JULES VERNE

JULES VERNE

martes, 31 de mayo de 2011

NATALICIO

martes 8 de febrero de 2011


Feliz cumpleaños Julio Verne.

Pués un día como hoy, pero hace 183 años nació Jules Gabriel Verne un autor más conocido en los países de lengua española como Julio Verne. Un autentico visionario que supo adelantarse en sus obras a muchos acontecimientos futuros. Hoy son muchos los homenajes que ha tenido en la red, como Google que ha convertido por unos días su buscador en un ojo de buey del famoso NAUTILUS. Nosotros en su día realizamos una exposición colectiva en la que reflejamos muchas de sus obras en nuestras ilustraciones. Voy a utilizar una de ellas para ilustrar esta entrada y para realizar mi particular homenaje.

Publicado por ruben rodriguez en 13:01 Etiquetas: mis garabatos

Monumento a Julio Verne



Monumento a Julio Verne


Monumento a Julio Verne (de José Molares) . (2005). Avenidas. Puerto de Vigo. Escultura inaugurada el 17 de octubre de 2005. Fue esculpida en bronce por el vigués José Molares y donada, a esta ciudad, por la Asociación de Mujeres Empresarias de Pontevedra.
En homenaje a Julio Verne Google transforma su logo en el Nautilus del capitán Nemo


El logotipo de Google se ha transformado en las escotillas del Nautilus para recordar al escritor francés Julio Verne en el día en que habría cumplido 183 años. Google ha escogido la obra '20.000 leguas de viaje submarino' para hacer un homenaje a uno de los escritores más importantes de la ciencia ficción.

Por Editor MP en Febrero 8, 2011

El último homenaje de Google, en forma de 'doodle', tiene como protagonista a Julio Verne. El escritor francés nació el 8 de febrero en 1828, en Bretaña. Para conmemorar la fecha de su nacimiento, la compañía ha cambiado el diseño de sus letras y ha permitido enlazar directamente su logotipo con los resultados de búsqueda de las palabras Julio Verne.

El tema escogido por Google para recordar a Verne ha sido su novela '20.000 leguas de viaje submarino'. Se trata de una de las obras más conocidas en el campo de la ciencia ficción. El libro narra las aventuras del capitán Nemo a bordo de su popular nave Nautilus.

La nave del capitán Nemo es precisamente el motivo escogido para adaptar el diseño de las letras de Google. La palabra ha tomado forma de escotillas, a través de las que se puede ver un fondo marino animado con peces y el movimiento constante del agua. A cada lado de la palabra Google, la compañía ha situado los mandos que manejarían la nave y que podemos controlar.

Julio Verne ha pasado a la historia como uno de los escritores de ciencia ficción con más visión de futuro. Sus relatos narran avances tecnológicos que en su época eran impensables, pero que con el tiempo, la mayoría se han convertido en realidad. Su imaginación y calidad literaria han convertido al escritor francés en uno de los escritores más reconocidos de la historia de la literatura.

El homenaje de Google, conmemorando el 183 cumpleaños del autor, se suma a la política de la compañía de adaptar su logo para señalar distintas efemérides. Cada vez es más habitual que Google presente originales y divertidos diseños de su seña de identidad.

Fuente: http://www.europapress.es/portaltic/internet/noticia-google-transforma-l...

MA

Sophie Allote de la Fuye, la mare de Verne
Pierre Verne

lunes, 30 de mayo de 2011

domingo, 29 de mayo de 2011

1897-ANTE LA BANDERA - Julio Verne

lunes 6 de diciembre de 2010

1897-ANTE LA BANDERA - Julio Verne

El tema de la ciencia aplicada al armamento es una cuestión que Verne trató en varios de sus libros: el submarino Nautilus en "Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino", los vehículos de Robur, las armas de destrucción masiva en "Los 500 millones de la Begún"… El escritor galo vuelve aquí sobre la misma idea, aunque enfocándola desde una óptica excesivamente patriotera.

