JULES VERNE

JULES VERNE

viernes, 31 de agosto de 2012

EL MISTERIOSO CAPITÁN NEMO TERCERA PARTE

EPISODIO DEL MISTERIOSO CAPITAN NEMO

Martes, 21 de agosto 2012


BD: El episodio misterioso Nemo tercera

Después de la Isla y el Nautilus , aquí Océano , el tercer libro de la serie El misterio de Nemo . Un cómic dibujado por Kenny, la coloración por Maz en un escenario Mathieu Gabella, y publicado en las ediciones Delcourt .

RESUMEN DEL EPISODIO

La llegada de Smith y sus compañeros en la isla le debe absolutamente nada al azar. El origen de estos hechos, un hombre, Nemo. ¿Por qué todas estas maniobras por parte de la ilustre capitán? ¿Por qué persiste la reactivación del Nautilus? ¿Cuál es problemático pasado que parece perseguirlo? Los cinco amigos pronto descubrirá, cayó en manos de los piratas matones extraños ...

Enlace a pedido en Amazon.fr
Misterio Nemo, Volume 3: Marino

Los dos volúmenes anteriores.

Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino (Julio Verne)

Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino (Julio Verne)



Modificado por llovizna el 17-08-2012 10:07
Querida familia barinesa, recibe saludos desde esta, tu casa. La ocasión es propicia para reencontrarnos con la obra del gran Julio Verne, el escritor francés hacedor de historias fabulosas, de viajes extraordinarios dignos de tan prodigiosa imaginación. En esta oportunidad te hablaremos de una de sus novelas más famosas, Veinte mil leguas de viaje submarino. 
En la imagen el capitán Nemo lucha contra un pulpo gigante

En la imagen el capitán Nemo lucha contra un pulpo gigante

Julio Verne (Francia 1828-1905) es considerado el gran precursor de la literatura de ciencia ficción, entiéndase que esta literatura no tiene nada que ver con la literatura fantástica ni de horror, pues la literatura de ciencia ficción se caracteriza por la inclusión en las obras de ciencia y tecnología, y la ausencia de factores paranormales.
Julio Verne fue un novelista muy prolífero, al punto que escribió una serie literaria con el nombre Los viajes extraordinarios que incluye varias novelas legendarias como Viaje al centro de la Tierra (1864), De la Tierra a la Luna (1865), La isla misteriosa (1874), La vuelta al mundo en 80 días (1873), La esfinge de los hielos (1897), El soberbio Orinoco (1898) y nuestra agasajada de hoy Veinte mil leguas de viaje submarino (1869).
Julio Verne (1828-1905) es uno de los escritores más extraordinarios de la literatura universal

Julio Verne (1828-1905) es uno de los escritores más extraordinarios de la literatura universal

Veinte mil leguas de viaje submarino
Esta novela forma parte de la serie Los viajes extraordinarios que se extendió por cuarenta años, la misma fue publicada a partir de 1869 en París, Francia, después que los editores reconocieron que la temática futurista de Julio Verne realmente atraía al público.
Su primera publicación se produjo por partes en el Magasin d'Éducation et de Récréation (Magazín de ilustración y recreo) desde el 20 de marzo de 1869 hasta el 20 de junio de 1870. En este mismo periodo fue editada en formato de novela en dos partes, la primera en 1869 y la segunda en 1870. Finalmente el volumen unificado se publicó en Francia en 1870 y en España en 1969.



Portada de la primera edición de "Veinte mil leguas de viaje submarino", París 1869

Argumento
Hace aproximadamente un siglo, ningún avión surcaba el cielo y los barcos de vapor eran la novedad. Fue entonces cuando apareció en el mar un monstruo, que era el terror de los marineros. Para atraparlo, se preparó la fragata Abraham Lincoln.
Junto con su tripulación viajaba el profesor y biólogo Pierre Aronnax y su asistente Conseil. Los dos hicieron amistad con el arponeador de ballenas Ned Land. Un día estaban los tres en cubierta cuando vieron a lo lejos al monstruo. La tripulación se preparó para luchar con el monstruo, pero no hubo lucha. Una tempestad hundió el barco. Algunos hombres se ahogaron intentando salvarse. El profesor y Conseil nadaron uno a lado del otro.
Poco después, el profesor y Conseil fueron recogidos en un bote por Ned Land, navegaron en dirección a una pequeña isla. Era su única esperanza de salvación en medio del mar que se extendía hacia el infinito. Al alcanzar la isla se llevaron una sorpresa. No era una isla. Se trataba de una construcción de chapa de acero, los 3 comprendieron que aquello era el monstruo. Como no podían elegir, decidieron quedarse allí.

En la ilustración perteneciente a la primera edición de 1869, el capitán Nemo observa un pulpo gigante desde el submarino Nautilus

En la ilustración perteneciente a la primera edición de 1869, el capitán Nemo observa un pulpo gigante desde el submarino Nautilus

Los tres hombres bajaron hacia el interior del submarino y anduvieron hasta una sala amueblada lujosamente. Allí se encontraron al capitán Nemo que les informó que estaban a bordo del Nautilus y que quien entra allí no sale nunca. Los tres hombres se sintieron prisioneros.
El capitán Nemo descubrió que Ned pretendía huir. Al volver al Nautilus encerró a los dos en su camarote. Allí Ned comenzó a estudiar algunos mapas que encontró para enviar mensajes dentro de botellas. Cuando el Nautilus subió a la superficie, los dos muchachos aprovecharon para arrojar sus botellas al mar. De pronto se desató una violenta tempestad pero el submarino se sumergió huyendo del mal tiempo. Nunca habían descendido tanto.
Horrorizados todos vieron junto al cristal el ojo de un pulpo gigante. El Nautilus entero fue sacudido por un violento temblor. Y el capitán decidió subir a la superficie para combatirlo.


"Veinte mil leguas de viaje submarino" forma parte de la serie de novelas "Los viajes extraordinarios" de Julio Verne

El capitán avanzó valientemente con un arpón, durante la lucha fue atrapado. El pulpo gigante lo inmovilizó y en aquel instante, Ned lanzó su arpón contra el pulpo. El animal, herido, retrocedió. El capitán agradecido decidió permitir a los tres viajeros que volvieran a casa, pero al final no resultó tal oferta.
En los capítulos finales, los aislados prisioneros deciden escapar de manera definitiva. Este intento de escape coincide con momentos de mucha agitación. Tiene lugar el escape de una manera forzada, y pierden la conciencia durante él. Al final, se hallan sanos y salvos en las costas de Noruega, donde son rescatados.

