JULES VERNE

JULES VERNE

lunes, 28 de febrero de 2011

domingo, 27 de febrero de 2011

JULIO VERNE, el Mundo de la fantasía Y LA IMAGINACIÓN

JULIO VERNE, el Mundo de la fantasía Y LA IMAGINACIÓN

(a propósito de su relación con Canarias
y con motivo del Centenario de su fallecimiento)

Rafael Ángel Raya Sánchez

Tesorero del Grupo Filatélico
y Numismático de Tenerife
Quién en su juventud no ha leído algún libro o posteriormente ha visto alguna de las películas realizadas sobre dichos libros de aventuras y ficción del gran autor francés Julio Verne. Yo por lo menos, sus libros para mí fueron los más leídos y entretenidos de mi infancia, mis incursiones hacia el centro de la tierra, por cuevas y grutas, largas y profundas, volcanes, minerales, etc; en una cápsula con destino a la luna, o dentro de un bidón a semejanza de un gran submarino navegando por las profundidades de esos grandiosos océanos, viendo terribles y enormes animales marinos, hizo de mis juegos y pensamientos un entretenimiento y a la vez un aprendizaje indirectamente satisfactorio, así como un engrandecimiento de mi mente y mis conocimientos aunque, tan solo fueran científicamente ficticios o utopías, aunque con nueve o diez años, tan solo eran aventuras para pasar el tiempo con mis amigos.


Este año, se cumple el centenario de su muerte, con motivo del mismo, verán la luz reediciones de sus obras, tendrán lugar homenajes internacionales, coloquios y foros en el mundo, etc. Fue el padre de la ciencia ficción, anticipándolo casi todo, el teléfono, el viaje a la luna, la exploración submarina.....paraísos e infiernos en los confines de la tierra.

A modo de biografía:

Julio Verne: (1828-1905), escritor francés considerado el padre de la ciencia ficción moderna. Nació en Nantes y estudió leyes en París. De 1848 a 1863 escribió libretos de ópera y obras de teatro. En 1863 obtuvo su primer éxito con la publicación de Cinco semanas en globo (1863), una fantasía breve que preludia su obra posterior, en la que ya aparecen los elementos básicos de su literatura: aventura geográfica, voluntad didáctica y preocupación por el progreso tecnológico y científico.



Verne despertó vivamente el interés por la ciencia y los inventos en el siglo XIX. Documentaba sus fantásticas aventuras y predijo con asombrosa exactitud muchos de los logros científicos del siglo XX. Habló de cohetes espaciales, submarinos, helicópteros, aire acondicionado, misiles dirigidos e imágenes en movimiento, mucho antes de que aparecieran estos inventos.


Entre sus libros más populares figuran Viaje al centro de la tierra (1864), De la tierra a la luna (1865), Los hijos del Capitán Grant (1867-68) Veinte mil leguas de viaje submarino (1870), La isla misteriosa (1874), La vuelta al mundo en ochenta días (1873), Miguel Strogoff (1876), etc.


Las obras de Verne han sido llevadas al cine en numerosas ocasiones. La primera adaptación cinematográfica de Un viaje a la luna fue realizada por el pionero cineasta francés Georges Méliès. Verne fue distinguido en 1892 con la Legión de Honor. Falleció en Amiens.





Pero este pequeño opúsculo, homenaje mío al gran escritor francés en el centenario de su fallecimiento, tiene otra vertiente más interesante y seguramente menos conocida por el gran público y mas concretamente por el canario, y que sin embargo nos atañe y nos interesa mas a nosotros y que seguidamente explicaré.



Entre las muchas obras que escribió, se encuentran las más conocidas y ya nombradas, y otras menos conocidas y quizás de menor importancia para el gran publico y lector, pero no por ello menos interesantes y entretenidas, así como también constructivas, amenas y pedagógicas.



Son por ejemplo: La impresionante aventura de la misión Barsac, El Rayo verde, El Secreto de Maston, El Archipiélago de fuego, El Soberbio Orinoco, Kerabán el testarudo, El número 9672, y por último y como digo la mas interesante para nosotros la “Agencia Thompson y Cia.”



¿Por que esta obra, la “Agencia Thompson y Cia.”, es tan interesante para nosotros?, pues sencillamente porque se trata, en la inagotable mente de Verne, de una obra que relata un interesante viaje, lógicamente organizado por dicha agencia y que no es otra cosa que una Agencia de Viajes, y estamos hablando de entre 1865 y 1892.

¿Pero solo por que habla de un viaje?, No, sino porque dicho viaje pasa por CANARIAS, y sino lean el Cartel de su propaganda, en la mencionada novela:

AGENCIA THOMPSON Y CIA

LONDRES
GRANDIOSA EXCURSION

A los
Tres Archipiélagos

AZORES – MADERA – CANARIAS

Con el magnifico yate a vapor The Seamew
De 2.500 toneladas y 3.000 caballos



Salida de Londres: el 10 de Mayo, a las siete de la tarde



Regreso a Londres: el 14 de Junio a mediodía



Los señores viajeros no tendrán que hacer ningún gasto

a parte del precio estipulado

Guías y Carruajes para Excursiones

Estancia en tierra en hoteles de primera categoría
Precio del viaje comprendidos todos los gastos:
40 Libras Esterlinas
Para toda clase de informaciones dirigirse a las oficinas de la Agencia

Se desea un cicerone interprete
Pero como comprenderán no les voy a contar la historia de la novela, eso queda para Vds., primero si están interesados en la misma y segundo si encuentran la obra en los comercios del ramo o librerías (en la bibliografía les doy datos para ello), si bien les anticipo que describe e informa de interesantes datos de nuestras islas en esa fechas.

Nota.- Los sellos reproducidos, corresponde a la colección del Autor y pertenecen a las series emitidas por Mónaco, la primera, en el año 1978, con motivo del 150 aniversario del Nacimiento de Julio Verne (1828-1978) y la segunda en el año 2002, con motivo del 200 Aniversario de La Legión de Honor, creada por Napoleón Bonaparte en 1802, siendo el su Primer Cónsul.



Otros sellos relacionados: Francia, Yvert et Tellier:

Número: 1026, año 1955 (Cincuentenario de la Muerte de Julio Verne)

Números: 2247 y 2248, año 1982 (Homenaje a Julio Verne, Sobretasa a beneficio de la Cruz Roja)

Número: 2048, año 1979 (Congreso Nacional de la Federación de Sociedades Filatélicas Francesas, en Nantes – Ciudad de Nacimiento de Julio Verne)

Números: 665, 1586, 2116, 2117 (Catedral de Amiens – Ciudad donde falleció)


BIBLIOGRAFÍA.- “LOS CLÁSICOS DEL SIGLO XIX, OBRAS DE JULIO VERNE” de Editorial Plaza y Janés, Quinta Edición, septiembre 1983.-

Catalogo Yvert et Tellier, de sellos de Francia y Mónaco.

Colección completa Francia 20€ Julio Verne

Colección completa Francia 20€ Julio Verne(6 monedas)(est.proof) Colección completa Francia 20€ Julio Verne (6 monedas) (estuche proof) Tirada limitada 500 unidades Diámetro 500 mm Magnifica colección de 6 monedas de plata calidad proof con temática Julio Verne (Viaje al centro de la tierra, 5 semanas en globo, De la tierra a la luna, Miguel Strogoff, 20.000 leguas de viaje submarino, Vuelta al mundo)


Colección completa Francia 20€ Julio Verne(6 monedas)(est.proof)

Francia 20€ 2006 J.Verne Cinco semanas en Globo (estuche proof)

Ref. Producto: MCEFrance63

Precio

450 €

Francia 20€ 2006 J.Verne Cinco semanas en Globo (estuche proof)

EL MUNDO FANTASTICO DE JULES VERNE

Francia 1/4 € 2005 Julio Verne JULIO (estuche bronce)

Francia 1/4 € 2005 Julio Verne JULIO (estuche bronce) 25.00EUR


Francia 1/4 € 2005 Julio Verne JULIO (estuche bronce)

jueves, 24 de febrero de 2011

VIAJES EXTRAORDINARIOS DE JULIO VERNE

VIAJES EXTRAORDINARIOS DE JULIO VERNE


DESCUBRE UN MUNDO EXTRAORDINARIO Y LLENO DE EMOCIÓN


JULIO VERNE, EL ÚNICO HOMBRE QUE SUPO PREDECIR HACE 100 AÑOS

EL MUNDO EN QUE VIVIMOS



JULIO VERNE

LA OBRA DEL GENIO QUE SE ADELANTÓ A SU TIEMPO

TÍTULOS:

LA ISLA MISTERIOSA

LA ISLA MISTERIOSA II

VEINTE MIL LEGUAS DE VIAJE SUBMARINO

VEINTE MIL LEGUAS DE VIAJE SUBMARINO II

UN CAPITÁN DE 15 AÑOS

UN CAPITÁN DE 15 AÑOS II

UNA CIUDAD FLOTANTE

MIGUEL STROGOFF

EL ARCHIPIÉLAGO DE FUEGO

ROBUR EL CONQUISTADOR

DOS AÑOS DE VACACIONES

EL CHANCELLOR

LA ESFINGE DE LOS HIELOS

LA JANGADA

LA VUELTA AL MUNDO EN 80 DÍAS

EL RAYO VERDE

DE LA TIERRA A LA LUNA

CINCO SEMANAS EN GLOBO

VIAJE AL CENTRO DE LA TIERRA

HÉCTOR SERVADAC

LAS INDIAS NEGRAS

LAS TRIBULACIONES DE UN CHINO EN CHINA

VIAJE ALREDEDOR DE LA LUNA

AVENTURAS DE TRES RUSOS Y TRES INGLESES

LOS QUINIENTOS MILLONES DE LA BEGUM

Principal
Nuestra empresa
Colecciones
Comprar
e-mail


http://images.es.ask.com/fr?q=++julio+verne&desturi=http%3A%2F%2Fwww.ibercomic.com%2Fjulioverne.html&initialURL=http%3A%2F%2Fes.ask.com%2Fpictures%3Fl%3Ddir%26o%3D312%26q%3D%2520%2520julio%2520verne%26qsrc%3D168&fm=i&ac=24&fsel=1&ftURI=http%3A%2F%2Fimages.es.ask.com%2Ffr%3Fq%3D%2B%2Bjulio%2Bverne%26desturi%3Dhttp%253A%252F%252Fwww.ibercomic.com%252Fjulioverne.html%26imagesrc%3Dhttp%253A%252F%252Fwww.ibercomic.com%252Fjulioverne3.jpg%26thumbsrc%3Dhttp%253A%252F%252Fmedia2.picsearch.com%252Fis%253FgyjGv2PgGIo7Pt3TBFS2XO_itYl-JGDUMq4vRBz7hvE%26o%3D312%26l%3Ddir%26thumbuselocalisedstatic%3Dfalse%26thumbwidth%3D91%26thumbheight%3D128%26fn%3Djulioverne3.jpg%26imagewidth%3D600%26imageheight%3D841%26fs%3D110%26f%3D2%26fm%3Di%26fsel%3D1%26ftbURI%3Dhttp%253A%252F%252Fes.ask.com%252Fpictures%253Fq%253D%252B%252Bjulio%252Bverne%2526page%253D1%2526o%253D312%2526l%253Ddir%2526pstart%253D&qt=0

Llevados por el Orinoco








CRONICA





- Anita Poulin



- Llevados

por el Orinoco






Llevados por el Orinoco



El cineasta venezolano Alfredo Anzola volverá a surcar la cartelera nacional a partir de este viernes 15 de abril, al timón de una película que espera llevar a puerto seguro. Su nombre: 1888, el extraordinario viaje de la Santa Isabel. Raúl Chacón Soto

Desde 1983, cuando estrenara Anita Camacho, Alfredo Anzola no había vuelto a dirigir un largometraje de ficción. Su firma sólo había aparecido en la obra que le dedicara a la vida de su padre, Edgar J. Anzola, titulada El misterio de los ojos escarlata, allá en el ya lejano 1993. Quienes admiran su filmografía -Se solicita muchacha de buena presencia y motorizado con moto propia, Manuel, Coctel de camarones, entre otras tantas-, llevaban tiempo esperando una nueva obra de quien consideran uno de los cineastas que mejor ha retratado el modo de ser del venezolano. Ahora, cuando su más reciente creación está a punto de zarpar, él mismo confiesa que le ha asustado darse cuenta del tiempo transcurrido sin haber reintentado la ficción. “No hay ninguna razón que pueda precisar. Sentía que no era el momento, que no tenía las posibilidades, que quería saltar a otra escala de película...”... y a otra escala ha saltado.











