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JULES VERNE

JULES VERNE

viernes, 4 de septiembre de 2015

Teatro en el Planetario de Bogotá

Posted: 27 Aug 2015 12:14 PM PDT

Por: Natalia Cárdenas. En el Planetario de Bogotá por primera vez presenta una obra de teatro en el domo, con proyección láser y de estrellas que cautivan al público presente. Los actores argentinos Emilia Sánchez y Juanjo Moroni, bajo la dirección del reconocido director colombiano Daniel Calderón le darán vida a Julia y Pablo amigos, cómplices y novios quienes cumplirán su sueñor de viajar a la luna y a través del tiempo, reconstruyendo su historia volverán a la inocencia de los siete años, a la picardía y sensualidad de los quince y a la complejidad de los treinta. Algunos inconvenientes técnicos y otros emocionales harán del viaje toda una aventura que pondrá a prueba el vínculo que los une. 

Funciones: Viernes a Domingos.

Hora: Viernes 8 pm, sábados 7 p.m y domingos 6 pm.

Boleta: $ 20.000 general, $ 16.000 con carné estudiantil vigente $10.000 adulto mayor

Pâques. Le Nautilus de Jules Verne en chocolat devant l'océarium!


Pâques. Le Nautilus de Jules Verne en chocolat devant l'océarium!


À l'occasion des vacances de Pâques, l'océarium accueille une œuvre en chocolat de taille plutôt imposante : la reproduction du Nautilus.

C'est le célèbre sous-marin, imaginé par Jules Verne, confronté au poulpe géant des abysses. Cette sculpture a été réalisée par Bruno Baconnais, chef pâtissier et chocolatier depuis plus de vingt-cinq au grand hôtel de l'océan. 45 kg de chocolat noir ont été nécessaires pour réaliser le Nautilus, une réplique exacte de la maquette utilisée pour le film de Walt Disney dans lequel jouait Kirk Douglas. Le poulpe géant est quant à lui fait en chocolat au lait (30 kg) et décoré avec un chocolat blanc.

jueves, 3 de septiembre de 2015

LAS AVENTURA DEL CAPITÁN HATTERAS-PORTADA

El Capitán Hatteras

El Capitán Hatteras

Julio Verne, | Aventura
Valoración:      Valorado: 5 veces
Formatos: PDF, ePub, Kindle, TXT
Publicado: Sep 2013
Descargas: 1186
Páginas: 199
Las aventuras del capitán Hatteras (Voyages et aventures du capitaine Hatteras) es una novela del escritor francés Jules Verne, publicada en la Magazine de ilustración y recreo (Magasin d’Education et de Récréatión) desde el 20 de marzo de 1864 hasta el 5 de diciembre de...


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Cincuenta minutos en globo

Cincuenta minutos en globo
Margo Glantz
A
cudo, como de costumbre, a Wikipedia. Leo:
“Cinco semanas en globo de Julio Verne ostenta el orgullo de ser la primera obra del ciclo que el escritor intitulóViajes extraordinarios; ya reúne la mayor parte de los elementos que han hecho de su autor un clásico indiscutible. Cuando Verne acabó la novela en 1862 era muy consciente de haber creado ‘una novela de una forma nueva’.”
Hablar del escritor francés es útil para referirme a mi último viaje: el sábado pasado me sentí heroica; suele sucederme, como cuando fui a Australia o a la India: sobrevolé en globo aerostático las pirámides de Teotihuacán y me sentí ligeramente en el aire.
Salimos rumbo a Teotihuacán en la tardecita de un viernes de quincena. Recorrimos a vuelta de rueda todo Insurgentes, la avenida más larga del mundo (¿?), pasamos por Lindavista, por Tlanepantla y Ecatepec, sin jamás ver a los Indios Verdes, ¿habrán desaparecido?
Desembarcamos tres horas después en El Quinto Sol, nombre pertinente, adoptado por el hotel donde debíamos alojarnos. Nos levantamos de madrugada para iniciar nuestra aérea aventura con Luisa Valenzuela, la escritora argentina quien planeó este viaje, junto con Angelina y Francisco del Valle.
Una camioneta nos trasladó al campo de Fly Volare, así en inglés. Por el cielo un bello espectáculo, volaba un dirigible y globos de distintos colores; el nuestro ostentaba dibujos geométricos en zigzag, coloreados de rojo, verde, azul, amarillo, lila y morado, con el adecuado nombre de Serpentina. En la canastilla cabían seis personas, una pareja de recién casados y nosotros. Víctor Chiapa, un inteligente y diestro joven, hacía pruebas con los tanques de gas que habían de impulsarnos a las alturas; lo veíamos con admiración no exenta de temor por los posibles accidentes que los tanques de gas puedan ocasionar y el vértigo que suele provocar la altura.
Poco a poco nos fuimos elevando. De repente ya casi rozábamos la Pirámide del Sol, a lo lejos se veía la de la Luna, perfectamente restaurada con la simétrica Calzada de los Muertos. Recordé de inmediato y con nostalgia mis excursiones de adolescencia, cuando con mis compañeros de San Ildefonso –la Prepa 1, la única que entonces existía en la ciudad de México– subíamos con gran agilidad las escaleras que conducían a la cima: recordé también que hacía más de 30 años que no había vuelto a Teotihuacán.