Crítica y legado
Julio Verne declaró en una oportunidad que basó el personaje del capitán Nemo en él mismo, debido a la tenacidad y curiosidad del escritor por lo desconocido y su fascinación por la ciencia y la tecnología, este carácter se lo imprimió al legendario capitán.
La novela maravilló al mundo de la crítica por la agudeza de la percepción del futuro de Julio Verne, quien anticipó la invención del submarino, cuya materialización se vería patentada medio siglo más tarde durante la primera guerra mundial. No obstante, algunos investigadores consideran que indudablemente Verne tomó la idea de la máquina submarina de los primeros intentos realizados en el siglo XVII, en el que destaca Cornelius Jacobszoon Drebbel, quien en 1620 construyó un sumergible.
Submarino Nautilus del capitán Nemo de

Submarino Nautilus del capitán Nemo de "Veinte mil leguas de viaje submarino"

Veinte mil leguas de viaje submarino en el cine
La mayoría de la obra de Julio Verne ha sido llevada al cine, dando lugar a un total de 95 películas, sin contar las series de televisión. La obra más veces adaptada ha sido Miguel Strogoff (16 veces), seguida de Veinte mil leguas de viaje submarino (9 veces) y Viaje al centro de la Tierra (6 veces).
La primera película de Veinte mil leguas de viaje submarino se estrenó en 1954 con Kirk Douglas, todo un clásico del cine, y la última versión en 2010, dirigida por David Fincher y protagonizada por Will Smith y Dwayne Johnson.


A continuación puedes disfrutar de la película 20.000 leguas de viaje submarino de 1954:


En el siguiente enlace puedes descargar gratuitamente en formato PDF la novela Veinte mil leguas de viaje submarino:

http://www.esociales.fcs.ucr.ac.cr/biblioteca/esociales/VerneJulioVeintemilleguasdeviajesubmarino.pdf

Familia, Julio Verne es uno de los escritores más extraordinarios de la historia de la literatura y desde www.barinas.net.ve te invitamos a conocer su maravillosa obra, disfruta de Veinte mil leguas de viaje submarino. ¡Saludos!

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Fuentes informativas:
Sitios Web:
http://www.esociales.fcs.ucr.ac.cr/biblioteca/esociales/VerneJulioVeintemilleguasdeviajesubmarino.pdf
http://es.wikipedia.org/wiki/Veinte_mil_leguas_de_viaje_submarino
http://es.wikipedia.org/wiki/Julio_Verne
http://resumendelibros.blogspot.com/2006/09/20-mil-leguas-de-viaje-submarino.html
http://www.elmulticine.com/peliculas_listado2.php?orden=3991

Imágenes
http://es.wikipedia.org/wiki/Veinte_mil_leguas_de_viaje_submarino
http://espectadores.net/wp-content/20050521elpbabese-10.jpg
http://modelstories.free.fr/analyses/avions/MS2002_1P/COMET_Nautilus/COMET_Nautilus_UW.jpg
http://aal.idoneos.com/cache/aa/aal/Revista/A%C3%B1o_11_Nro._15/Julio_Verne/_files/verne3.jpg
http://a5.mzstatic.com/us/r1000/000/Purple/5b/31/8b/mzi.ascfevzt.png

Vídeo
http://www.youtube.com/watch?v=mlmgHj1_bX0

Creado por el equipo de www.barinas.net.ve

jueves, 30 de agosto de 2012

Langreo cierra el campamento urbano con la participación de 100 niños

30-08-2012 / 15:00 h EFE
El Ayuntamiento de Langreo cierra mañana el campamento urbano de verano que, con sede en el colegio público de Turiellos de La Felguera, ha contado con la participación de 100 menos de entre 5 y 12 años.
Las actividades de este campamento, que han tenido lugar de lunes a viernes, ha girado en torno a la literatura de Julio Verne.
Así, se ha desarrollado la iniciativa '5 semanas en globo: taller de globoflexia' y una gincana bajo el nombre 'Tras los pasos del globo Victoria'.
También se ha organizado una visita al museo de la Minería (MUMI), el rastreo 'Siguiendo la pista del manuscrito', una recreación de un cohete espacial utilizando material reciclable y una excursión a la piscina.
El campamento, que también ha incluido taller de cocinas del mundo y experimentos científicos, concluye con la representación teatral 'El libro mágico', una obra de teatro relacionada con la animación a la lectura.

martes, 28 de agosto de 2012

BRUSELAS:LABERINTO FANTÁSTICO JULIO VERNE VUELVE A ABRIR


Bruselas: Laberinto fantástico Julio Verne vuelve a abrir

Bruselas: Laberinto fantástico Julio Verne vuelve a abrir



El laberinto fantástico (ver mi artículo anterior AQUÍ ) está de vuelta en Bruselas. Estará disponible en el Museo de Arte Fantástico del 15 de agosto al 2 de septiembre, de miércoles a domingo entre las 14 y 17 h




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lunes, 27 de agosto de 2012

LIBRO VOLKER DEHS


Haga clic en la imagen para volver a la lista
Tienda del Club Verne N º 2
Volker dehs
Jules Verne Tijeras
"Aventuras sorprendentes de tres marineros viejos" de James Greenwood
Un volumen encuadernado, 15 × 22 cm, 154 páginas - abril 2012
ISBN 978-2-36058-022-4 - € 15.00 PVP

Entre la redacción de Veinte mil leguas de viaje submarino y Alrededor de la Luna , Julio Verne fue solicitado por su editor Hetzel volver a escribir un libro escrito por el novelista y periodista francés James Greenwood (1832-1929) e ilustrado por Ernest francés Griset (1843-1907), cuyas aventuras desenfrenadas parecía a primera vista incompatibles con los de la "Voyages extraordinaires". Pero el editor Hetzel estaba equivocado: los cambios propuestos eran tan radicales que Verne retrocedió antes de su implementación. edición establecida por Volker dehs del original conservado en las bibliotecas de Amiens Métropole puede apreciar - al mismo tiempo o uno después del otro - la versión original de aventuras sorprendentes de tres marineros viejos (1866) y la versión de Jules Verne quería hacer en 1869. La introducción presenta J. Greenwood, uno de los personajes más singulares del periodismo Inglés, indebidamente olvidado hoy en día, y traza el extraño destino de este libro, cuyo humor cáustico todavía desconcertante como cuando apareció por primera vez.

CONFERENCIA: LOS LIBROS QUE CAMBIARON EL MUNDO

CONFERENCIA: LOS LIBROS QUE CAMBIARON EL MUNDO
Video streaming by Ustream Este lunes 23 de abril el Profesor Jon Aizpúrua tendrá a su cargo la conferencia inaugural de la Semana del Libro y del Idioma, auspiciada por el Vicerrectorado Académico de la UCV, la Biblioteca Central de la UCV, la Escuela de Bibliotecología y Archivología y la

Julio Verne

Escrito por Bella Look el 09/02/2011
Hello Elisab. Interesante tu Debate acerca de este personaje tan importante JULIO VERNE.

