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JULES VERNE

JULES VERNE

domingo, 26 de octubre de 2014

Ocho ciudades para 80 novelas

Ocho ciudades para 80 novelas

La Red Municipal de Bibliotecas selecciona una serie de obras para revivir la vuelta al mundo de Verne
MARGA GUILLAMÓN CÓRDOBA | ACTUALIZADO 21.08.2014 - 05:00
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'La vuelta al mundo en 80 días' de la compañía La Bicicleta.
De Londres a Chicago pasando por Calcuta y Hong Kong. La vuelta al mundo más emblemática de todos los tiempos, llena de aventuras y desventuras, de amores y tristezas, ha sido adaptada al cine, al teatro, a la radio, a la televisión, e incluso convertida en los dibujos animados más conocidos por todas las generaciones con Willy Fog, Rigodón y compañía. Ahora, el espíritu de la novela vuelve a revivir con un viaje por las ciudades más representativas de la obra. 80 novelas seleccionadas con un único criterio común: tienen como escenario de la acción las ciudades que recorrieron Phileas Fogg y su mayordomo francés Passepartout en La vuelta al mundo en 80 días, publicada íntegramente por el escritor Julio Verne en 1873.

La Red Municipal de Bibliotecas desarrolla está iniciativa con la finalidad de incentivar la lectura en el verano de una forma diferente y llamativa. Las ciudades elegidas son Londres, Suez, Bombay, Calcuta, Hong Kong, Yokohama, San Francisco, Nueva York y de nuevo Londres, las localidades en las que empezó y finalizó el extenso recorrido de Fogg y Passepartout. Unas más literarias, como Nueva York -seguramente la ciudad que más historias ha suscitado- y otras menos, como Suez, conocida más por su famoso canal que por sí misma. Ochenta novelas conforman esta selección que reúne a autores tan importantes como Charles Dickens, Arthur Conan Doyle, Virgina Woolf, Isabel Allende o J.D. Salinger.

De la oscura y lluviosa Londres, con su Big Ben a la orilla del Támesis, destaca la figura del detective de pipa y capa siempre acompañado por su ayudante Watson: el detective Sherlock Holmes, el prototipo británico por excelencia, protagonista de tantas aventuras que ha sido necesarias recopilarlas en una colección titulada Las memorias de Sherlock Holmes. La ciudad de Suez, al filo entre África y Asia, ha sido el centro de historias literarias importantes como lasEstampas egipcias del novelista portugués José María Eça de Queirós. La obra consiste en una recopilación de crónicas redactadas por el autor en las que se descubre lo exótico pero también lo miserable del lugar, rasgos que fusiona en sus descripciones literarias de marcada influenciaflaubertiana, llenas de perspicacia e ingenio.

La India es el país de los olores y colores, donde lo exótico se entrecruza con el hambre de muchos de sus habitantes. Fogg recurrió a un elefante para trasladarse de Bombay a Calcuta, ciudades que han inspirado a autores de todas las modalidades. La novelas Slumdog Millonaire yCrimen en Calcuta son algunas de las elegidas para formar parte de esta colección.

Hong Kong y Yokohama, China y Japón. Dos ciudades orientales testigos de miles de historias cinematográficas y literarias como las ficciones históricas La maestra de Piano de Janice Y. K. Lee y El monasterio de Yohokama de Charles Haquet. San Francisco y Nueva York, capitales de la costa estadounidense, fueron las últimas estaciones de Fogg antes de volver a Inglaterra. La segunda es el escenario en que se mueve Holden Caulfield, el protagonista de El guardián entre el centeno de Salinger, otra de las obras que terminan de perfilar esta colección tan viajera.

viernes, 24 de octubre de 2014

El futuro que nos merecíamos: ¿dónde están mi coche volador y mi robot mayordomo?

Por:  24 de octubre de 2014

El futuro que nos merecíamos: ¿dónde están mi coche volador y mi robot mayordomo?

Robida
Esta ilustración de 1882 nos muestra cómo creía el artista Albert Robida que iríamos a la ópera en el año 2000. Se trata del mito por antonomasia del futuro: el coche volador, una de las muchas cosas que esperábamos de un porvenir tecnológico que no ha llegado.

1. Coches voladores
Los coches voladores son una constante en el imaginario colectivo en lo que respecta a previsiones futuristas. Pero aunque no se ven muchos por la calle, lo cierto es que ya existen. Según Maclean's, ha habido más de 300 modelos de coches voladores funcionales, sin contar la primera patente registrada, que es de 1918 y apostaba por un modelo de coche-submarino-volador.

Por ejemplo, este de los años 40.

http://youtu.be/FNp_iO-2Jfg
Y actualmente hay al menos dos prototipos convincentes, como el Terrafugia y el Aeromobil, que en realidad no difieren en gran medida del modelo de hace 60 años.