Fuimos elevándonos a cerca de 400 metros de altura, el valle se ensanchaba rodeado de montañas, a lo lejos la punta del Popo, abajo las nopaleras y árboles de distinta catadura. También el caserío, donde hace 60 años no había nada, sólo el sitio arqueológico y el campo.
Víctor, el piloto, nos cuenta que en el viaje se gastan 200 kilos de gas, que el globo se impulsa con el viento y que él sólo puede encauzarlo para evitar accidentes. Una camioneta con varios trabajadores sigue el transcurso del globo, desciende lentamente, buscando un lugar adecuado para aterrizar, la operación más larga y complicada de todo el viaje. Ya muy cerca de la tierra nos enramamos ligeramente y en constantes subidas y bajadas buscamos un lugar seguro donde encallar. Los hombres bajan de la camioneta, afianzan con cuerdas la canastilla, la arrastran con todo y pasajeros, la detienen en lugar seguro y ayudan a los pasajeros a descender. Para bajarme a mí fue necesario traer una escalera portátil colocada dentro y fuera de la canastilla.
Ya en tierra, empieza la operación de desmontar el globo, sacarle el aire e irlo doblando con pericia para guardarlo, empequeñecido, en un saco de plástico, como se guardan esos modernos y ligerísimos abrigos que ahora nos defienden contra el frío.
Subimos junto con el globo a la camioneta. Nos espera un suculento desayuno y una copa de vino espumoso para celebrar el airoso final de la aventura, nuestros 50 minutos de gloria; brindamos luego en honor de los hermanos Montgolfier, quienes en 1782 descubrieron que al introducir aire caliente en un balón, éste se elevaba por los aires.
Twitter: @margo_glantz

De la Tierra a la Luna en quince días (1930)

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De la Tierra a la Luna en quince días (1930)

 
El texto que a continuación transcribo fue publicado en la revista Estampa el 21 de octubre de 1930 por Ignacio Carral. En estos días “lunares”, celebrando los 40 años del viaje del Apolo 11 a nuestro satélite, no viene mal revisar un poco lo que pensaba la prensa popular de principios del siglo XX acerca de las aventuras espaciales mucho antes de que el sueño se hiciera realidad.

DE LA TIERRA A LA LUNA EN QUINCE DÍAS
 

Un viaje, por el espacio, de 384.000 kilómetros a 500 por hora

—¿A la Luna? ¡Quizá no sea ya un problema eso de ir a la Luna! Al menos, viajar por el espacio, más allá de la atmósfera terrestre, no lo es.
—¿Pero habla usted en serio?