Agradecida por tu invitacion amiga







Julio Verne.
Escritor francés considerado el padre de la ciencia ficción moderna. Verne fue un increíble investigador ocupado desde su juventud en adquirir una cultura científica enciclopédica y mantenerse al día de los adelantos científicos que por entonces abundaban en los países occidentales.
Julio Verne nació en Nantes, Francia, el 8 de Febrero de 1828. Fue el primogénito de Pierre Verne, un abogado burgués hijo a su vez de un juez.
El día del bautizo, su padre lo mostró a la familia y decidió que sería abogado y se ocuparía del bufete familiar después de su muerte.
Desde muy pronto su inclinación a los viajes le enfrentan a su padre e incluso intenta fugarse en un navío hacia la India. Cuenta once años, y su padre consigue detenerle en el mismo barco y le aplica un severo castigo: azotado con un látigo y encerrado a pan y agua. Pero lo que más le duele es la promesa que le obliga a pronunciar: nunca pretenderá viajar más que con la imaginación.
Verne estudió leyes en París. Sus inicios como escritor no son muy afortunados. Escribe algunas piezas de teatro y comedias que apenas logra divulgar.
En 1850 escribe una comedia ligera, Las pajas rotas que logra estrenar en París con modesto éxito. Al año siguiente publica en la revista ilustrada "El museo de las Familias" dos relatos: Martín Paz (una fantasía inspirada en las pinturas del artista peruano Ignacio Merino) y Los primeros navíos mexicanos (un cuento histórico inspirado por el Viaje al equinoccio americano , del naturalista y explorador alemán Alexander von Humboldt) y varias obritas teatrales, libretos para operetas de moda y novelas cortas.
En 1857 —traicionando la causa de su misógino grupo de amigos "Los once sin mujer"— se casa con Honorine de Viane, viuda de Morel y madre de dos hijas.
En 1861 logra juntar el suficiente dinero para viajar a Noruega e Islandia con su mujer, pero ella no puede viajar por encontrarse encinta. A su vuelta le recibe con su recién nacido hijo Michel, único fruto del matrimonio.
A principios de 1863 aparece Cinco semanas en globo , con un éxito de público extraordinario. No es una obra maestra de la literatura, pero su estilo es bueno y el público llano lo entiende con facilidad. Además, es el tipo de literatura que estaba haciendo falta en la época, y la gente lo acoge con entusiasmo. Durante dos días, en los que no duerme, visita a quince editores que rechazan su obra, pero por fin va a ver a Jules Hetzel. El excéntrico editor cree en él y le aconseja algunos cambios. Firman un contrato por veinte años para tres novelas anuales y Verne le da a la colección un título que es homenaje a Edgar Allan Poe : Viajes extraordinarios .
Apasionado de los viajes y la ciencia, elementos fundamentales en su obra, Verne despertó vivamente el interés por la ciencia y los inventos en el siglo XIX. Se le clasifica entre los escritores del siglo XIX y es el mejor exponente del entusiasmo por la revolución tecnológica e industrial de ese siglo. Aprovechó los conocimientos geográficos de sus viajes por Europa, África y América del Norte para dar a sus aventuras un estilo casi fantástico, exótico, pero con verosimilitud de la realidad.
Documentaba sus fantásticas aventuras y predijo con asombrosa exactitud muchos de los logros científicos del siglo XX. Habló de cohetes espaciales, submarinos, helicópteros, aire acondicionado, misiles dirigidos e imágenes en movimiento, mucho antes de que aparecieran estos inventos.
Para comprender mejor el ambiente científico del siglo XIX en el que Verne vivió, baste citar que el novelista es contemporáneo de Darwin (1809-1882), Mendel (1822-1884), Pasteur (1822-1895), Koch (1843-1910), Maxwell(1831-1879), Hertz (1857-1894), Humboldt (1769-1859), Marx (1818-1883). Roentgen (1845-1923) y Planck (1858-1949).
Además de su sorprendente bagaje científico, que no dejó nunca de sorprender a su editor, Verne se hizo siempre asesorar por los mejores expertos en las materias de las que escribía.
En cuestiones de estilo, se dejó siempre aconsejar por su editor, en el que tenía una fe ciega y del que aceptó casi siempre todas sus sugerencias. A su visión comercial se debe la inclusión, siempre anecdótica, de personajes femeninos que el misógino Verne olvidaba sistemáticamente.
Obras como Viaje al centro de la tierra (1864) y La vuelta al mundo en ochenta días (1873) revelaron su talento al mezclar la aventura con fundamentos científicos osados como la teoría de la relatividad del tiempo y la documentación sobre material y equipo científico.
En 1879 se compró un pequeño yate, el Saint Michel, con el que recorre el Mediterráneo. A su regreso marcha a residir a la ciudad de Amiens. Durante los dos años siguientes continúa viajando: recorre Irlanda, Escocia y Noruega (1880) Inglaterra, el Mar del Norte y el Báltico (1881).
Verne escribió numerosas novelas y cuentos entre los que se destacan Viajes extraordinarios (1863), El desierto de hielo (1866), Los hijos del capitán Grant (1867-68), Veinte mil leguas de viaje submarino (1870), De la tierra a la luna (1865), La isla misteriosa (1874), "una novela química" tal y como dice a su editor: "Estoy estudiando Química, paso mi tiempo con un profesor de Química y en fábricas de productos químicos, en las que mis trajes han atrapado manchas de las que pasaré la cuenta, pues La isla misteriosa será una novela química", Miguel Strogoff (1876), Un capitán de quince años (1878), Las tribulaciones de un chino en China (1879), El castillo de los Cárpatos (1892), El soberbio Orinoco (1897), El pueblo aéreo (1901), El amo del mundo (1904) o El faro del fin del mundo (1905), entre otras.
Su primera obra de ficción científica es también la primera novela que escribió, París en el siglo XX , y una de las pocas que no publicó en vida —se dio a la imprenta en 1994-. Se conocen otras dos obras póstumas, publicadas en París en 1989, El viaje hacia atrás en Inglaterra y Escocia , y un libro de poemas.
Las obras de Verne han sido llevadas al cine en numerosas ocasiones. La primera adaptación cinematográfica de Un viaje a la luna fue realizada por el pionero cineasta francés Georges Méliès. En 1892 fue distinguido con la Legión de Honor.
A pesar de todo su éxito profesional y económico, en el plano personal Julio Verne no fue un hombre afortunado. Fiel a su vieja norma de que el alimento del espíritu es antes que el del cuerpo, también su vida privada está supeditada, casi sacrificada, a su carrera.
Su matrimonio es un fracaso, discreto porque no hay grandes escándalos, pero desgraciado porque no hay amor. Su hijo se ha criado en un ambiente de olvido paterno y frialdad afectiva. Casi como un reflejo de la juventud de su padre, Michel Verne es rebelde y problemático.
El ritmo de trabajo que ha mantenido durante tantos años, además, produce a Verne dolencias gástricas y desmayos, además de la parálisis faciales y por fin la diabetes, que lo acabará matando. Esta enfermedad le va quitando vista y después también oído.
Julio Verne muere en Amiens el 24 de marzo de 1905. Todavía entonces está trabajando en una novela que llamaría La invasión del mar en que las aguas invadirían Europa arrasándolo todo a su paso.
Otra novela póstuma, El eterno Adán , trata de un cataclismo mundial que inunda todo el planeta haciendo que los supervivientes sufran un periodo regresivo, retrocediendo hacia el salvajismo.