De arriba a abajo:

l Alfredo Anzola tenía más de 20 anos sin dirigir una película de ficción

l El equipo estuvo aislado de la “civilización” durante más de dos meses

l El paisaje venezolano es gran protagonista

l Kristin Pardo debuta

en un rol nada fácil

1888, El extraordinario viaje de la Santa Isabel, es una pieza que, de seguro, desconcertará a quienes conocen el trabajo anterior de Anzola -si bien el público que se acerque con nuevos ojos encontrará sus propias razones para juzgarlo-, pues por primera vez el cineasta se ha atrevido a realizar una producción de época -está ambientada, como lo indica su nombre, a finales del siglo XIX- con personajes que, ¡oh, sorpresa!, ni siquiera son venezolanos. Lo único local acá es el soberbio río Orinoco... que remontado por el trío de protagonistas se convierte en generador de pasiones y en propiciador de grandes descubrimientos, sólo que no justamente los que se esperaban. Ni siquiera la identidad de los caracteres principales ayuda a establecer coincidencias con trabajos anteriores, pues en esta ocasión, a dos grandes personalidades que realmente existieron -el escritor Julio Verne (Marco Villarrubia) y el geógrafo italiano Ermanno Stradelli (Ronnie Nordenflycht)-, se une un joven llamado Juan de Kermor (Kristin Pardo), quien no sólo nunca ha pertenecido al mundo de los vivos, sino que es el propio protagonista de la novela que Verne dedicó al río venezolano: El soberbio Orinoco.



“Yo tenía este guión desde hace mucho tiempo, le había dado muchas vueltas a esto... Por el año 93 tenía los derechos de una obra de Ibsen Martínez que se llama Humboldt y Bonpland taxidermistas, y yo quería hacer eso, pero nunca se hizo. Un día me llamó (el cineasta) Luis Armando Roche para decirme: ‘Alfredo, yo estoy a punto de hacer esa película’... Se acabó la cosa, pero eso se fue transformando en esta historia, y quedé liberado del peso que significa hacer una película histórica real. Entonces hice una de pura fantasía que es esta... que es el mismo tema: el de los viajeros del siglo XIX, que vienen a América a describirla”.



Descartada Humboldt y Bonpland..., Anzola se dio a la tarea de buscar otros viajeros. No tardaría en tropezarse con el conde Ermanno Stradelli, un geógrafo italiano que viajó por el Orinoco y por el Amazonas -y dejó testimonio de sus experiencias por escrito- y quien, incluso, se quedó a vivir en Brasil, donde es recordado con admiración. A Verne ya se lo había encontrado muchas veces cuando de niño y adolescente leía sus novelas -casi siempre regalo del padre-que se convertían en lo más “chévere” para leer. “A mí Verne como personaje siempre me ha fascinado”... pero nunca había leído El soberbio Orinoco, uno de los títulos menos conocidos del autor francés, y se dejó llevar por una obligada curiosidad: “Quería ver qué escribió Verne... y cuando lo vi, dije: pero si esto está ni mandado a hacer... porque el tercer personaje de la película, que es Juan de Kermor, es el protagonista de El soberbio Orinoco -del personaje de la novela sólo queda el hecho de que se trata, en realidad, de una muchacha en busca de su padre, tarea para la que se viste de hombre-. Para mí, Verne se vino a conocer el Orinoco y le pasó esta historia que luego vino a convertirse en su libro. El hecho de que estos tres personajes hayan vivido esta aventura queda en el mundo de la duda, de la investigación. Yo me niego a declarar en sentido contrario”.



Gente ordinaria. Conseguidos los personajes, y armado de una buena historia gracias al talento de Gustavo Michelena y Rafael Arraiz Luca, Alfredo Anzola enfila rumbo al siglo XIX, en un viaje que le depararía grandes descubrimientos. El resultado, como ya se ha dicho, es inusual dentro de su filmografía. “Esta película es muy rara. Es verdad, hay una decisión de hacer una cosa un poco distinta... déjame hacer una cosa con otra gente que yo no conozco, que vivió en otro tiempo. Los personajes ni siquiera son venezolanos... pero en algún momento alguien me dijo, y en eso coincide con lo que yo percibo de mis cosas, que a mí me gustaba hacer películas sobre gente ordinaria, a la que le pasan cosas cotidianas -eso pasa con Anita Camacho, el cura Manuel, el motorizado-, y yo siento que a estos tres les pasa lo mismo. A pesar de que son tipos extraordinarios -Verne busca la inspiración, el otro las fuentes del Orinoco, Juan a su padre-, una vez que se montan en la Santa Isabel y quieren subir por el Orinoco empiezan a vivir cosas de gente muy corriente, les empiezan a pasar cosas que le suceden a cualquiera que se meta en semejante aventura”.



Seguir la corriente hacia el pasado no resultó tan apremiante como se esperaba. Después de todo, liberados desde el principio del lastre que significaba hacer una película histórica, todo terminó por fluir como el agua. Semejante libertad, y la justeza de un guión que permitía la realización sin echar mano a grandes recursos -no había necesidad de reconstruir ciudades o puertos, por ejemplo-, permitía que no se fuera tan exigente a la hora de escoger los instrumentos -algunos son de la época y otros a lo mejor no lo son pero han podido ser- y mucho menos, a la de determinar la manera como se expresan los personajes -todos hablan en un correctísimo español-. “Esa es una cosa que hice distinta a lo que había hecho siempre. Creo haber estado mucho en esa nota de la actuación naturista... que las películas fueran más documentales. No me arrepiento de eso. Pero esta vez hice un experimento distinto, esta película es teatral. Los tipos actúan, y como son unos personajes tan particulares no les iba a poner a hablar con acento francés, porque era ridículo. Pero si hablaban en español tampoco lo iban a hacer como hablamos nosotros... entonces ellos mantuvieron una cierta compostura en el hablar... como todo el mundo está jugando un rol, ellos hablan formalmente... Eso produjo una cosa estupenda, y es que se entiende desde la primera hasta la última letra de la película”.



Pero que no se tome modestia por precariedad de recursos. A la película, asegura Anzola, no le falta nada que hubiese querido realizar. Incluso una de las momentos más bellos del film -cuando el bongo, en plano cerrado, empieza a remontar el río, para después ver abrirse la toma lentamente hasta mostrar toda la grandiosidad del paisaje- terminó por resultar mejor de lo que se esperaba a pesar de que no se pudo conseguir un helicóptero por todo aquello. Tampoco faltan unas impresionantes escenas donde aparece el Autana en todo su esplendor, para las que fue necesario montar un operativo casi comando que mantuvo a todo el equipo en vilo -sólo el personal mínimo y los actores viajaron a orillas del majestuoso tepuy en un viaje de ida y vuelta que les llevó todo un día, pero el esfuerzo bien valió la pena-.





DE IZQUIERDA A DERECHA: KRISTIN PARDO, MARCO VILLARRUBIA, RONNIE NORDENFLYCHT Y ELBA ESCOBAR



Como en toda película de viaje que se precie de serlo, más importante que la travesía física es la transformación interior que sufren los personajes. 1888, el extraordinario viaje de la Santa Isabel no es la excepción. Si bien todos andan en busca de un objetivo trascendente, terminan por realizar otro tipo de descubrimientos en las aguas del amor y la amistad. “La idea misma de viaje es fascinante, porque en el viaje uno se transforma, y estas tres personas se transforman. Hay una frase que dice Gustavo Michelena y que quiero tomar como la frase que describe la película: ‘Es una historia de amor en un mundo de aventura, pero sobre todo es una película sobre la amistad’. Eso es bonito. Es un poco la descripción de la película, pero además esta obra es un viaje por otra cosa obvia. Las grandes obras de Julio Verne lo son: Viaje al centro de la tierra, La vuelta al mundo en 80 días, 20 mil leguas de viaje submarino... todas se inscriben en una serie de sus libros famosos que se llama Los viajes extraordinarios... y por eso la película se llama El extraordinario viaje de la Santa Isabel”.



Lo último de Alfredo Anzola es sin duda diferente, pero como él mismo ha dicho en algún momento de la entrevista, queda al crítico o al espectador descubrir cuáles elementos se repiten, qué unifica su obra... claro está, si después de todo es cierto aquello de que todo autor, a lo largo de su vida, no hace sino una misma película. Usted tiene la última palabra. l

rhacon@eluniversal.com

martes, 22 de febrero de 2011

Seis cosas que debes saber de Jules Verne

verne
Seis cosas que deberías saber sobre Julio Verne

Cuando Julio Verne (1828-1905) decidió romper definitivamente las expectativas de su padre de ser un gran abogado para sentarse a escribir libros tenía una idea en la cabeza: tender un puente entre la ciencia y la literatura, acercando los avances científicos y el espíritu de “aventura” de la época a todos los públicos. Y lo consiguió. En el aniversario del nacimiento del popular escritor francés, te contamos algunas anécdotas clave de su vida y su obra.


Sueños de juventud. Una anécdota que muchos biógrafos le atribuyen a Julio Verne es que a los 11 años se escapó de casa para embarcar como grumete en La Coralie, un barco que zarpaba rumbo a la India. Cuentan que su padre, el severo Pierre Verne, llevó de vuelta a casa al aventurero, y tras reprenderle le hizo jurar que no viajaría más que en sueños.

Libros para viajar. La colección "Viajes extraordinarios" nació en 1862 cuando, tras escribir Cinco semanas en globo, Verne encontró a un editor dispuesto a publicarle, el famoso Jules Hetzel. Hetzel y Verne firmaron un contrato para escribir y publicar tres novelas anuales como parte de un programa educativo dirigido a la juventud. En el prefacio a las Obras completas, Hetzel escribió que aquello era un intento de “resumir todos los conocimientos geográficos, geológicos, físicos y astronómicos, amasados por la ciencia moderna”. Verne subtituló a su serie de novelas: "Viaje a través de los mundos conocidos y desconocidos".

El sueño espacial. De la Tierra a la Luna se publicó originalmente por entregas en el periódico francés Journal des Débats. Verne se ganó al público desde el primer capítulo. Una anécdota que lo demuestra es que, después de que el protagonista de la historia, Miguel Ardan, enviara al presidente del “Gun Club” el famoso telegrama “Reemplácese granada esférica por proyectil cilíndrico-cónico. Partiré dentro. Llegaré vapor Atlanta”, centenares de personas lo emularon y solicitaron al periódico el honor de ser incorporados a la expedición lunar.