Thomas Roch es un inventor lunático de origen francés que afirma haber desarrollado un arma, el Fulgurador, cuyo potencial destructivo es terrorífico (Verne lo describe como una especie de misil de gran capacidad explosiva). Acude a diversos gobiernos para venderles su artefacto, pero ninguna cantidad parece suficiente para satisfacer su creciente ego habida cuenta de que no existe prototipo y que todo lo que el inventor pone sobre la mesa es su palabra. En un estado mental cada vez más deteriorado, el científico francés es internado en un sanatorio por el gobierno norteamericano, donde se le asigna un cuidador cuya misión es la de prestar atención a sus delirios y tratar de averiguar el secreto del arma antes de que quede totalmente sumergido en la locura. Este cuidador es en realidad un ingeniero francés, Simón Hart, que se hace pasar por enfermero norteamericano con el fin de sonsacar al demente Roch y utilizar el secreto en beneficio de su propio país.

Ambos, enfermo y enfermero, son secuestrados por Ker Karraje, un pirata de origen malayo y cuidada educación, tan carente de escrúpulos como sobrado de ambición. Karraje, que ha reunido una banda de malhechores del más variado origen, se hace pasar por un noble europeo de refinados modales que surca la costa norteamericana a bordo de una goleta. Sin embargo, en su auténtica identidad, utiliza un submarino para abordar barcos, asesinar a las tripulaciones y hacerse con el botín. Sabedor de que Roch esconde el secreto de una poderosa arma, decide secuestrarlo para hacerse con ella y conseguir aún más poder.

Roch y Hart son llevados a un islote rocoso de las islas Bermudas cuyo interior es una enorme caverna hueca accesible sólo con el submarino, que los piratas han acondicionado como su base. Allí, Karraje alimenta el ego y la vanidad de Roch y éste se pone manos a la obra, terminando el mortífero artefacto. Hart consigue hacer llegar un mensaje al exterior dentro de una botella. Avisados del peligro, varios países reúnen una flota internacional y acuden a la isla justo cuando Roch termina de poner operativo el Fulgurador.

Esta narración de Verne no se encuentra entre las mejores de su carrera; ciertamente tiene pulso y hay momentos interesantes, pero abunda en detalles inverosímiles por no decir absurdos (por ejemplo, Hart, que se supone es un espía, lleva un diario en el que anota todo tipo de información comprometedora) y el final horriblemente panfletario, patriotero e increíble deja mal sabor de boca. No es tampoco nuevo aquí el que sus personajes carezcan de profundidad: ni los ingenieros protagonistas ni el pirata consiguen conectar con el lector, que siempre los ve como figuras bastante planas que se limitan a cumplir con su papel incluso aunque el autor recurre a la narración en primera persona para tratar de introducirnos en la mente y emociones del personaje principal. El problema es que ahí dentro tampoco hay nada que resulte muy interesante o revelador. Simon Hart es una reencarnación del Marcel Bruckmann de "Los Quinientos Millones de la Begún": el francés valiente, inteligente, patriota y noble que lo arriesga todo por su país; en definitiva, un héroe plano, aburrido y sin matices.

Ni siquiera el villano Karraje tiene el carisma y misterio de un capitán Nemo o un Robur por mucho que disponga de un vehículo submarino -invento que había dejado de ser una novedad en el momento de publicación del libro- y una tripulación internacional de fervientes seguidores. No es más que un simple delincuente que encarga sus armas a fábricas y astilleros (al contrario que los personajes citados, cuyas fantásticas máquinas eran producto de sus geniales inteligencias, ya fueran sumergibles o máquinas voladoras) y cuyo objetivo es el simple robo (mientras que las motivaciones de Nemo o Robur eran más complejas en el caso de uno y más fanáticas en el caso del otro). Descendientes suyos serían varios de los villanos de las películas de James Bond, con su acumulación de tecnología, sus ínfulas de conquistadores del mundo y sus guaridas secretas.