domingo, 26 de agosto de 2012

Julio Verne espera en, el Mar de la tranquilidad, a un invitado a cenar

26 Ago 2012

Julio Verne espera en, el Mar de la tranquilidad, a un invitado a cenar 

DESTACADO

por Enrique Castillo González
Domingo, 26 de Agosto de 2012 20:17
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Se dice que hoy en “el mar de la tranquilidad” habrá un banquete, que ya están ahí Julio Verne y todos los poetas que le han cantado a la Luna

Hoy es domingo, y se puede escribir en ropa informal, sandalias desayunar con la calma que da el éxito de una buena semana, hoy se puede escribir  “Chilpancingo te extraño” “Susana Camacho ¿onde ching..&%&os estás?, hoy es domingo y se puede casi todo, bueno, hasta echarse otro…desayuno.
Se dice que hoy en “el mar de la tranquilidad” habrá un banquete, que ya están ahí Julio Verne y todos los poetas que le han cantado a la Luna; hoy estará con ellos, el hermano masón que puso el primer píe en la casa de los poetas, …en la luna.
Si. Neil Armstrong fue Piloto de la Fuerza Aérea de EE.UU; ello lo llevó a ser astronauta en la NASA, Armstrong fue, sin el desearlo, competidor en la carrera por la luna, los otros que cometían eran los entonces Soviéticos, pero él, Armstrong fue el primero que llegó y eso lo coloca en la historia de la guerra fría, cosa que seguramente al “iniciado en la masonería” siempre le tuvo sin cuidado.
Vea usted lo extraordinario de esa orden, ¿sabe que es lo que más se recuerda de ese alunizaje? No los asuntos técnicos ni astrofísicos, no el triunfo del capitalismo contra el socialismo, tal vez si el nombre de las naves o la caminata espectacular de los dos Astronautas (Aldrín y Armstrong) ...lo que más se tiene en la memoria colectiva de la humanidad son las palabras que el Masón dijo.
Ya el “Águila” en la superficie de la luna, y ya habiendo bajado por los 4 o 5 peldaños de la escalinata Armstrong colocó un píe, y de ahí el otro, en ese momento con voz de radio se escuchó “es un pequeño paso para el hombre………..pero es un gran paso para la humanidad”
Lo que  vino después fue irrelevante, bueno, al menos para un niño de 9 años así fue, es decir, las palabras tan llenas de simbolismo se quedaron tatuadas en la mente, si, la caminata fue espectacular, el despegue de la nave regresando a la tierra, etc. Pero lo dicho por este hombre que hoy sábado dejó el añoso cuerpo para que su alma saliera proyectada a vaya usted a saber donde, está ya en la memoria colectiva y sempiterna de la humanidad.
Por cierto, entre los convidados a recibir a Armstrong hoy en “el mar de la tranquilidad” esta Frank Sinatra, que, es un hecho cantará “Fly me to the moon”
Ultimo patrullaje.- ahora la mente está en Marte, la búsqueda de lo que pase en la luna ya es un asunto romántico, Marte es el camino, entonces vendrán ideas, esperanzas y tecnologías para visitar de todas las formas (poesías, historias y técnicas) al planeta rojo.
Balazo al aire.- el toro está celoso ahora que la luna espera a su astronauta.
Greguería.- el primer paso en la luna lo dio Armstrong…el primer salto, Aldrín