Ciencia y geografía. En una entrevista publicada por el diario norteamericano The Pittsburgh Gazette, Verne declaró: “Le sorprenderá quizás saber que no me enorgullece particularmente haber escrito sobre el automóvil, el submarino, el dirigible, antes de que entraran en el dominio de las realidades científicas. Cuando he hablado de ellos en mis libros como de cosas reales, ya estaban inventados a medias. Yo me limité simplemente a realizar una ficción de lo que debía convertirse después en un hecho (…) Cada hecho geográfico y científico contenido en cualquiera de mis libros ha sido examinado con mucho cuidado y es escrupulosamente exacto”.

Inspiración. Julio Verne ha sido un ejemplo para muchos científicos. El almirante Byrd afirmó que si no hubiera sido por Verne no habría ido nunca al Polo Sur. El químico ruso Dimitri Mendeleiev calificaba a Verne de “genio científico” y leía constantemente sus obras. Y Yuri Gagarin, el pionero astronauta, dijo en una ocasión: “Ha sido Verne quien me ha hecho decidirme por la astronáutica”.

Sus favoritos. Entre los escritores que le precedieron, Julio Verne admiraba especialmente a Charles Dickens, de quien decía que eclipsaba a todos los demás “por su increíble fuerza y justeza de expresión”, además de por su humor. De sus contemporáneos, en una entrevista hecha en 1904 declaró su fascinación por la obra de George Wells, autor de La guerra de los mundos. “Algunos de mis amigos me han dicho que su trabajo se parece mucho al mío, pero creo que se equivocan. Lo considero un escritor puramente imaginativo, digno de los más grandes elogios, pero nuestros métodos son completamente diferentes. En mis novelas siempre he tratado de apoyar mis pretendidas invenciones sobre una base de hechos reales […] Las creaciones del señor Wells pertenecen a una edad y grado de conocimiento científico bastante lejano del presente, por no decir que completamente más allá de los límites de lo posible. No sólo elabora sus sistemas a partir del reino de lo imaginario, sino también los elementos que le sirven para construirlas. Por ejemplo, en su novela Los primeros hombres en la Luna se recordará que introduce una sustancia antigravitatoria completamente nueva, de la cual no conocemos ni la pista más ligera acerca de su modo de preparación o su composición química real.”

Elena Sanz08/02/2011Etiquetas:Verne, literatura, ciencia, divulgación

PERU-JULES VERNE

DOMINICAL JULIO VERNE

lunes 7 de febrero de 2011


DOMINICAL JULIO VERNE



El prestigioso periódico peruano El Comerciopublicó ayer domingo un especial sobre Julio Verne.



Amigos de este blog como Cristian Tello o Álvaro Mejía escriben interesantes artículos. Les dejo imágenes, el artículo de Tello y un enlace a los demás artículos, eso sí, para leerlos requiere un registro gratuito y fácil de realizar. Aquí artículos. Mañana les pongo el trabajo de Álvaro, sobre un viejo y desconocido sabio.



EL ESCRITOR VISIONARIO



Julio Verne materializó en el campo de la fantasía muchas de las conquistas que, décadas más tarde, alcanzaría la ciencia moderna.

Por: Cristian Tello*

Domingo 6 de Febrero del 2011

El más célebre autor de libros de aventuras y de anticipación científica vislumbró maravillas tecnológicas, increíbles viajes y máquinas sorprendentes.

Gracias a su amplio conocimiento y a su inagotable imaginación fue un adelantado, adentrándose en el futuro con gran intuición.

AÑOS DIFÍCILES



Antes de convertirse en un escritor exitoso, Verne pasó algunos años de mal vivir en París, tratando de ser un buen libretista de obras de teatro, sin conseguirlo.



Su pasión por la geografía, el mar, y las expediciones a países lejanos y desconocidos, orientaron su vocación literaria hacia las ciencias.


Autoproclamado al final de su vida como “el más desconocido de los hombres”, Julio Verne –creador de los “Viajes Extraordinarios”– es uno de los escritores más enigmáticos de la historia.


Hasta hoy se debate el origen de sus facultades visionarias. Fue un autor caracterizado por enviar vehículos no inventados en su época a mundos inexplorados, cuyos héroes conducían a la humanidad hacia nuevos desafíos y descubrimientos.




Mezclando ciencia y arte, se convirtió en precursor, junto con H. G. Wells, de un nuevo género literario: la ciencia ficción.

EL GRAN LEGADO


Leídos por niños, jóvenes y adultos; traducidos a casi todos los idiomas, y adaptados al cine en numerosas ocasiones, sus relatos han servido de inspiración en el terreno tecnológico, en los viajes de exploración y para despertar la vocación de muchos lectores que posteriormente destacarían en alguna rama del saber.



Obras como “Viaje al centro de la Tierra”, “20.000 leguas de viaje submarino”, “Cinco semanas en globo”, “La isla misteriosa”, “Miguel Strogoff”, “De la Tierra a la Luna”, “La vuelta al mundo en ochenta días” y “París en el siglo XX”, se erigen como novelas de referencia de su legado literario.


Creó un nuevo género novelístico al apoyarse en la ciencia y la imaginación, en lo posible y la fantasía. Esa fue la clave de su éxito.

UN VIAJE A LA LUNA


Le tocó vivir un tiempo de continuos descubrimientos e invenciones. La Revolución Industrial se encontraba en pleno desarrollo y Verne no fue ajeno a ese gran impulso técnico y científico. Registró en miles de ficheros los sucesos relevantes y los progresos humanos que servirían de base a sus novelas.

Si existe una novela de Verne en que se pueda hablar de genuina profecía, es “De la Tierra a la Luna”. Con gran intuición, ubica el lanzamiento en la situación casi exacta del actual Cabo Cañaveral.

No sólo eso, el proyectil lanzado en su relato –al igual que las misiones Apolo- llevaba una tripulación de tres hombres.


Ambos artefactos (el de la ficción y el real) son lanzados desde Florida y observados por medio de un telescopio gigante desde las Montañas Rocosas; ambos (el del relato y el del suceso real) acuatizan en el Océano Pacífico con apenas cuatro kilómetros de diferencia.


HAY QUE SOÑAR

En 1905, año en que el genial escritor falleció, ninguna de sus invenciones se había hecho realidad, pero las décadas siguientes fueron convirtiendo lo que parecían simples fantasías para niños y jóvenes, en profecías, en vaticinios imposibles de explicar.

Ante tanta aproximación, cabe hacerse algunas preguntas: ¿Cuál era su secreto? ¿De dónde procedía su clarividencia para predecir los avances de la ciencia?


¿Pertenecía a sociedades ocultas que le brindaban información de otro ámbito imposible para su época? ¿Se trataba tan sólo de fértil imaginación? ¿Predicciones exclusivamente como resultado de una paciente documentación?


El novelista se llevó sus enigmas a la tumba, a aquel misterioso sepulcro que lleva un retrato que lo muestra desafiando la lápida de la muerte, emergiendo de las tinieblas y pregonando su sentencia: “Hacia la inmortalidad y la eterna juventud”. Desde ahí nos ha legado su filosofía: “Todo lo que un hombre puede imaginar, otros podrán hacerlo realidad.”



(*) Ingeniero

Publicado por Javier Coria en 11:09

Enviar por correo electrónico



Alvaro Mejía dijo...

Gracias, Javier, por lo que me toca. Linda sorpresa. Un fuerte abrazo


7 de febrero de 2011 15:31

Miguel Baquero dijo...

No creo que hubiera más misterio detrás de Verne que una gran inteligencia y una forma muy sensara de mirar el mundo y predecir lo que iba a venir por pura lógica. Magnífico artículo, como es habitual.

7 de febrero de 2011 23:04

allan dijo...

hoy salió un doodle sobre Jules Verne, en google,lo puse en mi blog, algo que escribi ayer, pues no salió, internet me va a volver loco

8 de febrero de 2011 23:07

lunes, 21 de febrero de 2011

El ajedrez de Julio Verne

El ajedrez de Julio Verne

por Christian Sánchez

A lo largo de su extensa obra Julio Verne sólo recurrió a la dinámica del ajedrez en una ocasión, pero cuando lo hizo no demostró ningún desconocimiento del juego. Se trata de la novela Héctor Servadac, en cuyo capítulo XIII de la primera parte, el autor nos presenta a dos personajes ingleses y con gran ironía describe la forma insoportablemente lenta en que desarrollan una partida:

–Si usted me lo permite, voy a tomarle un alfil –dijo el brigadier Murphy, que, después de dos días de vacilaciones, se decidió al fin a realizar esta jugada, profunda y detenidamente meditada.

–Me es imposible impedirlo –respondió el mayor Oliphant absorto en la contemplación del tablero de ajedrez.

Esto ocurría en la mañana del 17 de febrero (antiguo calendario), pero pasó todo el día sin que el mayor Oliphant le respondiese a la jugada del brigadier Murphy. Hacía ya cuatro meses que había empezado esta partida de ajedrez y los dos adversarios no habían hecho hasta entonces más de veinte jugadas. Ambos eran de la escuela del ilustre "Philidor", que pretende que nadie es fuerte en este juego si no sabe manejar bien a los peones, a los que él llama el alma del ajedrez. Por dicha razón, no se había movido ningún peón sin previas meditaciones profundas. Y era que el brigadier Henage Finch Murphy y el mayor sir John Temple Oliphant no dejaban nada a la casualidad y en ninguna circunstancia hacían nada sino después de reflexionar mucho.

El brigadier Murphy y el mayor Oliphant eran dos oficiales ilustres del ejército inglés, a quienes la suerte había reunido en una estación lejana y que en ratos de ocio se distraían jugando al ajedrez. (...)

El brigadier y el mayor habían vuelto a colocar sobre el tablero las piezas derribadas por la sacudida y continuaban jugando flemáticamente su interminable partida. Quizá los alfiles, los caballos y los peones, más ligeros que antes, se mantenían peor que en otro tiempo sobre la superficie del tablero, especialmente los reyes y las reinas, cuyo mayor tamaño los exponía a caídas más frecuentes; pero, con alguna precaución, Oliphant y Murphy acabaron por asegurar sólidamente su pequeño ejército de marfil.

El ajedrez de Julio Verne
Esta partida interminable continúa en el capítulo XVI de la segunda parte, esta vez por medio del telégrafo; y no nos debe sorprender que Verne tome nota de la utilización de este adelanto tecnológico para la práctica del juego y lo incorpore en su narrativa:

Por lo demás, los ingleses de Ceuta no estaban muy aislados, porque sólo los separaban de Gibraltar cuatro leguas y, ya atravesando el antiguo Estrecho, ya manejando el telégrafo, estaban unos y otros en comunicación constante.

Digamos también que el brigadier Murphy y el mayor Oliphant no habían interrumpido su partida, cuyas jugadas, preparadas después de largas meditaciones, se comunicaban por el telégrafo. En esto, los dos ilustres oficiales no hicieron otra cosa que imitar a las sociedades americanas que, en 1846, a pesar de la lluvia y de la tempestad, jugaron "telegráficamente" una famosa partida de ajedrez entre Washington y Baltimore.

La partida que el brigadier Murphy y el mayor Oliphant estaban jugando era la misma que habían empezado ya cuando el capitán Servadac los visitó en Gibraltar.

Nótese el error tipográfico: en vez de "1846" debe decir 1844.

No podemos terminar esta crónica sin mencionar el hecho de que esta partida de ajedrez es, quizá, la primera disputada en el espacio.

