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JULES VERNE

JULES VERNE

domingo, 1 de marzo de 2015

El Día del Futuro

El Día del Futuro

La ciencia ficción de hoy se convierte en la ciencia real de mañana

JOSÉ LUIS CORDEIRO |  EL UNIVERSAL
sábado 28 de febrero de 2015  12:00 AM
Mañana domingo 1 de marzo se celebrará el Día Internacional del Futuro (www.futureday.org). Este es un nuevo día festivo creado no para celebrar algo ya ocurrido sino un mundo nuevo lleno de posibilidades. El primer Día Internacional del Futuro se realizó el 1 de marzo del año 2012 gracias a la iniciativa de la organización Humanidad que era conocida antes como la Asociación Transhumanista Mundial. En tan solo 4 años, el Día Internacional del Futuro ha ido creciendo con el apoyo de organizaciones internacionales como el Millennium Project (www.themp.org), la Sociedad Mundial del Futuro (www.wfs.org) y otros grupos dedicados a visualizar y crear futuros posibles.

El Día Internacional del Futuro tendrá diversas celebraciones, tanto físicas como virtuales, alrededor del mundo. Desde Australia hasta Venezuela, desde India hasta Perú, muchas personas se reunirán para pensar no en un evento pasado sino en las grandes oportunidades que nos depara el porvenir. ¿Será el futuro mejor que el pasado? ¿Cómo será el mundo en las próximas décadas?

El mundo está cambiando tan rápido que la ciencia ficción de hoy se convierte en la ciencia real de mañana. Los teléfonos, los automóviles, los aviones, los antibióticos, los cohetes, las computadoras, los celulares, la Internet, todos parecían magia en su momento. Ahora, afortunadamente, cada uno de esos descubrimientos e invenciones son considerados normales por las nuevas generaciones. Sir Arthur C. Clarke, el conocido científico y autor de ciencia ficción, escribió hace más de medio siglo sus famosas tres leyes del futuro:

1. Cuando un científico viejo y distinguido afirma que algo es posible, es casi seguro que está en lo correcto. Cuando afirma que algo es imposible, es muy probable que esté equivocado.

2. La única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse más allá de ellos, hacia lo imposible.

3. Cualquier tecnología suficientemente avanzada no se diferencia de la magia.


www.FuturoVenezuela.net

viernes, 27 de febrero de 2015

FIL Minería exhibe 'Árbol de la Literatura' hecho en Metepec

  • La obra del artesano Miguel Ángel González posee la virtud de tener no una cara como los tradicionales árboles de la vida que han dado fama mundial a Metepec, sino que se puede admirar por ambos lados
México, 25 Feb (Notimex).- Cientos de personas visitan desde el pasado 18 de febrero el Pabellón del Estado de México en la XXXVI Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (FILPM), que inició ese día y terminará el 2 de marzo.

Lo primero que atrapa la atención de los asistentes a la feria que llegan al primer piso y se internan en el referido pabellón es el enorme y colorido "Árbol de la literatura", pieza creada por el artesano Miguel Ángel González, artista de Metepec, población que el 14 de septiembre de 2012 recibió el nombramiento de Pueblo Mágico.

Ismael Ordoñez Mancilla, secretario técnico del Consejo Editorial de la Administración Pública Estatal del Estado de México, informó que la obra de aproximadamente 180 kilos de peso y 1.50 metros de altura, fue realizada por el artista luego de haber leído los 60 libros representados en el "Árbol de la literatura".

Explicó que el autor de la pieza leyó cada una de las obras, "pues de otra manera no habría tenido elementos de juicio suficientes para plasmar, a través del barro y el color, la esencia de cada autor y cada título". Cada figura y cada tonalidad refleja fielmente al autor y lo que quiso transmitir a través de su obra.