Parece ser que para el personaje del inventor loco, Thomas Roch, Verne se inspiró en el químico Eugène Turpin, inventor de un explosivo, la melinita. Éste había tratado de vender su descubrimiento al gobierno francés en 1885, sin conseguirlo (finalmente, la venta se llevaría a cabo y su invención se utilizaría ampliamente en los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial). Sin embargo, Turpin nunca se volvió loco ni traicionó a su país vendiendo el secreto a otra potencia. Tan claro era el paralelismo que Turpin, irritado, demandó a Verne. Éste contrató como abogado a Raymond Poincaré -quien mas adelante llegaría a ser presidente de la República- y ganó el caso aun cuando los biógrafos del escritor encontraron en su correspondencia evidencias de que, efectivamente, Turpin sirvió de modelo para su personaje; personaje que también guarda semejanzas con Alfred Nobel, inventor de la dinamita y que después de hacer fortuna con la misma se horrorizó al ver el uso bélico que se hacía de ella.

Resulta interesante la transformación que experimentan en esta última etapa de la carrera de Verne sus héroes, quizá influido por el desarrollo de la CF más populista que triunfaba en Estados Unidos y sobre el que ya comentamos algo en una entrada anterior. Los sabios y hombres de ciencia tan queridos por Verne, símbolo de la cultura y el conocimiento enciclopédico y protagonistas de muchos de sus mejores libros (recordemos al entrañable Paganel de "Los Hijos del Capitán Grant", el profesor Aronnax de "Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino" o el irascible Lidenbrock de "Viaje al Centro de la Tierra", por nombrar sólo algunos) son sustituidos por ingenieros (encarnados aquí por Hart), que a finales del siglo XIX eran ya considerados como los héroes responsables del avance tecnológico y figuras a los que todos los niños y jóvenes aspiraban a emular.

El tema de Verne cobra en estos turbulentos días -en realidad lo ha venido haciendo desde la Segunda Guerra Mundial- una especial actualidad: el tráfico de armas, la preocupación por la posibilidad de que alguien pueda construir armamento de una potencia devastadora y la caza y captura por parte de los países -a través de medios pacíficos o no- de genios científicos que puedan diseñar esas superarmas. La figura del científico que, de grado o por la fuerza, trabaja en un artefacto ambicionado por los gobiernos de uno y otro signo resuena en la Historia con nombres célebres, como Werner Von Braun -responsable del éxito del programa de misiles norteamericano tras la Segunda Guerra Mundial- u hombres de ciencia desconocidos -como los físicos que en los ochenta participaron en el programa nuclear iraquí o que hoy se ocupan de los planes atómicos de Irán o Corea-, buscados por unos bandos y por otros.

La última guerra del Golfo nos ha familiarizado con la historia de una alianza de países que, como en la novela de Verne, decide unir fuerzas y superar sus diferencias en beneficio de un objetivo común: destruir a aquél que se encuentra en posesión de un arma con la que puede amenazar los intereses de aquéllos. Por otra parte, la elección del archipiélago de las Bermudas como escondite del pirata y lugar alrededor del cual se producen misteriosas desapariciones de navíos -hundidos por el ingenio submarino del criminal Karraje- también resulta chocante (aunque hoy es bien sabido que esas islas jamás han registrado un índice de naufragios particularmente elevado, no siendo su leyenda más que un mito contemporáneo). La elección de Verne de esta localización vino motivada no porque en aquel momento estuviera relacionada con algún tipo de leyenda negra, sino por tratarse de un archipiélago cercano al continente americano -y a las posibles víctimas que surcaban la ruta Atlántica- cuyo tormentoso clima lo hacía ideal para la historia que deseaba contar.