Ajedrez verniano

(Comentario de Cristian Tello)

Inspirado en las novelas del francés, el escultor Paul Corbineau, ha creado un imaginativo tablero de ajedrez titulado «Nantes Jules Verne la science-fiction et l’autre monde». Es una bella exposición con la que el museo de la ciudad natal del autor ha abierto sus actividades en el 2011. Entre las singulares piezas destaca un rey con la figura de Julio Verne, así como otras que describen las aventuras propias de sus novelas de anticipación científica.

Culto, ameno, innovador y popular

Edición impresa

LIBROS

Culto, ameno, innovador y popular, por Germán Gullón

Julio Verne novelista

Germán GULLÓN
Publicado el 24/03/2005

Julio Verne (Nantes, 8 de febrero, 1828-Amiens, 24 de marzo, 1905) es uno de los grandes escritores franceses del siglo XIX, aunque en las historias literarias ocupa un lugar diferente al de autores como Balzac o Flaubert. Pertenece a la clase de escritores populares, traducido a más de cien idiomas, que disfrutan aún de cifras de ventas abultadas. Sus obras son de entretenimiento, y no puramente literarias, gustan al hombre culto y a quien busca distraerse con una lectura amena. Un ingente grupo de lectores entusiastas le considera el inventor de la moderna ciencia ficción. Una mirada amplia lo inserta, en cambio, en la línea que corre del Robinson Crusoe (1719), de Daniel Defoe, a El señor de los anillos (1954), de J.R. Tolkien. Uno de sus modelos, como para tantos franceses innovadores de entonces, fue Edgar Allan Poe.

La vida y la obra de Verne reflejan con extraordinaria fidelidad las características salientes de su época. Diversos recuentos biográficos rebosan de sucesos apócrifos, en parte porque la historia se redactaba sin documentación, pero adornada con anécdotas suscitadas por la imaginación. La más repetida dice que teniendo once años se embarcó en un navío con destino a la India, movido por el deseo de comprar un collar para su amada prima Caroline, que supuestamente rechazaba sus avances amorosos. La inventora de la anécdota y del rescate del niño efectuado por el padre antes de zarpar el barco, se lo debemos a su primera biógrafa, Margarite Allotte de Föye. Verne fue, a pesar de las anécdotas, un aventurero con la pluma.

Sí está documentado que vivió de estudiante universitario en el centro cultural de su tiempo, París, donde se estaba inventando la profesión de escritor y literato que podía vivir de su pluma sin mecenas. La época resultaba extraordinaria debido tanto a los cambios políticos como a los técnicos. Los trenes empezaban a cruzar el país entero, los vapores establecían líneas regulares a otros continentes, la fotografía permitía reproducir con precisión la realidad, los largos viajes de aventureros y geógrafos describían el mundo con exactitud. Al Verne estudiante le tocó también vivir en la capital de Francia la revolución de 1848, cuando la clase proletaria se levantó contra la burguesía. Todo ello, el despunte de la ciencia, presentado en numerosas revistas, la velocidad, los lugares desconocidos, dieron una energía enorme a la imaginación de este joven llegado a París para estudiar Derecho. Su padre era notario y ya desde la cuna le tenía destinado a sucederle en el puesto. Pero Julio, que con filial lealtad terminó la carrera en 1851, se negó a regresar a la casa paterna, porque quería ser escritor, prefiriendo subsistir con las escasas remesas de casa y los dineros allegados colaborando en la redacción de libretos para operetas.

Las oportunidades de vivir de la pluma resultaban precarias, afortunadamente consiguió introducirse en el mundo de los escritores, entablando amistad, entre otros, con los célebres Dumas, padre e hijo. El rumbo de sus finanzas se mudó gracias al matrimonio con Honorine de Viane, una viuda joven con dos hijas, en 1857. Los consejos de su cuñado le ayudaron a hacerse agente de bolsa, profesión que desempeñará con éxito, y que le permitió iniciar una serie de viajes que alimentaron su imaginario ficticio. Irá a Escocia (1859), a Escandinavia (1861) y, con su hermano Paul, a América del Norte. Cuando conoce al escritor y editor Jules Hetzel en 1862 su fortuna literaria cambió, pues intuye el talento en bruto y le ofrece un contrato, prácticamente de por vida, que obligaría a Verne a trabajar intensamente. Hetzel era un verdadero editor post-romántico, que mandaba ideas al autor para que éste las desarrollase, aspecto en el que advertimos el origen de los libros superventas. El primer éxito no se haría esperar, Cinco semanas en globo (1863). La idea era publicar primero los libros por entregas, luego sacarlos en un tomo sin ilustraciones, y posteriormente en formato grande e ilustrado. Jules Hetzel leía cuanto Verne escribía, lo corregía y, a veces, lo rechazaba, imponiendo su criterio, por ejemplo, que la política debía de quedar fuera de los libros. Entendía perfectamente la fórmula hoy convencional de las lecturas de entretenimiento. El ritmo de trabajo exigido fue muy duro, dos novelas por año, y la salud de Verne, que pasaba largas horas informándose a conciencia, leyendo revistas, y hablando con investigadores y aventureros, se resintió, sufriendo periódicas parálisis faciales. Un suceso todavía oscuro es que un sobrino suyo, hijo de su hermano Paul, Gaston, enfermo mental, le disparó un tiro al pie, dejándole cojo de por vida. El reducir su obra a la ciencia ficción, porque el autor se adelantó a describir instrumentos tecnológicos posteriores, desde el helicóptero y el submarino a los viajes espaciales, me parece inexacto. Le cuadra mejor una división matizada, donde los libros de viaje, el mencionado Cinco semanas en globo, Viaje al centro de la tierra (1864), Veinte mil millas de viaje submarino (1870) o La vuelta al mundo en ochenta días (1873), con su extravangante protagonista, el inglés Phileas Foggs, y su criado, alternan con obras puramente robinsonianas, como La isla misteriosa (1874) o Escuela de Robinsones (1882), o de aventuras, como Los 500 millones de la Begún (1879), historia que precisamente le pasó su editor, o las puramente novelescas, como El doctor Ox (1877) o El rayo verde (1882).

Con el tiempo perdió su confianza en la ciencia, tanto que se calzó en Amiens las pantuflas, y ni siquiera quería viajar a conocer el mejor icono de su tiempo, la Torre Eiffel. Michael Foucault examinó con su habitual agudeza la perenne contraposición entre las figuras del sabio y del héroe en la obra de Verne, indicando la manifiesta predilección del autor por las personas curiosas, enérgicas, aventureras, frente a los hombres cargados de teorías. Su héroe fue el aventurero de un optimismo indomable, y pleno de esperanza en el progreso humano.

La vuelta a Verne a los 100 años

Verne. Un astronauta de sofá, por Herbert Lottman

“Es el camino el que me sigue”, por Manuel Leguineche

Culto, ameno, innovador y popular, por Germán Gullón. Julio Verne novelista

1828-1905. Julio Verne. Cronología

El viaje de la ciencia, por José Antonio Marina. Julio Verne Científico

Diez Clásicos. Julio Verne. Bibliografía

En busca de Verne: Lorenzo Silva, Javier Tomeo, Caballero Bonald, Pedro Zarraluki, Luciano G. Egido, Luis Landero, Soledad Puértolas y José Ovejero

En busca de Verne

En busca de Verne
Julio Verne revisitado

Publicado el 24/03/2005

¿Qué aventura de Julio Verne prefieren los narradores españoles? ¿En cuál les hubiera gustado participar, y qué hubiesen cambiado? Lorenzo Silva, Javier Tomeo y Caballero Bonald se enrolan en el Nautilus. Pedro Zarraluki viaja al centro de la tierra; Luciano Egido, Luis Landero y Soledad Puértolas visitan La isla misteriosa, y José Ovejero, Cinco semanas en globo.

Alma de tormenta

Hay ocasiones en que un hombre comete un acierto de tal calibre que se hace perdonar todos sus errores. La ocurrencia que tuvo Verne al dar vida a un personaje como Nemo compensa los defectos de su escritura, y especialmente los que quepa imputarle a 20.000 leguas... De esa novela aligeraría las prolijidades científicas y oceanográficas y le daría un repaso al engorroso Ned Land, que tan pronto muestra su zafiedad de arponero como diserta sobre la credulidad del vulgo. Pero no cambiaría el final, con el Nautilus engullido por el maelstrom, sin que sepamos si el submarino resulta destruido hasta que reaparece en La isla misteriosa.

De Nemo quedará para siempre su divisa, mobilis in mobili (móvil en lo móvil), certera y un punto descorazonadora descripción de la condición humana, su desprecio hacia las leyes que amparan la iniquidad en el mundo y su soledad cósmica, expresada en ese pasaje del libro donde decide subir a la superficie para enfrentarse a una apocalíptica tempestad. A todo hombre le llega, tarde o temprano, el momento de afrontar el alma de alguna tormenta. Nemo, que se sabe desamparado por los dioses (más aún que aquel Ulises de quien toma prestado el nombre) nos da una hermosa lección: cuando uno ha perdido el derecho a la salvación, sólo le queda el coraje. LORENZO SILVA

Nemo y el odio

La otra noche, años después de haber visto la famosa película de Richard Fleischer, soñé que estaba tocando La Pasión según San Mateo en el fastuoso órgano del Nautilus al tiempo que un ejército de sirenas de larga cabellera y busto exuberante nadaba en perfecta formación tras la inmensa vidriera del submarino y me guiñaban el ojo.

-Esas sirenas saben perfectamente que no sé nadar y que, por mucho que me provoquen, no podré seguirlas- me dije.

Recuerdo que, tras hundir un enorme buque de guerra, el capitán Nemo, aquel verdadero arcángel del odio, dirigió su Nautilus hacia el Maesltrom, no lejos de la costa noruega, como deseando ser tragado por ese espantoso torbellino, del que hasta entonces no se había podido escapar nave alguna. Tal vez el vengativo marino quiso expiar de ese modo sus pecados.

¿Resistió el Nautilus a los impulsos del Maelstrom? ¿Vive todavía Nemo? ¿Sigue con sus espantosas represalias? Espero que sí, que, extinguido su odio hacia la Humanidad, el Capitán Nemo continúa navegando todavía por el fondo del océano descubriendo nuevas maravillas. Si es así, tal vez algún día olvide que no sé bucear y me conceda la oportunidad de viajar a su lado. JAVIER TOMEO
Utopía en el mar

Lector más bien tardío de Verne, sigo evocando con gusto algunas novelas suyas. Por ejemplo, Veinte mil leguas..., un alarde de fabulación en torno a las ciencias del mar y, a la vez, un canto a la independencia y un breviario de filosofía moral. El Nautilus es un insólito ingenio de la arquitectura naval, pero también un museo donde un hombre culto esconde un atenazante secreto. ¿Por qué navega sin pausa, sufragando a escondidas empresas justicieras? Verne no suministra mayores datos y Aronnax, el narrador, apenas logra asomarse al abismo psicológico de Nemo, quien parece recorrer las profundidades marinas como en una ratificación utópica de la libertad. Y hay un atractivo adicional para lectores españoles: el capítulo dedicado a la ría de Vigo, donde está documentado el hundimiento de unos galeones cargados de oro durante la guerra de Sucesión. La literatura pudo más que la historia: si no se encontró ese tesoro fue porque ya se lo había llevado Nemo.