Eso sí, estos coches voladores no permitirían salir de la ópera volando, sino rodando: hay que despegar y aterrizar en un aeropuerto. Es decir, no se pueden usar para ir a trabajar ni podríamos circular con ellos por las ciudades actuales.
Y eso suponiendo que fuera buena idea hacerlo. Elon Musk, uno de los cofundadores de Paypal, es también propietario de Tesla, empresa que está desarrollando coches eléctricos, alguno de ellos sin conductor. Según Musk, los coches voladores podrían traer más problemas que soluciones: afectarían al paisaje, serían más ruidosos y habría más posibilidades de que algo te cayera en la cabeza. A eso habría que sumar que los accidentes probablemente serían más graves: un simple alcance podría suponer que los vehículos cayeran desde decenas de metros de altura. Es decir, a lo mejor no tenemos coches voladores porque son aún peores que los rodantes, que ya es decir.
En todo caso y al menos en lo que se refiere a los medios de transporte, Paul Krugman tenía razón cuando dijo en 2009 que “el mundo de hoy no es tan diferente al de 1959 como el de 1959 era respecto al de 1909”. Los coches (y aviones y trenes) son más limpios y seguros, pero no han cambiado esencialmente en decenas de años. En algunos casos, ni siquiera en lo que respecta a la velocidad. Por ejemplo y si recordamos que el Concorde no vuela desde 2003, tardamos más en cruzar el Atlántico que hace unos años.
http://youtu.be/plNO7fntQkY

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2. Robots
No estamos disfrutando de los robots mayordomo que queríamos, a no ser que incluyamos en el grupo la Roomba y la Thermomix. Tenemos un robot que simula los síntomas del ébola. Hay otros que te siguen a todas partes para sacarte fotos y vídeos. En Ginebra se ha discutido el posible uso de robots asesinos que todavía no existen. También hay robots que tocan el violín y que juegan torpemente a fútbol. Y (eso sí) hay avances significativos en prótesis robóticas. Pero ni nos han robado el trabajo (aunque hay robots industriales) ni nos planchan las camisas.
Lo más parecido que tenemos a un robot son los algoritmos, que a nosotros nos facilitan la vida (al menos en parte) y a las empresas les facilitan el negocio. Pensemos en cómo Google cada vez acierta más con lo que vas a buscar o Amazon con el libro que quieres comprarte.
Villemard
En 1910 el ilustrador Villemard dedicó una serie de láminas a cómo imaginaba el año 2000, incluyendo este barbero robótico. Se expusieron en la Biblioteca Nacional Francesa.
Hablando de robots, hay que mencionar a Isaac Asimov, que dedicó un buen puñado de libros a estos inventos que no acaban de llegar. Este escritor predijo acertadamente en 1964 que en 2014 habría platos precocinados, energía solar, vuelos sin tripulación a Marte y robots no comunes, pero sí existentes. También dijo que nos aburriríamos, pero no supo ver que combatiríamos este aburrimiento con GIFS DE GATOS. Aunque hay que mencionar que esperaba coches voladores (qué manía) y ciudades subterráneas.

No es el único que ha acertado, al menos parcialmente, en algunas de sus predicciones: Aldous Huxley anticipó (más o menos) los antidepresivos enUn mundo feliz; George Orwell predijo el espionaje a ciudadanos en 1984,y el ingeniero John Elfreth Watkins anticipó la fotografía digital en color y los móviles. Aunque también aseguró que la C, la X y la Q desaparecerían del alfabeto inglés, que todo el mundo caminaría 10 millas a diario, que no habría mosquitos ni pulgas y que, sí, casi todo el tráfico iría bajo tierra o elevado. Aquí hay otros 11 ejemplos de predicciones acertadas.

3. La conquista del espacio
Luna
Grabado que ilustra Alrededor de la Luna, de nuestro querido Julio Verne (Getty Images).
En abril de 1969, la revista Triunfo lanzó cien predicciones acerca de cómo sería el año 2000. Muchas de ellas siguen siendo todavía deseos, a pesar de los 45 años que han pasado.
Por ejemplo, la instalación permanente en la Luna, cuando no hemos vuelto desde 1972. El escritor Robert Heinlein era aún más optimista al respecto, y en sus previsiones de 1952 para el año 2000 apuntaba (además de la cura contra el cáncer y el resfriado común) la exploración del sistema solar y la preparación del primer viaje a la estrella más cercana, además de vida inteligente en Marte. 
No sólo no hay marcianos (al menos de momento), sino que además la Nasa y el gobierno estadounidense no tienen previsto enviar a humanos a Marte hasta la década de los 30. Es más, este viaje, que parece casi de primero de ciencia ficción, sería “uno de los retos de ingeniería más caros y difíciles del siglo XXI”, según Wired. Para llevarlo a cabo hará falta desarrollar nuevas formas de vivir lejos de la Tierra. Además, el peso de la nave obligará a que despegue por partes y que los astronautas la monten ya en órbita. También será necesario diseñar nuevas formas de almacenar combustible y víveres, además de la forma correcta de aterrizar en Marte de manera segura. 
Es decir, ni siquiera sabemos cómo llevar a tres o cuatro personas al planeta de al lado, como para hablar de bases lunares, viajes más allá del sistema solar o la conquista de la galaxia.
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Ilustración publicada en Triunfo (abril de 1969).
4. Previsiones meteorológicas acertadas