Si este señor que me expresa tranquilamente, mientras sorbe una taza de café, la posibilidad de ir a la Luna como quien se va a Cercedilla a pasar el domingo no fuera una eminencia científica, yo no habría cometido la ingenuidad de preguntarle siquiera si hablaba en serio. Pero se trata de un hombre eminente en quien coinciden los conocimientos astronómicos con los conocimientos de locomoción aérea. La viveza de mi interpelación le hace creer, sin duda, que ha ido demasiado lejos.
—¡Hombre, no le digo que podamos emprender ahora mismo usted y yo el viaje por los espacios interplanetarios! Lo que le aseguro es que, teóricamente, el problema está resuelto y todo es cosa sólo de llevarlo a la práctica.
—¿En un avión no será?
—Claro que no. ¿Cómo quiere usted que pueda viajarse en avión fuera de las capas de aire, que son las que le sostienen, le permiten avanzar y le dirigen? A los treinta mil metros de altura ya no existe aire de espesor suficiente para sostener un aparato, y a los sesenta mil metros se acaba del todo. Además de que la máxima altura que han logrado alcanzar hasta ahora los aeroplanos no pasa de los doce mil metros.
—¿Y en dirigible?
—Sucede otro tanto. El balón lleno de gas flota proque pesa menos que el aire. Y si éste falta… ¿Usted no ha oído hablar del motor cohete cuyas pruebas han efectuado en automóviles Vallier, Opel y Valkhardt? En vez de los impulsores, que necesitan aire para trabajar, se emplea la fuerza de retroceso de explosiones sucesivas. Pues bien, si en vez de utilizar esa fuerza en sentido horizontal se utiliza hacia arriba, precisamente como la utiliza el cohete, ya tiene usted el modo de subir indefinidamente en una Raumschiff, nave del espacio, como la llaman los alemanes.
—¿Pero se han hecho ya ensayos?
—Pues claro que sí. La primera nave del espacio ha sido lanzada este verano desde las costas del mar Báltico. Nadie iba en ella, naturalmente; pero lo cierto es que parece que ho ha vuelto a caer a la Tierra.
—¿Habra llegado a la Luna?
—¡Quién sabe! La cuestión es que hay ya un constructor de estos vehículos, el profesor Oberth, que es también jefe de una empresa que se ha formado para explotarlos. Y no tardará el momento en que alguien se meta intrépidamente en una de estas naves para surcar el espacio y traernos acaso noticias de él. Porque puede asegurarse que se sale de la atmósfera y del radio de acción de la Tierra. Lo que no puede asegurarse es que se pueda volver a nuestro planeta. Aunque es de suponer que sí.

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LO QUE SE VENDRÍA A TARDAR EL VIAJE

—¿Entonces usted cree que se podrá ir a la Luna y volver?
—¿Por qué no? Hemos visto tantas maravillas durante el siglo XIX, que ya no es posible maravillarse de nada por muy absurdo que parezca.
—¿Y cuánto se tarda en ir?
—¡Según! Si no podía lograrse más que la velocidad que actualmente se logra para los vehículos de motor, o sean trescientos kilómetros a la hora com maximum, se emplearían cerca de dos meses en llegar hasta la Luna. ¡Son trescientos ochenta y cuatro mil kilómetros los que nos separan de ella! Yo creo que con este otro sistema alcanzaría una velocidad de quinientos o de mil kilómetros a la hora. En ese caso se tardarían solamente de quince días a un mes.
—Un simple viaje de turismo.
—Desde luego. Se podría ir, volar un rato alrededor de la Luna, observarlo todo y volver tranquilamente a la Tierra.
—¿Solamente volar? ¿Descender no?
—¡Ah, amigo mío, esa es ya una cuestión un poco peliaguda! Tenga usted en cuenta que el interior de esa nave deberá ir, para poder conducir seres humanos dentro sin peligro de su vida, absolutamente aislada del exterior, porque tendrá que atravesar un gran trozo de espacio, casi todo el viaje, excepto los kilómetros aprovechables de capa atmosférica, sin una sola gota de aire y con temperaturas absolutamente irresistibles.
—Y ya en la Luna, ¿tampoco habrá esperanzas de encontrar aire?
—Es casi seguro que no. Ni de aire ni de agua se ha encontrado el más mínimo rastro en todas las exploraciones hechas con el telescopio.