Comisionado por el Consejo Editorial de la Administración Pública Estatal mexiquense al artista, el "Árbol de la literatura" rinde tributo a las letras universales de todos los tiempos. Obras y autores mexiquenses, mexicanos y del mundo, están representados en pulcras figuras de barro. De Sor Juana Inés de la Cruz a Juan Rulfo; de William Shakespeare a Julio Cortázar.

La obra posee la virtud de tener no una cara como los tradicionales árboles de la vida que han dado merecida fama mundial a Metepec, sino que se puede admirar por ambos lados. Una cara ostenta lo más destacado de la literatura mexicana, que inicia con Nezahualcóyotl Acolmiztli y Sor Juana Inés de la Cruz.

En el mismo plano principal la pieza muestra una representación del libro sagrado "Popol Vuh", y luego, en orden descendiente, figurillas policromadas de Octavio Paz ("El laberinto de la soledad"), Angel María Garibay Kintana ("El poema de los árboles"), Laura Méndez de Cuenca ("El espejo de Amarilis") y Alejandro Ariceaga ("El cuerpo de una mujer").

Luego están presentes Enriqueta Ochoa ("Retorno de Electra"), Rosario Castellanos ("Balún Canán"), Manuel Payno ("Los bandidos de Río Frío"), Elena Garro, Carlos Pellicer ("Hora de junio"), Carlos Fuentes ("Aura"), Juan José Tablada ("Li-Po y otros poemas"), José Emilio Pacheco ("Las batallas en el desierto") y "Fernando del Paso ("Noticias del Imperio").

Siguen Amado Nervo ("La amada inmóvil"), Jaime Sabines ("Los amorosos"), José Joaquín Fernández de Lizardi ("El Periquillo Sarmiento"), Juan José Arreola ("El guardagujas"), Juan Ruiz de Alarcón, Nellie Campobello ("Cartucho"), Josué Mirlo ("La Caballona"), José Revueltas ("El apando"), Alfonso Reyes ("Sol de Monterrey") y Rubén Bonifaz Nuño ("Amiga a la que amo").

Completan la cara "Arbol de la Literatura Mexicana y Mexiquense" Federico Gamboa ("Santa"), Concha Urquiza, Mariano Azuela ("Los de abajo"), José Gorostiza ("Muerte sin fin"), y Vicente Riva Palacio ("Martín Garatuza"). En la base de esta cara de la obra destaca particularmente Juan Rulfo con su emblemática novela "Pedro Paramo".

En el reverso, el "Árbol de la Literatura Universal" está coronado por La Biblia, que cobija a Rudyard Kipling ("El libro de la selva"), Julio Cortázar ("El perseguidor"), Antoine de Saint-Exupéry ("El Principito"), El "Lazarillo de Tormes", Mary Shelley ("Frankenstein") Franz Kafka ("La metamorfosis") y Johann Wolfgang von Goethe ("Fausto").

Igualmente, Edgar Allan Poe ("El cuervo"), Gabriela Mistral ("Lecturas para mujeres"), "Dante Alighieri ("La Divina Comedia"), Miguel de Cervantes Saavedra ("Don Quijote de la Mancha"), Rabindranath Tagore ("El jardinero"), Gabriel García Márquez ("El coronel no tiene quien le escriba"), Fiódor Dostoyevski ("Crimen y castigo") y Valmiky ("El Ramayana").

Alexandre Dumas ("Los tres mosqueteros"), "Las mil y una noches", Emily Bronté ("Cumbres borrascosas"), Gustave Flaubert ("Madame Bovary"), Lewis Carroll ("Alicia en el país de las maravillas"), Víctor Hugo ("Los miserables"), William Shakespeare ("Romeo y Julieta"), Marguerite Yourcenar ("Memorias de Adriano") y Giovanni Boccaccio ("Decamerón") también están presentes.