En el ya mencionado artículo de Triunfo se habla incluso de una “previsión meteorológica más fidedigna y más a largo plazo”, en la que posiblemente sea una de las previsiones futuristas más sensatas y razonables de la historia. Sin embargo y a pesar de que los modelos han mejorado, lo cierto es que esto sigue siendo una aspiración y no una realidad. Actualmente, por cierto, se confía en el big data para conseguirlo.
¿Y por qué cuesta tanto predecir el futuro, ya sea si llegaremos a Marte o si pasado mañana lloverá o no? Por lo general, lo que hacemos es extrapolar el futuro a partir del presente y simplemente nos imaginamos lo mismo, pero mejor, más potente o más rápido.
Por ejemplo, si ya tenemos coches, pensamos en coches voladores. Pero como en los años 50 no había ordenadores en casa, no era fácil predecir algo parecido a internet, que a pesar de ser el avance más significativo (al menos) de las últimas décadas, no protagoniza ni mucho menos las novelas de ciencia ficción clásicas.
En cambio, ahora que ya tenemos internet y contamos con algoritmos cada vez más refinados, surgen ideas como la singularidad, que prevé que a mediados de siglo la inteligencia artificial supere el control humano e incluso aspira a la inmortalidad a través de cuerpos virtuales. En serio.
Es decir, teniendo en cuenta que la innovación no siempre es una mera evolución de lo que ya tenemos, es posible que el progreso tecnológico llegue por un camino al que ahora mismo no prestamos atención. Y eso, si llega.
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La Nueva York del futuro (Getty Images).
Hay que apuntar que la mayoría de estas predicciones son tan recientes como el crecimiento económico del que dependen y a la vez propician. Como explica Satyajit Das en What Whould We be Worried About?, la renta per cápita se dobló entre 1300 y 1800. Para volver a doblarse, sólo hicieron falta 100 años más. Y en el siglo XX creció cinco o seis veces, doblándose entre 1929 y 1957 y de nuevo entre 1957 y 1988. 
Pero estos crecimientos se basan en gran medida en el consumo, en la deuda y en la degradación del medio ambiente, y por supuesto no hay nada que garantice que puedan continuar de forma indefinida.

También hay que tener en cuenta que los incentivos para inventar son cada vez menores. Como escribe Neil Gershenfeld en el mismo libro, “si la tecnología disponible ya puede proporcionar comida, refugio, calor, luz y vídeos virales de gatos monos, la invención no es ya el imperativo para la supervivencia que fue una vez”.
De hecho, es más que probable que nunca en la historia tantos hayan tenido tanto, a pesar de las indudables desigualdades y de la situación de pobreza en la que vive (todavía) gran parte del mundo.

Es decir, quizás el futuro no llegue jamás.
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¿El futuro era esto?

5. Viviremos más de 100 años
Que no cunda el pánico: en lo que se refiere al supuesto parón tecnológico, las opiniones no son ni mucho menos unánimes. Por ejemplo, Bill Gates está totalmente en contra de estas opiniones y recuerda al respecto los avances en generación de energía, el diseño de materiales, la fabricación de medicinas y el potencial en el terreno de la educación, por ejemplo y entre otros avances.
Además, hay que recordar que a menudo comparamos lo que ahora tenemos con las predicciones de la ciencia ficción y no con cómo estaríamos sin esos avances.

Por ejemplo y como muestra de los indudables progresos tecnológicos y científicos (a pesar de la ausencia, insistimos, de coches voladores), podemos pensar en el incremento en la esperanza de vida: en Estados Unidos pasó de 49 años a principios del siglo XX hasta los 74 en 1980,según el citado artículo de The Economist (actualmente está en los79,8). Aunque de nuevo en Triunfo encontramos una predicción que está costando alcanzar: viviremos, de media, entre 100 y 150 años.

Según el genetista Aubrey de Grey, esto lo hemos logrado: la primera persona que cumplirá 150 años ya ha nacido, aunque lo único que sabemos de él o ella es que se trata de una persona de mediana edad.

