todos los derechos.
Copyright de imágenes, sinopsis y nota editorial © Grupo Anaya S.A. Reservados todos los derechos.

Julio Verne y otros novelistas del XIX

Julio Verne y otros novelistas del XIX

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Los límites del progreso en la providencia divina y los derechos del hombre sobre la naturaleza reaparecen en una novela que publica uno de los escritores más leídos del momento: Julio Verne.
 El libro es Sans dessus dessous (Sin pie ni cabeza, traducido como Sin arriba ni abajo o El secreto de Maston). Relata la historia de unos científicos que intentan, por medio de un cañonazo gigantesco, alterar el eje terrestre, con el objeto de que la incidencia de los rayos solares produzca una permanente primavera en todo el planeta.
Se realizan, así, varios mitos: el eterno buen tiempo (figura de la edad de oro), la ocupación del único punto del mundo que aún es terra incógnita (por cierto, la empresa es norteamericana, todo hay que decirlo y Verne sabe dónde mira), la llegada al único lugar inmóvil de un planeta en incesante movimiento.
El experimento supone riesgos y catástrofes: grandes zonas quedarán disecadas y otras tantas, inundadas. Migraciones anárquicas empiezan a producirse mientras retorna el miedo del Milenario.
La humanidad vuelve al Año Mil, como si nada hubiera pasado entre tanto. Por fin, la intervención de una señorita atolondrada estropea los cálculos y el intento fracasa, quedando todo como estaba.
La conclusión de Verne es providencialista: Los habitantes del globo pueden dormir tranquilos. Modificar las condiciones en que se mueve la Tierra es obra superior a los esfuerzos permitidos a la humanidad; no corresponde a los hombres cambiar nada del orden establecido por el Creador en el sistema del Universo. Es decir: la Providencia Divina es el límite a la actividad de la ciencia, que consiste en revelar sus leyes y colaborar con ella, no en contradecirla. Esto es inútil y, eventualmente, nocivo.
Verne responde así a la fe en el progreso indefinido e indiscriminado, al delirio prometeico de sustituir los dioses por los hombres.
También problematiza la ética del hombre de ciencia, contraponiendo este «mal» ejemplo al de otros personajes suyos (el capitán Nemo y su submarino, Robur el conquistador y su avión de papel compactado) que ponen la ciencia al servicio de la humanidad y de la paz, diseñando un futuro de fraternidad internacional que los científicos ya viven como una realidad actual.
Lo único verdaderamente universal en el mundo verniano es la ciencia o, por mejor decir, el colectivo de los científicos, al que el novelista suele adjudicar caracteres fijos para que se los distinga fácilmente: son cuarentones, solterones, variablemente misóginos, viven acompañados de un criado de extrema fidelidad, a veces pintoresco, otras atlético.
La Providencia les ha dado un lugar minoritario y eminente en la sociedad: «... los ignorantes y los humildes, que han formado, forman y formarán la inmensa mayoría de este mundo, gracias a una de las leyes más sabias de la Naturaleza», aseguran tal eminencia.
«Hay que imitar a la Naturaleza, que no se equivoca nunca», aconseja Verne. O sea: lo divino sigue allí, sólo que ahora su texto sagrado es el libro de ciencia y su sacerdocio, el colectivo de los científicos.
La ciencia es el lugar moderno de la utopía. Volando sobre la ciudad, en el fondo del mar o en torno a la Luna, los investigadores acreditan su lejanía y su supremacía sobre el raso mundo de los hombres.
Otro escritor celebrado por los compradores de libros, Paul Bourget, presenta su obra más característica, El discípulo, cuyo texto definitivo será publicado en 1911.
Es, de algún modo negativo, otra celebración (anti)rrevolucionaria. Obra que cuestiona el hiperanálisis psicológico y el hermetismo del yo, dentro del cual habitan varias identidades, la de Bourget anuncia a Proust (hoy es quizá su único mérito) y lo hace, por paradoja, exacerbando todo análisis psicológico.