LOS HIPOTÉTICOS HABITANTES DE LA LUNA

—Por supuesto, tampoco habrá que soñar con encontrar habitantes…
Mi interlocutor queda en silencio unos momentos y al cabo dice, titubeante:
—¡Qué sé yo! Claro es que, si no hay aire ni agua, no podrán ser como nosotros. Usted ya sabe el aspecto que presenta la Luna ¿verdad?
—Algo he oído…
—Pues, como usted sabe, ese conglomerado irregular que se observa a simple vista desde la Tierra, de partes brillantes y obscuras —y que ha hecho pensar a los poetas en la cara de la Luna— corresponden a dos clases de componentes que los astrónomos han llamado terrae y maria. Las terrae deben ser las partes de la corteza primeramente solidificadas y que en los primeros tiempos debieron estar rodeadas de agua de los maria, que más tarde se solidificaron también. Unas y otras están plagadas de cordilleras cuyas montañas alcanzan, a veces, la fantástica altura de ocho mil metros sobre los maria circundantes y de agujeros semejantes a cráteres de volcanes, que suelen tener de uno a ocho kilómetros de diámetro pero que, a veces, alcanzan, en los llamados circos, hasta cien kilómetros de diámetro. ¿Quién puede decir que en esas profundidades insondables no haya seres que hayan desarrollado una civilización subterránea como acaso tenga que ser la nuestra dentro de unos millares de años cuando nuestros mares se hayan solidificado y hayamos perdido nuestra atmósfera, y la corteza terrestre se haya resquebrajado socavando pozos y cortaduras?
—En ese caso podrían ser también semejantes a nosotros…
—Podría ser, en efecto. Nadie puede asegurar que dentro de esos agujeros, en los que desenvuelven su vida, no tengan elementos de aire y de agua y de alimentación análogos a los de los habitantes de la Tierra…
—¿Y entonces podríamos establecer contacto con ellos?
—Sí, claro que no habría inconveniente en hacer descender a la nave, del espacio al fondo de uno de esos gigantescos cráteres, y entablar relaciones con sus habitantes, y establecer una línea regular de la Tierra a la Luna…

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Hay un silencio prolongado, en el cual mi interlocutor y yo nos miramos un poco estupefactos, como si en efecto acabáramos de llegar al planeta vecino y hubiéramos encontrado una ciudad selenita. Los dos sonreímos, no sería posible decir si por efecto de la ilusión o de nosotros mismos por haber llegado tan lejos.
—Pero en la nave, por si acaso —continúa, reaccionando de pronto mi interlocutor—, sería preciso llevar buenas provisiones de aire, de agua y víveres. ¡Podría ser que en la Luna no encontrara uno a nadie!
—Dice usted que tendría que ir aislado completamente del exterior el lugar donde fueran las personas?
—Claro. Al desaparecer el aire, la temperatura cambiaría de una manera radical. La parte de la nave donde diera el sol se calentaría hasta una temperatura de ciento ochenta grados, mientras que la que permaneciera en la sombra llegaría a doscientos setenta y tres grados bajo cero.
—¿La nave irá más deprisa a medida que se vaya acabando el aire?
—Sí. Al disminuir la resistencia aumentará la velocidad y, ya una vez en el espacio, sin aire y sin la fuerza de la gravedad, podrá marchar a una velocidad increíble. ¡Imagínese usted qué momento emocionante no será el paso del límite de la capa atmosférica! ¡A su lado el paso del Ecuador, que festejan los barcos que van de uno a otro hemisferio, será un juego de niños! ¡Pensar que ya sólo depende de aquella navecilla minúscula, abandonada en el espacio a sus propias fuerzas, para luchar con todas las leyes del mundo planetario! Se sentirá entonces disminuir el peso del cuerpo, hasta el punto de que, dentro de la nave, se podrá uno casi sostenerse en el aire. ¡Allá abajo queda la Tierra, que se aprecia ya en toda su redondez como una Luna más grande!
—¡Será un bello espectáculo, desde la Luna, un día de “Tierra llena”!
—¡Imagínese! Contemplar una luna cincuenta veces más grande que la que contemplamos desde aquí.
—¡Y se caerá en la Luna de cabeza, naturalmente!
—Eso ya depende de la habilidad del piloto para enderezar la nave, apenas entrados en la esfera de atracción lunar… Y luego… a buscar un punto de aterrizaje…, perdón, de “alunaje”…, y a tratar de ponerse al habla con los selenitas.