A pesar de este optimismo, lo cierto es que ni siquiera tenemos claro cómo funciona el envejecimiento, aparte del hecho obvio de que cumplir años contribuye en gran medida. Las causas y factores son muchos y todavía no se sabe cómo incrementar de forma significativa la esperanza de vida con buena salud.
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En Mr. Nobody, Jared Leto interpreta al último mortal de la Tierra.

En cambio, muchos de los objetos cotidianos viven cada vez menos, como predecía New York Times Magazine en abril de 1964 (también para el año 2000): “Cuando un reloj se estropee o una suela de zapato se desgaste hasta llegar al dedo, esta cosa simplemente se tirará y será reemplazada por una réplica producida en masa”.

El autor opinaba que nadie querría ganarse la vida trabajando con sus manos, cuando lo cierto es que se trata más bien de obsolescencia programada y, por supuesto, de nuestras ganas de tener el último modelo de cualquier cosa.
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Un atasco en el cielo francés, según el ilustrador Albert Guillaume (1901+1914) (Getty Images).

En definitiva, es imposible predecir el futuro. Quizás sea una mejora de lo que ya disfrutamos: hay cosas que siempre querremos, como vivir sanos el máximo tiempo posible, y a las que dedicaremos esfuerzo y dinero. Pero lo más probable es que el futuro, cuando llegue, nos sorprenda con algo mucho más útil y más necesario que un coche volador.

No sé, cómprate un helicóptero.


Hay 9 Comentarios

Se puede entender hasta cierto punto lo de los coches voladores, la conquista espacial y cosas de esas, pero ¿la ropa? Esa especie de uniforme blanco nuclear que no falta en ninguna película futurista que se precie, ¿a quién se le pudo ocurrir que vestiríamos así?
La robótica es una realidad. Mi hijo sin ir más lejos está en un club de robótica de ConectaKID en ConectaLAB. Es una maravilla lo que pueden llegar a realizar.
La robótica está a la vuelta de la esquina, no hay que ser un genio para poder crearte hoy en día un robot. Mi propio hijo lo está haciendo en un curso de robótica en ConectaKID de ConectaLAB
Gracias Víctor, justo acaba de corregirlo un compañero.
(Siguiendo con mi comentario anterior)
De todos modos, yo no pierdo la esperanza de tener algún día un coche volador.
Ya que se ha perdido irremediblemente "el tren" de 2015 (como en "Regreso al Futuro II"), esperaré al año 2019, en el que está ambientada la película "Blade Runner" (de Ridley Scott, 1982, con Harrison Ford, Rutger Hauer, Sean Young y Daryl Hanna), para comprarme uno.
Así que le doy a la DGT 5 años de margen para que convalide mi Carnet de Conducir por uno de Piloto...
Desde el pasado martes 21, veo muchos artículos sobre este tema, que bien podríamos llamar: "¿quién nos robó nuestro futuro?".
Y no es de extrañar, pues sólo falta un año (de hecho, sólo 362 días) para EL FUTURO por antonomias: el 23 de octubre de 2015.
Esa fue la fecha elegida por Emmet "Doc" Brown (el científico protagonizado por el actor Christopher Lloyd) para llevar a su joven pupilo Marty McFly (Michael J. Fox) justo 30 años en el tiempo, en la película "Regreso al Futuro, parte 2" (dirigia por Robert Zemeckis y estrenada en 1989, aunque ambientada en 1985).
La mayoría de predicciones de la película para ese año se han visto incumplidas, empezando por el tan manido "coche volador", siguiendo por la ropa que se seca automáticamente, as zapatillas que se echan la lazada solas, la publicidad estática de animación 3D (sin pantalla, directamente en el aire), etc. Y no tiene mucha pinta de que nada de ésto llegue a hacerse realidad en el escaso tiempo que falta.
En cambio, sí acertaron sus guionistas en la omnipresencia de las enormes pantallas planas de TV con miles de canales temáticos (la mayoría, absurdos) y en la intercomunicación total del población (sumando la videconferencia más el fax, se podría decir que avanzaron la existencia de Internet).
Al final, va a ser verdad que lo único que nos ha traído la modernidad son las inanidades cibernéticas (dicho menos finamente, "las paridas informáticas") tipo "gifs de gatitos".
Cuando el futuro nos alcanzó, descubrimos con tristeza que el cohete no estaba en el jardín. En 1947 Ray Bradbury escribió que en 1999 viviríamos el verano del cohete, justo cuando la primera nave partiría a la conquista de Marte http://bit.ly/1D5e5ge Cuando llegamos al futuro, Marte aún era inalcanzable. Aún así, las 'Crónicas marcianas' de Bradbury, como la mejor ciencia ficción estadounidense de los cincuenta, siguen siendo un clásico. Fallaron como profecía tecnológica, pero, como el '1984' de Orwell http://bit.ly/1wob4Xk siguen siendo una advertencia moral.
Un saludo cordial.