¿Era Verne un visionario, un profeta, un genio iluminado capaz de traspasar la niebla del futuro? En mi opinión nada de eso es cierto. Verne no se ocupó tanto de los problemas del futuro como de los de su presente. Él, como nosotros, vivió en una sociedad tecnológica y muchas de las cuestiones que preocupaban entonces siguen vigentes en mayor o menor grado. Sencillamente, y no es poco mérito, parte de su ficción ha encontrado un eco en la realidad contemporánea.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Magasin d’Éducation et de Récréation

Magasin d’Éducation et de Récréation

De Wikipedia, la enciclopedia libre


(Redirigido desde Magazine de ilustración y recreo)

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Le Magasin d'éducation et de récréation, que en un inicio se llamó Bibliothèque illustrée des Familles (Biblioteca ilustrada de la familia), fue una revista literaria fundada por Pierre-Jules Hetzel y por Jean Macé en abril de 1863, y cuyo fin principal era enseñar y divertir a toda la familia. Se publicaba quincenalmente y sus principales publicaciones fueron los Viajes extraordinarios de Jules Verne. Ya que se acababan de imprimir en la revista, se hacía una edición en libro, que se hacía casi al final del año (para que se regalara el libro a los niños con motivo de la Navidad). Así se mantenía la intriga y la necesidad de los lectores de seguir comprando la revista.

Había tres ediciones: una edición económica, sin ilustraciones, una edición de bolsillo, con pocas ilustraciones; y una edición en un formato más grande con muchas ilustraciones, que fue la más popular de las tres.

martes, 24 de mayo de 2011

domingo, 22 de mayo de 2011

CARICATURA

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Portrait : Jules Verne vu par Nanuka Andrade





Júlio Verne (em francês Jules Verne) nasceu em 8 de fevereiro de 1828 e foi um escritor francês… ou muito mais do q um escritor poderia sonhar em ser para o futuro da humanidade.


É considerado por críticos literários o precursor do gênero de ficção científica, tendo feito predições em seus livros sobre o aparecimento de novos avanços científicos, como os submarinos, máquinas voadoras e viagem à Lua.

PARABÉNS A ESTE E TODOS OS GRANDES VISIONÁRIOS DE ONTEM E HOJE QUE CRIAM O AMANHÃ!

miércoles, 18 de mayo de 2011

Julio Verne

Julio Verne

De Julio Verne se ha escrito mucho y entre la tinta que ha hecho correr, existen numerosas leyendas que se le han atribuido, las cuales, desgraciadamente, aún son vigentes. Una de ellas, la más famosa, es que el célebre novelista no se movió de su despacho en toda la vida, desahogando su vena viajera a través de las obras que escribió. Pues bien, eso no es cierto ya que Verne visitó Estados Unidos en 1866, viajando a bordo del Great Eastern, dándose la circunstancia, de que en ese mismo año se compró el Saint Michel, su primer barco, al que luego seguirían dos más del mismo nombre.

Se le acusó de misógino e incluso de homosexual, simplemente porque casó con una rica viuda, Honorine de Viane, cuando en su época, eran pocos los hombres que no buscaban una esposa con buena dote, eso en primer lugar, en segundo, se enamoró muy joven de Caroline Tronçon, amores nada afortunados, y mucho más tarde tuvo una amante, María Alexandrovna, la traductora que vertió al ruso sus novelas, pero el gran amor de su vida parece ser que fue una misteriosa dama, que, con más de sesenta años el novelista, conoció y cuya muerte a finales de 1885, causó en Verne un profundo dolor. Por lo tanto, respecto a minimizar el papel de la mujer o menospreciarla, tanto personalmente como en sus escritos, no es cierto; baste con leer El rayo verde, para comprobar como esa afirmación carece de fundamento.

También se ha dicho de Julio Verne que perteneció a sectas esotéricas y a sociedades secretas, sin tener en cuenta que en el siglo XIX, eso era una moda a la que contados se substrajeron.

Julio Verne nació en Nantes el 8 de febrero de 1828, siendo su madre Sophie Allotte de la Fuye, y su padre, Pierre Gabriel Verne, procurador y descendiente de una familia de hombres de leyes, cuya tradición su hijo no seguiría, al elegir las letras, aunque llegase a estudiar derecho en París. La relación entre padre e hijo nunca fue buena, mejor dicho, fue pésima, y aunque Julio se resentiría de ella toda su vida, no dudó en aplicar la misma cruel severidad para con su propio hijo Michel a quien le amargó la vida desde la infancia. Un gran contrasentido a todas luces, tanto más inexplicable cuanto el mismo novelista había sufrido también idéntico calvario; bien que al final de la vida del escritor se reconciliaran, fueron muchos los años de incomprensión los que los tuvieron enfrentados.