Es evidente, de otra parte, que está escrita para escarnecer el centenario y proponer un retorno a los valores aristocráticos de la raza, pisoteados por la chusma jacobina, las tropas prusianas y el sufragio universal, que instala la mediocridad mentirosa en el poder, «la más monstruosa e inicua de las tiranías».
El joven francés de 1889 debe, según Bourget, restaurar el genio de la raza, rechazando los dos modelos vigentes: el socialista, un cínico jovial cuya religión es el goce,y el nihilista delicado y decadente, epicúreo refinado e intelectual, aristócrata de los nervios.
Ni positivista brutal ni descreído desdeñoso, ha de aceptar el magisterio del preceptor «positivo» de la novela, el conde André de Jussat, un noble militar que vive lejos de las ciudades, en la altivez de su castillo solariego.
Su doctrina es sencilla y evoca a Bismarck y a Nietzsche. Elogia la caza, la caballería y la guerra como los placeres supremos. En él domina la voluntad, equilibrio entre pensamiento y acción que se logra ejercitando corajudamente el cuerpo. Le dice al protagonista: Vea usted, en la actualidad sólo hay, en Francia, para un hombre de nuestro apellido, un oficio: soldado... Mientras en el interior estemos en manos de la canalla y, en el exterior, debamos derrotar a Alemania, nuestro lugar está en el único rincón que nos queda: el ejército...
Un soldado no necesita un saber extenso, como el que parlotean las gentes de hoy... Honor, sangre fría y músculos. La anécdota transcurre entre Adrien Sixte, el filósofo materialista, que concibe la mente como un sistema natural de leyes, y a Dios como una mera hipótesis, y Robert Greslou, su admirado lector. Este va de preceptor a casa de Jussat y se enamora de su hija Charlotte. La induce al suicidio en unas páginas wagnerianas y es juzgado por homicida.
El hermano de Charlotte lo salva por su testimonio pero luego lo mata en la calle, en una suerte de ejecución de justicia privada que anuncia a los escuadristas del fascismo.
Mientras Bourget propone su novela al público, Pérez Galdós esboza su Ángel Guerra, que se irá publicando en 1890-91. Es curioso observar cómo, desde perspectivas originarias diversas, ambos escritores coinciden en el cuestionamiento de la revolución como método de cambio social. Bourget, por desprecio hacia los valores revolucionarios y exaltación de los supuestos del Antiguo Régimen.
Galdós, por desilusión ante la inanidad histórica de la revolución (en este caso, se trata de la «Gloriosa» de 1868 y su sexenio posterior). El personaje galdosiano es un revolucionario con veleidades anarquistas, un burgués radicalizado. Vuelve a la casa donde convive con su amante, herido en las barricadas, y comunica al lector su desencanto: Treinta años tengo.
En la edad peligrosa cogióme un vértigo político, enfermedad de fanatismo, ansia instintiva de mejorar la suerte de los pueblos, de aminorar el mal humano... resabio quijotesco que todos llevamos en la masa de la sangre.
El fin es noble; los medios ahora veo que son menguadísimos, y en cuanto al instrumento, que es el pueblo mismo, se quiebra en nuestras maños, como una caña podrida.
Ángel Guerra (debatido entre lo angélico y la guerra, entre el cielo y la historia) deja Madrid y se marcha a Toledo tras Lorenza, un amor descorporizado, la antigua sirvienta metida a monja y a protectora de los pobres. Él quiere ser cura y participa, con su dinero, en el proyecto de Lorenza: construir unas casas de asilo y reeducación para gente necesitada. La monja expresa un credo tolstoiano: no violencia y caridad. Ángel descubre el encanto de la ciudad ruinosa y señorial, del Greco y las góticas noches de luna por las callejas abandonadas. Es un símbolo de los valores nobles a restaurar.
Como en Halma y en Nazarín, Galdós propone reconvertir la Iglesia por medio de la acción social, repristinando su mensaje cristiano, acaso por sugestión de las ideas krausistas. Pero en él, como en Bourget, la voz de mando es restauración y no revolución.
Copyright © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.