SI que hemos vuelto a la luna en más de una ocasión después del 69. Estados Unidos estuvo enviando misiones tripuladas después de esa fecha, siendo la ultima la Apolo 17 en el 72 (en el 69 alunizo el Apolo 11)

“Ochenta días”, la vuelta al mundo en…

“Ochenta días”, la vuelta al mundo en…

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«En 1889 Julio Verne se había convertido en el representante más famoso de un género literario que terminaría llamándose ciencia ficción, pero que a finales del siglo XIX solía denominarse novela científica.»

Ochenta días, de Matthew Goodman.
Ochenta días, de Matthew Goodman.
Actualidad editorial:
Ochenta días (Editorial Aguilar, 2014), último trabajo del escritor norteamericano Matthew Goodman, podría calificarse como un más que interesante libro de aventuras. No en vano aborda la historia real de Nellie Bly y Elizabeth Bisland, dos periodistas de Nueva York, quienes partiendo de esta ciudad el 14 de noviembre de 1889, aunque en direcciones opuestas, competirán por dar la vuelta al mundo y superar la marca de Phileas Fogg, el famoso personaje de Julio Verne. Ochenta días es el relato de una carrera contra el tiempo, contra la soledad y contra uno mismo en la que ambas mujeres eran conscientes de que la más mínima demora podía ser la diferencia entre la victoria y la derrota. Lo dicho, una gran aventura.

La joven y testaruda Nelly Bly que trabajaba en el periódicoThe World de Joseph Pulitzer, dejó la ciudad de Nueva York a bordo de un barco de vapor. Mientras que también ese día aunque en tren y en dirección opuesta, salía Elizabeth Bisland, otra joven periodista de The Cosmopolitan con la misma intención, emular la hazaña de Phileas Fogg. La delirante carrera apasionó al país y cambiaría la vida de estas dos mujeres para siempre. Las dos protagonistas eran un puro contraste: Bly era una luchadora sagaz, una ambiciosa periodista de Pensilvania que buscaba noticias de lo más sensacionalistas para poner al descubierto la injusticia social. Por otro lado, Bisland, educada y elegante, había nacido en una familia aristocrática del sur, prefería la novela y la poesía a los periódicos y era conocida por su intensa belleza. Ambas, sin embargo, tenían algo en común: talento y un hueco en un mundo eminentemente masculino.

La situación de la mujer a finales del XIX en el caso de EEUU quedaba relegada en la mayoría de los casos a cumplir el papel de esposa y madre, y eran vetadas en determinados empleos por el único hecho de ser mujer. Por aquel tiempo se consideraba de mal gusto que las mujeres firmaran con su verdadero nombre en los periódicos; en ese sentido, de los más de doce mil estadounidenses que figuraban como periodistas en el censo nacional de 1880, solo 288 eran mujeres , poco más del dos por ciento. La prensa precisamente, que sustentaba buena parte de sus ventas diarias en una impactante portada, fue la que alentó ese viaje enfrentado entre las dos mujeres periodistas. La rivalidad entre Pulitzer, editor de The World, y Walker, editor del Cosmopolitan, hizo el resto.

Bly cruzó el Atlántico hasta Inglaterra, pasó por Europa cruzando el Mediterráneo, continuó en dirección sur atravesando el canal de Suez hasta el mar de Arabia por la costa noroeste de África, después se dirigió hacia el este pasando Ceilán, Hong Kong y Japón, cruzó el océano Pacífico hasta San Francisco y terminó atravesando la mitad norte de EEUU hasta regresar a Nueva York. Mientras, Bisland partió en tren para después atravesar Chicago y Omaha hasta llegar a San Francisco; entonces tomó un barco que atravesó el Pacífico para recalar en Japón; una vez allí, continuó por Hong Kong hasta llegar a Ceilán, desde donde puso rumbo a Brindisi, Italia. De esa forma atravesó el continente europeo hasta hacer puerto en Irlanda, penúltima parada antes de llegar de nuevo a la urbe neoyorquina.

«Nellie Bly y Elizabeth Bisland no solo se embarcaban en una carrera alrededor del mundo; también iban a viajar por el corazón mismo de la era victoriana


Ochenta días.  Matthew Goodman.  Editorial Aguilar, 2014.  584 páginas.  17,00 €

'La vuelta al mundo en 80 días' hace una parada en Telde


CULTURA -22/10/2014 - Actualizada a las 14:54

'La vuelta al mundo en 80 días' hace una parada en Telde




La obra se representa este jueves en el Teatro Juan Ramón Jiménez, aunque alumnos del municipio ya disfrutaron del espectáculo

seguir leyendo en este link: 
http://www.teldeactualidad.com/noticia/cultura/2014/10/22/4607.html

Aventura en los mares del sur


Aventura en los mares del sur

Travesía a bordo del crucero Via Australis desde el puerto de Ushuaia.