El desenlace es mejorable. Cuando logran escapar los “prisioneros”, la tripulación sigue bregando en el peligroso canal de Maelstrün. ¿Qué ocurrió? El autor no da ninguna pista, pero yo hubiese preferido dejar a Nemo luchando en una guerra de liberación. J.M. CABALLERO BONALD

Suplente en el centro de la tierra

Resulta difícil, para alguien que padece claustrofobia, reconocer que su héroe literario viajó durante dos meses por galerías subterráneas bajo miles de toneladas de roca granítica. Pero así es en mi ca-so, y si he de escoger un viaje entre los que nos contó Verne es el que realizara el profesor Otto Lidenbrock. Desde que leí ese libro he querido parecerme a él: ser alto, flaco y viejo, dar zancadas de un metro, poseer un carácter entusiasta y voluble y ser capaz de llevar hasta el final todos mis proyectos. Con el transcurrir de los años no me he ido pareciendo al profesor sino más bien a Hans, su guía islandés, resignado a aceptar la vida con docilidad y esfuerzo. Pero mi admiración por Lidenbrock sigue incólume en la misma medida que mi desprecio por su sobrino Axel. ¡Qué lamentable es ese individuo! Su tío le ofrece un viaje iniciático, que lo convertirá en un hombre hecho y derecho. Y, ¿qué hace? Lamentarse de su suerte durante toda la aventura, dejarse vencer por el pánico y solicitar con histeria el regreso a la superficie. ése es el fallo imperdonable de la novela. Axel no está a la altura del viaje al centro de la tierra. Claustrofóbico y todo, su puesto tenía que haberlo ocupado yo. PEDRO ZARRALUKI

La isla, intocable

El precioso grabado de la edición original de J. Ferrat, lo representa erguido, en medio de un escenario desolado, restos de una batalla que no se ha decidido todavía, entre cadáveres, un fondo de bayonetas y sables en lucha y el cielo aborrascado de la guerra. Pero, inexplicablemente, él se mantiene en pie, desafiando al caos con un cuaderno de notas en la mano, para dar testimonio de la que está ocurriendo a su alrededor. Porque Gedeon Spilett es periodista. Por eso, hasta cierto punto, me siento identificado con este personaje que no pierde la cara en los peores momentos. Comparte protagonismo con otros cuatro personajes y representa el valor de la mirada. No se ha apuntado voluntariamente a ir a la Luna, ni a darle la vuelta al mundo, ni a viajar al centro de la tierra, ni a sumergirse en el océano para ver las maravillas submarinas, ni a luchar en ninguna guerra, ni a servir a ningún zar. Un huracán lo ha trasportado a una pequeña isla del Pacífico Sur y lo deposita en un lugar lleno de sorpresas, de belleza, de estímulos y de peligros. ¿Tendré necesidad de explicar los motivos por los que me hubiera gustado ser este personaje y las razones que han permitido la transferencia de su historia anovelada a mi vida, salida del cerco del franquismo, y lanzado a las costas de una democracia, empedrada de problemas, decepciones, entre piratas y reptiles, con un susto diario y el ensayo del Apocalipsis cada semana? Spilett no para hasta encontrar el camino de la libertad, sorteando trampas, esperando la colaboración del milagro. Tiene algo de hermano y de modelo. Sabemos que se salvará; pero deseamos saber cómo. Por lo demás, la novela es intocable. Ni un pelo. LUCIANO G. EGIDO

Enrolado en la isla misteriosa

De mis lecturas primerizas de Julio Verne recuerdo con una especial delectación esos momentos en que los héroes, después de muchas fatigas y peligros, alcanzan, y se ganan con su trabajo y con su genio, un refugio seguro contra las amenazas e inclemencias del mundo. A veces, cuando el sueño tarda en venir, me gusta imaginarme que formo parte de la expedición del Capitán Hatteras y que estoy en la casa de hielo, mientras afuera ruge la tempestad y acechan los lobos y los osos. Y el hambre y el frío, claro está. O que soy parte de esa alegre tropa que llega a la "isla misteriosa" y se construye una cueva en lo alto de un acantilado, a salvo también de huracanes, piratas y otros mil peligros.

O que soy el Capitán Nemo, ya retirado en esa misma isla, rey solitario y melancólico de ese maravilloso reino que es su barco...Y recuerdo a los hijos del Capitán Grant, que durante unos días habitan en un enorme árbol, y en una llanura anegada por la furia desatada de los elementos...

No hay mejor aventura que la que se ve al trasluz del placer del descanso y la seguridad. Uno entonces, que ha compartido el riesgo con los personajes, deja un momento el libro para descansar también con ellos, para ir a la cocina y tomar un bocado y vivir en esa frontera donde la vida y la literatura se confunden felizmente en una única experiencia. LUIS LANDERO


O la cárcel o la isla

No fui lectora consumada de Julio Verne. Aunque me atraían los títulos de su obra, al abrirlos, me topaba con una cantidad de información que me sobrepasaba y en la que me perdía, desinteresándome de la historia que atisbaba. Tantos detalles sobre la flora y la fauna de los paisajes que allí se contenían, tantas descripciones sobre una técnica u otra, constituían una barrera para lo de verdad me importaba, cómo eran los personajes que habían de vivir tan extraordinaria aventura.

Al cabo de los años he ido ganando paciencia o interés como lectora, quizá para compensar la poca paciencia que, por desgracia, tengo en muchos otros aspectos de la vida, y ahora leo casi sin saltármelas las largas descripciones técnicas y paisajísticas del escritor francés. A Verne le fascina el reto del ser humano ante la naturaleza y se inventa las más difíciles circunstancias, por eso son tan importantes los pormenores.

Me decanto por La Isla misteriosa. La isla funciona como mito en nuestra cultura. Quizá sea el símbolo de la aventura más personal: el aislamiento, la supervivencia. El arranque es magnífico. La fuga de los presos en globo le da un aliento épico. O la cárcel o la isla, que es adonde llega el globo... No habría estado mal que en esa isla de Verne se hubiera podido edificar la utopía, otro de nuestros mitos. SOLEDAD PUéRTOLAS

Perezosos en globo

Un viaje de perezosos. Así lo define Joe, harto de pasar la mayor parte del trayecto en la barquilla del globo. Y sin embargo ésta es la aventura narrada por Verne que más me habría gustado vivir. Atravesar áfrica de Zanzíbar a Senegal, sobrevolar las Montañas de la Luna. Soportando tormentas y calores tórridos, sí, pero al aire libre y con la posibilidad de bajar a tierra de vez en cuando. De todas formas, lo más duro del viaje no serían las asechanzas de los africanos ni las inclemencias del tiempo, sino la compañía. Ese insoportable Doctor Fergusson, tan perfecto; el idiota de Kennedy, obsesionado por meter una bala entre ceja y ceja a hipopótamos y elefantes. ¡Y esos continuos comentarios racistas! En fin, nunca se dijo que Verne fuese un gran creador de personajes, y menos en su primera novela.

Lo que de verdad le interesa son la aventura y la divulgación científica. Y por eso le propondría un cambio: después de arrojarse Joe al lago Chad para librar de lastre el globo, sus amigos lo rescatan de una banda de árabes a caballo tendiéndole la escalerilla a pocos metros de sus perseguidores. Seamos razonables: el más torpe de ellos habría sido capaz de acertar a un globo con un tiro de mosquete. Entonces, dejémosles capturar a los tres blancos y venderlos como esclavos o mantenerlos prisioneros para pedir un rescate. Así podría Verne describir el recorrido a pie hasta el Golfo de Guinea y la brutalidad del tráfico de esclavos. Al final, son salvados por un buque británico que vigila el cumplimiento del embargo impuesto a los puertos de la región. Aventura, moral -aunque simplista- y educación; o sea, Verne. JOSé OVEJERO

La vuelta a Verne a los 100 años

Verne. Un astronauta de sofá, por Herbert Lottman

“Es el camino el que me sigue”, por Manuel Leguineche

Culto, ameno, innovador y popular, por Germán Gullón. Julio Verne novelista

1828-1905. Julio Verne. Cronología

El viaje de la ciencia, por José Antonio Marina. Julio Verne Científico

Diez Clásicos. Julio Verne. Bibliografía

En busca de Verne: Lorenzo Silva, Javier Tomeo, Caballero Bonald, Pedro Zarraluki, Luciano G. Egido, Luis Landero, Soledad Puértolas y José Ovejero

viernes, 18 de febrero de 2011

Hommage à Georges Méliès

Hommage à Georges Méliès

Le Voyage dans la Lune - 1902










Le film de Méliès (1902), fait honneur à deux classiques : De la Terre à la Lune (1865) de Jules Verne, et Premiers Hommes dans la Lune (First Men in the Moon - 1901) de l'auteur anglais Herbert George Wells connu pour La Guerre des Mondes (The War of the worlds - 1898) et La Machine à explorer le Temps (The Time Machine -1895).

Méliès use donc du canon et du projectile qui appartiennent à la première œuvre pour envoyer le professeur Barbenfouillis et ses amis vers la Lune. Lune qu'ils exploreront selon la deuxième œuvre, puisque les héros de Verne ne font que tourner autour de notre satellite, sans y mettre les pieds.

J'ai voulu rendre hommage au premier film de science-fiction de l'histoire du cinéma en recréant la fameuse scène dans laquelle le projectile est sur le point de « retomber » sur Terre, un sélénite (nom des habitants de la lune) agrippé au cul de l'engin.

Je n'ai pas eu le temps, malheureusement, de sculpter les personnages, pour mieux me consacrer au décor. Il faut bien se rappeler que dans le film tout n'était que carton-pâte et décor peint, contrairement à la saynète que je me suis donné de faire pour commémorer le Centième Anniversaire du Film Français (1902-2002). Il m'a fallu pour cela transposer ce que je voyais, sans trahir l'effet de volume du modèle. À bien y regarder, on peut s'apercevoir que la sculpture à des airs de « pied » ou de pince de sélénite. Au pied du décor - construit sur un pseudo plancher en bois - se trouvent quelques éléments : une échelle et la toile peinte roulée pour le fond. Le nom du modèle est inscrit dans un panneau, dans le plus pur style de l'époque.

Quand au projectile fiché dans l'œil du comédien grimé en face lunaire, c'est un bas relief que j'ai sculpté et qui vient se rajouter à cette évocation fantastique.

© Jean-Marc Deschamps - Nemotechnik

Cartonnages Hetzel : une vente qui ne fera pas date

Cartonnages Hetzel : une vente qui ne fera pas date


La semaine dernière, je vous annonçais cette vente qui a eu lieu à Versailles dimanche 7 novembre (voir ICI). Près d'une centaine de livres de Jules Verne étaient proposés dans leur superbe cartonnage Hetzel. Las ! On n'ira pas jusqu'à parler d'un flop, mais c'est tout comme. Moins du tiers des ouvrages proposés ont trouvé preneur, et pour un prix unitaire moyen de 460 € sans les frais. Seul le volume Gülsen Hetzel: una venta que no fecha



 
 
La semana pasada, anunció la venta que tuvo lugar en Versalles el domingo 7 de noviembre (véase ICI aquí). Casi cien libras de jules Verne se propusieron en su magnífica cartonnage Hetzel. Las! Irá no a hablar de un fracaso, pero es como. Menos de un tercio de las obras propuestas encontró el beneficiario y el precio de venta promedio de €460 sin costes. Sólo el volumen de la izquierda señaló su juego de pin. Es una copia de muy buen estado de las Tribulations d'un Chinois en Chine - Les Cinq Cents Millions de la Begumtribulaciones de un chino en China - los quinientos millones de la Begún con primer plato a dos elefantes y láminas de oro. Y sin embargo... estima 1 400: 1 €500, él no podía incluso ir hasta ahora! Se detuvo en 1.200€ (ya sea €1.453 con tarifas), y fue el único cruzar los 1.000 € de bar. En la copia había puesto de relieve la semana pasada, el mismo título como este, pero con el primer elefante de plato 1 y volver al faro, que fue de aproximadamente 2.000-€2.500, no encontró ningún titular de la licencia. Domingo triste...
 