La base está flanqueada por Virginia Woolf ("Orlando"), Julio Verne ("Veinte mil leguas de viaje submarino"), Ernest Hemingway ("El viejo y el mar"), Homero ("La odisea"), Jonathan Swift ("Los viajes de Gulliver"), Herman Melville ("Moby Dick") y finalmente, Oscar Wilde con uno de sus cuentos más representativos y famosos, "El gigante egoísta".

La lectura desde el corazón


La lectura desde el corazón

Una experiencia que se transfiere a todas las manifestaciones del arte

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ROSARIO ANZOLA |  EL UNIVERSAL
jueves 26 de febrero de 2015  12:00 AM
Como maestra, como profesora, como mamá, como escritora, desde siempre me he planteado cuál es la mejor manera de acercar al niño a la literatura. Y con el paso de los años mi conclusión es: leer, leerles, enseñarles a leer para que lean... desde el corazón. Ésta ha sido, y es, mi prédica por muchos años, por eso quiero compartir con los lectores algunos hallazgos del espíritu de la letra.

En los cursos que he dictado, para padres y maestros, encuentro barreras culturales que desvirtúan la esencia de la literatura como experiencia vital, gozosa y gratificante, contraria a la penitencia y la obligación en que, muy a menudo, la convierten los adultos modeladores. Y no es ni "culpa" ni responsabilidad de estos adultos que, simplemente, se conducen de acuerdo a su experiencia lectora, a la formación (o deformación) que tuvieron en la escuela o en el hogar. Por eso quiero presentar a los lectores una reflexión que contribuya a reubicar el abordaje de la lectura.

Con el paso del tiempo perdemos las conexiones que nos permiten, como cuando éramos niños, apreciar, interpretar y expresar lo que sentimos. Vista, tacto, gusto, olfato y oído se van esclerosando y encasillándose en los convencionalismos. Sin la sensorialidad ejercida y vivida no es posible conectar con los sentimientos.

"Stress"

La evolución de las sociedades ha ido dejando a un lado la admisión y la expresión de palabras como temor, alegría, tristeza, angustia, gozo, sustituyéndolas por una especie de sordomudez emocional reducida a la palabra "stress". Hubo épocas en donde el niño se formaba por transmisión dinámica de vivencias y valo-res; de esta forma crecía en un aprendizaje asimilado al hogar, al medio, a los otros seres vivos. Aprendía a reconocer, ordenar y manejar sus emociones y comprender las de los demás. La empatía era obligante para convivir y sobrevivir. No obstante, poco a poco, la modernidad abandonó los repertorios emocionales para entronizar académicamente la supremacía de la racionalidad. Mientras más atrás buscamos en el tiempo, encontramos la paradoja de que el ser humano era capaz de vivir en concordancia con la naturaleza y el cosmos, habilidades extraviadas en la medida del avance de "la civilización".

¿Y qué es lo primero a explorar para salir de este extravío? La respuesta se encuentra en el germen del pensamiento y la palabra: los sentimientos y las emociones. Debemos darnos tiempo y permiso para revisar, analizar y ubicar nuestros sentimientos y emociones, solo así podremos apreciar los matices y la intensidad de la existencia y solo así podremos comprender los sentimientos de los demás.

Los poetas, los artistas y los niños son capaces de mantener esta concordancia y deambular a plenitud por el universo de las emociones y la sensibilidad. La literatura asumida sensitiva y sensorialmente, nos conduce a estas conexiones que potencian la experiencia lectora... desde el corazón. Esa es la vía para transmitir a hijos o alumnos las claves, los secretos, los pasadizos y las infinitas dimensiones que la palabra encierra. 

Vía primordial

Los sentimientos son una vía primordial de conocimiento y son complementarios a la racionalidad. Este postulado es el eje de recientes movimientos pedagógicos basados en la existencia de la inteligencia múltiple, en la que destaca la inteligencia emocional. En ella se establecen conexiones entre los sentimientos, el carácter y los instintos morales, de los cuales depende la aptitud y el talento para vivir. Las escuelas más vanguardistas han incorporado a sus currícula el entrenamiento de las habilidades emocionales y sociales que se enseñan, se modelan y se aprenden... para bien o para mal.