Se despertó a las cuatro de la madrugada, sobresaltada por la calma. Laura, una pasajera que ya hizo el viaje once veces por trabajo, se alarmó al pensar que en esta oportunidad el barco estaba varado. Por el contrario, el crucero expedicionario Via Australis avanzaba suave y velozmente sobre un mar espejado que aparentaba inmovilidad. Una rareza afortunada en la ruta hacia el Cabo de Hornos, en cuyas aguas naufragaron cientos de embarcaciones desde que fue descubierto en 1616 por el capitán holandés Schouten y el comerciante Le Maire, quienes también exploraron el estrecho -lo nombraron "de Le Maire"-, entre Tierra del Fuego y la Isla de los Estados.
A la madrugada insólita, con estrellas y sin viento, le siguió una mañana rosada. Pese a que la tripulación había repetido que el desembarco en el fondeadero llamado Caleta León de la isla Hornos iba a depender de las condiciones climáticas, los pasajeros desayunaron a las 6.30, abrigados y con los chalecos salvavidas a mano, esperando con entusiasmo la orden para el descenso. Es que las condiciones eran, evidentemente, favorables.
No es fácil asimilar que en un solo día el cuerpo ha llegado hasta Ushuaia, desde el puerto de la ciudad más austral del mundo zarpó en el Via Australis, navegó el canal Beagle, dejó atrás la isla Navarino y llegó al mítico extremo del globo: el Cabo de Hornos (traducción arbitraria de Kaap Hoorn), llamado así en homenaje al barco Hoorn -había partido junto al Eendracht pero se incendió- y a la ciudad natal del capitán Willem Schouten.
La maldición de la roca negra
El último promontorio rocoso de América. Así suele definirse tradicionalmente al cabo situado en el sur de la isla Hornos, en Chile, aunque según algunas interpretaciones, el islote Aguila es el punto más meridional, en el archipiélago de las islas Diego Ramírez.
Pesadilla de los marinos y sueño de los viajeros, el Cabo de Hornos marca el límite norte del Pasaje de Drake -que separa el continente americano de la Antártida- y une los océanos Pacífico y Atlántico. Por ello, antes de la inauguración del Canal de Panamá era el cruce obligado para la navegación comercial y turística en embarcaciones a vela, como los clippers.
"La sola visión de estas costas es suficiente para que un hombre de tierra sueñe durante una semana con naufragios, peligros y muerte", expresó en 1834 el naturalista inglés Charles Darwin, quien comenzó a esbozar su célebre Teoría de la Evolución durante la travesía en la que acompañó a Robert Fitz Roy, explorador e hidrógrafo, comandante del HMS Beagle. Más de dos siglos llevaba siendo utilizada la ruta del Cabo de Hornos y la Antártida recién fue descubierta por el hombre occidental en 1820. Se encontraba a sólo 650 kilómetros al sur del Pasaje de Drake, una muestra más de lo difícil que resultaba la navegación en las aguas de la zona.
En aquellos tiempos solía decirse que quienes no habían cruzado el meridiano del Cabo de Hornos no eran auténticos marinos. Con ese espíritu se creó en 1937 la Cap Horniers en Saint Malo, Francia. Sí, la Cofradía Internacional de los Capitanes del Cabo de Hornos, que desde 1987 también tiene una fraternidad en Valparaíso, en Chile.
Todo esto se comprende en su dimensión histórica y geográfica al pisar la isla Hornos, donde hay vestigios a cada paso. Por ejemplo, la Cofradía chilena le dedicó una placa al vicealmirante Fitz Roy donde recuerda que aquí "desembarcó el 19 de abril de 1830, y al día siguiente, alcanzó la cima de su mítico peñón".
Desde el Via Australis, se llega en botes zodiac hasta la costa isleña, se suben 160 escalones de madera y se camina por extensas pasarelas hasta el monumento que se erige "en memoria de los hombres de mar de todas las naciones, que perdieron la vida luchando contra los elementos en el proceloso mar austral chileno".
Visible desde lejos y en lo alto de una colina, la estructura de acero -mide siete metros- forma la silueta de un albatros y soporta vientos de hasta 200 kilómetros por hora. ¿Por qué un albatros? Si bien estas aves suelen ser importantes para los "lobos de mar", cuenta la leyenda que todos los albatros que sobrevuelan la isla representan las almas de los 10.000 hombres que murieron tratando de cruzar el Cabo de Hornos. A un costado, se lee un poema de Sara Vial: "Soy el albatros que te espera/ en el final del mundo./ Soy el alma olvidada de los marinos muertos/que cruzaron el Cabo de Hornos/ desde todos los mares de la Tierra./ Pero ellos no murieron/ en las furiosas olas./ Hoy vuelan en mis alas/ hacia la eternidad/ en la última grieta/ de los vientos antárticos".