Verne tuvo cuatro hermanos, quien nació después de él, Paul su confidente, Anne, su hermana mayor, Mathilde y Marie-le-Chou, la pequeña.

El hecho de haber nacido en una ciudad portuaria como Nantes, debió inflamar la imaginación del muchacho, ya que a los 11 años se quiso enrolar de grumete en un navío mercante con rumbo a la India, aventura que su padre abortó en el último instante, y a cuya frustración sin duda debemos esas maravillosas novelas de viajes inconcebibles que tanto nos hicieron soñar en nuestra infancia y adolescencia, y que han sido la causa del nacimiento, como tales, de muchos grandes exploradores, investigadores y científicos,, no sólo del siglo XIX, sino también del XX.

Julio Verne creó todo un género novelístico que después ha tenido muchos seguidores, y podríamos denominarle, sin miedo a equivocarnos, el padre de la literatura científica. Hay quien le ha llamado también, profeta, visionario e incluso iluminado, sin tener en cuenta que cuando un escritor posee imaginación puede fabular lo que se le antoje si a ella se asocia la cultura y la inteligencia.

Dado su ingenio y su talento, es de suponer que de no haber sido novelista, habría sido inventor, porque "lo que un hombre puede pensar otro hombre lo puede hacer".

Mencionemos aquí, ahora, una de sus novelas menos conocidas, Un castillo en los Cárpatos, en la que, sorprendentemente, ya anuncia el cine y la televisión, mezclando con singular maestría superstición y ciencia.

Sin embargo, los comienzos literarios de Verne no se vieron acompañados por el éxito; en 1848 se dedicó a la producción teatral escribiendo operetas y comedias que no le hicieron precisamente famoso, y más tarde comenzó aquel que iba ser su auténtico camino, al colaborar en la revista Le Musée des Familles con sus primeros relatos de ficción, no obstante, la que luego constituiría un gran éxito de público, Cinco semanas en globo, le fue rechazada por un número considerable de editores, 15 en total, y sigue contando la leyenda que fue su propia esposa quien evitó que el mismo escritor, desesperado, arrojase al fuego el original devuelto por enésima vez.

En 1863, traba conocimiento con el editor Hetzel, y su suerte cambia, siendo el resto de la historia de sobras conocido.

Julio Verne no tuvo éxito en su juventud sino ya en la cuarentena, y como en aquella época no era como la nuestra, realmente, triunfó en la edad madura, costándole alcanzar el éxito antes no encontrar al editor adecuado. En su vida privada, matrimonial, no fue feliz, y en su vida social, él, aventurero y burgués a un tiempo, tuvo sus sombras negras al ser demasiado conservador y de derechas, y también, hemos de reconocerlo aunque le admiremos, no tuvo reparo en emplear "negros" que le escribieran algunas de sus obras, André Lauri fue uno de ellos y el autor de Los quinientos millones de la Begum y La estrella del sur... Al César lo que es del César.

Como doloroso trance personal, Julio Verne sufrió el ataque traumático de un joven loco . su propio sobrino Gaston quien le dispararía en un pie porque no atinó a darle en un centro más vital aunque disparara dos veces, y los últimos años de su existencia los pasó atormentado por la diabetes de la cual falleció el 24 de marzo de 1905, en la ciudad de Amiens.

En vida fue honrado con la última Legión de Honor que Francia otorgó aún como Imperio, aparte de con el reconocimiento universal pues fue el novelista más leído de su tiempo, en todo el mundo.

Su único hijo Miguel, se dedicó a reescribirle obras que quedaron incompletas a su muerte, ya que lisa y llanamente amplió textos y copió estilo, con notable éxito, por cierto dado que nadie se dio cuenta del cambiazo.