Traigo a colación lo que nos apunta Daniel Goleman en su libro "La inteligencia emocional":

La lógica de la mente emocional es asociativa; toma elementos que simbolizan una realidad, o dispara un recuerdo de la misma, para ser igual a esa realidad. Es por eso que los símiles, las metáforas y las imágenes hablan directamente a la mente emocional, lo mismo que el arte: novelas, películas, poesía, canciones, teatro, ópera. Los grandes maestros espirituales, como Buda y Jesús, llegaron al corazón de sus discípulos hablando el lenguaje de las emociones, enseñando con parábolas, fábulas y relatos. De hecho, el símbolo y el ritual religioso tienen poco sentido desde el punto de vista racional; se expresan en la lengua vernácula del corazón. Esta lógica del corazón -de la mente emocional- está bien descrita por Freud en su concepto de 'proceso primario' de pensamiento; es la lógica de la religión y la poesía, la psicosis y los niños, el sueño y el mito".

Los invito a leer desde el corazón, es una experiencia que se transfiere a todas las manifestaciones del arte. Es un aprendizaje a plenitud.

raconvivarte@gmail.com

Sentimientos intergalácticos

Una nueva ola de películas de ciencia ficción se adentra en el terrenos de los sentimientos, y en la convergencia de lo científico y lo espiritual

Sentimientos intergalácticos

La ciencia ha sustituido a la religión en el mapa de las esperanzas para una humanidad fracturada
Cultura | 26/11/2014 - 00:00h | Última actualización: 26/11/2014 - 10:32h
Ingrid Guardiola
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La ciencia ficción está viviendo un nuevo momento dorado. Creadores procedentes del cine independiente, como Nolan, o visionarios como Cameron, combinan la mirada innovadora con los grandes presupuestos. Esta nueva ola de películas proyecta hacia el futuro temas como la ecología o el conflicto social; pero también, cada vez más, se adentra en el terreno de los sentimientos
Sentimientos intergalácticos
Portada del suplemento Cultura|s del miércoles 26 de noviembre de 2014 LVE
En los últimos cinco años, Hollywood se ha dedicado a perfilar innumerables versiones sobre el fin del mundo, trasladando su particular guerra fría a la gran pantalla. Las invasiones o presencias de los otros vuelven a estar de moda y, como decía Elias Canetti al principio de Masa y poder: "Nada teme más el hombre que ser tocado por lo desconocido".

VIAJE AL ESPACIO EXTERIOR
Si el microscopio y el telescopio nos hicieron visible lo más profundo de nosotros mismos y del universo, el más aquí y el más allá, la mecánica cuántica a principios del siglo XX volvió incierto todo lo que hacía visible la técnica. El siglo XX ha hecho de la ciencia el nuevo mito; la ciencia ha sustituido a la religión en el mapa donde se cartografían las posibles esperanzas para la fracturada humanidad. La ciencia, como la narrativa o la liturgia cristiana, también mirarán más allá del planeta buscando salidas al colapso terrestre. Ya Francis Bacon utilizó el método científico para describir la tierra mítica de Bensalem en La nueva Atlántida (1626), una comunidad gestionada por una ciencia que se impone sobre la naturaleza y asegurada por la familia. 