El faro del fin del mundo
Con 63.093 hectáreas, el Parque Nacional Cabo de Hornos, en Chile, data de 1945 y fue declarado Reserva de la Biósfera en 2005. Y es aquí donde se levanta el faro más austral del planeta: al ingresar, vienen a la mente las desventuras de los tres fareros inmortalizados por la pluma de Julio Verne, en el momento en que advierten que no se encuentran solos, sino que conviven con una banda de piratas bajo el mando del terrible Kongre.
El título de la novela del autor francés, "El faro del fin del mundo", confunde a los viajeros hasta el día de hoy porque no alude al del Cabo de Hornos sino al de la Isla de los Estados. La explicación es sencilla: el primer faro de la isla Hornos data de 1962, por lo que a mediados del siglo XIX ninguna otra luz iluminaba estos parajes.
Hasta diciembre -es decir, durante un año- habitará este sitio una familia chilena compuesta por Andrés (miembro de la Armada chilena), su esposa Paula, su hijo Matías y el perro Melchor. Cuando llegan turistas, venden souvenirs y cuentan que su tarea principal consiste en brindar información meteorológica y controlar el tráfico de los barcos.
A pocos metros del faro, del mástil con la bandera de Chile y del monumento "Al marino desconocido" ("A los que lo cruzaron y a los que perdieron la vida en su demanda. Cabo de Hornos, 1989", dice), se encuentra la capilla Stella Maris, con las paredes, el altar y el techo de troncos.
También es un buen momento para recordar la charla mantenida en el Salón Sky del Via Australis (en la cuarta cubierta del barco) durante la tarde anterior, porque el cruce del Cabo de Hornos tiene varias marcas históricas. La primera le pertenece a la fragata Susanna, que luchó 99 días para pasar de este a oeste por el cabo, durante la primavera de 1905. En cambio, el récord opuesto le corresponde al Priwall, cuando en 1938 demoró escasos 5 días y 14 horas hasta salir al océano Pacífico.
Entre 1850 y 1914 la navegación a vela tuvo su auge y una de las rutas más transitadas era la que iba desde Nueva York hasta San Francisco bordeando el Cabo de Hornos de este a oeste, agigantando la mala fama de sus vientos, lluvias, granizos, nieve y olas furiosas.
Es que en esa ruta también hay registros de grandes contrastes: en 1851, el clipper Flying Cloud unió ambas ciudades en 89 días, mientras que en el mismo año, Henry Allen tardó 225 largas jornadas. Estas experiencias tan diferentes contribuían a convertir al Cabo de Hornos en uno de los obstáculos que todos los capitanes querían vencer.
De regreso en el camarote con ventana del Via Australis, se disfruta de una película documental sobre la legendaria expedición a la Antártida del explorador irlandés Ernest Shackleton, que tuvo lugar entre 1914 y 1917, y se presta atención a las instrucciones acerca del desembarco vespertino en bahía Wulaia.
Cerca del ocaso, una vez en tierra firme, se puede optar por realizar una caminata en ascenso, entre bosques autóctonos y castoreras preocupantes -los castores fueron introducidos en la Patagonia y tienden a transformarse en una plaga-, hasta alcanzar un punto panorámico de belleza incuestionable. Hay huéspedes del Via Australis que eligen quedarse en la costa y bordean el río Matanza.
Sin cita previa, la noche reúne a todos en una gran casona donde funciona el Centro de Interpretación, la única construcción en Wulaia. En una de sus paredes exteriores se puede leer que "Charles Darwin desembarcó en esta Caleta de Wulaia centro del territorio yámana, el 23 de enero de 1833" y destaca que su estadía en Chile entre 1832 y 1835, durante su viaje a bordo del Beagle, contribuyó a la elaboración de sus ideas científicas. Al mismo tiempo, otro cartel advierte que Wulaia es un importantísimo rincón del archipiélago fueguino, poblado desde hace más de 6.000 años por cazadores, pescadores y recolectores nómades, antecesores de la etnia yagán. Entonces, se presenta una duda sobre estos canoeros que vivían semi desnudos en el fin del mundo a pesar del frío, cubriendo sus cuerpos con grasa de lobos marinos para secarse rápidamente junto al fuego: ¿eran yámanas o yaganes? Con un chocolate caliente -al que se le agregan unas gotas de whisky- para mitigar el frío y la soledad, los guías relatan la fascinante historia de Jemmy Button.