OTRA CARICATURA MAS

martes, 21 de agosto de 2012

El mundo fantástico de la literatura infantil

El mundo fantástico de la literatura infantil

Víctor Montoya
Como todo ser humano, desde que el mundo es mundo, desde la noche de los tiempos, he vivido atrapado por los mitos, las leyendas y los cuentos provenientes de la tradición oral; por esas historias que, remontadas en las alas de la imaginación popular, se han transmitido de generación en generación y de boca en boca.
Aún recuerdo que mi abuela, una chola oriunda de una pequeña provincia del norte de Potosí, haciendo gala de un lenguaje salpicado por vocablos quechuas, me refería las aleccionadoras aventuras del Atoj Antoño y el Cumpa Conejo; mientras mi abuelo, un chuquisaqueño de armas llevar, que cató minas con la intención de convertirse en otro Simón I. Patiño, pero quien después de la revolución de 1952 y al final de sus años no encontró más que la desilusión y la pobreza, me introdujo en los estremecedores laberintos de los cuentos de espanto y aparecidos. Así fue como un día, al notar que no podía conciliar el sueño por el temor que le tenía a la noche, escuché en sus labios la leyenda del Tío: Dicen que el diablo llegó a las minas una noche de tormenta”, dijo, mientras afuera el cielo se vaciaba en relámpagos y aguacero. Desde entonces no he dejado de pensar en la imagen diabólica de ese personaje que habita en los socavones de Bolivia ni en las consejas mineras que adquirían una dimensión particular en la mente de mi abuelo, quien, aparte de ser un narrador jocundo y carismático, era capaz de embelesar a cualquiera con sus historias fantásticas. Sabía gesticular con emoción y cambiar las inflexiones de la voz, a la vez que los ojos se le iluminaban como lamparitas de acetileno y las palabras le brotaban fluidamente, como si todo el tiempo estuviese contando un viejo cuento de magia y de misterio. Así era mi abuelo, conocedor de la mina y sus secretos; un hombre de ideas liberales que, tomándome de la mano, me enseñó a conocer el realismo social y el mudo secreto de los mineros, con quienes compartí y conviví desde mi infancia. Conozco las necesidades de sus hogares, el drama de sus luchas y la tragedia de sus vidas, más trágicas todavía cuando se sabe que estos hombres mueren con los pulmones reventados por la silicosis y a cuatro mil metros sobre el nivel de la miseria.
Debo reconocer que, debido a la falta de medios materiales y a la realidad que me tocó vivir, no tenía la menor idea de la existencia de una literatura infantil, con libros profusamente ilustrados a todo color y con autores que se dedicaban a cultivar apasionadamente este género literario, sino hasta cuando salí de Bolivia, exiliado por una dictadura militar, y fui a dar en el techo del mundo, sin más equipaje que los recuerdos, porque los agentes del gobierno me sacaron directamente de la cárcel y me embarcaron en el aeropuerto de El Alto rumbo a Suecia, un país que, por cierto, me acogió con los brazos abiertos y me enseñó a valorar el verdadero significado del respeto a los Derechos de los Niños, haciendo hincapié en que uno de esos derechos es su acceso libre y gratuito a la literatura.
Cuando empecé a trabajar en una Biblioteca de Niños en Estocolmo, me quedé maravillado, por primera vez, ante un cofre literario lleno de joyas destinadas a los pequeños lectores, pues hasta entonces vivía aferrado a la idea de que los cuentos infantiles existían sólo en la tradición oral y la memoria colectiva, y no en los libros impresos con fascinantes ilustraciones que, además de despertar la sensibilidad estética de los niños, eran varitas mágicas que estimulaban su fantasía.
Ésta fue una experiencia magnífica para quien como yo, que cursó la educación primaria y secundaria en la población minera de Llallagua, estaba acostumbrado a leer sólo por obligaciónlos cuentos y poemas que, a manera de materiales auxiliares de lectura, se incluían en los libros de texto; en esos manuales didácticos, engorrosos y aburridos, cuyo objetivo principal estaba orientado a impartir las complicadas reglas gramaticales, que a mí, como a la mayoría de los alumnos, me parecían más complicadas que las operaciones matemáticas.
La Biblioteca de Niños, contrariamente a lo que relata Jorge Luis Borges en “La Biblioteca de Babel”, no era la metáfora del universo ni la esfera de Pascal, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna; tampoco tenía galerías hexagonales ni espejos que duplicaban las apariencias.
La Biblioteca de Niños no era como la “Biblioteca de Babel”, un laberinto caótico donde se escondía el libro análogo a Dios, que Jorge Luis Borges buscaba enloquecido entre dialectos pretéritos y remotos, sino un local exento de leyes divinas, donde los libros eran accesibles a la inteligencia humana y ninguno estaba escrito en “dialecto samoyedo-lituano del guaraní, con inflexiones de árabe clásico”; tampoco existía un libro que fuese la “cifra y el compendio perfecto de todos los demás”, o un simple laberinto de letras, puesto que buscar un relato coherente en una sopa de letras es lo mismo que querer encontrar una aguja en el pajar.
En la Biblioteca de Niños, nadie necesitaba más tiempo de lo debido para hallar el libro deseado, pues los anaqueles estaban ordenados en base a un sistema riguroso de computación, que registraba el nombre del autor, la fecha y el lugar de edición, el título y el género de la obra. En “La Biblioteca de Babel”, en cambio, todo era impenetrable. Para localizar el libro A, primero se debía consultar el libro B, y para localizar el libro B, consultar el libro C, y así sucesivamente.
La Biblioteca de Niños, donde yo trabajé como si cada día asistiera a un jardín infantil, era el más concurrido y atractivo de cuanto he conocido; las paredes lucían imágenes arrancadas de los cuentos de hadas, mientras del techo, tan alto como puedan imaginarse, pendía un magnífico aerostato, representando “La vuelta al mundo en 80 días” de Julio Verne, a la vez que el mobiliario estaba hecho según las recomendaciones pedagógicas de María Montessori. De modo que el bibliotecario parecía Gulliver en Liliput y la bibliotecaria Alicia en el país de las maravillas.
Los niños iban y venían explorando tesoros escondidos en los anaqueles y haciendo chirriar mesas y sillas. Al detenerse de súbito, con la mirada encendida por la emoción, alargaban el brazo y tomaban el libro próximo a sus manos. Luego lo contemplaban de arriba a abajo, de anverso y reverso, y, cuando abrían las tapas, quedaban absorbidos en un mundo de aventuras y desventuras, apenas oían las voces de los personajes que poblaban sus sueños.
De las páginas saltaban, uno a uno, Caperucita y el lobo, Aladino y su lámpara maravillosa, Cenicienta y su madrastra perversa, Blancanieves y los siete enanitos, la Bella Durmiente y el príncipe azul que la despierta, la Bella y la Bestia, Pippi Calzaslargas y Nils Holgersson, quien, montado a horcajadas sobre el lomo de un ganso, invitaba al lector a un viaje maravilloso a través de Suecia, para enseñarle la historia, la geografía y las costumbres de este país escandinavo, donde yo mismo recorrí de sur a norte en compañía de la obra de Selma Lagerlöf.
La Biblioteca de Niños, hecho de calor y cariño, me sirvió no sólo para refugiarme en el reino fantástico de los cuentos infantiles, sino también para reflexionar que, en el país que me vio nacer, existen todavía quienes viven y mueren sin aprender a leer ni escribir, y cientos de miles de niños y jóvenes que no tienen acceso a una sola joya de la literatura infantil y juvenil.
Por lo demás, si “La Biblioteca de Babel” era el resumen del caos del universo, la Biblioteca de Niños era un plácido jardín, donde los libros parecían flores y los niños mariposas.
Así pues, la biblioteca comunal de Tyresö, donde trabajé a principios de los años 80, me permitió retornar a mi pasado y rescatar al niño que habita dentro de mí, y a quien, acaso sin saberlo o sin quererlo, lo rechacé durante mucho tiempo, hasta que volví a repetir:“Desde adentro, desde adentro,/ Desde el fondo de un abismo,/ Viene corriendo a mi encuentro,/ Un niño que soy yo mismo…”. Estos versos de Óscar Alfaro es un auténtico “Viaje al pasado”, a esa infancia que es un tesoro que debemos guardar celosamente y no perderlo nunca, pues ese niño o niña que habita en nuestro fuero interno, manteniéndose latente y negándose a morir, se manifiesta de manera espontánea cuando la lógica del razonamiento adulto es vencida por la fuerza del subconsciente, donde gobierna ese niño o niña que constituye el cimiento sobre el cual edificamos nuestra personalidad. No en vano reza el sabio proverbio inglés: “El niño es el padre del hombre”.
Por eso mismo, me llaman la atención los versos de añoranza de Pablo Neruda, quien, con su mirada de infancia, irremediablemente perdida, decía: “…Y a veces recordamos/ al que vivió en nosotros/ y le pedimos algo, tal vez que nos recuerde/ que sepa por lo menos que fuimos él,/ que hablamos con su lengua,/ pero desde las horas consumidas/ aquél nos mira y no nos reconoce…”. Es decir, “El niño perdido” de Pablo Neruda, además de causarme angustia, me provoca una rara sensación de algo que no quisiera experimentar en carne propia, pues lo que yo quiero, sin vacilar un solo instante, es que mi niño me acompañe hasta la muerte, y no porque tenga miedo a hacerme viejo, ni llevar a cuestas el peso de la experiencia y la apariencia física, sino, sencillamente, porque así me siento entero, con el anverso y el reverso de mi vida y de mi tiempo.