Entre los primeros que hicieron de la luna un terreno fértil para la imaginación de las masas están Julio Verne y H.G. Wells, pero quien puso en imágenes a los selenitas fue George Méliès en Viaje a la luna (1902), donde los habitantes de la luna son una especie de tribus salvajes en una visión de la historia completamente occidentalizada e infantilizada. Fritz Lang, en cambio, en La mujer en la luna (1929), a partir de la novela homónima de Thea Von Harbou, se acerca mucho a la estructura narrativa de películas actuales como Gravity, a pesar de los errores de base científica. En las novelas pulp viajábamos a otros planetas, pero no sería hasta 2001: una odisea del espacio, de Arthur C. Clarke, y la versión de su relato que hizo Stanley Kubrick, cuando por fin encontraríamos la fuerza metafísica del viaje por el universo. Un año después, la imaginación se desmoronaba a manos de la televisión. En 1969, con la llegada a la luna de Neil Armstrong, los ciudadanos fueron testimonio de cómo esta fantasía se encarnaba en la imagen empobrecida de la pequeña pantalla. No quedaba ni rastro del monolito, de la armonía straussiana. Pero Tarkovsky devolvió el relato a las esferas, desplazando la aventura interespacial hacia un trascendental e hipnótico viaje en el tiempo con Solaris (1972). La década de los setenta, después de la huella de Armstrong, empezó un amplio diálogo con el universo, desde Encuentros en la tercera fase (1977), pasando por El abismo negro (1979), hasta Alien (1979), que ha tenido con Prometheus su versión fallida para explicar los orígenes del relato.

LUCHA DE CLASES

A lo largo de la historia, los individuos han tenido la necesidad de confabular con el futuro; es el comunismo teocrático de La ciudad del sol de Tommaso Campanella, el procomunismo de la Utopía de Tomás Moro o de la de William Morris, el totalitarismo de 1984 (Orwell), el fordismo alienante de Un mundo feliz (Huxley) o el neomedievalismo de Dune (Herbert), entre otros. De hecho, el auténtico pulso de las utopías dibujadas por la ciencia ficción es aquello que pueden explicarnos sobre todo lo que tiene que ver con la gestión del ecosistema y del poder que ejercemos sobre él y sus habitantes. Como decía Paul Éluard, "hay otros mundos, pero están en este".

Las luchas de clases requieren una fase previa de desclasamiento donde una élite se impone, jerárquicamente, ante una masa de otros. "El fenómeno más importante que se produce en el interior de la masa es la descarga", dice Canetti, y es gracias a la descarga que todos aquellos que forman parte de la masa se sienten iguales, adoptan una conciencia de clase y proyectan, conjuntamente, la revolución; como la que podemos encontrar en El planeta de los simios, la versión animalista de Espartaco. También lo vemos en la serie Los juegos del hambre, donde la protagonista empieza a luchar, no ya sólo para salvar la vida, sino para proveer un mejor destino a los habitantes de los distritos que viven bajo la opresión del Capitolio. En Elysium, las clases pobres viven en una tierra sobrepoblada y contaminada y están bajo la vigilancia constante de las máquinas. Las clases altas viven en Elysium, donde gozan de todo tipo de privilegios, entre ellos, unas máquinas regeneradoras que evitan que enfermen. La única posible salida es el reset del sistema a manos del protagonista, que tiene que asumir un sacrificio crístico con la ayuda de un equipo de activistas para cambiar los códigos de acceso a Elysium. Los aviones suicidas, llenos de inmigrantes ilegales que mueren en el intento de ir a Elysium, son el espejo de las pateras que intentan pasar estrechos y fronteras. También encontramos una lucha feroz de clases en un marco social donde se priva a las clases bajas cualquier derecho o libertad posible en Rompenieves, donde los pobres malviven en los vagones traseros de un tren que contiene los únicos supervivientes de una tierra helada. Aquí, ni la revuelta es posible, ya que el tren cabalga por una carretera de dirección única y fatal.