 
PD:  HE querido poner una traducción al español del texto frances, lamentablemete la traducción está fatal, la idea es que sea accesible al español,bueno solamente será algunos articulos.

Jules Verne en BD : Le Testament d'un Excentrique annoncé pour janvier

mardi 23 novembre 2010
Jules Verne en BD : Le Testament d'un Excentrique annoncé pour janvier


Après Hector Servadac (4 tomes), Les Aventures de 3 Russes et de 3 Anglais (2 tomes), La Maison à Vapeur (3 tomes dont un n'est pas encore sorti), L'Ecole des Robinsons (1 tome), les Editions Clair de Lune viennent d'annoncer la prochaine sortie d'un nouvel album de la série Les Voyages Extraordinaires de Jules Verne. Il s'agit du premier tome du Testament d'un Excentrique. C'est probablement la première fois que cette géniale histoire de Jules Verne sort en bandes dessinées. Ce premier tome est sous-titré Le Jeu de L'oie et sa sortie est prévue pour le 6 janvier prochain. Un album conçu et réalisé par Barranco Fernandes (dessinateur), Arkhane, Sorgone (adaptation) et Jules Verne pour le scénario.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Google verniano



JULIO VERNE EL HOMBRE QUE SOÑÓ EL FUTURO












DIRECTOR VERNIANO

http://javiercoria.blogspot.com/2011/01/director-verniano.html
http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=LRF7Dv-ZMDY
http://www.dailymotion.com/video/xbn14t_viaje-al-centro-de-la-tierra-1976_webcam

http://www.dailymotion.com/video/x9eaaa_semana-libro-0001_webcam    RECOMIENDO VER ESTE VIDEO, es una Sorpresa, es excelente

http://www.dailymotion.com/video/xbmz0y_un-capitan-de-quince-anos-1945_webcam  video en ruso

martes, 15 de febrero de 2011

Se publica un relato inédito de Mark Twain sobre Julio Verne

Edición impresa

LIBROS

Se publica un relato inédito de Mark Twain sobre Julio Verne

José Antonio GURPEGUI
Publicado el 28/11/2001


El hallazgo del inédito de algún escritor célebre sigue siendo un acontecimiento, aunque cada vez sean más escasos, y menor el interés de cuantos bosquejos y anotaciones se han rescatado del olvido. Nada que ver con Un misterio, una muerte y un matrimonio, relato de Mark Twain que ha permanecido inédito desde 1876, oculto en un arcón. De acuerdo con la revista Atlantic Monthly, Twain invitó a una docena de narradores a escribir un relato a partir de un mismo esqueleto argumental y sin noticias de lo que hicieran los demás. Sólo Twain escribió su cuento, sobre un campesino decidido a casar a su hija con el hijo del hombre más rico del pueblo. Hay también un asesinato y un misterioso visitante que permite a Twain ironizar sobre Julio Verne en este fragmento que ofrece El Cultural. Un asesinato, un misterio, y un matrimonio (Lumen) aparece mañana en librerías, en versión de Carlos Milla y con ilustraciones de Peter de Sève.

Un misterio, una muerte y un matrimonio

por Mark Twain

Condenado a muerte por el asesinato de David Gray, que cometí hace un año, escribo esta verídica crónica de mi vida. Me llamo Jean Mercier. Nací en un pueblo del sur de Francia. Mi padre era barbero. Yo aprendí el oficio y lo ejercí por un tiempo. Pero poseía talento y ambición. Sin ayuda de nadie, me instruí yo mismo en una especie de educación universal. Aprendí muchos idiomas, llegué a un alto nivel en el campo de las ciencias y desarrollé una aptitud más que considerable como inventor y mecánico. Me adiestré en la navegación por mar. Más adelante probé suerte como guía, como cicerone. Llevé turistas por todo el mundo. Finalmente, en mala hora, caí en manos de un tal monsieur Jules Verne, escritor. Ahí empezaron mis tribulaciones. Me pagó un buen salario y me mandó de aquí para allá a bordo de toda clase de odiosos vehículos. Después escuchaba mis aventuras y hacía un libro a partir de cada uno de mis viajes. Eso no habría sido censurable si se hubiera ceñido a la realidad; pero no, a él no le bastaba y tenía que agrandarla. Transformó mis simples experiencias en insólitos y tergiversados portentos. No puedo expresar con palabras la humillación que eso representó para mí, ya que yo era muy puntilloso en cuestiones de veracidad y honradez... por aquel entonces. Todos mis amigos conocían mi empleo; pensaron que aquellas atroces narraciones habían sido transcritas tal cual yo las había contado, y uno por uno me retiraron primero el crédito y luego la palabra. Me quejé a monsieur Verne en repetidas ocasiones, pero de nada me sirvió. Aquel monstruo me envió río Sena abajo en una barcaza vieja y agujereada; cuando regresé, escuchó mi relato, se puso manos a la obra y lo agrandó hasta producir ese lamentable libro titulado Veinte mil leguas de viaje submarino. Después compró un globo de segunda mano y me hizo subir en él. Aquella vieja bolsa se elevó en el aire, recorrió unas doscientas yardas y se vino abajo, yendo a caer en un ladrillar, y yo me rompí una pierna. El resultado literario de ese viaje fue el libro que lleva por título Cinco semanas en globo... ¡Cruel engaño! Me obligó a realizar un par de cortos y absurdos vuelos más en aquel maltrecho artefacto y escribió descabellados libros al respecto.

Más adelante me envió desde París hasta un mísero pueblo en la otra punta de España, y en una carreta tirada por bueyes. Pasé casi un año por esos caminos, y estuve a punto de morir de desánimo e inanición antes de volver. ¿Y cuál fue el resultado? ¡Pues La vuelta al mundo en ochenta y cinco días! Remendó su patético globo y volvió a mandarme de viaje una vez más. Me quedé suspendido entre las nubes sobre París durante tres días, esperando a que soplara el viento, y luego caí de pronto en el río, pillé unas fiebres y tuve que guardar cama más de tres meses. Mientras yacía enfermo, me atormenté pensando en mis desgracias y poco a poco ciertas especulaciones criminales comenzaron a resultarme familiares... o gratas, debería decir. Cuando me recuperé, me anunció que había equipado a la perfección el globo, y tenía el propósito de acompañarme en la siguiente expedición. Me alegré. Acariciaba la esperanza de que nos rompiéramos los dos el cuello. Monsieur Verne cargó en el globo su bolsa de viaje, su abrigo de piel y el resto de su elegante vestuario, junto con abundantes provisiones e instrumentos científicos. En el momento en que partíamos, puso en mis manos su tergiversación de mi último viaje, un libro titulado La isla misteriosa. Lo hojeé, y aquello fue la gota que colmó el vaso. El aguante de la naturaleza humana tiene un límite. Tiré a monsieur Verne del globo. Debió de caer desde una altura de cien pies. Confío en que encontrase la muerte, pero no tengo constancia de ello.

Como es lógico, no deseaba ir a la horca, así que arrojé al vacío los instrumentos científicos para aligerar el peso de la nave. A continuación me vestí con las exquisitas ropas de monsieur Verne y comencé a deleitarme con sus manjares y vinos. Pero había aligerado más de la cuenta el peso de la nave. Ascendí a tal altitud que el sueño se apoderó de mí y finalmente perdí el conocimiento. A partir de ese instante no me enteré de nada hasta que desperté en el prado de John Gray, tendido en la nieve. Ignoro qué fue del globo. Pero sí sé, por las fechas, que viajé de Francia a Missouri en dos días y veintiuna horas. Y ahora comprenderá John Gray cómo me las arreglé para atravesar el prado sin dejar huellas. Tenía curiosidad por saberlo, el pobre; pero consideré que si se lo contaba, la noticia se difundiría y acabaría en los periódicos, llegaría a Francia y entonces algún entrometido querría saber si aquel aeronauta extranjero podía acaso arrojar un poco de luz sobre los últimos momentos de monsieur Verne.

El tercer Twain

Si popularmente se conoce a Twain como el autor de Tom Sawyer y literariamente como el creador de uno de los grandes héroes de la literatura, Huckleberry Finn, entre los especialistas se reconoce y admira a un tercer Twain, el periodista y cuentista de altura. No en vano, antes de alcanzar la popularidad, Twain ya era conocido en el mundillo periodístico y literario como “el humorista salvaje”. Se había iniciado en el mundo de las letras escribiendo en periódicos de poca monta que desaparecían al poco tiempo de iniciar su andadura, como el “Hannibal Journal”, el “Hannibal Western Union”, o el “Keokuk Daily Post”, de la mano de su hermano mayor, Orion Clemens.

La temprana muerte del padre de la familia, John Marshall Clemens, hizo que Samuel Clemens (1835-1910), que tal era el verdadero nombre de Mark Twain, comenzara a trabajar a los once años. Fue chico de los recados, dependiente, herrero... hasta que su hermano lo empleó en el “Hannibal Journal” como ayudante de impresor. Poco a poco fue haciéndose un hueco y en mayo de 1852 publicó su primer relato en el “Carpet-Bag”, “El dandy que atemorizaba al intruso”, firmado con sus iniciales S(amuel) L(ansghorne) C(lemens). Desde entonces, comenzó a colaborar asiduamente con numerosas publicaciones, con la firma de “Thomas Jefferson Snodgrass”, seudónimo que luego abandonaría en favor de “Quintius Curtius Snodgrass” o un lacónico “Josh”. Firmó por primera vez como “Mark Twain” en un artículo publicado el 3 de febrero de 1863. Por aquel entonces, sus colaboraciones eran cada vez más numerosas, en cabeceras de mayor prestigio y supuraban idéntica “desvergöenza” que sus historias.

Un misterio, una muerte y un matrimonio se imbrica en el más puro Twain, humor, ironía, sátira, un estilo ágil, realista, y vertiginoso y un tema, como corresponde, donde se diseccionan acontecimientos sociales. En este caso la diana de sus dardos es el propio Julio Verne, a quien llega a tildarlo de “monstruo”. Pero no fue ésta la primera vez que Twain ridiculizaba a un autor de renombre. En “Feenimore Cooper’s Literary Offenses”, se ensañó, sustentando sus apreciaciones en pretensiones literarias, con el autor de El último Mohicano, calificando algunas de sus obras de “deliriums tremens literarios”.

http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/1552/Se_publica_un_relato_inedito_de_Mark_Twain_sobre_Julio_Verne/

Tierra ¿ha vuelto Julio Verne?

Edición impresa

CIENCIA

Tierra ¿ha vuelto Julio Verne?

por Ricardo Vieira

Ricardo VIEIRA
Publicado el 29/05/2003

El reciente artículo del profesor David J. Stevenson en Nature y su sonda impulsada por una explosión nuclear pone de manifiesto lo poco que conocemos el centro de la Tierra. Ricardo Vieira, director del Instituto de Astronomía y Geodesia (CSIC-UCM), analiza para El Cultural la repercusión de este estudio.