Ser viejo en lo físico no es lo mismo que ser viejo en lo psíquico. Einstein, por ejemplo, tenía el pelo blanco, pero era un niño por dentro; era sabio, pero tenía el corazón y la imaginación de un genio de quince años, aunque a la edad de los 25 se situó en la cúspide de los titanes del pensamiento humano, como Copérnico o Newton, tras descubrir la relatividad del tiempo, de nuestro tiempo. Por lo tanto, debo constatar que no soy el único adulto que posee alma de niño, sino un adulto más en quien perdura el peso de la infancia, con una pureza similar a la leche de la bondad humana.
Si todavía no se pusieron a pensar, valga recordarles que las obras de los poetas, músicos, pintores y científicos, nacen del juego de ese niño eterno que se esconde dentro de ellos; de ese niño que nunca pierde la capacidad de entusiasmarse, preguntarse, reinventarse o maravillarse. De no estar presente ese niño juguetón en cada artista, en cada uno de nosotros, sería más grave la vida y menos llevadera la existencia. Por suerte, la fantasía de un niño se prolonga hasta la muerte, aunque algunos lo desconozcan por temor a perder su autoridad de adultos o porque, sujetos a las normas lógicas y racionales de su entorno, se avergüenzan de sus fantasías, como si fuesen propias del infantilismo pueril e impropio de la edad adulta.
Sigmund Freud, en su estudio sobre el poeta y la fantasía, se preguntaba: “¿No habremos de buscar ya en el niño las primeras huellas de la actividad poética?”. Sin duda, la preocupación favorita e intensa del niño es el juego, actividad lúdica a través de la cual se conduce como un poeta, creándose un mundo propio o, más exactamente, situando las cosas de su mundo en un orden nuevo, grato para él. “El poeta hace lo mismo que el niño que juega -dice el padre del psicoanálisis-: crea un mundo fantástico y lo toma muy en serio; esto es, se siente íntimamente ligado a él, aunque sin dejar de diferenciarlo resueltamente de la realidad”. Incluso el hombre que cree haber dejado de ser niño y haber dejado de jugar, no hace más que prescindir de todo apoyo en objetos reales y, en lugar de jugar, fantasea. Hace castillos en el aire; crea aquello que denominamos ensueños o sueños diurnos, aunque a veces se avergüenza y oculta sus fantasías ante los demás. Con todo, si el poeta, al igual que el niño, es un hombre que sueña despierto, entonces la poesía, como el sueño diurno, es la continuación y el sustituto de los juegos infantiles, así como los instintos insatisfechos son la fuerza impulsora de las fantasías, y cada fantasía es una satisfacción de deseos, una rectificación de la realidad insatisfecha.
Sin la fantasía no seríamos lo que somos ni tendríamos lo que tenemos. La actividad de la fantasía se expresa en la creación artística. Gracias al poder de la fantasía, incubada desde la infancia y mimada hasta la muerte, se han creado los instrumentos de los cuales disponemos en la actualidad. Sin la fantasía no hubiera existido un Leonardo da Vinci ni un Julio Verne, ese científico apresurado que, en su vida y en su obra, fue un niño-viejo, como lo fue Jonathan Swift en los “Viajes de Gulliver”, J.R.R.Tolkien en la fantástica epopeya de “El señor de los anillos”, Lewis Carroll en “Alicia en el país de las maravillas”, los hermanos Grimm en sus cuentos de hadas,Hans Christian Andersen en sus cuentos fantásticos y J.K. Rowling en las aventuras de Harry Potter. También Michael Ende -otro de mis escritores favoritos- reivindicó la infancia como la etapa más noble del ser humano, una etapa mágica en la que todo es posible, incluso escribir la “Historia interminable”, una larga correría por la fantasía, sin saber luego cómo salir de ella para retornar a la realidad externa, donde muchos viven atrapados en las redes de un mundo lógico y enteramente racional. Él mismo, con su aspecto de científico bueno y la pipa en los labios, manifestó: “Desde la escuela han hecho sentirme diferente, éste es un mundo en el que no se ama a los soñadores. Pero, por otra parte, nunca creí que los otros fueran como se comportaban. Siempre he pensado que en el fondo, los otros son como yo, sólo que no lo saben”. Otro niño-viejo fue James M. Barrie, el periodista escocés y aspirante a escritor, quien creó un personaje universal llamado Peter Pan, el niño eterno que se negó a crecer.
Sin embargo, así como los adultos se empeñan en hacerse mayores y en esconder el Peter Pan que los habita, yo me empeñé, como les iba contando, en estrangular al niño que llevo en mi interior, sin entender que él también tenía derecho a vivir como el adulto que intentó desalojarlo. Pero fue una misión imposible, porque el niño que me habita se armó de coraje y, al igual que Peter Pan -el pequeño gran héroe que podía volar como un pájaro y resistir los embates del temible capitán Hook-, decidió enfrentarse a mi ser adulto y defender el lugar que le corresponde en mi vida.
Desde entonces me ha sido más fácil identificarme con los personajes del maravilloso mundo de la literatura infantil y juvenil, con “Pulgarcito” de Charles Perrault, “El Principito” de Antoine de Saint-Exupéry, “Nalle Puh” de Alan Alexander Milne y “Pippi Calzaslargas” de Astrid Lindgren, cuyas aventuras de desobediencia y desacato a la autoridad de los adultos me fascinan de manera especial, puesto que la picardía del Lazarillo de Tormes, la ternura de Mary Poppins y las aventuras de Peter Pan, son elementos integrantes de la fantasía tanto de los niños como de los adultos, así éstos últimos se nieguen a reconocerlo porque han olvidado su infancia o porque se hacen de ella una idea casi artificial, como cuando se niega obstinadamente la conocida frase de Nietzsche: ”En aquel hombre hay oculto un niño que quiere jugar”.
Ya dije que, por mucho tiempo, negué al niño que habita en mí. Es decir, había domesticado y reprimido mi fantasía, había supeditado mi mundo interior al exterior, hasta que un día, por esos azares que no se pueden explicar, lo fantástico encontró la manera de vengarse y de emerger, como ese actor frustrado que por mucho tiempo permaneció maniatado en las catacumbas del subconsciente. De ese desfogue nació el escritor que me tomó la delantera, consciente de que uno de los grandes filones de la literatura es la historia protagonizada por las niñas y los niños insatisfechos, quienes buscan refugio en la fantasía para escapar de una realidad insoportable o, simple y llanamente, aburrida y desastrosa. Quizás por eso, los niños de mis cuentos suelen ser imaginativos y solitarios, que a veces hablan poco y lloran sus penas en secreto, niños que viven una doble vida: la cotidiana y la de su propio mundo fantástico.
Ahora bien, para quienes en el silencio, y a estas alturas de mi intervención, se estén preguntando cuáles son los libros de literatura infantil que escribí a lo largo de mi vida, la respuesta es única y concluyente: no escribo libros para los niños ni las niñas, sino ensayos sobre la literatura infantil, por la sencilla razón de que a los niños, en estos vericuetos de la literatura, no se les puede meter gato por liebre. Por eso mismo admiro a quienes, entre borbotones de ternura y deslumbrante ingenio, dedican todo su tiempo y talento a escribir con la pasión del alma libros destinados a los pequeños lectores, sin más pretensiones que crear obras hechas de encantos y espantos, luego de haberse zambullido en los pensamientos y sentimientos de sus protagonistas, en sus conflictos emocionales, en sus actividades lúdicas y, sobre todo, en su lenguaje, que es el eslabón más importante de la moderna literatura infantil y juvenil.
Ahora que he retornado a esta hermosa tierra que me vio nacer, después de más de treinta años de ausencia, me empaparé de su realidad desmesurada y contradictoria, en un intento por seguir las huellas de nuestros precursores como Óscar Alfaro, Hugo Molina Viaña, Yolanda Bedregal, Beatriz Shulze Arana, Rosa Fernández de Carrasco, Gastón Suárez, Paz Nery Nava, Elda de Cárdenas, Alberto Guerra Gutiérrez y Antonio Paredes-Candia, para luego descubrir y redescubrir la obra del medio centenar de escritoras y escritores que están registrados en la Academia, donde algunos, con más bríos que otros, brillan con luz propia en la constelación de una de las literaturas que mejor estimula el hábito de la lectura en quienes mañana serán los grandes lectores de la gran literatura universal.
Y para terminar este mi cuento, sólo cabe manifestarles que me siento muy, pero muy feliz de ingresar como miembro honorario a la Academia Boliviana de Literatura Infantil y Juvenil, una institución forjada por personas honorables, que se dedican a cultivar el noble oficio de las letras, en medio de un grupo selecto de colegas que, a partir de este memorable acto, vivirán para siempre en el corazón humilde de este escritor que, ande por donde ande, jamás dejará de ser un niño boliviano.