Hace pocos años, saltó a la prensa la noticia de que había sido descubierto un manuscrito desconocido de Julio Verne, en el que describía la vida actual con todo lujo de detalles. En su momento, y es una opinión totalmente personal, desconfiamos de la autenticidad de esa novela que se atribuía a Verne, y en la duda continuamos.



© 2000 Estrella Cardona Gamio

Efemerides

Efemerides

10-05-1960  El submarino atómico Nautilus cumple la primera circunnavegación del globo totalmente bajo el agua.

Tomado del diario El Universal  de Caracas

La biografía detallada de un francés visionario (1828-1905)

La biografía detallada de un francés visionario (1828-1905)  por Cristian Tello

Infancia y juventud (1828 - 1847)

Una ciudad portuaria

El puerto de Nantes, la ciudad natal de Verne hacia 1828, año de su nacimiento

Nantes, es una ciudad francesa de origen bretón, que a inicios del siglo XIX, era uno de los más importantes puertos de Francia; en sus muelles atracaban goletas y bergantines dedicados al tráfico de tejidos y especias con las colonias galas de América Central. Pero el comercio también enseñaba allí su otra cara: el rigor de los libros mayores, la rutina disciplinada de las oficinas de embarque, la gravedad de las transacciones bancarias, en otras palabras, el orden. Los comerciantes coloniales de Nantes se enriquecieron a tal punto, que se convirtieron en dueños de veleros sobre el río Loira y de viviendas en las Antillas. Su opulencia era casi fabulosa, y las gentes del puerto les llamaban «plantadores de Santo Domingo», cuyas cuantiosas fortunas se habían cimentado básicamente sobre el trabajo, el sudor y la muerte de sus esclavos negros en las plantaciones de caña de azúcar.

Una isla en medio de un río

En 1723, ochenta de estos comerciantes se dispusieron a adquirir un islote arenoso prácticamente deshabitado, enclavado en el río Loira cerca de su desembocadura al mar Atlántico, en pleno corazón de la ciudad. Su único habitante el molinero Grognart, protestó y así obtuvo un buen precio por su molino. Feydeau de Brou, intendente de Bretaña, ratificó el acta de cesión y bautizó la isla con su nombre. Luego que, por medio de pilotes y de un piso de maderas exóticas, creyeron fijar para siempre este suelo aluvionario, los compradores levantaron, para su único uso, ochenta lujosas casas, repartidas en ocho bloques regulares, a lo largo de una calle central, la calle Kervegan. Estas moradas, a las cuales el desnivel de su subsuelo acuático ha hecho perder la vertical, se ornaron de balcones labrados, cariátides de estilo clásico y local, tapicerías y otras maravillas.






Isla Feydeau, enclavada en el río

Loira a mediados del siglo XIX

Los grandes hombres de negocios, vivían exclusivamente entre ellos en aquella especie de ciudad privada. En las noches de verano se les veía ir y venir en el jardín triangular de aquella Pequeña Holanda, conversando de sus negocios, de la blanca azúcar y de los bosques de ébano, bajo los balcones del voluptuoso marqués de la Villestreux, supremo potentado de la isla. Las guerras napoleónicas, el derrumbe de la Compañía de Indias, el Tratado de París, la rebelión de los negros que daría origen a Haití, y la abolición de la esclavitud, arruinaron y dispersaron a los plantadores de Santo Domingo. La isla Feydeau se vio, poco a poco, abandonada por sus primeros dueños. Las crecidas del río Loira obligaron a levantar el nivel del suelo, mientras que las antes señoriales banquetas comenzaron a poblarse de puestos populares. Más tarde, los nuevos habitantes, ansiosos de amueblarse al gusto del día, vendían las reliquias del gran pasado. Las casas, los muebles y las demás riquezas pasaron a manos de los miembros de las profesiones liberales. En la actualidad, la isla Feydeau, víctima del urbanismo, ha desaparecido, a causa de las constantes crecidas del río Loira y a la naturaleza precaria de su suelo.