15 Comentarios

  1. Javier García Blanco
    Muy curioso, la verdad. Sobre todo cuando hablan de los hipotéticos selenitas subterráneos :-)
  2. Gregorio Sánchez
    Je, je, je, que relato más interesante.
    Lo que no sé es por qué asegura el entrevistador que se caerá en la luna de cabeza ¡naturalmente!.
    Otra cosa curiosa es (y sigue siendo) el interés por la vida inteligente extraterrestre, en vez de iteresarse por nuevo materiales, minerales o gases. Lo que importa es si allí habrá alguien con quien tengamos que rivalizar.
    También dan por supuesto que la tierra se irá al garete y nos iremos a vivir al interior como los “morlocks”.
  3. leopard
    que interesante!!
    y la fecha del alunizaje esta a medio camino entre la fecha del reportaje y hoy.
  4. sarcarcar
    Jejeje, pero no andaba desencaminado el hombre, no. Jejeje
  5. cuervosentado
    Una pregunta (bueno, dos) y un comentario:
    1- Ignacio Carral ¿es el entrevisador? Lo he intentado leer lo más despacio posible y es lo que me parece. Si es así ¿no dice quien es el científico entrevistado?
    2.- Creo que deberían tomar nota muchos “visionarios” actuales. Por los comentarios en el artículo, sólo se tenía conocimiento del lanzamiento de una nave espacial, y lo que va contando de cómo sería un viaje a la luna no se separa mucho de lo que pasó en los años 60. ¡Lo que se puede obtener cuando se utiliza bien el cerebro!
    Si estoy errado (o herrado) agradecería explicación.
  6. alpoma
    #cuervosentado:No vas por mal camino. :-) Carral es quien “entrevista”, pero su invitado es imaginario. Se inspiró en los testimonios de científicos alemanes de la época, sobre todo de las crónicas sobre los experimentos de Hermann Oberth con los primeros cohetes de combustible líquido de la historia.
  7. cuervosentado
    Gracias por la explicación.
    Eso ya me “cuadra” más. Leí hace poco el libro de Bodanis (E=mc2) y parece que en la primera mitad del siglo XX los físicos e ingenieros alemanes daban “sopas con honda” a los del resto del mundo.
    Por cierto: no se te ocurra dejar el blog (por favor,… no es una orden)
  8. alpoma
    #cuervosentado: No te preocupes, de momento seguirá activo. ��
  9. maty
    Me ha hecho recordar el libro de Julio Verne “De la Tierra a la Luna”. De niño leí la versión adaptada y con dibujos de la editorial Bruguera, pero de adolescente me hice con una que era copia de la original, con grabados de la época y fue un gran redescubrimiento!
    Wikisource De la Tierra a la Luna
  10. Guti
    Simplemente genial… Con el encanto de lo añejo.
  11. Daniel
    Impresionante.
  12. Cris
    ¿Y ustedes porqué se piensan que llegamos al nivel de conocimiento científico y tecnológico actual? ¿A los E.T.? ¿A la afiebrada imaginación de algún escritor de Pulp Fiction? ¿A la generación espontánea de las técnicas digitales?
    Pues no. El pensamiento científico es milenario y lo que ocurrió en 1969 con la llegada del hombre a la luna (o con la “supuesta” llegada según los divulgadores de teorías conspirativas) no fué ni más ni menos que el resultado de investigaciones y de teorías que se han ido forjando a través del tiempo. Por ello no me extraña que este reportaje de 1930 estuviera tan bien encaminado, máxime si está basado en estudios de científicos alemanes, que fueron los primeros en la ciencia de la cohetería.
    Incluso lo de especular acerca de vida extraterrestre inteligente ya venía de las primeras observaciones astronómicas de los planetas. Este reportaje parece añejo por el modo de redacción y porque sabemos que tiene 80 años, pero no por lo que atañe a la descripción de un viaje extratosférico.
  13. Cursor
    La historia del relato podria ser enmarcada en la epoca actual, con la salvedad de los viajes ya realizados por el hombre, pero con las mismas dudas en los personajes.
    Increiblemente los detalles de la tecnologia espacial son conocidos por un grupo de personas realmente reducido, tomando en cuenta que ya han pasado cuatro decadas de la Mision Apolo.
    Salu2
  14. Foro plantas
    De la Tierra donde asentamos los pies, hasta la Luna donde dejamos soñar nuestra imaginación, es pasar de la teoría a la practica, todo un desafió para el hombre superado con

 

PORTADA MIGUEL STROGOFF-FERIA DEL LIBRO

 
Nota del editor: esta portada lo vi, en un puesto de venta de libros usados, antes de llegar a la feria, a la salida del Metro, hay 2 o 3 puestos de venta de libros











































Portada interna DE LA TIERRA A LA LUNA-FERIA DEL LIBRO





PORTADAS DE LA TIERRA A LA LUNA-VIAJE AL CENTRO DE LA TIERRA-FERIA ROJA DEL LIBRO