Hace unos días la prensa recogía, y yo leía no sin cierto estupor y asombro, una noticia publicada en “Nature” que, a primera vista, pudiera parecer más propia de alguna revista de ciencia-ficción que de tan prestigioso medio. En resumen, el artículo publicado en “Nature” presenta la “modesta propuesta”, así la llama el autor, que hace el Prof. David J. Stevenson, reconocido científico y profesor, perteneciente al Instituto Tecnológico de California, de enviar, hacia el núcleo de la Tierra, una pequeña sonda sumergida en una masa de hierro fundido de unos cien millones de kilos. En dicha sonda, de tamaño similar al de un pomelo, irían integrados los sistemas para recoger y transmitir, a los laboratorios de superficie, la información sobre determinadas propiedades del medio que atraviese. La fuerza de la gravedad sería el motor que llevara el bólido hasta el núcleo terrestre aunque, de acuerdo con la propuesta de Stevenson, sería necesario un impulso inicial que permitiera romper la resistencia de las capas sólidas externas; para dicho impulso propone una explosión nuclear de potencia no superior a la de las armas atómicas convencionales.

Desde luego, la síntesis del experimento más parece el resumen de algún libro de Julio Verne quién, a mitad del siglo XIX, publicaba una de sus más famosas y fantásticas novelas titulada Viaje al centro de la Tierra, que un artículo científico publicado en los albores del S. XXI. Es también posible que algunos, al leer el apellido del ilustre científico, hayan pensado en su coincidencia con los del no menos famoso escritor de cuentos, Robert Louis Stevenson. Imaginación no le falta al profesor Stevenson pero esa imaginación va unida a muy sólidos conocimientos del interior de los planetas, como queda demostrado con sus más de 30 artículos publicados sólo en las dos revistas más consideradas por el mundo científico internacional, como son “Nature” y “Science”. Dicho lo anterior, intentemos ahora descifrar los mensajes que este artículo lleva consigo.

En primer lugar, se deduce que si sólo hemos sido capaces de explorar los primeros diez kilómetros de la corteza terrestre se debe, principal y casi únicamente, al poco interés que se ha demostrado por conocer el interior del planeta en donde vivimos. Lamentable error ya que, con profundizar tan sólo 100 ó 200 kilómetros, adquiriríamos conocimientos que nos ayudarían, entre otras cosas, a entender mejor los mecanismos de las fuerzas internas, deformaciones y variaciones de masas que se producen de forma continua en el interior de la Tierra y que se manifiestan en su superficie por fenómenos en ocasiones catastróficos.

Un segundo mensaje, en forma de consejo a los investigadores, yo diría a los jóvenes investigadores, puede extraerse del texto y de la vida de este hombre de Ciencia. Si importante es la formación y el trabajo diario, no menos importante debe ser para el investigador, tener, y aplicar a dicho trabajo, una adecuada dosis de ilusión e imaginación. Es esto lo que une al Prof. Stevenson con los sueños que, en forma de cuentos y novelas, nos dejaron algunos escritores de épocas pretéritas como los ya mencionados Julio Verne y Robert L. Stevenson.

El tercer corolario que puede sacarse de este trabajo tiene carácter reivindicativo. Stevenson no entiende, ni yo tampoco, que en una necesaria priorización de medios económicos de la investigación científica siga estando el estudio de la Tierra muy por debajo de otras investigaciones, aparentemente al menos, con mucho menor impacto social, económico y humano. Esta idea queda aclarada en las propias palabras del autor del artículo: “Las misiones planetarias han permitido conocer mejor el sistema solar y los planetas. No ha existido, sin embargo, un tan ambicioso esfuerzo para poder conocer con más detalle el interior de la Tierra, permaneciendo aún sin resolver numerosos y fascinantes interrogantes científicos”.

El tal vez provocador, aunque bien argumentado, trabajo del Prof. Stevenson, parece que está consiguiendo uno de sus objetivos: llamar la atención sobre lo poco que sabemos y los escasos recursos económicos y humanos que se emplean en conocer nuestro maravilloso planeta. Los que estamos acostumbrados a contemplar el firmamento y comprobar como, cada día, progresa el conocimiento sobre su origen, evolución, estado y leyes físicas que lo gobiernan, no podemos dejar de preocuparnos por lo poco que de todo ello se conoce cuando nos referimos al astro más próximo a nosotros, la Tierra.

Revista de Libros: "Verne, novelista y científico" de JULIA ESCOBAR - Revista de Libros: crítica cultural a través del libro

Revista de Libros: "Verne, novelista y científico" de JULIA ESCOBAR - Revista de Libros: crítica cultural a través del libro

(Nº 16 · Abril, 1998) Marie Ndiaye: De ninguna parte

Inicio
(Nº 2. Febrero 1997) Daniel Pennac: Como un torrente »

(Nº 105 · Septiembre 2005) Julio Verne, novelista y científico

Se conmemora este año el primer centenario de la muerte de Jules Verne. Al nombrarlo así, y no Julio, como se le sigue llamando sin empacho, me limito a rectificar una costumbre muy extendida, hasta bien entrado el siglo XX, que consistía en traducir los nombres propios a su equivalente en el idioma que fuere. Durante mucho tiempo se dijo en español Federico Nietzsche, Jorge Sand, o Edgardo Poe, y en francés Michel de Cervantès, con entera tranquilidad, los ejemplos son numerosos; Ahora se respeta el nombre original y se pueden encontrar repertorios bibliográficos y bases de datos en los que figuran ambos, y en algunos casos la transformación es tal que casi parece que se tratara de dos autores distintos. Pues bien, volviendo al centenario, como es habitual en estas circunstancias, los especialistas se reúnen, se celebran exposiciones, se actualizan bibliografías y se reeditan títulos olvidados y a veces inéditos, tanto del autor homenajeado como sobre él. Antes de detenerme en algunos de los publicados recientemente en español, creo que es interesante rememorar la figura de este escritor, aunque sea someramente.

Jules Verne nació el 8 de febrero de 1928 en Nantes, ciudad marina por excelencia (su afición al mar es una de sus obsesiones recurrentes), en el seno de una respetable y acomodada familia de armadores, por parte de madre, y de notarios, por parte de padre. Tras sus estudios en el liceo de esa ciudad, se traslada a París en 1847 para licenciarse en derecho y ser notario como papá. Ahí, alterna con la gente de teatro, empieza a escribir comedias de dudoso éxito y le nombran secretario del Teatro Lírico. En 1856 se casa con una joven viuda con dos hijas, según algunos para salir de pobre, que será la madre de Michel, su único hijo, el cual se emancipará muy pronto de la familia y, una vez muerto su padre, se dedicará a mangonear su legado literario, muy en la línea de lo que hacen ahora algunos herederos de escritores famosos, ya sean hijos, viudas e incluso sobrinos o familiares políticos. Entre sus amigos están los dos Dumas, en particular el hijo, quien le pone en contacto con Pierre-Jules Hertzel, el monstruo sagrado de la edición de su tiempo, que desempeñará un importante papel en su vida y, sobre todo, en su obra. Hertzel también publicaba a Balzac, a Georges Sand, a Victor Hugo y a Stendhal. Mezcla de agente literario, director comercial, librero y editor en el sentido anglosajón del término, Hertzel era un editor premoderno, que tras hacerles firmar contratos de por vida, sometía a sus escritores a un leonino régimen de trabajo; no sólo leía los manuscritos a conciencia sino que en el caso de algunos autores, como Verne, no dudaba en meter mano cuantas veces considerara necesario. Así como animó a Balzac a llevar a cabo su Comedia humana, no escatimó medios para que Verne pudiera realizar su proyecto de novelar y popularizar la Ciencia, como Dumas padre había novelado y popularizado la Historia. Esa hermosa y fecunda amistad debutó en 1863 con su primera novela, Cinco semanas en globo, que conoció un éxito inmediato.

A partir de ese momento, Verne alternará su trabajo de agente de bolsa con la escritura, lo que le permitirá vivir de manera confortable en Amiens, ciudad natal de su mujer, donde se instala definitivamente a partir de 1873, llegando a ser concejal del Ayuntamiento. En 1885 se queda viudo y en 1886 su sobrino Gastón, hijo de su querido hermano Paul, le pega un tiro en una pierna, (al parecer en un ataque de locura) que le deja inválido. Se retira del mundo y entra en una fase pesimista que acentúa el catastrofismo de sus últimas creaciones; pienso en particular en La isla con hélice, feroz ataque al materialismo americano, y Frente a la bandera, donde un sabio loco amenaza al mundo con una terrible explosión, y aún más en las póstumas, como París en el siglo XX, donde el triunfo de la tecnología y el automatismo sobre el espíritu y la cultura clásica (leer es prácticamente un delito) se lleva a cabo bajo el riguroso control del Estado. En Amiens, vive en la más absoluta soledad y muere el 24 de marzo de 1905 de un coma diabético, a la edad de 77 años. Al igual que le ocurrió a Victor Hugo, aunque por otras causas, Verne conoció en su vejez un notorio descenso de popularidad, que quedó redimido por la multitudinaria demostración de admiración que le tributaron las más de cinco mil personas venidas de todas las partes del mundo a sus funerales. Los franceses saben honrar a sus hombres ilustres, e incluso a sus mujeres (recuérdese el no menos multitudinario funeral de Colette, por ejemplo), sin contar con que Verne recibió, honores militares, por añadidura.

Cien años después, su reputación conoce una difícil rehabilitación literaria. A pesar de eso, sus obras están traducidas a todos los idiomas y se reeditan constantemente, sin olvidar las adaptaciones al teatro, la ópera, el cine y los dibujos animados. ¿Pero quiénes son los destinatarios de la obra de Verne? Sin duda, se contestará que los jóvenes y los niños, pero desde que Raymond Roussel lo puso en duda, esa pregunta no ha recibido todavía una respuesta categórica. Roussel creía que era demasiado profundo para ser considerado un escritor de literatura juvenil, y sería cierto si se añadiera “y tedioso”. Por otro lado, y desde una perspectiva totalmente moderna, que se inscribe en el delirio de esa corrección política, algunos educadores han llegado incluso a desaconsejar la lectura de sus libros por diferentes razones, como el antisemitismo de César Cascabel (1890), el chauvinismo de Clovis Dardentor (1896) o la misoginia de todas sus obras. De todos modos, su ámbito de influencia es el de la literatura juvenil e infantil, y sus historias –ya que no sus libros– siguen alimentando la imaginación de sucesivas generaciones de lectores. Esa influencia incontestable ha conocido un desplazamiento muy propio de estos tiempos en los que el formato audiovisual predomina sobre el formato libro; si hasta hace unas décadas Verne era el escritor juvenil por antonomasia y mantenía con sus lectores un diálogo directo, desde los noventa los niños conocen a Phileas Fogg o el Capitán Nemo a través de los dibujos animados, y se divierten con sus aventuras, pero ignoran quién es su creador. Aún así, su recepción en España sigue siendo importante. Si se consulta el ISBN español, que recoge los títulos publicados desde 1972, encontrarán 1951 títulos de Verne, frente a los 721 de Agatha Christie, por compararle con otro escritor de reputación universal, o los 702 de Galdós, los 405 de Pío Baroja y los 181 de Emilia Pardo Bazán, por remitirnos a algunos de nuestros autores más importantes.