Julio Verne: "De la Tierra a la Luna"

Julio Verne: "De la Tierra a la Luna"

De la Tierra a la LunaSi hay una obra que ha consolidado la fama profética de Julio Verne, ésa es De la Tierra a la Luna (De la Terre à la Lune).
Sin embargo, esta novela es algo más que una obra maestra de la ficción científica.
También es una soberbia aventura, con ingredientes satíricos que le proporcionan un inesperado toque de humor.
Considerada una novela pionera de ese género que luego sería llamado ciencia-ficción, De la Tierra a la Luna fue publicada por entregas en el Journal des débats politiques et littéraires entre el 14 de septiembre y el 14 de octubre de 1865.
De acuerdo con su costumbre, el editor Hetzel reunió luego el texto que un solo volumen, que salió a la venta el 25 de octubre de 1865.
El 16 de septiembre de 1872 los lectores pudieron adquirir el tomo que reunía esta novela y su continuación, Alrededor de la Luna (Autour de la Lune, 1870), en la cual se ponía fin a esta epopeya estelar.
De la Tierra a la Luna comienza su relato con la fundación en Baltimore del Gun-Club, una sociedad dedicada a la balística, organizada por expertos artilleros que participan en la Guerra de Secesión.
La contienda se acaba, y con la paz, el presidente del club, Impey Barbicane, pone en marcha un proyecto inesperado: el primer viaje tripulado a nuestro satélite.
Para llevar a cabo tan fantástico plan, es necesaria la cooperación internacional.
No sólo en términos económicos –diversos países costean la empresa–, sino también a la hora de promover la tecnología adecuada.
Así, el francés Miguel Ardan –inspirado en el fotógrafo y aeronauta Nadar– acaba incorporándose al equipo que forman Barbicane, el capitán Nicholl y el secretario del Gun-Club, J.T. Mason.
“Cuando nos fijamos hoy en día, en la era de los viajes del Apolo a la Luna –escribe Herbert Lottmann–, en las anticipaciones científicas que aparecen en De la Tierra a la Luna, nos resultan muy desasosegantes. Los protagonistas de Verne tienen que enviar a la Luna una “bala” espacial donde viajan tres hombres –esto fue lo que hizo la NASA–.
La cabina ha de ser de aluminio. Los entusiastas del Gun-Club se enfrentan con los mismos problemas de gravedad y resistencia que tuvo que resolver la ciencia espacial contemporánea. Para lanzar el proyectil en el ángulo correcto, los caballeros de Baltimore escogen un punto de Florida, comarca muy poco desarrollada a la sazón, próxima a Cabo Cañaveral (que figura en el rudimentario mapa de la edición [original de] Hetzel. (…) ¡Y no sólo el Gun-Club lanza el proyectil desde Florida, como sucedión más tarde con los auténticos astronautas, sino que también los viajeros de Verne caen, a la vuelta, en el océano Pacífico!”.
La precisión científica del libro tiene mucho que ver con una certeza defendida por Verne, y es que la ciencia es una palanca de cambio y un instrumento de liberación para la sociedad.
Temas y valores
Lo que primero resalta en la novela es el elogio de la ciencia que plantea Verne.
Los personajes, muy positivos, transmiten valores como el altruismo, el esfuerzo, la valentía, la abnegación y, en el caso de Ardan, incluso el pacifismo.
No podrás olvidar...
La inteligencia y la suave ironía que transmiten todos los personajes, desde el artífice del proyecto, Barbicane, hasta el impulsivo aventurero Michel Ardan.
Edad recomendada
Tanto De la Tierra a la Luna como su continuación, Alrededor de la Luna, son lecturas recomendables a partir de los doce años de edad.
(© Guzmán Urrero Peña)
De la Tierra a la Luna (Edición de Anaya Infantil y Juvenil)
Los Viajes extraordinarios de Verne aspiraban a convertirse en una ambiciosa epopeya, cuya definición más precisa dio el propio autor: «Un paseo completo por el cosmos de un hombre del siglo XIX».
Tras este objetivo, Verne exploraría la tierra y sus profundidades, el mar y el aire, con historias tan memorables como la del Nautilus y su capitán Nemo.
De la Tierra a la Luna, que pertenece a la época idílica de su fe en la ciencia, narra con notables dosis de humor e ironía la preparación y envío a la Luna de un gigantesco proyectil.
Y no se sabe qué admirar más en la novela: si el divertido desarrollo de la historia, o la sorprendente exactitud de la mayoría de sus previsiones.
Alrededor de la Luna Si la mayor parte de las novelas de Julio Verne se narran a partir de un viaje, ésta no iba a ser menos.
Ardan, Barbicane y Nicholl emprenden la huida hacia la Luna en una bala empujada por gas. Van acompañados en su aventura de unos animales.
Uno de los perros, Satélite, está herido de muerte por un golpe en la cabeza.
Lo lanzan al espacio cósmico. Con ello tienen posibilidad de hacer un nuevo estudio gravitatorio.
Un meteorito altera la trayectoria del cohete y no pueden ya alcanzar la Luna.
Cuando están a punto de chocar con una bola de fuego, utilizan sus propios cohetes para amortiguar la caída.
Ésta resulta ser en la Tierra y no en la Luna.
A bordo del Susquehanna, Maston consigue rescatar a los aventureros.
(© Grupo Anaya)
Julio Verne
Hijo de una familia burguesa, tuvo una voluntad literaria inquebrantable.
Pese a la obligación paterna de cursar leyes y a la presión familiar para que abandonase su vocación, el escritor pudo superar las coacciones y obstáculos combinando su afición con los negocios y el amor, hasta que en 1862 obtiene su primer contrato con el editor Hetzel.
Comienza entonces a publicar la serie Viajes extraordinarios, con títulos como Cinco semanas en globoViaje al centro de la TierraDe la Tierra a la LunaLa vuelta al mundo en ochenta días, etc., obras con las que dio forma al nuevo género novelístico de la ciencia-ficción y que la crítica acogió con gran entusiasmo.
Copyright del comentario © Guzmán Urrero Peña. Reservados todos los derechos.
Copyright de la cita de Fernando Savater (Misterio, emoción y riesgo) © Fernando Savater, Editorial Ariel. Reservados todos los derechos.
Copyright de la cita de Herbert Lottman (Jules Verne) © Anagrama. Reservados todos los derechos.
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