Nacimiento

En el otoño de 1825, en la época en que la isla Feydeau se mantenía aún anclada como un barco al Loira como si se dispusiera a zarpar de un momento a otro, un joven abogado, procedente de la ciudad de Provins, se convirtía en un habitante de aquel distrito insular. Su nombre era Pierre Verne. Había realizado sus estudios de leyes en París y con el fruto de sus ahorros acababa de comprar el bufete de abogado del maestro Paqueteau. Por aquel entonces quedó prendado de una paseante encantandora de la isla, a la cual pidió volver a ver. Desde ese momento ambos corazones se aproximaron y no se alejarían ya. Dos años después, el 19 de febrero de 1827, contrae matrimonio con aquella joven: Sophie Nanine Henriette Allotte de la Fuÿe, descendiente de una familia de origen bretón y escocés, compuesta por marineros y gente de letras.



Pierre Verne

Los registros del Ayuntamiento de Nantes y los de la Parroquia de Santa Cruz mencionan que: «Pierre Verne, hijo de Gabriel Verne, juez de Provins, y de la señora Masthie Prévost, se casó con Sophie, hija de Jean Louis Augustin Allotte de la Fuÿe y de la señora Marie-Sophie Adélaïde Guillochet de la Perrière domiciliada, como sus padres, en la calle Olivier-de-Clisson, isla Feydeau». Por los escasos medios económicos del joven abogado, el nuevo matrimonio burgués, debió de instalarse en la casa de los padres de Sophie, en la isla Feydeau. En esta isla urbana, nacería el 8 de febrero de 1828, el primer hijo de esta unión, al cual le dieron el nombre de Jules, Julio, por recomendación de su abuelo paterno Gabriel, quien hizo un largo viaje desde Provins, donde era magistrado, hasta Nantes, para asistir al día del bautizo de su nieto. Aquel día, Pierre Verne anunció que su hijo sería también abogado, y que se haría cargo de su bufete cuando él muriese.

El nacimiento del niño en la casa de la abuela materna, decidió a los padres de Julio, buscar un nuevo hogar, instalándose ahora en el número 2 del muelle Bart, muy cerca del despacho del flamante y ambicioso procurador Pierre Verne. Después del nacimiento de Julio, le seguirán el de Paul en 1829, Anna en 1836, Mathilde en 1839 y Marie en 1842, quedando así conformada la familia Verne, por los padres, dos hermanos y tres hermanas.[1]

El origen de los Verne y de los Allotte

El apellido paterno Verne, lleva la semilla de los celtas, y eso los hace inquietos y viajeros y pueda que de sangre real. El nombre de Verne o Vergne equivale al de aulne en celta, siendo este el nombre de un pequeño árbol que crece en Europa central.

El apellido materno Allotte es de origen escocés y data en Francia desde la llegada a ese país de un tal Allott junto con la guardia escocesa del rey Luis XI. Los servicios del esforzado Allott debieron de ser tan nobles, que el monarca tuvo a bien concederle el «derecho de la Fuÿe». Tal privilegio real le autorizaba la construcción de un palomar, y el arquero escocés levantó su castillo, aportando al clan una nobleza regalada, naciendo así Allotte, señor de la Fuÿe, estableciéndose en Loudun. Pero ya en el siglo XIX, el nombre de la Fuÿe, como el de sus parientes, los de la Celle de Châteaubourg y los Du Crest de Villeneuve, revelaban las preocupaciones nobiliarias de una burguesía cuyo triunfo sobre la nobleza era aún reciente.