Como ocurre con los autores consagrados (excepto con los españoles) su universo es objeto de veneración e investigación constantes. A su alrededor se han vertebrado numerosas instituciones, como el Museo Verne, en Nantes o la Sociedad Jules Verne, que publica un Boletín, o el Centro Internacional Jules Verne, en Amiens. En dichos centros es prácticamente imposible no encontrar todo lo necesario para escribir una biografía y, como es de suponer, se han publicado ya unas cuantas, entre las que me gustaría destacar las dos más consultadas por los vernólogos, Jules Vernede Herbert Lottman, publicada en español por Anagrama en 1998 y Jules Vernesde Pierre-André Touttain, L’Herne, 1998. Verne no sólo tiene lectores españoles, sino también biógrafos. Este año se reeditan muy oportunamente las respectivas biografías de Miguel Salabert, Julio Verne, ese desconocido, Alianza Editorial, publicada por primera vez en 1975, y la que hoy vamos a analizar de J.J. Benítez, Yo, Julio Verne, que Planeta publicó por primera vez en 1988. Además, la editorial coruñesa, Ediciones del Viento, ha reeditado la traducción de Héctor López Gómez de La casa de vapor. Viaje a través de la India septentrional.

Respecto a Yo, Julio Verne, ignoro en qué medida puede interesar esta biografía a los lectores habituales de J.J.Benítez, pero si el interés del lector recae sobre el tema elegido, esto es la vida de Verne, sacarán muy poco en claro. Dejando de lado lo subjetivo de su escritura (está escrito en primera persona) y los extraños exabruptos que dificultan enormemente la lectura (nunca entendí mejor la definición de que el estilo es el modo en que se utilizan los recursos sintácticos de la lengua), J.J.Benítez elabora una delirante teoría según la cual los libros de Verne tenían un propósito y un simbolismo esotérico, lo cual choca frontalmente con el racionalismo a ultranza que el escritor bretón desplegó, por encima de cualquier otra consideración filosófica, a lo largo de toda su obra. Nadie niega cierta aura de misterio en los libros de Verne, pero es más una condescendencia de “género” –en el verdadero sentido del término– que un propósito deliberado. En cuanto a sus “secretos”, que fueron al parecer muchos, me temo que tengan más que ver con el pudor de la época y la astucia de la política que con improbables rituales mágicos. No importa. Benítez ha decidido que no es así y la biografía entera transcurre por esos cauces, con gráficos y adivinanzas cuya clave sólo posee el biógrafo, y eso por una serie de “circunstancias extraordinarias”, de las que el libro está lleno, así como de “prodigiosas coincidencias”. Hasta que se produjeron esas últimas, Benítez no sabía nada de Verne; tres meses después descubría que él era Verne, y que tenía que continuar su obra. ¡Ah!, se me había olvidado. Una astróloga, amiga suya se lo había revelado y entonces –escribe el autor– “fue como si la ‘fuerza’ que siempre me acompaña abriera mis ojos”. En resumen, 309 páginas de las cuáles 71 son puro egotismo, 150 digamos que se ocupan algo de Verne y sólo a partir de la 223 empieza el libro a tener cierto sentido, hasta tal punto es cierto aquello de Plinio el Viejo de que no hay libro malo que no contenga algo bueno, que luego pondría Cervantes en boca de Sansón Carrasco (sin citar la procedencia). Ahí empiezan los apéndices que, todo hay que decirlo, son utilísimos: fotografías, documentos, cartas, bibliografía y una antología de frases sobre Verne a lo largo de la historia que no tiene desperdicio. Destaco unas cuantas: “…es tan monstruoso hacer leer a Verne a los niños como obligarlos a aprenderse las fábulas de La Fontaine…” (Raymond Roussel); “Julio Verne fue uno de los cretinos más fundamentales de nuestra época” (Salvador Dalí); “Ha sido Verne quien me ha decidido a la astronáutica” (Gagarin) y, por último, esta concisa perla de Guillaume Apollinaire: “¡Qué estilo el de Jules Verne! ¡Sólo sustantivos¡” que valdría la pena trasponer en ¡Qué estilo el de J.J. Benítez! ¡Todo adjetivos!

La casa de vapor ocupa el número 21 del proyecto literario verniano conocido como Viajes extraordinarios en los mundos conocidos y desconocidos,compuesto por unas 62 novelas y 18 relatos cortos. A ellos dedicó cuarenta años de intenso trabajo, edificando un ciclo completo de descubrimientos y mutaciones planetarias bajo la estrecha supervisión de su editor; una exploración del universo en la que asocia técnica y viaje. Esta novela transcurre en la India británica, tras la rebelión de los cipayos. Un grupo de amigos parten de Calcuta en dirección a Benarés para llegar a las laderas del Himalaya. Está formado por el coronel Munro, ya retirado, que vive obsesionado con la muerte de su mujer a manos de Nana Sahib, único líder de la insurrección que permanece con vida y antagonista de la novela; el capitán Hod, cazador inveterado, el señor Maucler, narrador de la historia que está en la India de visita, y el ingeniero Banks, inventor del ingenio en el que viajan, un híbrido de ferrocarril y caravana, con forma de elefante. A éstos, hay que añadir los inevitables comparsas, que también tienen su protagonismo: asistentes, criados, guías y cocinero, y que, como es habitual en las novelas de Verne, son descritos con una minuciosidad completamente decimonónica. Al igual que es descrita la flora y la fauna, y los antecedentes sociológicos e históricos de todos los lugares que atraviesan. No es su novela más divertida, pero es un ejemplo perfecto de ese intento de novelar la ciencia al que aludí antes, pues hay de todo: intriga, lances peligrosos, historia, sociología y ciencia, mucha ciencia.

La Ciencia, con mayúscula, es la clave y la estructura de toda su obra. Sus exploradores y aventureros recorren regiones desconocidas de África, América, la India e incluso los dos polos, y sus ingenieros e inventores llegan a la luna, exploran el universo submarino y traspasan la barrera del tiempo; estas obras en las que se anticipan inventos futuros, le convierten en uno de los grandes precursores de la Ciencia Ficción. Su amor por la ciencia y la exactitud son también legendarios. Su información científica era precisa, actual y estaba perfectamente documentada y se dice que tenía la peor de las opiniones de H.G.Wells, uno de sus mayores rivales en materia de literatura de anticipación, del que decía, indignado: “mais il invente!”. Hay una leyenda, recogida por Lottmann que considera a Verne un viajero únicamente libresco y sin embargo parece que realizó algunos cruceros por le Mediterráneo y viajó a los Estados Unidos así como a Escocia, Irlanda y Noruega. Lo cierto es que lo más importante de su vida transcurrió entre libros, manuscritos y publicaciones científicas de las que fue un minucioso lector. Porque una de las características de J.V es, ya lo he dicho, un cienticismo puntilloso y eso, unido a su carencia de perspicacia psicológica (aunque maneja los estereotipos con gran soltura), le convierte en un escritor de acción, eminentemente realista a pesar de sus extraordinarias previsiones.

Hay que recordar que el momento que le tocó vivir es el de los grandes descubrimientos técnicos: el teléfono, el fonógrafo, el submarino, el ferrocarril, pero también conoció los avances en las llamadas “ciencias sociales” que se produjeron por entonces: la antropología, la sociología, la filosofía de la historia y de las religiones. Tampoco retrocedió ante el reto de la política y se hizo eco del nacimiento de las ideologías conservadoras, liberales y socialistas, a las que no permaneció indiferente en su juventud. A mi entender, su mérito consiste en haber conseguido trasponer a un universo imaginario esos progresos, a los que muchas veces se anticipa con una lógica implacable que algunos confunden con clarividencia; su talento, haber creado y sobre todo descrito un universo en el que todo encaja a las mil maravillas y donde suceden cosas que resultan todavía más extraordinarias porque las contemplamos desde la impunidad de nuestra condición de lectores, como quien oye rugir la tempestad amparado en la confortabilidad de su lecho.

J.J. Benítez, Yo, Julio Verne. La biografía del más visionario autor del siglo XX. Planeta, Barcelona, 2005, 309 pp.

Jules Verne, La casa de vapor. Viaje a través de la India septentrional, traducción de Héctor López Gómez, Ediciones del Viento, La Coruña, 2005, 399.

domingo, 13 de febrero de 2011

El fantástico océano del Capitán Nadie

LA PRUEBA DEL TIEMPO

Rafael Osío Cabrices

El fantástico océano del Capitán Nadie

Estarán de acuerdo conmigo en que hay libros que escogen cuándo serán leídos. No sé por qué no había leído antes Veinte mil leguas de viaje submarino, de Jules Verne, pero llegó a mí hace pocos meses, desde la mesa de un buhonero de libros cerca de Parque Central, en una edición popular de tapas duras que reproducía las cubiertas grabadas de las ediciones originales de Hetzel.

No leía nada de Verne desde niño y reencontrarlo con los ojos y gustos de adulto fue deslumbrante. Como me pasó con Melville o con Ende, me indignó que este genio haya sido menospreciado en nuestra época como un escritor para muchachos, cuando justamente renueva en uno el entusiasmo puro por un libro, el que con los años tiende a esfumarse bajo el juicio crítico. No podía dejar de preguntarme cómo hizo ese hombre para encontrar y sintetizar toda esa información en aquel momento, sin Wikipedia ni Google, y para verterla con tal naturalidad en una historia llena de un goce de contar no demasiado común en las novedades editoriales del siglo XXI.

Verne (1828-1905) nació en un puerto, Nantes, donde nueve años después Brutus de Villeroi probó el prototipo de un submarino, antes de diseñar uno de verdad, el USS Alligator. Eso pudo haber influido en el inolvidable Nautilus que Verne imaginaría para Veinte mil leguas de viaje submarino, cuando la publicó por entregas entre 1869 y 1870, ya como un autor consagrado que vivía de sus best sellers y podía navegar en yate propio. Es muy conocida la figura del capitán Nemo –“Nadie” en latín- , que conduce su submarino por todos los océanos para vengarse de los imperialistas que mataron a su familia; se recuerda menos la exuberancia positivista de ese diorama de la vida en los mares, la fe en la Razón y el Progreso que anima a Aronnax y sus compañeros mientras tiritan en la Antártida o sufren el ataque del calamar gigante.

No obstante el caudal de datos que Verne consiguió para su novela, aquellos mares de la Revolución Industrial eran todavía un universo desconocido. Faltaba casi un siglo para que el batiscafo de Auguste Piccard bajara a la fosa de las Marianas. Unas cuantas cosas se saben hoy sobre los mares que entonces se ignoraban, y mucho más –para fortuna de la curiosidad humana- queda por saber. No hay por qué pensar que se hayan acabado las sorpresas y las aventuras para quienes estén dispuestos a mojarse. Hay aún naufragios por rescatar y criaturas sin nombre.

Pero es más bien desolador darse cuenta de que esa exuberancia que se veía desde los ojos de buey del Nautilus está gravemente amenazada, de que la sobrepesca y la contaminación han adelgazado las redes y de que el calentamiento global está matando arrecifes coralinos. Admirar esa abundancia de vida que enumera Verne lleva a recordar cuánto de ese paraíso hemos perdido; lo mismo que pasa al leer a Humboldt, por ejemplo. Otro punto más a favor de la idea de que esa novela de aventuras es mucho más que eso: es también un testimonio de curiosidad, de avidez y de despilfarro de la civilización moderna. Como suele ocurrir en el género literario que ayudó tanto a consolidar, el de la ciencia ficción, Jules Verne no fue sólo un artista, sino también un profeta.

La edición aquí comentada de Vingt mille lieues sous les mers, de Jules Verne (sin crédito de traducción) fue publicada en 2002 por RBA. Contiene reproducciones de grabados de la época.


Articulo enviado por email por el autor  y publicado en la revista El Librero