Discurso de ingreso de Víctor Montoya a la Academia Boliviana de Literatura Infantil y Juvenil, en un acto realizado en el Espacio Patiño de la ciudad de La Paz, julio de 2011.

lunes, 20 de agosto de 2012

EDITAR LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL EN EL SIGLO XXI ¿Un dulce suplicio?

EDITAR LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL EN EL SIGLO XXI ¿Un dulce suplicio?

Enrique Pérez Díaz
… hay niños que leen bajo las sábanas, con la linterna en la mano, en contra del mundo entero. Hay una dimensión de transgresión en la lectura. Si hay tantos lectores que lean por la noche, si leer es con frecuencia un acto de oscuridad, no es solamente porque hay en ello un sentimiento de culpa: de esta manera se crea un espacio para la intimidad, un jardín protegido de las miradas. Se lee sobre los márgenes, las riberas de la vida, en los linderos del mundo. Tal vez no hay que desear que se haga la luz en ese jardín. Dejemos a la lectura, como el amor; conservar su parte de oscuridad.
Michèle Petit
 Marco Polo en sus viajes imperecederos hacia el Oriente lleno de misterios y aventuras. Cristóbal Colón descubriendo el Nuevo Mundo, un mundo tan antiguo como el otro pero hasta entonces desconocido para los hombres “civilizados”.
¿Qué leyeron en su infancia ambos, acaso las aventuras de Simbad el Marino? ¿A su vez, Simbad el Marino qué pudo haber leído si sus viajes le hubieran dejado tiempo para ello? ¿Tal vez la historia de una muchacha llamada Sheherezade que inventa historias para salvar su vida de una muerte segura? Sí, ¿pues para nosotros no resulta tan real y tan vivo el perseverante sobreviviente de los siete viajes como lo son el marino genovés o el mítico buscador de tesoros en las tierras del Gran Kan?
Verne imaginando horizontes desconocidos, mientras Salgari se enrolaba en la nave del Corsario Negro y Jack London huía hacia el Klondike.
Michael Ende escapando de su revulsiva realidad alemana de los años sesenta para esconderse en FANTASÍA junto a sus creaciones Atreyu y Bastian.
¿Qué papel jugó el acto de leer en las vidas de cada uno? ¿Qué papel ha jugado el leer en la existencia de aquellos seres que, como Momo en su lucha por devolver el tiempo a los seres humanos —firmes, obcecados, rebeldes, inconformes, subversivos, inadaptados, sedientos, desventurados, imagineros y soñadores— un buen día se proponen dominar, cambiar el mundo, al escribir o editar lo que creen será un buen libro?
Quizás Colón no solo conociera las aventuras de Polo y Simbad, sino que leyó (o escuchó de sus nanas) otros muchos cuentos o leyendas que despertaron su confianza en el acto de fe que significó —con una tropa de peligrosos carcelarios—, reivindicar económicamente a la Europa del siglo XV en base al “descubrimiento”, el dominio y conquista que trajo la
Miniatura Viajes de Marco Polo
destrucción de la rica cultura americana, también llena de héroes viajeros y personajes mitológicos, como el mítico serpiente emplumada, Quetzalcóatl para los aztecas, Kukuxklán para los mayas quichés.
El acto de leer viene pues, marcado desde siempre por una ruptura, una contradicción, una paradoja bien evidente, la que significa no aceptar nuestra realidad inmediata y en cambio adentrarnos, sumirnos, en otra distinta, aquella desconocida e intangible que se esconde tras las páginas de un libro.
El acto de leer, más que una praxis de de-construcción semántica, lingüística o dramatúrgica, es un acto de amor o de rabia, de rebeldía innata.
Aunque leyendo seamos libres, paradójicamente a la vez resultamos cautivos. Libres de nosotros mismos y nuestras penas o anhelos. Cautivos de otro (y otros muchos tantos, que no alcanzamos a adivinar siquiera) y que intervienen en el proceso creativo de ese hecho cultural y de comunicación llamado LIBRO. Somos libres en tanto elegimos esa senda alternativa de vidas paralelas; cautivos en la medida en que nos vamos adentrando en una historia otra para irnos lejos, tanto y más quieran aquellos que la inventaron o editaron.
En apariencia, nuestros más simples captores pueden ser una trama bien contada, un personaje atrayente y seductor, una acción que se concatena a otra… Pero, en realidad, detrás de cada libro —aunque diga muchas verdades— hay montón de engaño y artificio.
Existe un autor, existe un editor (visto genéricamente pues el editor engloba cantidad de profesionales que confluyen en ese suceso cultural-mercancía que es todo nuevo libro que asoma su rostro al mundo) quienes manipulan a su antojo el contenido de un libro.
El montón de engaño y artificio está dado por el innegable hecho de que un libro nos convence de algo que en realidad no existe (o al menos para nosotros no existía hasta ese momento mismo de abrir la página) y lo mejor o peor que esté contado, diseñado, ilustrado, empaquetado y hasta vendido generará que de veras sus posiblemente fieles lectores sucumban a esta magia y a este engaño. Esta aseveración no quiere significar, por supuesto, que cada editor se proponga engañar de facto a su posible lector, sino que los actos de editar y escribir parten siempre de un entarimado ficcional cuyo mejor fin es apartar a las personas de cualquier otra actividad y obligarlas a leer, esto es, a comprar lo que van a leer. Por eso, mientras más y mejor leamos, seremos más libres, y más cautivos a la vez. Aunque la otra paradoja es que, en ocasiones, la lectura consigue hablarnos más y mejor (y hacernos ver lo invisible a nuestros ojos) que la propia realidad cotidiana.
Entonces editar ha sido siempre un acto mágico y la magia está llena de ilusión, cierta mística, recursos secretos y cuasi ancestrales dispuestos de tal modo que convenzan al lector de su veracidad, o al menos verosimilitud, de lo que va a leer o adquirir para su lectura.
Desde siempre, autores y editores eternamente fueron víctimas y victimarios en una alianza recíproca llena de complicidades inconfesas: el acto de publicar.
Tiene el autor la capacidad de imaginar una realidad y con su oficio recrearla de modo que se haga creíble a alguien, en primera instancia, a su posible editor.
Tiene el editor la potestad de propiciar la envoltura más adecuada a esa historia (entiéndase asimismo poemario, pieza teatral, etc.) que luego deberá vender a otros muchos como un producto de primera.
En tal acto de complicidad no sólo hay afecto sino desavenencias, no sólo hay entrega desinteresada sino “pactos entre caballeros”, no sólo hay sacrificio —en ocasiones de ideas, modos, estéticas— sino incontables ganancias para ambas partes.
Independientemente del innegable papel que suele jugar el azar en la edición o distribución de cualquier libro, el editor posee la impronta adecuada para conseguir que determinada obra constituya un suceso o permanezca durmiendo de un tedio eterno en el estante de una ignota librería.
Por eso, desde siempre, editar ha sido una estrategia, una estrategia tan bien concebida en función de oferta y demanda y tan llena de tácticas y maniobras como la mejor de las guerras posibles.