El deplorable estado de salud de los oprimidos es también el espejo de un tercer mundo colonizado, controlado, explotado y, finalmente, aislado. Esta demonización del otro es la que encontramos en Avatar o District 9, donde estos otros son alienígenas que viven en campos de refugiados. La misma vejación al otro, una idéntica alterofobia, se puede ver en Under the skin. Finalmente, la lucha de clases pasa por la alta tecnología y la implantación y borrado de recuerdos. Lo vemos en Robocop (versión del 2014) y en Oblivion. En Robocop son las corporaciones las que quieren imponer un sistema de vigilancia basado en los drones y donde el borrado de memoria sirve para volver implacables a los hombres-máquina. En la segunda, los drones son los vigías de una tierra desierta, en ruinas, como la de Detroit, pero poblada por unos seres llamados "carroñeros". Los humanos, supuestamente, viven en la Temporary Space Station, excepto una pareja que controla los drones, hasta que descubren que la lucha real no es entre ellos y los carroñeros, sino entre ellos y sus clones, cultivados en la TST en incubadoras, como las de Moon, y gestionados por una máquina-cerebro central: Sally, como Hal, un ojo que todo lo ve, el botón rojo del adiós final.

Los astros del cine / Opinión

Los astros del cine / Opinión

El cine ha hecho que muchas personas se acerquen de manera peculiar al descubrimiento del universo.

 
El cine y la astronomía tienen una relación muy cercana desde 1874.
Foto: Archivo particular
El cine y la astronomía tienen una relación muy cercana desde 1874.
La entrega de los Óscar no solo fue escenario para los amantes del séptimo arte, también para los de la astronomía, que estuvimos particularmente cautivados. Entre los responsables estuvo el premio a mejores efectos visuales, que recibió Interestelar, filme en el que recrearon el concepto de agujero negro.
Un premio a los 800 terabytes de datos y a las cientos de horas de cálculos en computador necesarios para realizar la simulación más precisa de cómo se vería uno de estos exóticos objetos astrofísicos, donde la gravedad es tan fuerte que incluso la luz no puede escapar de ellos.
Otro de los galardones se lo llevó Eddie Redmayne, el actor que hizo el papel de Stephen Hawking (La teoría del todo), uno de los científicos más influyentes en la actualidad, quien conjeturaba en los años 70 que los agujeros negros pueden ser capaces de emitir radiación, y de evaporarse.
El cine y la astronomía tienen una relación cercana desde que, en 1874, el astrónomo francés Pierre Jules Janssen inventó el ‘revólver fotográfico’, con el que viajó a Japón para observar y registrar una secuencia rápida de fotos del tránsito de Venus frente al disco solar de ese año. 48 fotografías en 72 segundos serían el comienzo de lo que hoy son 24 fotogramas por segundo en una película de cine.
Janssen aparece en dos de las primeras películas de los hermanos Lumière, quienes en 1895 patentaron su cinematógrafo, un aparato que servía como cámara y proyector.
En el siglo XX, el cine se convirtió en una excusa para dejar volar la imaginación y las aventuras de exploración espacial a través de la ciencia ficción, pero también en una herramienta para aprender sobre la ciencia que estudia el universo.
Esta fascinación por la astronomía se plasma en la primera película de ciencia ficción, El viaje a la Luna, de 1902. Basada en las novelas De la Tierra a la Luna, de Julio Verne, y Los primeros hombres en la Luna, de H. G. Wells, esta película francesa, de 14 minutos y con astrónomos como protagonistas, tiene una de las escenas más conocidas de la historia del cine: la cara de la Luna con el impacto de un cohete en uno de sus ojos.
Desde entonces, cientos de filmes han tenido a los viajes interplanetarios, a célebres científicos y a gran cantidad de eventos astronómicos como protagonistas.
Aunque muchas veces con conceptos alejados de la realidad física, el cine ha hecho que millones de personas se acerquen de manera peculiar al descubrimiento del universo y de nuestro entorno astronómico. Además, que puedan ponerse en la situación de un viajero espacial y hasta tratar de entender las sensaciones de un brillante científico con su cuerpo atado a una silla de ruedas, con su mente danzando en los confines más profundos del cosmos.
SANTIAGO VARGAS
Ph. D. en Astrofísica, profesor investigador del Observatorio Astronómico Nacional de Colombia
@astrosvd