Un hombre por un botón
"Yagán" es una palabra creada por el pastor inglés Thomas Bridges, quien compartió gran parte de su vida con los miembros de esta etnia en la segunda mitad del siglo XIX, y "Yámana" significa "hombre de sexo masculino" en idioma yagán. Hoy en día, yámana y yagán se usan indistintamente. Durante el primer viaje de Fitz Roy a Tierra del Fuego, un grupo de hombres nativos robó a los ingleses una ballenera, según se cuenta en la región. Tratando de recuperarlo, el capitán tomó a tres rehenes que luego bautizó como Fuegia Basket, York Minster y Boat Memory. Pero al pasar cerca de Wulaia, se lleva también a un yámana de 14 años, que pasó a la historia como Jemmy Button porque Fitz Roy "pagó" por él un botón de nácar de su abrigo.
Corría 1829 cuando todos llegaron a Inglaterra: Boat Memory murió de viruela al poco tiempo, pero los otros tres comenzaron a ser "civilizados" según los parámetros de la cultura cristiana occidental y fueron incluso presentados ante los reyes. Hasta el momento, el "experimento" antropológico" parecía exitoso.
En su segundo viaje a la Patagonia, Fitz Roy -esa vez, acompañado por Darwin- quiso "devolver" los tres indígenas a su tierra natal para que transmitieran la religión y las costumbres adquiridas a los demás fueguinos. Sin embargo, la mayor sorpresa vino de la mano de Jemmy Button, quien había sido el más entusiasta y amable en suelo inglés: al llegar a Wulaia en 1833, volvió rápidamente a su vida antigua despojada de ropas y a remar su canoa. Lejos de la imagen de gentleman que había impresionado a los europeos, llegó a ser juzgado y absuelto luego de una masacre de misioneros anglicanos que tuvo lugar en 1859 (se la recuerda como "la matanza de Wulaia"), en la que el papel de Jemmy Button nunca quedó totalmente aclarado.
Sobre los yámanas en general, su población se estima en 3.000 personas hacia 1855, se redujo a 130 en 1902. La introducción de enfermedades contagiosas y el alcohol fueron las causas principales de su extinción.
Según cuentan en el Via Australis, la última yámana ("pura" en un 75%) se llama Cristina Calderón y es la madre de Luis, quien trabaja en la cocina del barco.
Fue un día intenso, con mucha información y vivencias para procesar. Por eso, después de la cena (ensalada de centolla, sopa con camarón, filete de róbalo o res y mousse de chirimoya), se disfruta un pisco chileno en el "open bar" y se reflexiona en la silenciosa cubierta exterior, con la noche helada como único testigo.
Despedida entre glaciares
El tercer y último día de navegación transcurre entre glaciares. Desde temprano, a las 7, la tripulación anuncia un desembarco inminente en el seno Garibaldi para quienes tengan ganas de entregarse a una aventura exigente -trepar con sogas y cruzar ríos es parte del plan- de la que se vuelve empapado.
Como se puede elegir la actividad, esta cronista prefiere la vista que ofrece la proa del buque, con las montañas apretando el glaciar celeste bajo la niebla. Por la tarde, los botes zodiac avanzan entre trozos de hielo, hasta llegar frente al glaciar Pía. Con botas, guantes y pantalón impermeables, el descenso se convierte en una experiencia totalmente lúdica porque se puede caminar en el agua sorteando las placas gélidas. Si se conoce la Antártida, éste es el paisaje que más se asemeja y que despierta las ganas de volver.
El último llamado para salir del mar de hielo y volver al Australis termina con la ilusión de ver y escuchar un nuevo desprendimiento de la pared del Pía. Como consuelo, el crucero toma la Avenida de los Glaciares y, a lo largo de una hora de recorrido, pasan a través de los ventanales los glaciares España, Romanche, Alemania, Italia, Francia y Holanda, mientras los mozos ofrecen platos típicos de esos lugares y se rifa la carta de navegación utilizada en la travesía.
La mañana siguiente comienza con la ciudad de Ushuaia en el horizonte. Antes de bajar con su equipaje, cada viajero se lleva un diploma con nombre y apellido, que certifica "haber alcanzado el Cabo de Hornos, punto más austral del mundo a bordo del Via Australis". Confirmado: nada de todo esto fue un sueño.

CLARIN

Fuente: SM

The Nautilus, a tribute to Julio Verne. From The Word Made Flesh.

The Nautilus, a tribute to Julio Verne.  From The Word Made Flesh.

Encontrado en tattoolit.com

Roy Kenagy • hace 16 semanas

The Nautilus, a tribute to Julio Verne.  From The Word Made Flesh.