La historia de la literatura universal muestra incontables ejemplos de las alianzas —más o menos fructíferas— entre autores y editores en cualquier género. También nos habla del modo en que avezados editores han conseguido al autor que necesitaban en base a ir moldeando las ideas, el oficio y hasta las actitudes de quienes trabajan para su catálogo. Este proceso de orientación ha dado excelentes frutos para ambas partes, pero sobre todo para el editor (que es quien en definitiva apuesta su dinero o el de su empresa) y gana a la postre en reconocimiento y dividendos. Un editor saca del anonimato al autor que integrará su nómina, pero ya entre ambos se establece un compromiso tácito estructurado en base a un diseño determinado, ya sea una colección, un plan de presentaciones, una política editorial.
Precisamente por eso, aunque muchos lectores piensen lo contrario (o siquiera piensen en ello), la historia que llevan a sus manos y devoran sus ojos significa un compendio de voluntades puestas en función de ese soporte comunicativo que es el libro. Si obviamente, reparamos en la cantidad de ojos que suele tener sobre sí la llamada literatura para niños y jóvenes (o infantil y juvenil), entonces se comprenderá que tal conjunto de voluntades participantes en la creación de cada volumen que sale al mercado es más férreo y evidente en este a veces llamado género menor que es la LIJ.
El toma y daca tácito que ha existido tradicionalmente entre autores y autores, editores y editores o entre los propios autores y los editores, evidencia todavía más los artilugios no confesos en que se mueve la praxis de escribir y editar. Todos los grandes de la antigüedad bebieron antes de otros para concebir sus historias y eso se mantiene hasta nuestros días. Charles Perrault y los hermanos Grimm tomaron de las ancianas contadoras de su tiempo, e incluso muchas de sus historias ya estaban tratadas por el italiano Jean Batiste Bassile. Andersen hizo otro tanto al recrear las sagas nórdicas escuchadas de los marinos de Copenhague o al inspirarse en relatos de Las mil y una noches árabes. Martí se alimentó para su breve, pero trascendente obra dedicada a la infancia, del propio Andersen, de Laboulaye, entre otros. Cuantos escribimos, de algún modo recreamos una realidad existente (al menos para nosotros) pero a la vez estamos acudiendo a un arsenal histórico que legaron nuestros antecesores, así nuestra voluntad más evidente sea la de renovar y subvertir.
Si bien miramos, la supuesta originalidad de un producto de masas como fue a fines del pasado siglo XX la aparición de los primeros tomos de las célebres aventuras del niño mago Harry Potter, no es más que un bien estructurado ajiaco de personajes más o menos reales, de mitologías, cosmogonías y seres muy antiguos dentro del folclore universal, arropados en un aire de modernidad que transita por la crítica al adulto, el juego de roles dentro de una pandilla y la eterna (y siempre enaltecedora o edificante) lucha del bien contra el mal. Eso, descontando la bien estructurada maniobra comercial que se instaura luego del éxito más o menos casual de los primeros dos tomos de la saga.
Pero no es nada desdeñable el fenómeno cuando de lectura se trata, como en la vieja fábula de la antigüedad, no vale la pena desdeñar las uvas (el misterio) que ha significado el innegable hecho de que esta obra, de la noche a la mañana, volviera lectores a miles de niños y adultos en el orbe.
Si bien Harry Potter vino a demostrar lo incierto de una traída y llevada crisis de lectura a escala universal, también evidenció —y quizás eso sea lo más trascendente de tal suceso de masas— como un libro para niños podía constituirse en acontecimiento social y planetario. Una inexperta e imberbe autora como la Rowling jamás pudo imaginar lo que su historia vendría a desencadenar en el mundo de las ediciones y de la lectura como praxis de miles de personas. Para ser parcos en el tema, únicamente hablemos de la vuelta a un tipo de literatura más fantasiosa ya abandonada desde décadas anteriores en muchos contextos y que, por su desmedida operación comercial, reivindicó a verdaderos clásicos como las sagas de Narnia o del Señor de los anillos, casi echadas al olvido desde mucho tiempo atrás.
Si editar ha sido siempre una especie de parto forzoso, arriesgado y traumático para quienes en él intervienen, creo que a la luz de las últimas décadas, se convierte, cada vez más, en un acto a veces suicida y en otras ocasiones en un verdadero suplicio. Precisamente porque editar es cada vez más una lucha de contrarios que pugnan por ocupar un lugar cimero entre los lectores, porque mantenerse en el primer lugar del mercado es el reto que hoy —sin otra consideración más culta o estudiada— se plantean montones de editores en cualquier latitud. ¿Qué le gusta leer a la gente y qué vamos a darle para que le guste leer más?
El editor serio, aquel que independientemente de concienciar la necesidad de vender su producto, cree en el poder transformador y renovador de la palabra, en el acto de fe que puede significar leerse un excelente libro y luego pensar diferente, en el papel subversivo que este hecho de transformación pueda significar, se las ve muy negras en un mundo editorial que tiende a la globalización y a la entronización de una media aplastante que solamente se rige por los vaivenes del mercado. Y si para el editor resulta a veces traumático escoger entre cuanto debe leer y a veces no elegir eso que más satisface a su ética personal (sino precisamente cuanto le pautan los comerciales de su editorial), imaginemos lo doblemente difícil y traumático que debe ser para un autor el ser editado bajo semejantes condiciones.
Se hace entonces más evidente el matrimonio (en oportunidades divorcio) entre ambas partes gestoras en la creación de ese valor cultural-comercial que es un libro. ¿Cómo consigue el autor situarse en el mercado sin traicionar su estética o su ideología? ¿Cómo logra el editor vender aquella literatura en la que más cree sin hacer que su empresa quiebre? ¿Qué recibe aquel lector (niño o adulto orientador de lectura) de cuanto se publica diariamente? ¿Cómo escoger lo más adecuado, trascendente, enriquecedor, en el inagotable fárrago de ediciones que pululan por todas partes? ¿Cuál, el destino de tanto libro que a diario se escribe y se publica y va a parar solo Dios sabe a dónde? ¿Se lee en verdad todo lo que se publica y se compra en cualquier parte? ¿Está la respuesta en aquellos clásicos de siempre, a los que autores, editores y lectores solemos regresar, una y otra vez, con el ansia inconfesada de encontrar en la aventura ancestral la savia que alimente nuestras vidas?
¡Quizás con un pase mágico de su lámpara maravillosa, al menos Aladino consiga brindarnos un poco de luz! Tal vez sólo entonces sepamos emplear adecuadamente esa magnífica alfombra voladora que puede ser todo buen libro que cada amanecer viene al mundo.

Cortesía de la Escritora Laura Antillano y la Letra Voladora

Nota del webmaster:dejo el link de este blog, hay otros articulos de literatura,sobre ilustraciones, por si quieren entrar alli tambien.