Una familia burguesa


Sophie Allotte de la Fuÿe

Pierre, por su condición de hijo y nieto de abogados, era un representante del mundo burgués. De apariencia severa y autoritaria, veneraba la posición social basada en el poder económico, culto al dinero, seriedad, amor al orden, pragmatismo, dogmatismo religioso y un respeto maníaco por la puntualidad, la exactitud y la disciplina; sin embargo, no se le debe considerar como a un padre frío o distante. Sus familiares lo recuerdan como una persona afectuosa, de inteligencia curiosa, algo poeta, amante de la conversación y apasionado de la música. Julio mantendrá con él relaciones ambiguas, que siempre se moverán entre la rebeldía y el respeto. Sophie Allotte, la madre, era una mujer emparentada con una de esas antiguas y arruinadas familias de armadores y marinos. Ella aportaba a aquel nuevo hogar el calor, la fantasía y la sensibilidad artística. Su pariente, el pintor Françisque de la Celle de Châteaubourg, buen amigo y retratista del escritor Chateaubriand, será quien cuente a los niños las primeras historias literarias. Otro familiar, el tío Prudent, un antiguo armador de buques, que Julio Verne recordará con cariño, llenará con sus nostalgias y remembranzas marinas la mente de los infantes. Julio le dará años después su nombre a uno de los personajes de su novela Robur el Conquistador.



Una revolución popular

En 1828, cuando Julio Verne vino al mundo, detentaban el poder en Europa una serie de monarquías absolutas, que, tras la derrota de Napoleón en 1815, intentaron aniquilar los frutos que la revolución francesa de 1789 había producido. Pero el resultado final de aquella revolución que abrió la Edad Contemporánea, es decir, el paso al poder político, social y económico de la burguesía, podía ser obstaculizado, mas no detenido.

En 1830, la presión social derriba a Carlos X, el último monarca Borbón de Francia, que pretendía gobernar en forma absolutista, y pone en su lugar a Luis Felipe de Orléans, «el rey burgués». El bueno de Luis Felipe, sería al comienzo un rey muy popular gracias a sus inclinaciones democráticas y su sencillez, dando inicio a la Edad de Oro de la burguesía, que, bajo el lema «enriqueceos» acumulará grandes fortunas, merced a sus actividades mercantiles y empresariales. De él dependerán los destinos de Francia, durante la niñez y juventud de los hermanos Verne.




La revolución de 1830

La pasión por el mar y los viajesEl pequeño Julio y su hermano Paul, vivieron su infancia en la Nantes provinciana y marítima de la época, sus primeros recuerdos serían pues, los veleros y las gabarras que subían y bajaban por el río Loira y el hermoso puente que unía las dos riberas, delante mismo de su casa, en la ancha y sucia calle Kervegan.




El caserón de sus abuelos maternos era muy grande y viejo, en los desvanes se podían encontrar objetos raros y retratos de marineros barbudos, que a los hermanos Verne les llamaba la atención. Pudieron compartir además la fascinación por la correspondencia de sus antepasados que encontraban dentro de los cofres ubicados en los desvanes del caserón; en aquellos legajos se hablaba de tierras y mares lejanos, relaciones de productos exóticos y de noticias de mundos misteriosos apenas explorados. No es difícil comprender que, criados en este ambiente de comercio fluvial y rodeados de recuerdos marítimos por parte de su familia materna, los inseparables hermanos quisieran ser marineros, para embarcarse rumbo a tierras desconocidas y vivir en ellas las más emocionantes aventuras. De los dos, sólo Paul podrá realizar el sueño de ser marinero, sueño vedado a Julio que, como hijo primogénito, estará obligado a seguir la carrera de Derecho, para hacerse cargo del bufete paterno. Paul llegará a convertirse en el gran colaborador de Julio Verne en sus novelas, por sus aportes en el conocimiento de las artes marinas.

El ambiente marino de Nantes fascinó desde niños
a los hermanos Julio y Paul Verne

Un antepasado de la familia Verne, François de la Perrière, fue un distinguido explorador de las regiones boreales y se le menciona con frecuencia en las tertulias familiares, sobre todo en aquellas a las que asiste el tío Alexandre Allotte, armador de barcos de Nantes, y cuya conversación gira naturalmente alrededor de los viajes y riesgos de las empresas navieras que patrocina. Ese mundo alucinante de viajes, aventuras y maravillas técnicas contrasta con la monótona vida del tranquilo hogar de los Verne.


Continuará